Por: Aldo Cerda, director de ActionAbility Institute Una de las manifestaciones más evidentes de que los temas de sustentabilidad están penetrando al refractario mundo corporativo ocurrió hace unas semanas, cuando Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra, advirtió en Londres –en el marco de la tradicional cena anual de Lloyd’s para la comunidad financiera británica– […]

  • 15 octubre, 2015

Por: Aldo Cerda, director de ActionAbility Institute

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Una de las manifestaciones más evidentes de que los temas de sustentabilidad están penetrando al refractario mundo corporativo ocurrió hace unas semanas, cuando Mark Carney, gobernador del Banco de Inglaterra, advirtió en Londres –en el marco de la tradicional cena anual de Lloyd’s para la comunidad financiera británica– acerca del peligro que representaba para la estabilidad del sistema financiero, el que el escenario que se negocia internacionalmente en el ámbito del cambio climático (que las emisiones de CO2 se restrinjan de modo tal de no permitir un aumento de más de 2 ºC en la temperatura promedio mundial) implicaría que alrededor de un 75% de las reservas totales de combustibles fósiles deberían “quedarse en la tierra”, lo que determinaría una devaluación enorme de los principales activos de las empresas energéticas.

Es ese tipo de rationale el que está detrás de los criterios “duros” de sustentabilidad: ¿cuál es la habilidad real de una empresa de poder materializar su proyección de flujos financieros en el tiempo? El cambio climático es uno de los temas ambientales que incide en lo anterior, o la contaminación atmosférica, que podría determinar la posibilidad de Codelco de no tener refinación de cobre en Chile. Sin embargo, lo más incidente en nuestro país en los temas de sustentabilidad corporativa tiene que ver con lo social: ¿posee la empresa la habilidad de diálogo con las comunidades para ver aprobados sus proyectos?, ¿hay conflictos en los territorios donde opera?, ¿son permanentes o transitorios?, o más coyunturalmente: ¿se verá afectada la marca de la empresa, que representa parte importante de su valorización, por un evento de financiamiento irregular de la política?

Entonces, de lo que se trata no es de competir por protagonismo en el desarrollo de pequeños proyectos filantrópicos o de greenwashing –que por lo demás, cada día le importan menos a una sociedad crispada–, sino de minimizar los riesgos (financieros, operacionales, reputacionales) que pueden afectar negativamente la rentabilidad y sobrevivencia de largo plazo de la empresa.

Cada vez que hemos visto un caso de un conflicto con las empresas en Chile (Barrancones, Freirina, HidroAysén, por mencionar algunos), sistemáticamente se constata la existencia de ceguera cognitiva por parte de los principales ejecutivos a estos elementos de riesgo, por lo que ellos no se anticipan, no se miden y no se gestionan. Ello sólo cambia cuando el conflicto está desatado, y en la mayoría de los casos ya es demasiado tarde como para revertir la oposición ciudadana a los mismos.

 

Casos destacados

Existen avances evidentes en el desempeño de las principales empresas chilenas en el ámbito de la sustentabilidad (10% de mejora promedio en los puntajes del top 25 de empresas evaluadas en los últimos tres años, y la mejor valorada –Concha y Toro– rozando el umbral mínimo). Estas mejoras son particularmente claras en la conexión con variables de eficiencia operacional (e.g., menor consumo de energía = menores costos y, a su vez, menores emisiones), pero a nivel agregado aún existen grandes brechas respecto a los umbrales mínimos esperados.

En el caso de la dimensión ambiental, continúa la consolidación de la gestión de Latam Airlines, Metro, Concha y Toro, Anglo American, CCU y –por primera vez– CAP.

En el caso de la gestión de la huella de carbono, destaca el caso de Concha y Toro, que realiza mediciones desde 2007. Durante 2014, la empresa logró una reducción del 14% en emisiones directas, 15% en emisiones indirectas (alcance 2) y un 3% correspondiente a emisiones de alcance 3. Asimismo, en el marco del Programa de Proveedores, Sustentabilidad y Huella de Carbono, la viña y sus principales proveedores de embalaje firmaron un Acuerdo de Reducción del GEI comprometiéndose a reducir un 15% de emisiones para el 2020. Por otra parte, Concha y Toro continuó trabajando en conjunto a sus proveedores en la medición y verificación de la huella de sus productos. Finalmente, destaca el caso de su producto Sunrise, el primer vino CO2 Neutral a escala global.

CAP destaca este año en su gestión de energía y cambio climático por su proyecto de energía solar “Amanecer Solar CAP” de 100 MW de capacidad. En el caso de la gestión hídrica, CAP Minería cuenta con sistemas que recirculan el agua y buscan sustituir el uso de agua dulce por agua de mar.

Durante 2014, la recirculación alcanzó un 47%. Asimismo, la empresa lleva a cabo planes continuos para reducir el consumo de agua, por lo que han incorporado tecnologías como relaves en pasta y desalinización en los nuevos proyectos. El 100% del agua utilizada es recuperada y recirculada en Cerro Negro Norte, lo que en su conjunto equivale al consumo de 150.000 hogares del norte de Chile.

En el caso de la dimensión social destacan Sodimac, Chilectra, Aguas Andinas, Embotelladora Andina, Collahuasi y Arauco. En el caso de la primera, predomina su relación con los proveedores a través de su política de transparencia comercial y su trabajo con ellos en las áreas de innovación –desde el Centro de Innovación para Proveedores– y en la promoción de prácticas de sustentabilidad.
Aguas Andinas, en tanto, destaca por la transparencia y equidad de su política salarial.

En la dimensión económica sobresalen Chilectra, Arauco, Mall Plaza, Concha y Toro, Metrogas, Santander y Enaex. Las dos primeras lo hacen fundamentalmente por sus políticas de innovación, las que por ser de largo aliento comienzan a mostrar ya los beneficios de las mismas, mientras Concha y Toro se distingue por su estrategia de diferenciación comercial.

Finalmente, los profesionales de ActionAbility Institute destacan la estructura de presentación del reporte de sustentabilidad de Colbún, que realiza un desglose profundo y conciso de cada aspecto material respondiendo seis preguntas: ¿por qué es un aspecto material?, ¿qué grupo de interés lo mencionó en la consulta?, ¿cuál es nuestro objetivo?, ¿cómo lo gestionamos?, ¿cómo lo medimos? y ¿quién es responsable? De esta forma, se describen todos los puntos de interés relevante de los aspectos más importantes de su gestión.

 

Conclusiones

1. Los enormes riesgos en la cadena de abastecimiento: es evidente la mejoría en los indicadores que dan cuenta de la gestión ambiental directa de las empresas (es decir, aquélla delimitada por sus límites operacionales), pero aún no se ven avances en el trabajo de las empresas con sus proveedores de insumos y servicios claves para la operación. Lo que algunas pocas compañías realizan en el campo de la huella de carbono con sus proveedores, debe ser ampliado para incluir a las otras variables de la dimensión ambiental y, sobre todo, social.

2. Se consolida la práctica de reportar: cuando el CEO del World Business Council for Sustainable Development dijo en 2014 que “los reportes de sustentabilidad de las compañías estaban muertos”, algunos pensaron que era el fin de esta práctica. Sin embargo, su mensaje estaba dirigido a reforzar los cambios que se proponían de la metodología GRI para abordar el tema de la materialidad (esto es, identificar, medir y reportar los impactos relevantes de la organización). Es claro que las compañías de mejor desempeño son aquéllas donde el reporte forma parte del “cuadro de mando” de gestión de las variables críticas que ellas han identificado, las que además se han asimilado consistentemente a la operación diaria de la empresa.

3. La potencialidad del shared value: el cuadro actual de desconexión de las empresas con la sociedad genera un escenario donde la forma en que ellas crean valor y hacen parte de sus beneficios a las comunidades afectadas, sea probablemente la única estrategia viable para cambiar el mapa de desconfianza social con el empresariado, y para destrabar la lógica oposicionista a cualquier proyecto de alguna significancia en el territorio. Lamentablemente, se constata que los avances en este campo son aún muy aislados y poco ambiciosos.

4. El riesgo para las marcas por el financiamiento irregular de la política: probablemente es el tema de mayor impacto y cambio respecto a los resultados del año pasado, y, sin embargo, las empresas –involucradas o no– han perdido la oportunidad de ocupar el espacio del reporte público para expresar sus convicciones, independientemente de los errores pasados que pudieran haber cometido. Cuando se calla lo que es evidente a ojos de todo el mundo, se pierde una oportunidad única de transparencia y de búsqueda de mejores prácticas. No por nada, en cuatro años la confianza de las personas en las empresas se ha desplomado. Si en 2011, tres personas de cada diez confiaban en las empresas privadas; hoy, sólo una de cada diez expresa públicamente su apoyo a ellas.

5. La innovación se abre paso: ya hay empresas que completan un lustro de trabajo sistemático en el desarrollo de estrategias de innovación. En términos de resultados, los avances son aún modestos, pero se reporta un número creciente de contratos de I+D+I por parte de las empresas y se revela que las innovaciones incrementales, particularmente aquéllas que ayudan a mejorar la eficiencia de procesos existentes y, por ende, reducir costos, han ganado terreno dentro del business as usual.

6. El liderazgo de los sectores de recursos naturales: dentro de las 25 empresas de mejor performance se encuentran las tres principales compañías forestales, las tres viñas más grandes y las cinco principales mineras, es decir, los requerimientos de certificación de sustentabilidad que varias de ellas enfrentan a nivel internacional, sí se han traducido en cambios objetivos de su desempeño.

7. El sector financiero al debe: todavía quienes debieran liderar la agenda de sustentabilidad por parte del sector privado, las AFP, están al debe. Ello implica que las inversiones donde se encuentran los ahorros previsionales de los chilenos no están incorporando criterios de riesgo objetivo, al menos en las dimensiones social y ambiental, lo cual es paradójico considerando los numerosos ejemplos de proyectos y operaciones postergados, retrasados o simplemente descartados por la oposición de la comunidad. Al menos, este año el Banco Santander figura dentro de las quince empresas de mejor desempeño. Es de esperar que otras instituciones financieras pronto sigan su ejemplo.

*Las conclusiones de este estudio podrán verse in extenso en la edición de noviembre de The Note.

 

El Índice de Sustentabilidad Corporativa (ISC) 2015

Éste es el tercer año de aplicación, a más de 100 empresas nacionales, de este instrumento desarrollado por ActionAbility Institute. Después de revisar los principales desarrollos metodológicos en este campo a nivel internacional, el ISC se construyó basado en el performance efectivo de cada empresa en el ámbito de la sustentabilidad. Una evaluación directa de cómo cada empresa identifica, gestiona y mitiga el riesgo de variables ambientales, sociales y económicas que afecten su valor de largo plazo.

Estos riesgos se modelan sobre la base de 27 variables de sustentabilidad y se determinan en cuanto al desempeño específico de la empresa en ellas. Aquí no existen evaluaciones relativas a cómo cada una se desempeña en relación a sus competidores en una industria, sino que su gestión se evalúa contra una escala absoluta. Un detalle completo de las variables consideradas y la métrica de evaluación de cumplimiento, así como los resultados del ISC 2015 se encontrarán disponibles en el próximo número de The Note.

En el ámbito ambiental la medición se “clusteriza” en temas de huella de carbono, huella de energía, huella de agua, contaminación, impactos en biodiversidad y uso/reciclabilidad de recursos naturales. El ámbito económico se ordena según variables de eficiencia y diferenciación, con un fuerte eje de la innovación como elemento de competitividad sustentable. Finalmente en el ámbito social, se ordena la evaluación por el tipo de relación con diferentes stakeholders.

Las 27 variables se ponderan de igual forma. La escala de “notas” varía entre 0 y 5, donde 0 representa el caso en el que la variable no se gestiona en absoluto y 5 donde la gestión de la empresa es un referente internacional y genera una posición competitiva favorable. Para obtener el puntaje de performance se considera la suma de las calificaciones anteriores, la cual se divide por la multiplicación de 4 por 27 (donde “4” refleja un nivel de desempeño asociado a liderazgo a nivel nacional en la gestión de cada variable, y “27” es el número de variables medidas). El ratio resultante corresponde al ISC de cada empresa. En caso de que alguna variable no se considere por criterios de materialidad (e.g. huella de agua de un banco), el denominador cambia a la multiplicación de 4 por el número de variables efectivamente consideradas.

¿Cómo se obtuvieron los resultados?

ActionAbility Institute trabajó con la información pública de las empresas a partir de sus reportes de sustentabilidad, reportes integrados, memorias o aquélla contenida en sus sitios web corporativos. Para temas de conflicto con partes interesadas se realizaron búsquedas específicas de brechas entre las declaraciones públicas de las empresas y lo que se informa en distintos medios de difusión pública.

Los resultados obtenidos se ponderaron entre 80 y 100% dependiendo: a) de la metodología de reporte –GRI v4 o v3, reportes integrados u otras–; b) si se cuenta o no con verificación de tercera parte independiente, y c) data de su último año de reporte. A modo de información, tenemos que el 56% de las empresas evaluadas ya dispone de reportes de sustentabilidad. Un tercio de ellas ya utiliza la versión 4 del GRI y 3% usa reportes integrados. Finalmente, sólo un 15% de las empresas que preparan reportes realiza una verificación externa de los mismos.

 

1. Concha y Toro

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El Centro de Investigación en Innovación (CII) en el valle del Maule que abrió sus puertas el año pasado, marcó un hito en la estrategia de sostenibilidad de Concha y Toro. Con una inversión de cinco millones de dólares, el centro tiene por objetivo promover el desarrollo tecnológico y la investigación aplicada, con el fin de hacer a la industria vitivinícola más competitiva y exitosa ante los nuevos desafíos, además de contribuir con su entorno social. Así lo explica Valentina Lira, subgerente de Sustentabilidad de la empresa, quien agrega que la compañía se ha propuesto avanzar “de manera decidida” en esta materia.

Ésa es la razón por la cual, la empresa ya ha abordado el tema de las energías renovables a pequeña escala, a través del calentamiento de agua para algunos servicios de las instalaciones gracias a colectores solares. Pero ése es sólo el comienzo. Lira explica que la empresa tiene en carpeta dos proyectos relacionados con energía solar para 2016, que se financiarán con un fondo que se elaboró sobre la base de un precio interno a la emisión de carbono establecido a través de un sistema de “Carbon pricing”, que comenzará a aplicarse el año que viene.

Además, la firma desea seguir sumando nuevas herramientas para medir su gestión. “Queremos potenciar nuestra participación en los índices de sustentabilidad de Dow Jones que acabamos de integrar, ya que constituye una excelente herramienta de gestión y benchmark con la industria a escala global”, señala Valentina Lira. •••

2. Latam

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Poder ingresar en 2014 a la categoría mundial del Índice de Sostenibilidad Dow Jones –junto a Air France-KLM–, fue uno de los principales logros del grupo LATAM el año pasado. Pero no es el único avance que la compañía destaca de su gestión ambiental. La firma lleva varios años trabajando para reducir sus emisiones mediante proyectos enfocados en la modernización de la flota de aviones que consumen menos combustible, la eficiencia operacional y la búsqueda de energías alternativas sostenibles, cuenta Enrique Guzmán, gerente senior de Medioambiente LAN.

El ejecutivo explica que además, para combatir el cambio climático, cada año la empresa mide y verifica su huella de carbono. “Hemos logrado neutralizar nuestras operaciones terrestres tanto en Perú como en Colombia, mediante la adquisición de bonos de carbono de proyectos emblemáticos de reforestación en cada uno de estos países”, explica. Chile, en tanto, está en stand by, pues la aerolínea aún no encuentra un proyecto de forestación en el país que le permita neutralizar su huella.

En el ámbito social, las empresas que forman parte de Grupo LATAM Airlines llevan a cabo proyectos en las comunidades mediante turismo sostenible, transporte de ayuda en situaciones de catástrofe, traslado de órganos humanos para trasplantes y apoyo financiero a instituciones con proyectos sociales y ambientales de alto impacto.

Pero el gran desafío hacia adelante, dice Guzmán, es además de ejecutar los programas, actividades y metas asociados a su estrategia de sostenibilidad, lograr acompañar e integrar la nueva marca LATAM que trae consigo una nueva propuesta de valor a clientes y la construcción de una cultura interna. Sobre todo considerando la importancia que una gestión sustentable está teniendo en el mundo de los negocios. “Inversionistas de diferentes latitudes están enfocando sus activos financieros en empresas que sean capaces de demostrar un desempeño sostenible, no sólo en lo económico, sino también en lo social y ambiental, con el objetivo de reducir el riesgo de invertir en mercados que muestran un alto grado de volatilidad. Esta tendencia estimula a las empresas a redoblar los esfuerzos por realizar negocios más responsables”, asegura. •••

 

3. Metro

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Tenemos el mandato de recuperar el cariño y afecto de los millones de ciudadanos que se desplazan a diario en metro”, asegura Rodrigo Azócar, presidente del directorio. Y es que no son pocos los que se ven afectados por la calidad de su servicio: 668 millones de pasajeros utilizan el transporte estatal al año.

Para disminuir su huella de carbono, la compañía –el segundo mayor consumidor de energía eléctrica de la Región Metropolitana– optó por buscar una combinación de contratos con energías convencionales y renovables no convencionales (ERNC). A fines de septiembre, en paralelo al contrato vigente con EnorChile, Metro firmó un nuevo contrato con Chilectra que regirá hasta fines de 2023. Esto implica que desde 2017 en adelante, Chilectra proveerá de manera constante un 40% de los requerimientos energéticos de la empresa y, a partir de ese año, la energía restante se obtendrá de dos proveedores de energía solar y eólica que están hoy construyendo sus plantas para abastecer a Metro en combinación con los contratos vigentes. Así, cerca del 70% de la energía del tren subterráneo provendrá de ERNC, debido a que parte de lo distribuido por Chilectra incluye ERNC.

Asimismo, la operación de las líneas 6 y 3 implicará una disminución del 1% de las emisiones de PM10 (partículas atmosféricas) anuales de toda la Región Metropolitana, debido a que reemplazarán a otros medios de transporte.

Otro de los puntos que destaca la empresa es el anuncio de una nueva mirada que se hace cargo del impacto de su servicio en la vida de las personas y la ciudad. “Este nuevo enfoque tiene por objetivo disminuir la cantidad de fallas en la operación y bajar el tiempo de restablecimiento del servicio en el caso de que éstas ocurran”, explica Rubén Alvarado, gerente general. Las acciones que se han desarrollado hasta la fecha en esta materia han permitido que las averías de vías y sistemas –que son las de mayor impacto– hayan disminuido a la mitad respecto al año pasado, lo que se traduce en una rebaja del tiempo de afectación a los pasajeros en 62%, señala Alvarado.

Otra de las medidas que destaca la empresa es la instalación de un sistema de información en tiempo real en los accesos a estaciones, con 78 pantallas informativas sobre el estado de la red, la línea y la estación en particular. •••