Fue como un balde de agua fría. Representantes de gremios y asociaciones mineras de distintos países se reunieron aprovechando que se realizaba la PDAC, una de las convenciones más importantes del sector, que anualmente se realiza en Canadá, para conocer los resultados de una experiencia inédita: por primera vez la industria cuprera de Chile midió […]

  • 4 abril, 2013
Chuquicamata

Chuquicamata

Fue como un balde de agua fría. Representantes de gremios y asociaciones mineras de distintos países se reunieron aprovechando que se realizaba la PDAC, una de las convenciones más importantes del sector, que anualmente se realiza en Canadá, para conocer los resultados de una experiencia inédita: por primera vez la industria cuprera de Chile midió su competitividad frente a otras naciones productoras. Los números permitieron establecer una realidad compleja y le dieron cuerpo a las preocupaciones que desde hace un tiempo han manifestado las empresas del sector.

Joaquín Villarino, presidente ejecutivo del Consejo Minero, fue el encargado de revelar las conclusiones. A medida que su intervención avanzaba, lo que más atrajo la atención de los asistentes no fueron las poco optimistas perspectivas en torno al futuro de la inversión minera local, sino los aspectos metodológicos de este trabajo que requirió que las principales empresas mineras del país revelaran sus planes de inversión para construir una imagen que está plagada de incertidumbre. La entidad -que agrupa a las principales firmas que operan en Chile- realizó dicho informe a partir de un análisis de la consultora internacional McKinsey.

Pero más allá de la inusual metodología, lo concreto es que Chile no salió bien parado. De no mediar cambios en la estructura de costos de este negocio, estaría en riesgo la ejecución de nada menos que el 33% de la producción adicional de cobre que el país podría sumar a 2020. En términos simples, esto implicaría abandonar la meta de los nueve millones de toneladas al final de esta década. En este escenario, poco más de un millón de toneladas, según las estimaciones del estudio, tendrían costos totales por sobre la proyección de precio de largo plazo del cobre y no serían rentables.

Estudio ciego

“La queja habitual de la industria está relacionada con el fuerte aumento de los costos, que está atentando contra el atractivo para invertir en minería en Chile, pero esa percepción del conjunto había que ordenarla y sistematizarla para convertirla en números duros, que incluyeran todos los factores que se miran a la hora de invertir. Para eso recogimos y cruzamos estadísticas elaboradas por una serie de organismos públicos y privados locales e internacionales”, explica José Tomás Morel, gerente de Estudios del organismo gremial.

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Con toda esa información construyeron una imagen numérica de lo que la minería ha hecho y lo que hasta ahora le ha aportado al desarrollo del país y también midieron la competitividad de las nuevas inversiones. Un ejercicio tendiente a conocer a cabalidad el potencial de inversión en cobre en el país y sus costos asociados.

Morel asegura que esta fase, que califica como el corazón de estudio, fue la más compleja del proceso porque las doce compañías que están asociadas al gremio -a través de una o más empresas- entregaron a la consultora información de proyectos que figuran en sus portafolios, pero que aún no tienen una decisión de inversión. Ese era uno de los requisitos metodológicos de la investigación, porque ese tipo de iniciativas constituyen el futuro de la producción. De esa manera, se estableció un “paquete” de inversiones por US$ 86.000 millones.

El éxito de esta experiencia dependía de la colaboración de las mineras y para convencerlas se les garantizó una medición “ciega”. Por lo mismo, los resultados se expresaron en volúmenes de producción adicional y no de número de proyectos, pues de lo contrario habría sido imposible que las firmas proporcionaran datos que son estratégicos y delicados, considerando la presencia bursátil de la mayoría de ellas y las regulaciones de sus mercados de origen.

Así será el futuro

La confidencialidad se aseguró dejando sólo en manos de McKinsey la labor de recopilar los datos de las compañías mediante un modelo de arquetipos que considera las principales características de los yacimientos locales y donde las empresas fueron ubicando sus proyectos. La sola clasificación entregó resultados interesantes como que la totalidad del potencial de producción adicional de cobre en Chile provendría de minas a rajo abierto. Al mismo tiempo sólo un 15% correspondería a operaciones que tienen las mejores condiciones de operación; es decir, gran escala (más de 300 mil toneladas anuales) y leyes altas (más de 0,90%). Por el contrario, un tercio del incremento productivo de cobre estimado estaría vinculado con operaciones de tamaño y calidad del mineral media y baja.

Las empresas también proporcionaron antecedentes sobre estimaciones del costo total de construir y operar los proyectos, considerando el nivel actual de los gastos principales como energía, los denominados consumibles (agua, neumáticos, cables y bolas de molino, entre otros), servicios (mantenimiento realizado por contratistas) y mano de obra. Esto permitió determinar que ese 33% de producción adicional que presenta condiciones menos favorables no será rentable porque su costo excede el precio de largo plazo del metal: US$ 2,75 por libra según el consenso del mercado. Incluso, en el peor caso (escala y leyes bajas) el costo bordea los US$ 3,5 por libra.

El análisis continúa concentrado en estas dos categorías y compara sus costos con el promedio de Perú, México, Argentina, y Canadá. En energía, por ejemplo, hay diferencias de hasta un 91%, mientras que en mano de obra el contraste de operaciones de baja ley y escala media (entre 100 mil y 300 mil toneladas anuales) deja a Chile un 188% por encima de la media de los otros países.

El ladrillo

Luego de seis meses de reuniones prácticamente semanales, donde alternaban los equipos del Consejo Minero, sus empresas socias y McKinsey, y tras varias versiones preliminares, en agosto pasado se entregó un documento de 130 páginas. En la industria dicen que por la cantidad y complejidad de las variables que sustentan el análisis, el informe final es un verdadero “ladrillo”, muy difícil de socializar. Por eso en el Consejo optaron por abreviar y simplificar las conclusiones en una presentación que fue distribuida entre las empresas socias y también ante otras instancias, como círculos académicos.

Recién en diciembre, Villarino presentó públicamente este compilado, aprovechando una invitación de la Comisión de Minería y Energía de la Cámara de Diputados, donde enfatizó la revisión de la coyuntura del negocio pero sin dejar de lado un repaso del aporte de la industria al desarrollo del país. “Chile puede vivir sin minería, no podemos ser tan egocéntricos, pero la minería es necesaria para dar el salto hacia un producto interno bruto de US$ 25 mil y cumplir las metas de superación de la pobreza”, dijo en esa oportunidad el titular del Consejo Minero.

Paralelamente, importantes ejecutivos del sector, como Diego Hernández, de Antofagasta Minerals; Thomas Keller, de Codelco; y Peter Beaven, de BHP Billiton, utilizaron algunas de las principales conclusiones del informe, siguiendo la recomendación del Consejo Minero. “Es importante usar estos datos con precaución, explicándolos y dándoles el contexto que requieren para reforzar con datos duros la idea de que la competitividad de la minería en Chile ha decaído, algo que se viene planteando desde hace un tiempo”, dicen en la industria. En general, aunque las conclusiones pueden ser duras, en las empresas del Consejo hacen una buena evaluación de esta iniciativa porque unificó la posición de los principales productores mineros del país, a través de un discurso emanado desde el mismo gremio que los agrupa. Ante la adversidad, como se dice, lo mejor es trabajar unidos. •••

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El sueldo nacional

Además de mirar al futuro y determinar lo que la actividad requiere para consolidar su desarrollo y mantener a Chile como líder de la producción mundial de cobre, con un 35% del mercado, también era importante para el Consejo Minero mostrar lo que ha hecho para alcanzar esta posición y cómo ha influido en la economía y el desarrollo nacional.

Se determinó que con una expansión del 13% entre 2003 y 2010, el crecimiento de la minería fue tres veces superior al del promedio del país. Además, entre 2004 y 2010 esta actividad tuvo una participación promedio del 18% en el Producto Interno Bruto (PIB) a precios corrientes, captando entre 1974 y 2010, el 32% de la inversión extranjera directa del país. Le sigue el sector de electricidad, gas y agua con el 19% del total.

En términos de aporte a los ingresos fiscales, entre 2000 y 2005, período en que el precio del cobre fue bajo, con un promedio de US$ 1,01 por libra, la participación de la industria en este ítem fue del 9,4%, mientras que entre 2006 y 2011, considerado un súper ciclo de la cotización del metal rojo, donde el precio medio escaló hasta los US$ 3,20 por libra, el aporte minero representó el 26,5% de los recursos que recibió el Estado. Aquí se cuentan la tributación minera privada, el impuesto específico a la minería y los aportes de la estatal Codelco.

En este punto se hacen comparaciones entre los aportes del sector, que en 2011, por ejemplo fueron US$ 13.400 millones, lo que representa un 13% más que en 2001, con el 6% y 8% que en el mismo lapso creció el gasto público en salud y educación, respectivamente. La generación de empleos ha crecido a tasas de entre 7% y 11% anualmente, pasando de 369 mil personas en 2002, a 729 mil en 2011, un incremento del 98%.