Por Christian Von Bergen, socio Departamento Laboral Prieto Abogados

  • 9 mayo, 2019

El proyecto de modernización laboral que está entrando al Parlamento trae relevantes cambios en las relaciones individuales de trabajo y quiero detenerme en dos aspectos a los que las empresas deberán poner foco si el proyecto se aprueba.

El primero se relaciona con el profundo cambio que se producirá en la organización del trabajo, desde la parametrización del software que registra asistencia y los que calcula remuneraciones, hasta la coordinación del trabajo con empleados que, desempeñando similares cargos o retroalimentándose mutuamente, tendrán jornadas distintas y no estarán siempre en contacto permanente. La normativa facilitará el aumento de la productividad, pero ella dependerá de la capacidad y liderazgo de la administración para reorganizar el trabajo y la responsabilidad de los empleados.

Relacionado con lo anterior está el trabajo en sistema de turnos, el que requiere, en la práctica, del acuerdo de todos los trabajadores involucrados para modificarse y ello, probablemente, deba hacerse a través del sindicato; finalmente, en aquellos casos en que la jornada está regulada en un contrato colectivo, surgirá la discusión de si individualmente se podrá modificar la jornada a 180 horas mensuales o pactar una jornada 4×3.

Un segundo aspecto dice relación con las consecuencias o impacto en las remuneraciones, como la semana corrida en el caso de la jornada semanal de 4×3 y si esta regirá en la jornada de 180 horas mensuales; la prácticamente eliminación de la jornada extraordinaria en la jornada 4×3; el diseño de las remuneraciones fijas y beneficios asociados a la jornada para trabajadores que tienen distintas jornadas entre sí.

Sin lugar a dudas, se trata de una propuesta normativa que modificará los paradigmas del trabajo y bien implementada por las empresas podrá generar un círculo virtuoso de productividad y de valorización del empleado a la empresa a la que pertenece, en que ahora, en conjunto con el empleador, administrará sus tiempos laborales y de descanso.

El cambio social, la importancia creciente del tiempo libre y su administración, promovido en parte por la generación millennials, el desarrollo de nuevas formas de hacer el trabajo y la necesidad de no quedarnos atrás del carro que mueve las tendencias del trabajo a nivel mundial, hacen imperioso el cambio regulatorio que nos regía en forma petrificada desde comienzos del siglo pasado. Pero se trata de transformaciones profundos que requieren de liderazgo y mucho trabajo de coordinación para que se traduzcan en mejor aprovechamiento del tiempo del empleado y en un aumento de la productividad que, en definitiva, es lo que permite el desarrollo e incremento de los ingresos.

Todos: empleadores y empleados, deberemos aprender la nueva forma de trabajar, teniendo el foco en la importancia de la organización y en el de cada uno de sus miembros.

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