Diversas son las fórmulas que se han propuesto últimamente para modificar el sistema tributario chileno y así financiar las demandas sociales que están en la agenda política del país.

  • 2 diciembre, 2011

Diversas son las fórmulas que se han propuesto últimamente para modificar el sistema tributario chileno y así financiar las demandas sociales que están en la agenda política del país.

Diversas son las fórmulas que se han propuesto últimamente para modificar el sistema tributario chileno y así financiar las demandas sociales que están en la agenda política del país.

Algunas tienen un carácter meramente cuantitativo que consiste, principalmente, en introducir cambios en las tasas actualmente vigentes. Otras, por el contrario, contienen planteamientos más de fondo, referentes a la estructura misma del sistema.

En relación con estas últimas, no puede pasar inadvertida la idea de un impuesto de tasa plana único sobre las rentas propuesto por el economista norteamericano Alvin Rabushka, quien recientemente visitó nuestro país.

La propuesta de tasa plana lleva implícita una crítica que –a mi juicio– tiene mucho de verdad respecto de la eficacia de los tributos directos progresivos, sus efectos redistributivos y su importancia recaudatoria.

En lo referente al primer aspecto, si nos atenemos a las cifras proporcionadas por el SII para el año tributario 2010, de las personas naturales afectas a los impuestos progresivos el 81,8% no paga y sólo el 0,2% excede la tasa máxima. Pudiera argumentarse al contrario: que estos contribuyentes utilizan maniobras para reducir el pago de esos impuestos. Esta afirmación, sin embargo, choca contra la realidad de que estas cifras no son muy diversas para el impuesto global complementario y para el impuesto progresivo que afecta a los trabajadores dependientes, respecto de los cuales una eventual evasión es mucho más difícil.

En cuanto a su capacidad recaudatoria, ésta tampoco es evidente si se considera que, respecto de los impuestos a la renta, el aporte de los impuestos progresivos a las personas está por debajo del 26% de la recaudación total.

La proposición de Rabushka contempla la introducción de un impuesto único de tasa (19%, por ejemplo) que afectaría a las rentas de las personas y de las empresas, incluyendo los servicios profesionales. No se gravan con este tributo las rentas provenientes de los capitales mobiliarios, como son los dividendos y los intereses. En lo relativo a las rentas de las personas, se contempla un mínimo exento, para darle visos de progresividad.

Una tributación de este tipo implica un cambio estructural de enorme importancia frente al régimen actual de tributación sobre las rentas, por lo que un análisis detallado del mismo escapa del alcance de este artículo. Por ahora, sólo un punto: respecto de las personas naturales, una tasa promedio de un 19% se alcanza a un nivel de renta anual de aproximadamente 64 millones de pesos. Con la tasa plana quedarían gravados, con este porcentaje, contribuyentes que hoy no pagan impuesto progresivo o cuyas tasas son inferiores.

A la vez, quienes tienen hoy una tasa promedio de impuesto progresivo superior al 19%, se verían favorecidos. Para reducir este efecto, podría imponerse la tasa plana solamente a quienes hoy la tienen como tasa promedio de impuesto progresivo. Pero estos contribuyentes son, como se ha visto, muy pocos. La alternativa es elevar el mínimo exento, lo que produciría un efecto similar, en ambos casos, con una baja en la recaudación.

En consideración a lo anterior, vale preguntarse si es aconsejable la propuesta de una tasa plana para Chile. No olvidemos que, en materia de impuestos, cualquier modificación estará sujeta al efecto mariposa.