Por Sascha Hannig, Estrategia & Asuntos globales FPP
Año: 2052

  • 18 agosto, 2019

Hace unas horas, la Tierra recibió el primer mensaje desde Colonia 3, Marte. “Aterrizaje exitoso”, dijo George Suárez, capitán de la nave Odisea 44. En el café en el que me encontraba, los suspiros y aplausos colmaron el ambiente.

Ya que la hazaña fue transmitida por simulación de realidad virtual, todos estábamos dando nuestro primer paso sobre el planeta rojo, y luego caminamos en las colmenas creadas hace diez años para recibir a los voluntarios que pasarán el resto de sus días desafiando a una atmósfera irrespirable y gélida. Aunque se puede vivir perfectamente en nuestro planeta —la contaminación ha caído a niveles históricos—, Marte ha encendido la esperanza de la gente, de buscar un mundo lleno de “oportunidades”.

Hoy aterrizaron tres astronautas estadounidenses y tres israelíes. La misión solo fue posible por la colaboración de dos empresas privadas, la NASA y el gobierno de Jerusalén. En dos días aterrizará la sonda del China National Space Administration (CNSA), y dentro de tres meses, la versión europea con tecnología holandesa, los herederos de Mars One. Hay, curiosamente, más de 200 chilenos inscritos en las próximas misiones y una empresa chilena encargada de monitorear los procesos desde el desierto de Atacama. Lugar donde además se entrenan algunos colonos —junto con la Antártida— y desde el cual se han planificado varios despegues a Marte en el futuro cercano.

Muchas colmenas tienen una o dos banderas en su cúpula más alta, marcando la intención de mostrar la superioridad de dichos países —Chile se ha aliado con China para colocar su bandera en una de las villas de la colonia CNSA—, pero hay más de cinco iniciativas totalmente privadas que enviarán colonos, sin una nación más que el país de origen de sus tripulantes. Son colmenas que llevan instalándose por décadas para recibir a voluntarios sin realmente un país al que responder.

¿Tendremos colonias de países, o colonias de la Tierra? Ni a los indios ni a los rusos ni a los empresarios que aportaron las investigaciones, les ha hecho gracia el discurso de los pioneros esta mañana: “Esta hazaña abre el territorio de los países a una extensión tan grande como las capacidades tecnológicas para colonizarlo”.

¿Habrá entonces guerras en la Tierra por los espacios ocupados en Marte? La verdad es que los niños que nazcan ahí serán marcianos. Y es posible que, en menos de doscientos años —un pestañeo en la historia de la humanidad—, Marte esté buscando su independencia, creará su propio sistema y comenzará incluso a exportar productos a la Tierra a cambio de los bienes que necesitan para sobrevivir.

Marte ya parece una colonia. Es un planeta de nostalgia, que ya ha llenado libros con historia y recuerdos humanos. Hace más de treinta años, en 2019, el rover Opportunity se despedía del mundo: “Mi batería está baja y se está haciendo oscuro”, decía el pequeño explorador, marcando el inicio de las lágrimas derramadas para los intrépidos habitantes que irán a desafiar a la muerte.