Mientras se hace común el cierre de librerías en Europa y Estados Unidos, en Chile Sergio Parra y Paula Barría, socios de Metales Pesados, demuestran que es posible tener éxito vendiendo libros. A su ya imperdible local de José Miguel de la Barra suman uno nuevo en el Centro Cultural La Moneda. Y lo hacen sin traicionar su propuesta.

  • 27 mayo, 2009

 

Mientras se hace común el cierre de librerías en Europa y Estados Unidos, en Chile Sergio Parra y Paula Barría, socios de Metales Pesados, demuestran que es posible tener éxito vendiendo libros. A su ya imperdible local de José Miguel de la Barra suman uno nuevo en el Centro Cultural La Moneda. Y lo hacen sin traicionar su propuesta.Por Marcelo Soto; foto, Veronica Ortiz.

La última vez que Mario Vargas Llosa vino a Chile, en 2007, pasó por Metales Pesados, la librería de José Miguel de la Barra que es parada obligada de intelectuales ilustres que visitan la ciudad. Acompañado de Arturo Fontaine, se llevó, entre otros, Bonsái, de Alejandro Zambra, el primer tomo de las obras completas de Nicanor Parra, y Diccionario del amante de América Latina, del propio Vargas Llosa, recién editado y del cual ni siquiera tenía un ejemplar. Lo anterior habla de dos cosas: del público exigente que acude a la tienda y de su fama de estar actualizada.

Mientras arrecia la piratería y las grandes librerías pasan zozobras, Metales Pesados se transforma en un ejemplo de que la literatura puede ser todavía un buen negocio. Detrás de la fórmula –que incluye una selección rigurosa de títulos y una atención personalizada y experta– están Sergio Parra, poeta, y Paula Barría, economista.

Parra entrega el conocimiento profundo del tema (es uno de los más lúcidos críticos literarios de la ciudad, aunque no escribe en ningún medio) y Barría, el manejo de los números (aparte de ser lectora, guapa y simpática). Una mezcla que funciona. Y muy bien. De hecho, acaban de abrir una sucursal en el Centro Cultural Palacio La Moneda. El nuevo local lleva un par de meses y, como explica Parra, “es más pequeño, con una línea enfocada a la historia, narrativa y poesía chilenas, artes visuales y autores latinoamericanos, pensando en los turistas”.

Aparte de innovar en el estilo, apostaron por el centro, una zona que estaba casi despoblada y que hoy muestra una actividad incesante, con cafés, restaurantes, bares y tiendas de ropa. La idea surgió hace seis años, cuando Parra y Barría, junto al escritor Pedro Lemebel, iban caminando por José Miguel de la Barra: “veníamos de comer y hablábamos de hacer algo, de armar un proyecto. Yo estaba en plena crisis de los 40. De pronto se me ocurrió: por qué no ponemos una librería. Y justo cruzamos la calle y el viejo local de la sastrería Rubinstein estaba vacío y con un letrero de Se Arrienda. Dos días después me junté con Paula y me preguntó cuánto me demoraría en instalar la librería. Le dije 15 días. Y así fue”, recuerda Parra.

El diseño es del arquitecto Jorge Lobiano, que hizo un proyecto con reminiscencias industriales, de donde surgió la idea del nombre, inspirado también en un libro de poemas homónimo de Yanko González. “Era un nombre raro, pero pegó desde el primer momento”.

Metales Pesados es también una editorial, que ha sabido ganarse un espacio en tiempos duros para la industria. Han editado libros de repercusión como Textos de batalla, de Justo Pastor Mellado, además de títulos claves en las artes visuales que antes costaba encontrar.

La librería partió con una inversión inicial de 7 millones de pesos, que es poco considerando el prestigio que han ganado y las ofertas que han recibido. Se han acercado varios inversionistas para proponerles abrir otros locales en el barrio oriente, pero hasta ahora se han negado. “No es un negocio fácil y hay que mantener el nivel de atención, la calidad”, explica Parra, quien observa cómo ha cambiado el barrio en estos seis años: “antes acá no se movía una mosca. Ahora está lleno de tiendas y viene mucha gente los fines de semana”.

Pese a los agoreros de turno, Parra es un convencido de que en Chile los lectores no están en extinción. “Ahora se lee más, nosotros hemos subido las ventas, incluso con crisis (…) Hay un 60% de lo que se edita en español que no llega a Chile, que está en Argentina, Ecuador o Colombia, pero no en Santiago. Nosotros, trayendo los libros que no estaban en ninguna parte, llegamos a llenar ese vacío”.