Por Carla Sánchez Mutis Fotos: Verónica Ortíz Manuel Ariztía Ruiz dice que ya está jubilado. Que sólo hace sugerencias a las consultas que recibe. Pero lo cierto es que en los dominios del segundo productor de pollos a nivel nacional (tiene aproximadamente un 30% del mercado), no vuela una pluma sin que se entere. A […]

  • 13 junio, 2014

Por Carla Sánchez Mutis

Fotos: Verónica Ortíz

Manuel Ariztía

Manuel Ariztía Ruiz dice que ya está jubilado. Que sólo hace sugerencias a las consultas que recibe. Pero lo cierto es que en los dominios del segundo productor de pollos a nivel nacional (tiene aproximadamente un 30% del mercado), no vuela una pluma sin que se entere. A sus 82 años está más activo que nunca. Su día empieza a las 6.15 y después de un pedaleo de unos 10 minutos en su bici estática se las empluma a Melipilla, donde está el centro de operaciones de Ariztía, la empresa familiar que en 1936 debutó con la producción de huevos.

Estudió Ingeniería Comercial en la Universidad Católica, pese a que quería ser agrónomo. Apenas egresó se puso a trabajar junto a Ricardo, uno de sus ocho hermanos, en la compañía, dedicada en esos tiempos también a las viñas y los frutales. En 1974, Manuel Ariztía compró a sus hermanos toda el área avícola. Y la hizo volar. Fue el primero que innovó en Chile al vender el pollo trozado. “Era una época en que la gente tenía poca plata y unos querían la pechuga, otros el trutro, otros el cogote y otros las alas, entonces dije Bueno, dividámoslo”, cuenta mientras camina por la antigua casona de Melipilla, la misma en la que vivió de joven y que está contigua a la planta que produce 6 millones de pollos al mes.

Hoy, Ariztía está en proceso de recuperación. Los últimos años no fueron fáciles. La gripe aviar, la crisis subprime –que congeló las exportaciones– y el terremoto de 2010 complicaron las cosas, dejando una deuda de 160 millones de dólares. Tras un proceso de reestructuración y consolidación de su gobierno corporativo, este año la empresa estima facturaciones por 550 millones de dólares.

¿Cuánto queda de la “dictadura” de Manuel Ariztía? “Nunca ha sido una dictadura y estoy seguro de que nadie lo ha visto así”, aclara el presidente de la compañía. “Lo que sí pasa es que me consultan mucho y yo hago sugerencias, escribo, voy ayudando a que podamos entregar a la larga esta empresa a los hijos”, cuenta sentado en su escritorio, una mesa ovalada, por supuesto, “porque es más democrática”. Afuera, el viento augura que en pocas horas caerá un chaparrón.

-Debe ser difícil manejar una empresa familiar…

-¡Tengo sindicato de nueras!, bromea. La verdad es que cuando se dice que ésta es una empresa familiar, hay que aclarar que sólo uno de mis hijos trabaja aquí directamente (Paulo, actual gerente general), si bien hay otros que me ayudan mucho y son asesores. También trabajan conmigo dos de mis yernos.

-Ud. está acostumbrado a los porrazos… En las últimas décadas tuvo que enfrentar la gripe aviar, la crisis subprime, el terremoto…

-El negocio avícola es de porrazos. Tuvimos un bajón fuerte, pero se ha ido arreglando. Los números van mejor. Uno, cuando es empresario, tiene que tomar decisiones a cada rato, unas buenas, otras no tanto. En octubre del 70 me fui a Argentina y volví a Chile en octubre del 73. Allá producía huevos y llegué a tener a 28 chilenos trabajando conmigo. Me fui con 7 hijos y cuando estaba allá, mi señora me dice Siéntate, tengo que hablar contigo. Como soy obediente, me senté y me cuenta que estaba esperando guagua. Plop. Miré para arriba y dije Señor, la guagüita es mía y el puchero tuyo. No le tengan susto a la vida.

-Antes de la reestructuración de la compañía –que comenzó el 2012– llegaron a tener deudas por 160 millones de dólares…

-Vivimos años difíciles. Los bancos se pusieron un poco pesados, pero lo hemos ido arreglando.

-También han enajenado activos inmobiliarios…

-Hemos vendido algunos campos, velando por no alterar la capacidad de producción. Jamás he tenido dólares, porque soy chileno.

-¿Va a vender Ariztía?

-Hay que ver primero cuánto vale. Después veremos, pero es casi seguro, tengo que hacerlo por un problema de sucesión. ¡Son más de 100 descendientes!

-¿Cuánto vale?

-Jamás en la vida he hablado de números, soy hombre de proyectos.

-Pero no están rojos actualmente, ¿o sí?

-No; están azules. Estuvieron púrpura, pero ya no.

-En algún minuto se habló de que la multinacional Tyson estaría interesada en Ariztía, ¿por qué no avanzaron las negociaciones?

-Tyson no ha venido nunca a conversar con nosotros. ¡Es una de cuentos enorme!

-¿Contrataron a IM Trust para que les busque un socio?

-IM Trust nos ha ayudado a ordenar la compañía. Tenemos muchas empresas distintas, hasta productoras de quesos y mantequilla en Osorno, de champiñones, abonos, antibióticos para la tierra, hierbas medicinales.

-¿Tantos huevos en canastos diferentes no desvía el foco que son los pollos?

-Para nada.

-¿Por qué se ha demorado tanto el due diligence?

-Estamos estudiando. Se ha hecho un trabajo muy interesante, dedicado principalmente a ordenar todo. Se trata de 120 años de tradición y no tengo separación de bienes con mi señora.

-¿Han tenido ofertas buenas?

-Hasta ahora se ha estado ordenando la casa. No hemos tenido ofertas.

-¿Y si hubiera un comprador?

-Evaluaremos si se vende o no. Nosotros llevamos 120 años en Melipilla, 220 en Chile. Con 8 hijos, 55 nietos y 22 bisnietos hay que tener muy ordenadas las cosas.

-¿Depende del precio si llega a vender o no?

-No es sólo precio. Tenemos que mantener una tradición, una cultura humana, una religión, un país.

-¿No le interesa vender, entonces?

-Me interesa para solucionar todos los problemas que puede haber en una sucesión, que es algo que no es fácil. Puede ser un socio estratégico u otra fórmula. Mantener las cosas en familia es muy importante, pero a veces puede ser un error. La plata es importante, pero no se puede estar pensando todo el día en el “dios Dinero”.

 

Caso colusión: “Fuimos condenados antes de ser juzgados”

La carne de ave es, por lejos, la proteína que más se consume en Chile. Al año, un chileno consume en promedio 30 kilos de pollo, lo que equivale a un 39% de la carne que consume una persona al año. No es raro, entonces, que el mercado avícola haya despertado las miradas de la Fiscalía Nacional Económica, que en noviembre de 2011 presentó un requerimiento al Tribunal de Defensa de la Libre Competencia (TDLC), por el cual acusó la existencia de colusión entre Agrosuper, Ariztía y Don Pollo, las tres principales avícolas del país. Según la fiscalía, las empresas y la Asociación de Productores Avícolas (APA), la agrupación gremial que las reúne, se coludieron para manejar la producción, asignándose cuotas. Entre las pruebas para la acusación figuraban cajas con documentos de las oficinas de la APA, faxes y un puñado de mails.

“Demasiado bien portados para ser niños normales”, escribió el presidente de la APA, Juan Miguel Ovalle, en uno de esos correos –en enero de 2008– donde felicita a los gerentes generales de las productoras, al comprobar que las cargas informadas se ajustaban a los parámetros sugeridos por la Asociación.

La fiscalía acusa la existencia de un “cartel” en el cual “se han asignado cuotas de participación de mercado, al menos durante los últimos diez años”. Una declaración que a Manuel Ariztía “le duele en el alma”, pues, según dice, “me sentí condenado sin ser juzgado. Ya no voy a ningún acto público que no sea algo familiar. No sólo se insultó a mi familia, sino que también a nuestro personal”.

-¿Por qué no asiste a eventos? ¿La gente lo señala en la calle?

-Me da lo mismo. Voy a la iglesia todos los días y a los eventos familiares nada más. Al año iré a uno a dos matrimonios.

-Pero si está tan convencido de su inocencia, ¿por qué se automargina?

-Porque no quiero dar explicaciones. Considero tan humillante lo que hicieron. Cuando se ataca a Ariztía, se ataca a toda mi familia. Yo tengo 100 descendientes y mi hermano Ricardo doscientos. Descendientes de mi padre somos más de 400. ¡No se puede condenar a nadie antes de juzgar!

-El fiscal presentó pruebas contundentes…

-No existen pruebas. El fiscal no tiene ningún dato. Son meras suposiciones que, además, no se condicen con la realidad ni con la forma como se ha desarrollado la industria. Por lo demás, no se ha incautado ningún computador de nuestras oficinas, nadie ha venido a escarbar. No tengo nada que esconder, sabemos que las cosas están claras.

-¿Un mail o un fax no es una prueba?

-No, porque los correos o faxes que ha citado el fiscal no dan cuenta de lo que se ha denunciado ni de nada que se le parezca. Cuando usted lleva muchos años en la misma industria se trata con más confianza, pero eso no significa que haya una trama.

-El economista Eduardo Engel sostuvo en una columna que el daño que causó el cartel asciende a 1.500 millones de dólares…

-No conozco al señor Engel, pero está equivocado.

-Incluso se lo compara a la colusión de precios de las farmacias…

-No tiene nada que ver… Insisto: aquí no ha habido nunca un acuerdo de precios ni de ningún tipo. Nunca hemos perjudicado a nadie ni tampoco hemos vendido más caro.

-Engel insiste en que la defensa de las avícolas es “pobre”.

-¡Qué se venga a producir pollos el señor Engel! Nosotros no hemos perjudicado absolutamente a nadie y eso es un dogma de honradez. Por ejemplo, todos los meses recibimos información de la industria argentina o francesa a través de reportes, de qué es lo que hace cada avicultor y eso no es colusión.

-¿“Blufear” con los volúmenes de producción es una práctica común?

-Eso es el club de los mentirosos y ocurre en todas las industrias. Cuando le preguntan a un agricultor cuántas papas produjo, él confunde las hectáreas con las cuadras.

-Entonces, ¿por qué los están acusando?

-Es que primero nos condenaron sin hacer un análisis responsable ni rebatible y después nos quieren juzgar. ¡Todavía no hemos sido juzgados!

-¿Qué esperan del fallo? ¿Están confiados en su defensa?

-Espero que se declare nuestra inocencia.

-Las multas que tendrían que pagar ascienden a los 27 millones de dólares…

-Eso es lo que ha pedido el fiscal, pero es un error. La pregunta es otra: ¿cuánto vale que a usted lo condenen antes de acusarlo? Además, lanzaron esta acusación en noviembre de 2011 y se nos pararon las exportaciones, los créditos externos, etc. Nos produjo un descalabro tremendo.

-¿Usted es amigo de Gonzalo Vial de Agrosuper?

-Éramos amigos. Ahora no nos vemos, pero existe la misma hombría de bien.

-¿Se pelearon?

-No, nada de eso. Tenemos relaciones familiares y sociales, pero no se mezclan con los negocios.

-¿Nunca se pusieron de acuerdo para fijar precios?

-Jamás. No había intercambio de datos. Lo que se hacía era que la APA pedía cierta información, la procesaba en su departamento de estudio y después entregaba información agregada a las empresas para ayudarla en la toma de sus decisiones. Pero esas decisiones eran adoptadas por cada empresa. Jamás nos hemos puesto de acuerdo para fijar precios. Ni siquiera eso es lo que nos ha imputado el fiscal. Lo que él nos ha imputado es que nos habríamos puesto de acuerdo en los niveles de producción. Por lo demás, no habría tenido ningún sentido ponerse de acuerdo en los precios, porque se puede importar pollo libremente. Si subo el precio, me traen al tiro pollo de al frente, de Argentina o Estados Unidos, de donde quiera.

-Pero por algo no lo hicieron…

-Porque aquí vendemos el pollo barato y de muy buena calidad. Imagínese que antes, un kilo de pollo se comparaba con un kilo de filete de vacuno, después con un kilo de posta y ahora con un kilo de huachalomo. Hoy, más del 15% del consumo nacional corresponde a pollo importado y ese número ha aumentado de forma permanente año a año.

-Entonces, ¿nunca se han puesto de acuerdo?

-No, nunca.

Reforma tributaria: “Falta análisis y debate”

La historia es una de las pasiones de Manuel Ariztía. Cuenta con orgullo que su tatarabuelo, Francisco Aristia, era tan vasco que “para la independencia sacó carnet chileno y se cambió el apellido: reemplazó la ‘s’ por una ‘z’ y acentuó la ‘i’”.

Manuel Ariztía es un fan de Chile, pero hay cosas que lo tienen preocupado. “Estamos en un país que se ha dado vuelta. Antes, era extremadamente conservador, hoy es un país que trata de ser especial, de diferenciarse. ¿Y para qué tanto?”, reflexiona. El empresario cree que “hemos equivocado el camino y eso va para todo el mundo. La gente hoy día no deja hablar, te interrumpen y te tiran la carrocería encima. Falta paciencia, educación, formación, análisis. Necesitamos más madurez”, agrega. Por eso, echa de menos “más raciocinio en el debate. Falta gente como Hernán Briones o Ernesto Ayala. De los actuales, me gustan mucho Baldo Prokurica y Camilo Escalona”, confidencia.

-Y eso que Escalona no es de su sector…

-¿Cómo sabe? Si hay momios socialistas –bromea–. ¡Pero es chileno!

-¿Qué cosas le preocupan del Chile actual?

-Algunas de las iniciativas de la Presidenta Bachelet son cuerdas, pero no hizo debate.

-¿Se refiere a la reforma tributaria?

-Sí, en la reforma tributaria en algunas cosas tiene razón, pero en otras no.

-¿Es necesaria un alza de impuestos?

-Hay cosas que son lógicas y otras que no. No es lógico que no haya habido debate en el Parlamento. No es democrático. Esto puede desalentar el espíritu emprendedor de los chilenos y puede que en vez de ser tigres nos convirtamos en gatitos falderos.

-¿Es lógico que haya mayor recaudación y que los empresarios paguen más?

-Mire, los empresarios, los jubilados y los de más allá pagarán más, porque como no hubo debate, no sabemos cómo va a salir el paquete.

-¿Qué le pareció el video del Gobierno sobre la reforma tributaria?

-Un insulto. No tienen por qué destruir a la gente, eso no construye.

-Las últimas semanas el Gobierno ha cambiado su estrategia …

-Sí, pero perdieron la primera vuelta. Me duele que haya sido todo para callado. Tienen los votos para aprobarla, pero eso no quita que debieran haberla conversado. Siento que son inmediatistas, ¡si se suben los impuestos, muy probablemente van a subir los pollos!

-¿Cree que un alza de impuestos afecte el crecimiento del país?

-Sí. Y lo atribuyo al nerviosismo de la gente. Una cosa es alza de impuestos y otra es la incertidumbre, que es mucho más grave.

-¿Siente en el ambiente esa expectación?

-Yo me río, porque cuando viene este nerviosismo la gente come más, más pollos, más huevos (bromea). Si lo ves desde un aspecto netamente materialista, nosotros salimos ganando.

-¿Encuentra muy terrible que eliminen el FUT?

-Ni tanto ni tan poco, las cosas conversando podrían haberse hecho mejor. En esto, condenaron a los empresarios sin juzgarlos, sin debate y eso no puede ser.

Creo que la desigualdad usted la arregla no sólo con un alza de impuestos, sino que con calidad de educación, con el ejemplo personal. La educación es una obligación de todo el país, no del Estado. La educación es un problema de país y necesita calidad, eso es lo primero. Y eso se logra con humanidad, reconociéndole a cada uno sus cualidades, no imponiendo, como el caso del aborto, que es imponer algo (ver recuadro 1).

-Pero usted ¿está a favor de que le suban los impuestos?

-¡No sé para qué se va a hacer ni cómo se va a hacer! Y no la quisieron explicar. Lo mismo ocurre en la reforma a la educación, no han mencionado la palabra calidad…

-¿Cree que es necesario un cambio en la educación como el que se discute?

-Sí, necesitamos más salas cuna, más jardines infantiles, mejores profesores, más cultura, más calidad en todo.

-Al haber selección se produce segregación y muchos niños quedan fuera del sistema…

-No. No tiene por qué quedar nadie fuera del sistema, pero no tienes por qué perjudicar a los cabros que realmente van a estudiar. Es también responsabilidad de los padres participar en la educación de sus hijos.

-¿El lucro y la educación son buenos aliados?

-De partida, no han definido qué es el lucro. Para mí hay lucro cuando se cobra más que lo justo.

-El argumento que se plantea es que la educación no debe ser un negocio…

-Podrá ser negocio si es mala, porque si es buena no lo es: hay que conseguir mejores profesores, bibliotecas, laboratorios… Hay que reinvertir las utilidades. A mí me toca en algunos colegios que no sólo reinvierten las utilidades, sino que también les alcanza para financiar otros colegios gratuitos gracias a las diferencias de márgenes.

-¿Apoya al gobierno de Bachelet?

-Yo apoyo al gobierno de Chile. En el hecho, uno sigue jugando el partido de Chile.

-¿Hay empresarios que no quieren jugar el partido de Chile?

-Cuántas leyes propuso Piñera y no se las quisieron ni estudiar en el Parlamento. Los empresarios son mucho más patriotas. Ser empresario… ¿Ud. cree que uno anda detrás de la plata? Nooo, uno anda detrás del cumplimiento –en muchos aspectos– divino: ayudar a que el hombre suba, crezca.•••

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Ariztía y el aborto

Una de las cosas que enorgullece a Manuel Ariztía es el cementerio de niños nonatos que levantó en Melipilla. Hasta él llegan decenas de personas diariamente a dejar flores, cartas e incluso juguetes. “La gente lo agradece mucho. Eso a usted le demuestra que la vida comienza en el momento mismo de la concepción y también le demuestra que hay una comunicación del feto con su madre”, explica mientras recorremos el lugar. Ariztía se declara un férreo defensor de la vida: “La madre no es dueña del hijo, sino que una guardiana por 9 meses y, por tanto, no puede disponer de la vida de él”.

-¿Y qué pasa en el caso de que esté en riesgo la vida de la madre?

-Ésa es una discusión artificial. Hoy, la legislación permite dar solución a esos casos.

-Pero esas soluciones son, en general, para la gente con más recursos.

-Eso no es verdad, existen múltiples soluciones. Hoy la cobertura, si bien puede ser mejor, es enorme. Y si la guagua nace y la madre por cualquier razón no la puede tener, existen muchas instituciones que acogen a las madres y a las guaguas.

 

“Un momio ayudando a las momias”

La familia Ariztía lleva más de 30 años trabajando en Arica. Es en la XV Región donde producen el 20% de sus aves y donde tienen “Camarones 14”, un terreno de 50 hectáreas en el que hay vestigios de las “momias de Chinchorro”, las cuales están siendo postuladas ante la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad.

“Momias hay en muchas partes, pero las de Chinchorro tienen más de 8 mil años y cuentan con un proceso de momificación único en el mundo”, explica el empresario, quien decidió finalmente donar los terrenos al Estado dado su enorme valor patrimonial. El día que anunciaron la donación, el gerente general de Ariztía en Arica, Clemente Cerda, le dijo al intendente Emilio Rodríguez: “Ve, señor intendente, primera vez que un momio ayuda a las momias”, ríe.

La única condición que pone Ariztía para la donación es que no le cobren impuestos. “Encuentro absurdo que te cobren por donar algo para el patrimonio nacional”, fundamenta.

-¿Por qué no lo vendió entonces?

-Porque lo quiero donar.

-Pero esa donación es parte de la RSE de su empresa…

-Es verdad, pero ando pillado siempre con las donaciones. Es insólito que se impongan estas trabas a aquéllos que queremos hacer donaciones para el futuro de Chile. Es como si usted le regala algo a su mamá y ella le pida que usted le pague el doble del IVA.