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Verde Petróleo

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Si analizamos la alta dependencia de nuestro país respecto de los combustibles fósiles, pensar en alternativas propias es mas que lógico. En ese marco aparecieron en los últimos años varios proyectos para producir biocombustibles, mucho mas ecológicos y, lo mejor de todo, elaborados a partir de insumos en los que Chile tiene octanaje: biomasa forestal y algas. Está todo por pasar. Por Cristian Rivas N.


En junio de este año, la gigante inglesa British Petroleum (BP) presentó su Informe estadístico del mercado energético mundial, en que advirtió que las reservas mundiales de petróleo bajaron a 1,25 billones de barriles. Cualquiera pensaría que la cifra es enorme y que bien podría mantener funcionando las máquinas del planeta por mucho tiempo. Pero no es así. La proyección que hace la petrolera es que, al nivel de consumo actual, esas reservas sólo servirán para los próximos… 42 años.

De más está decir que las imágenes de generosos pozos desde los que brotan intensos chorros negros de petróleo –al estilo de los que se descubrían en el viejo oeste o los que manan en medio oriente– pasarán a ser parte de la historia. Por eso, las palabras del consejero delegado de BP Tony Hayward, en la presentación del informe, tienen especial sentido: “el desafío mundial para hacer frente a la demanda por energía en el futuro está sobre la tierra y no por debajo”. Es esto lo que explica la fuerza que tiene la investigación en biocombustibles en la mayoría de los países del mundo.

Chile no se queda atrás. De un tiempo a esta parte hemos sido testigos de un sinnúmero de proyectos en áreas muy diversas. Se pensó en su minuto dedicar algunos cultivos a la fabricación de aceites que pudieran transformarse en biodiésel –como el que se extrae del raps– pero el alto costo y la falta de tierras en condiciones agrícolas, sumado a que iban a competir con cultivos para el consumo humano, le restaron fuerza.

Después vinieron otras ideas que incluso continúan desarrollándose con relativo éxito. Hablamos, por ejemplo, de fabricar biodiésel a partir de aceites usados y grasas animales, o biogás a partir de residuos, pero su escala de producción todavía es menor para incentivar una mayor demanda, pese a que se ha declarado a los biocombustibles exentos del impuesto específico y a que desde el gobierno se quiere que al menos el 5% de los combustibles que se usan hoy (unos 6 millones de metros cúbicos de diésel al año) provenga de esta área en el corto plazo.

Fue el año pasado cuando diversos estudios públicos y privados convergieron en que el futuro de Chile en materia de biocombustibles está en la biomasa, y en particular en los bosques y las algas marinas, denominados biocombustibles de segunda generación porque se desarrollan con materiales que no impactan en las fuentes de la alimentación humana.

Es ahí donde está todo por pasar. Ya hay un conjunto variopinto de instituciones, entre generadoras eléctricas, forestales, empresas públicas, inversionistas extranjeros y distintas universidades del país, metidas en investigaciones y en tratar de dar con el proyecto que reúna las mejores condiciones para su ejecución.


Petrobras corre con ventaja


“En la medida en que la economía mundial se recupere y los precios del petróleo escalen, el interés por comercializar biocombustibles aumentará”, describe el ministro de Energía, Marcelo Tokman. Por eso, dice, el gobierno se ha empeñado en fomentar todavía más la puesta en marcha de todas las iniciativas comercialmente viables, y preparan una política de biocombustibles, que dará a conocer en los próximos meses, en la que se establecerá un conjunto de medidas y acciones tendientes a desarrollar estos energéticos.

Por lo pronto, el arribo de la brasileña Petrobras al país promete cambios en el modelo de distribución de combustibles. El gerente general de la firma en Chile, Vilson Reichemback, dice que el proyecto de traer etanol es algo que desarrollarán paso a paso, pero siempre con la idea de que el país cuente con biocombustibles muy pronto. “Ya se han realizado pruebas piloto y debemos evaluar los resultados. No es fácil introducir un nuevo modelo energético. Para eso mantenemos reuniones con las autoridades y con Enap, para ir viendo su factibilidad en el más breve plazo”, afirma. Aunque lo más probable es que el primer cambio que hagan en las estaciones de servicios adquiridas a Esso sea comenzar a vender gas natural, lo que tienen previsto para este segundo semestre.

“Estamos seguros de que a medida que el país vaya avanzando en la incorporación de los biocombustibles y éstos se vayan desarrollando, las medidas que se impulsen deberán ir ajustándose a los nuevos escenarios. Por ello creemos que, sin lugar a dudas, las mezclas permitidas en el futuro serán superiores al 5% actual, tal como ya sucede en muchos países”, sostiene el ministro Tokman.

De hecho, especifica que la industria automotriz ya está fabricando vehículos que puedan usar mezclas de bioetanol hasta de 10%, sin mayores problemas. Más aún, existen los vehículos llamados flexfuel, que permiten usar mezclas de hasta 85% y 100% de biocombustibles.


Sopa de madera


Pero más allá de lo que eventualmente podría llegar importado en el mediano plazo, Chile tiene varias alternativas para producir biocombustibles propios. De todas ellas, la biomasa a partir de las plantaciones de bosques es la que más avance tiene. El director de Innova Chile, Claudio Maggi, cuenta que el año pasado ese organismo dependiente de Corfo entregó fondos por 4.100 millones de pesos a dos consorcios que comenzaron a investigar la producción de bioetanol (símil de la bencina) y biodiésel (símil del petróleo diésel) a partir de los recursos forestales, pero con procesos distintos.

En el primer grupo están las tres principales forestales: Arauco, CMPC Masisa, junto a la Fundación Chile y las universidades de Concepción y Católica de Valparaíso; las que, reunidas, formaron el consorcio Bioenercel. Mientras que Enap Refinerías, el Consorcio Maderero y la Universidad de Chile, agrupadas en Biocomsa, están embarcadas en la búsqueda de alternativas para el biodiésel.

Es tal el entusiasmo de estos grupos, que no dudan en afirmar que en el mediano plazo son las opciones más viables para Chile. Esto, desde luego, implicará un nuevo salto en las plantaciones forestales del país, que hoy suman unas dos millones de hectáreas, principalmente de pino. Se habla de reforestar territorio erosionado, con especies que no requieren mayor tiempo para su desarrollo y que incluso podrían ir rotando todos los años. Por eso es que el sector está empeñado en que el gobierno renueve a partir de 2010 el Decreto Ley 701, que incentivó las plantaciones en las últimas décadas.

El gerente de Asuntos Corporativos de Arauco, Charles Kimber, consigna que el equipo detrás de Bioenercel trabajan intensamente en la búsqueda de tecnologías que ya se estén aplicando en el mundo para transformar la biomasa en etanol. En términos simples, el procedimiento que utilizarían para su producción sería paralelo al que realizan hoy para la elaboración de celulosa: la madera recolectada en los bosques se ingresa a un digestor, que es algo así como una olla a presión que hierve durante cuatro horas a unos 160 grados, con el fin de separar la fibra del resto de los químicos agrupados bajo el concepto de licor negro. La tarea tecnológica se realizaría sobre este líquido, para separar los químicos y extraer el insumo con que se elaboraría el etanol.
Dice que levantar una planta para ejecutar este proceso podría implicar una inversión tan grande como la de una planta de celulosa y la sitúa en un rango de entre 300 y 400 millones de dólares.

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En Biocomsa afirman que también están dedicados a buscar tecnología ya existente en materia de biodiésel, para trabajar sobre ella. Hasta ahora, les ha ido bastante bien, porque ya encontraron un modelo que está implementando la compañía alemana Choren, entre cuyos accionistas figura la multinacional Shell. El proceso ahí es distinto al de la producción de etanol: consistiría en transformar la biomasa forestal en gas, a través de distintos procesos de combustión. Sobre este producto realizarían luego un proceso químico de reordenamiento de moléculas con el que extraerían el biodiésel.

El gerente de Planeamiento y Gestión de Enap –firma que integra este consorcio–, Pedro Barría, asegura que el análisis preliminar demuestra que el producto sí es competitivo con el diésel; y lo mejor, es que una planta podría producir fácilmente unos 200 mil metros cúbicos aprovechando sólo los residuos que ya existen en la industria forestal con la corta anual de 100 mil hectáreas de bosques, cuya mayor parte sólo se quema. Si a esto se suma que con la entrada en regla de la ley de bosque nativo se sumarán unas 3 ó 4 millones de toneladas de desechos, se podrían levantar varias otras plantas, añade.


Las algas la llevan


De seguro, hay varios que todavía recuerdan el innovador proyecto del ex ejecutivo de Enersis Marcos Zylberberg, que en 2007 fue uno de los primeros en plantear la producción de biocombustibles basada en las algas, aprovechando la extensa costa del país. Su idea atrajo las miradas de varios y hasta planteó exposiciones para hablar del modelo, incluso en el Congreso.

De cómo le fue finalmente no pudimos saber mucho, pese a nuestros insistentes llamados y mails. Pero sí descubrimos que, así como él, hoy son varios los actores que se están sumando a la investigación con las algas, partiendo por un espectro amplio de universidades, entre las que más suenan son las de Antofagasta, Concepción, Los Lagos, Arturo Prat, Católica y de Chile.

Es por esto mismo que en Innova decidieron convocar a un nuevo concurso para financiar investigación en esta patita de los biocombustibles. Son seis millones de dólares que entregará a uno o más consorcios que postulen hasta el 22 de septiembre, para iniciativas tanto en macro como en microalgas, siendo las primeras más proclives al desarrollo de etanol y las últimas, del biodiésel.

Entre las ideas que hoy circulan, la mayor parte está relacionada con las microalgas, que son aptas para el cultivo en pleno desierto, en grandes piscinas de agua salada, con luz solar a plenitud y emisiones de carbono proveniente de diversas industrias, las que acelerarían el proceso de maduración. Los promotores de la modalidad dicen que estas algas serían capaces de producir grandes cantidades de harina y aceite para biodiésel, muy por sobre cualquier otro cultivo terrestre que se haya explorado hasta ahora... aunque todavía sin números concretos sobre la mesa.

Por eso mismo, es vox populi que hay varias empresas interesadas en participar, sobre todo entre las que hoy tienen importantes cantidades de emisiones en el norte. Se habla de grandes generadoras como AES Gener y Edelnor, productoras de cemento como Bío Bío y varios inversionistas extranjeros. Después de todo, el hecho de que la estadounidense ExxonMobil anunciara, hace un par de semanas, que invertirá 600 millones de dólares en un programa para desarrollar biocombustibles derivados de algas es un estímulo para a cualquiera.

El empresario Juan Claudio Ilharreborde cree que están dadas las condiciones para materializar grandes proyectos en esta línea en Chile, porque se han ido conjugando distintos aspectos que hacen que esta sea una inversión con retornos más seguros. De partida, adelanta que los pronósticos sitúan al precio del petróleo en torno a los 80 dólares el barril en los próximos dos años, valor con el que las microalgas pueden competir para producir biodiésel. Por otro lado, menciona que han mejorado las técnicas para extraer los aceites y que ahora también tienen el incentivo de la venta de bonos de carbono por reducción de emisiones. Todos ellos son factores que hacen más atractiva la inversión, a su juicio.

Pero no sólo en microalgas hay interés. También se están dando pasos concretos en las macroalgas: la Universidad de Los Lagos, en conjunto con la firma estadounidense Bio Architecture Lab, avanza hacia la producción de etanol a partir de algas pardas, también conocidas como huiros. El investigador de esa casa de estudios Alejandro Buschmann sostiene que esta idea es más atractiva que la de las microalgas, porque no involucra espacio terrestre, ni requiere bombeo de agua o gasto de energía, ya que tan sólo se necesita desarrollar cultivos dentro del mar. Los cálculos preliminares hablan de 20 mil litros de etanol por cada hectárea de algas cultivadas.

Otras experiencias

Si bien la investigación en biocombustibles líquidos es de punta, en el pasado ya se han puesto en marcha iniciativas para carburantes de este tipo en estados gaseoso y sólido. En esta última área es reconocida la fabricación de pellets de madera, mientras que en estado gaseoso el espectro de proyectos es más amplio.

El caso de Aguas Andinas es destacable. El gerente general de gestión y servicios de la sanitaria, Santiago Fredes, recuerda que a partir del tratamiento del lodo disponible en su planta de tratamiento La Farfana (Maipú) comenzaron a producir este año unos 24 millones de metros cúbicos de biogás, que entregan a su socio Metrogas, que lo utiliza para abastecer el consumo domiciliario de unos 35 mil clientes metropolitanos. Ambas empresas invirtieron unos cinco millones de dólares en este proyecto, el que además incluye un gasoducto de 13 kilómetros para inyectar el gas a las cañerías de Metrogas.

También en esta área desarrollan trabajos en Schwager Energy. El gerente general de la firma Renzo Antognoli, cuenta que están desarrollando la ingeniería básica para montar, en conjunto con un socio inglés, una planta que produzca biogás a partir de sustratos verdes. Se está pensando principalmente en una variedad de tunas, que se complementaría con otros insumos para producir entre 4,7 y 6,2 millones de metros cúbicos de biogás, que ya está amarrado como suministro para la División Ventanas de Codelco. La inversión estimada bordea los 14 millones de dólares para la primera etapa, pues están pensando ampliar la producción a otros clientes... si todo resulta bien.

Pollos y cerdos energéticos

Entre los proyectos de menor tamaño que hemos conocido en el país están los que producen biodiésel a partir de aceites usados y grasas de animales como aves y cerdos. Un ejemplo es el de Bioengine, que partió con una planta piloto en 2007, la que amplió el año pasado y que en el mediano plazo pretende elaborar hasta 500 mil litros de biodiésel.

Dos de sus socios, Marcela Sandoval y Jesús Ramírez, cuentan que no todo ha sido fácil, porque todavía los potenciales clientes carecen de un incentivo especial para consumir biodiésel en vez de combustibles fósiles; ya que, pese al descuento tributario, aún les es muy difícil competir por precios.

No obstante ello, manifiestan que han ido consolidando un abanico de clientes, principalmente industrias, que utilizan el biodiésel como insumo para sus calderas. Describen como amplio el potencial de estos combustibles, ya que una sola planta industrial puede consumir hasta 300 mil litros mensuales, lo que les da pie para continuar con su proyecto.
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