Por: Marcelo Muñoz Perdiguero, socio de Salcedo & Cía, Abogados + Auditores Tributarios A casi dos años de la entrada en vigencia de la reforma tributaria, algunos hablan de éxito, otros de fracaso; también se habla de la “reforma a la reforma”, o de la “reformita”. El énfasis parece ir dado por lo que cada […]

  • 8 julio, 2016

Por: Marcelo Muñoz Perdiguero, socio de Salcedo & Cía, Abogados + Auditores Tributarios

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A casi dos años de la entrada en vigencia de la reforma tributaria, algunos hablan de éxito, otros de fracaso; también se habla de la “reforma a la reforma”, o de la “reformita”. El énfasis parece ir dado por lo que cada uno quería obtener. Y ése es uno de sus problemas centrales: que unos querían una cosa y otros, otra.

Hoy, existe mucha incertidumbre, lo que explica en parte el menor crecimiento económico y mayor desempleo. Esto ya es bastante agudo en la construcción, por la inclusión del IVA en los inmuebles, con proyectos paralizados. La implementación es costosa por una larga lista de nuevas declaraciones juradas, formularios, circulares, resoluciones que el Servicio de Impuestos Internos (SII) ha emitido para darles curso a las normas legales.

Por otro lado, el aumento de los Pagos Provisionales Mensuales (PPM) traerá problemas de liquidez a las empresas; sin el financiamiento propio que daba el FUT, deberán endeudarse con bancos e instituciones financieras, elevando no sólo sus propios costos, sino restringiendo el empleo y elevando los precios.

Otro gran tema es qué pasará cuando la gente se entere de que, contrario a lo que creía, verá que su impuesto final ha subido por encima del 35%, debido al sistema semi integrado de las sociedades en que puedan tener inversiones. Esto no es sólo aplicable a los grandes empresarios: tanto pequeños accionistas como pymes verán esto sin comprender. Y la verdad, no podemos culparlos, porque nosotros, que nos dedicamos a esto todos los días, no terminamos de entenderlo del todo.

Peor aún en el caso de los inversionistas de países como Alemania, y otros que no cuentan con tratados tributarios con Chile, quienes podrán quedar afectos a un tercio más de impuestos que sus competidores de España y otros que sí los tienen. Si optan por restructurarse y reconducir sus operaciones a través de uno de esos países –quienes puedan hacerlo– podrán ser objeto de la normativa antielusiva general del Código Tributario.

No debe olvidarse cómo castiga la reforma tributaria al mercado de capitales. Las limitaciones en este sentido a los contribuyentes acogidos a rentas presuntas, la tributación de las rentas pasivas, o la amplísima norma de exceso de endeudamiento, son normas que complican el financiamiento, y lograr desarrollo y empleo.

Mención aparte merece que tengamos tantos regímenes distintos: de renta presunta, de contabilidad simplificada o completa, de flujo de caja, de renta atribuida o semi integrada… Y eso que se han efectuado simplificaciones a la reforma. Quien quiera elegir entre ellos deberá, después de estudiarlas y entenderlas (cosa nada de fácil), explicar muy bien al SII por qué se acogió a ese régimen y no a otro. La normativa antielusiva general del Código Tributario hará más difíciles las cosas. Respecto a esa norma, ya sería compleja sin una consideración muy importante: que el texto parece decir una cosa y lo contrario a la vez; un párrafo parece decir que algo está permitido y el siguiente parece prohibirlo.

Y directores, administradores y asesores de empresas deberán tener especial cuidado; ellos también serán responsables de los tributos eludidos.

Si a todo esto le agregamos los impuestos a los hidrocarburos, al de timbres y estampillas, cambios a la tributación de fondos de inversión, parece que nos acercamos a una verdadera “tormenta perfecta”, donde, cual Titanic, los chalecos salvavidas parecen ser pocos y los botes menos aún. No me gusta ser agorero, pero en el futuro, más que una “reforma a la reforma de la reforma”, quizás se produzca una verdadera “contrarreforma”.