La creación del buin zoo, el más grande del país, es la clásica historia de emprendimiento familiar. Partió como un centro de rescate de animales accidentados y hoy tiene más de dos mil ejemplares y un 30% de crecimiento anual. El rey de esta manada es Ignacio Idalsoaga, un veterinario que está obsesionado con transformar su zoológico en un parque de nivel mundial. Al estilo Disney. Y con safari incluido.

  • 16 agosto, 2012

La creación del buin zoo, el más grande del país, es la clásica historia de emprendimiento familiar. Partió como un centro de rescate de animales accidentados y hoy tiene más de dos mil ejemplares y un 30% de crecimiento anual. El rey de esta manada es Ignacio Idalsoaga, un veterinario que está obsesionado con transformar su zoológico en un parque de nivel mundial. Al estilo Disney. Y con safari incluido. Por Carla Sánchez M.; fotos, verónica ortíz.

“Niños vengan. Miren lo que les traigo”, vocifera el doctor Ignacio Idalsoaga mientras agita una caja. Kruger y Pretoria se mueven de forma elegante, casi silenciosa, con cierta desconfianza. Pero en cuestión de segundos las dos jirafas ya están disfrutando del banquete que les sirve el patrón en su mano: pellets para animales herbívoros importados desde Estados Unidos. “La coima no falla”, bromea Idalsoaga, mientras posa para la cámara junto a los dos mamíferos traídos desde Sudáfrica.

Al doctor Idalsoaga el amor por los animales definitivamente se le escapó de las manos. Nunca imaginó que el pequeño lugar de conservación de animales que creó al alero de la fábrica de cecinas artesanales de su padre, en Buin, se transformaría en el zoológico más grande del país, superando al Metropolitano que tiene 4,8 hectáreas y una población de mil animales aproximadamente. Junto a su señora empezó a recibir tiuques, peucos y águilas que llegaban con sus alas dañadas. En plena década de los ochenta, Idalsoaga, dividía su tiempo entre el cuidado de los cerdos de la fábrica y los animales que había salvado de la muerte. Como no tenía plata para financiar el centro de rescate, su mujer le propuso crear un cementerio para mascotas en las tres hectáreas que tenían, hoy son 12. De los cerdos ni hablar; la entrada de grandes empresas al mercado de las cecinas en los noventa terminó por sepultar al último ejemplar de la fábrica familiar “La Continental”.

“El cementerio –que aún existe- era la manera de financiar el centro de rescate que hasta ese momento sólo generaba costos.

El fundador del Buin Zoo ya está en la búsqueda de terrenos para su nuevo negocio: un parque safari, en el cual podrá exhibir los animales que rescata. La inversión será de 2 millones de dólares.

Teníamos unas alcancías donde la gente aportaba. Pero rápidamente comenzaron a ser asaltadas, por lo que tuvimos que cobrar 100 pesos por entrar a este lugar”, recuerda. Poco a poco, Idalsoaga fue asumiendo que su “Parque de Asís” se había transformado en un polo turístico, que incluía una cafetería alemana atendida por sus cuñadas, exhibiciones de perros San Bernardo –son también criadores- y una muestra nada despreciable de animales rehabilitados. Para sorpresa de Idalsoaga, el año 1994, el SAG le informó que tenía el zoológico privado más grande del país.

“Soy el monito mayor”, bromea. Y no deja de tener razón. A medida que avanzamos por el zoológico nos topamos con varios tipos caracterizados igual que él: sombrero de ala ancha, chaqueta de explorador y el clásico bigote de guardaparques. Idalsoaga es uno más. “Ramani, venga para acá”, le grita al tigre bengala. El felino se acerca a la reja y ronronea mientras Idalsoaga le hace cariño. Igual que a un gato. “A este lo crié desde cachorro. Pero ya no puedo meterme a su jaula, es peligroso”, advierte (ver recuadro).

El área de los tigres es de los pocos lugares donde hay reja metálica: aquí prima el concepto de “zoológico de inmersión”, el cual separa a los animales del público mediante acrílicos y vidrios para no tener barreras que dificulten la visión.

La cultura Disney
El desarrollo de este negocio -que hoy factura 2.400 millones de pesos al año- ha sido a pulso. Idalsoaga casi se murió cuando le propusieron cambiar el nombre de su “Parque de Asís” a “Buin Zoo”. Pero a poco andar se dio cuenta de que la sugerencia era más que necesaria: “La agencia Ventus nos ofreció trabajar gratis en la nueva imagen a cambio de quedarse con parte de los auspicios, porque no teníamos cómo pagarles. Fue un negocio redondo porque compartimos algo que no teníamos”, recuerda.

Este veterinario no es un hombre de números y lo asume sin problemas. “Podríamos haber crecido mucho más si nos hubiéramos endeudado”, confiesa, pues el crecimiento del zoológico ha sido en función de los ingresos. La única excepción fue un leasing para comprar las tres últimas hectáreas del parque y cuya cuota final saldaron el mes pasado. “A pesar de tener un manejo rústico, hemos conseguido buenos resultados”, comenta, y cuenta que él mismo hace 7 años vive con un sueldo de gerente, pues su política siempre ha sido reinvertir cada peso ganado.

Hasta ahora Idalsoaga estaba en todas: desde atender las boleterías, hasta limpiar las jaulas de los animales. “Durante los últimos 20 años hemos jugado con los números azules y rojos en forma muy delicada, en capacidad humana hemos tenido requerimientos de más funcionarios, pero la caja no daba”, explica. Ni con la ayuda de sus hijos –tiene 10– logró atender la cafetería. Optó por lo sano y la concesionó.

Con sus más de dos mil animales –de 250 especies distintas–, un crecimiento de 30% al año y visitas que superan las 700 mil anuales, Idalsoaga decidió dar el paso y profesionalizar el negocio. Contrató a un gerente general y se lanzó a trabajar bajo un organigrama. “Cinco años atrás estaba todo a nombre mío. Ahora formamos un holding que tiene inmobiliarias, tiendas y el zoológico. Además somos una empresa Endeavor, con un directorio integrado por Salvador Said, Juan José del Río y Valeria Flen –gerente de negocios de Soprole- entre otros”, cuenta.

El doctor Ignacio Idalsoaga y su manada: tiene 10 hijos. La mayor se casó en marzo pasado en medio de los animales y con música africana. “Resultó tan entretenido que no descartamos realizar eventos en el zoo”, adelanta.

La primera misión del equipo que dirigirá Juan Pedro Mosquera, el nuevo gerente general, es romper con la estacionalidad con la que ha funcionado hasta ahora el zoológico. “Para nosotros las vacaciones de invierno y el día del niño son clave, tenemos ciclos muy marcados que no hemos podido revertir”, confiesa. Otra de las tareas es convencer a los profesores de que el Buin Zoo es la mejor sala de clases al aire libre. “Uno de los grandes desafíos es que nos tengan en los programas para el primer semestre, porque a fin de año estamos sobrevendidos”.

Y como ya se lanzó a pensar en grande, el dueño bien sabe hacia dónde tiene que mirar su negocio. “Somos unos burdos imitadores de la cultura Disney. Ya no se habla de trabajadores, sino de anfitriones y nuestros clientes son invitados. Los animales están agrupados en distintas zonas geográficas y la idea es tener la experiencia de vivir en el Amazonas o en el corazón de África”, cuenta entusiasmado. Y la idea se irá afianzando con la entrega de un “pasaporte” a cada niño, el cual será timbrado en cada sector del Buin Zoo.

Se viene el safari
Si hay algo que tiene expectante a Idalsoaga es la llegada de una pareja de rinocerontes desde Sudáfrica. Los está esperando hace meses y no ha sido fácil conseguirlos. Por lo general, los animales se consiguen mediante trueques con otros zoológicos. De hecho, el Buin Zoo ha reubicado a seis leones que venían dañados de circos; incluso enviaron uno a Sudáfrica.

Aunque ya cuenta con casi todos los animales –a excepción del elefante, que por opción prefieren no tener-, Idalsoaga sostiene que hay ciertas especies que son muy difíciles de conseguir, como la pantera de las nieves o el panda rojo. “Hay algunos que no siempre están en la lista de excedentes de otros zoológicos, así es que posiblemente tendremos que recurrir a empresas que se dediquen a la comercialización”. La pantera, por ejemplo, podría costar 15 mil dólares, pero acomodar las instalaciones para exhibirla puede superar tres veces ese valor.

¿Seguirá creciendo el Buin Zoo? Idalsoaga ya tiene un plan en mente: construir un parque safari. “Estamos buscando terrenos en las inmediaciones del zoológico. Queremos que la gente tenga la experiencia de ver los animales de una manera diferente. El proyecto costaría cerca de 2 millones de dólares”, adelanta. Una idea que se complementaría con la puesta en marcha de la Fundación Buin Zoo para recuperar especies dañadas. “Existen muchos ejemplares en mal estado, que vienen de circos, por ejemplo. Con Sernapesca acabamos de cerrar un convenio para rehabilitar pingüinos. Este safari debería ser un lugar capaz de proteger a estos animales que ya no pueden ser devueltos a su ambiente natural”, explica. Con los recursos obtenidos de este futuro negocio, Idalsoaga piensa financiar la mantención de programas que beneficien a los animales. “¿Sería salvaje, no?”, se pregunta.

“Sobrepoblación” de leones y tigres en Chile
-¿Es muy complejo el manejo de animales salvajes?
-No es fácil. Por ejemplo el oso, que puede parecer muy tierno, es muy agresivo. O la cebra, que para todos resulta un animal de peluche, es una bestia, un burro salvaje muy difícil de manejar. -¿Por qué cree que ocurrió el accidente en el Zoológico Metropolitano con el tigre que atacó al cuidador?
-Pudo haber sido un problema de exceso de confianza, a veces el personal está muy habituado a una rutina, y ya no discrimina. Llega y entra a la jaula.

-Muchos se preguntan por qué no le tiraron un dardo anestésico en vez de matar al animal…
-Sin conocer mayores detalles, pienso que no fue una opción: el animal estaba encima del cuidador y un dardo en ese minuto habría exacerbado su agresividad, y seguramente habríamos tenido más víctimas. Hubo que matarlo, no había otra opción.

El manejo de los felinos es complicado y en Chile tenemos un problema no solucionado por el Estado: la tenencia de animales salvajes como leones y tigres. Su reproducción es un problema y hoy existe sobrepoblación en el país. Nosotros hemos reubicado leones en otros zoológicos porque no los podíamos cuidar acá. Pasa lo mismo con los elefantes: acá tenemos uno robótico para explicar que no podemos cuidar a esta especie porque viven en manadas y necesitan al menos 10 kilómetros de espacio para caminar.

Muchos particulares que están incursionando en el rubro no terminan de darse cuenta que no es fácil, que el manejo de un zoológico no es algo que se aprenda en la universidad y que uno muchas veces se confía con la sensación que tiene sobre un animal…

-¿Han tenido accidentes en el Buin Zoo?
-No, sólo cosas muy puntuales por imprudencia de la gente que traspasa barreras y, por ejemplo, han sido rasguñados. Nada grave.