¿Alguien pensó que la crisis financiera podía limitar su impacto a Wall Street y los principales mercados europeos? En un mundo globalizado, con una banca asumiendo grandes shocks y consumidores sufriendo la pérdida de riqueza y el alza en los precios, era previsible que la enfermedad se extendiera. Revise hasta qué punto.

  • 4 septiembre, 2008

 

¿Alguien pensó que la crisis financiera podía limitar su impacto a Wall Street y los principales mercados europeos? En un mundo globalizado, con una banca asumiendo grandes shocks y consumidores sufriendo la pérdida de riqueza y el alza en los precios, era previsible que la enfermedad se extendiera. Revise hasta qué punto.

 

Descarga el audio aquí.

 

Cientos de departamentos en venta. Nuevos desarrollos inmobiliarios convertidos en verdaderos pueblos fantasmas. Las imágenes del reportaje de la BBC parecían desmentir a propósito el análisis que, minutos antes, hacía el ministro de Economía español, Pedro Solbes, sobre el crecimiento de su país.

Por cierto que el 1,8% anotado en el segundo trimestre no daba para festejos, pero el experimentado personero insistía en que la tímida cifra ubicaba a España por sobre la media de los países de la eurozona. “Menudo consuelo intenta colarnos el ministro”, comentaría más tarde en Internet un coterráneo de Solbes. Y con razón, porque se trató del peor crecimiento intertrimestre informado desde 1993.

La crisis financiera tiene a España al borde de la recesión (como lo advirtió recientemente Standard & Poor’s), tanto por el inevitable contagio que supone una economía globalizada como la actual, como por los efectos de su propia burbuja inmobiliaria, la misma que ya motivó la quiebra de la firma constructora Martinsa-Fadesa y que tiene a los bancos ofreciendo suculentas tasas para captar dineros de los ahorrantes que les ayuden a enfrentar los impagos.

La situación no es muy distinta, por ejemplo, de lo que ocurre en Gran Bretaña. El grupo constructor Persimmon anunció recientemente el despido de 1.100 trabajadores para enfrentar la caída de 34% en su facturación al primer semestre. Un ejemplo de lo que ocurre cuando la economía frena su crecimiento al 0%, como mostró el Reino Unido al segundo trimestre, y sus autoridades monetarias comienzan a vaticinar un estancamiento también en 2009.

La conclusión es evidente, Europa no escapó a la crisis. Los 15 países que usan el euro como moneda experimentaron una contracción del 0,8% en el segundo trimestre comparado con su desempeño entre enero y marzo. Se trató, ni más ni menos, que de la primera caída desde la introducción del euro en 1999. Según cálculos de JP Morgan Chase, comparando los mismos períodos, ajustando por estacionalidad y anualizado, el PIB de Alemania se redujo 2%; el de Francia, 1,2%; el de Italia, 1,1%; el de Dinamarca, 2,4%. De hecho, este último país habría sido el primero en entrar en recesión, camino que también siguió la otrora ejemplar Irlanda.

Considerando esta performance de los 15, más el Reino Unido y las complicaciones que enfrentan Estados Unidos y Japón, Goldman Sachs llegó a la conclusión de que la mitad de la economía mundial se encuentra en recesión o está muy cerca de ella. A cargo de este diagnóstico estuvo Binit Panel, economista internacional del banco de inversión, quien –en todo caso– calculó que las probabilidades de una recesión mundial no superan el 20% porque China crecerá alrededor de un 10% este año y el siguiente. “La continuación de un crecimiento vigoroso, aunque más lento, en China y el resto de los mercados emergentes producirá un crecimiento mundial del 3,9% este año y 3,6% el próximo”, afirmó Patel.

 

 

 

 

 

Números en rojo

Pero las estimaciones de Patel no son las únicas ni tampoco se limitan a la situación de Europa o de las economías más desarrolladas. En UBS prevén un crecimiento mundial de sólo 2,9% este año y de 2,5% en 2009, cifra que consideran recesiva, y aseguran que en el segundo semestre Estados Unidos no podrá evitar una recesión (a lo que sumará una caída de 1% en el PIB el próximo año) y habrá una fuerte ralentización de la economía europea.

{mospagebreak}

Los últimos indicadores sobre la situación estadounidense se prestan para confusión. El PIB del segundo trimestre fue corregido al 3,3% desde el 1,9% informado inicialmente. La variación es claramente superior al 0,9% del primer trimestre y la contracción de 0,2% entre octubre y diciembre de 2007. Pero los analistas llaman a no dejarse engañar, porque el alza entre abril y junio tiene dos causas tan claras como transitorias: el aumento en las exportaciones (impulsadas por un dólar bajo, pero cuya tendencia ya cambió) y el efecto en el consumo que provocaron los 120 billones de dólares repartidos por el fisco como impulso tributario. Incluso, hay economistas renombrados, como Larry Summers y Martin Feldstein, que estiman que Estados Unidos ya está en recesión.

En el caso de Asia, las buenas noticias para Japón duraron poco. Tras años de buscar imprimir dinamismo a su economía con tasas reales negativas, el PIB de 3,2 anotado en el primer trimestre (ajustado por estacionalidad y anualizado) se transformó en una contracción de 2,4% en el segundo trimestre. Y los pronósticos también advierten una posible recesión.

Por mencionar otro ejemplo, India creció 8,8% entre enero y abril, pero las cifras tienden a declinar y, lo que es peor, las autoridades hacen lo imposible por combatir una creciente inflación. Porque ahí radica el mayor problema de Asia: el alza en los precios.

En lo que se refiere a nuestro barrio, según un reciente informe de la CEPAL, América latina y el Caribe crecerán un 4,7% en 2008, una cifra inferior al 5,7% obtenido en 2007, pero que igual llevaría a la región a completar cinco años de aumento sostenido del PIB por habitante a una tasa superior al 3%. “Para encontrar un período similar en la historia económica de América latina y el Caribe habría que remontarse a 40 años atrás”, indica el informe. El problema es que hay pocos indicios de que este auspicioso panorama se mantenga en los años siguientes, por al menos tres razones: la contracción del mercado financiero global, la caída que empiezan a evidenciar los precios de los commodities y el impacto de la inflación, que obliga a los bancos centrales a subir las tasas de interés.

 

 

 

 

Pérdidas que se multiplican

Con los bancos enfrentados a pérdidas que aún no terminan de reconocer y los consumidores sometidos a una disminución de riqueza y un alza en los precios, pocos economistas serios se atreven a pronosticar una pronta salida de las dificultades. Si a ello se suma la peligrosa combinación de inflación con bajo crecimiento –un fenómeno que los economistas llaman estagflación y que resulta muy difícil de atacar con las herramientas monetarias tradicionales–, entonces el panorama se vuelve aún más incierto. Lo decía recientemente Myron Acholes, premio Nobel en 1997: “la crisis no ha terminado y no estoy seguro de cuándo terminará exactamente”.

Si se trata de estimar las pérdidas, las cifras resultan sorprendentes y se ajustan casi a diario, en la medida en que nuevos bancos efectúan sus correspondientes “reconocimientos”. Sólo por concepto de préstamos subprime de los bancos e instituciones financieras, se habla de 226 billones de dólares en el caso de Estados Unidos, casi 172 billones en Europa y otros 11 billones en Japón. O sea, la friolera de 409 billones de dólares. Considerando otros préstamos, inversiones y operaciones bancarias, la cifra crece a 504 billones.

Pero eso no es todo, porque a tales cálculos habría que agregar lo que aún queda por declarar. Según el FMI, ese total sería de 945 billones de dólares, un pronóstico bastante más positivo que el trillón de dólares que estima Goldman Sachs o hasta los 2 trillones de Nouriel Roubini, un profesor de economía de la Universidad de Nueva York.