La discusión ha estado en Santiago, en los medios de comunicación y en foros internacionales. Pero a ninguna de esas voces, la línea de transmisión de HidroAysén le pasará por su casa. Viajamos a la Carretera Austral para conocer, in situ, qué piensan los patagones.

  • 26 enero, 2012

 

La discusión ha estado en Santiago, en los medios de comunicación y en foros internacionales. Pero a ninguna de esas voces, la línea de transmisión de HidroAysén le pasará por su casa. Viajamos a la Carretera Austral para conocer, in situ, qué piensan los patagones.Por María José Necochea; fotos, Verónica Ortiz

Ya sabían lo que pensaban el gobierno, los movimientos sociales, los políticos, y las autorizaciones para construir una central hidroeléctrica que contempla cinco represas –dos en el río Baker y tres en el Pascua– están dadas. Pero había un componente no menor en esta ecuación que hoy comienza a tomar algún peso en las próximas decisiones de HidroAysén: los habitantes de la zona, que son los primeros directamente afectados.

Hacia fines de diciembre pasado, la empresa hizo una campaña de difusión entre una veintena de localidades. El primer objetivo era informar a la gente sobre la famosa línea de transmisión –la que aún no está aprobada–, que supone la instalación de alrededor de cinco mil torres de alta tensión, de las cuales más de 1.500 estarían ubicadas entre Cochrane y Chaitén.

Aysén Transmisión, el proyecto que recorrería 820 kilómetros –660 vía aérea y 160 de manera submarina– en la Undécima Región, no ha estado exento de polémicas. Los 50 metros de altura de las torres, la visibilidad de éstas en algunos puntos de la Carretera Austral –se considera el 20%– y la tala de bosques –que no supera las 100 hectáreas–, despertaron el descontento de los pobladores. De ahí que una vez terminada la campaña, la empresa –en cuya propiedad están Colbún y Endesa– decidiera realizar una consulta a las comunidades que integran la Ruta Austral. ¿Qué arrojó? Preocupación de los habitantes de las zonas de Coyhaique, La Junta y Lago Yelcho, además de Mañihuales, Puerto Tranquilo y Lago Elizalde. Tras conversar con las agrupaciones, la empresa, que ya anunció que el trazado contempla variantes para las tres primeras localidades y comunicó que evaluará cambios en las tres últimas con el fin de disminuir la visualización del tendido.

Esta y otras razones llevaron a la entidad a aplazar la presentación del Estudio de Impacto Ambiental (EIA) de la línea de transmisión –que ya había sido postergada desde diciembre de 2011 a marzo de 2012– para junio de este año, mes en el que podría conocerse el trazado definitivo del proyecto.

Si bien los lugareños agradecen que se contemplen algunas alternativas para mitigar el impacto, lo cierto es que están confundidos. A pesar de las intenciones de difundir el proyecto, un alto número no está bien informado sobre los lugares específicos por donde pasarían las torres, y esto es lo que más rechazo genera al proyecto.

Capital recorrió la Carretera Austral para saber qué opinan los patagones. Aquí, sus testimonios.

 

Desarrollo o sueño utópico

La familia Galilea es una de las fundadoras de la Undécima Región. Pablo Galilea Mauret –padre del ex diputado RN y hoy subsecretario de Pesca– es empresario ganadero y vive en Coyhaique desde 1938, cuando llegó con sus padres a la zona austral de Chile. Fue aquí donde desarrolló su oficio y formó su familia junto a Teresita Castillo Bórquez. De sus hijos, uno siguió sus pasos: Alejandro, quien hoy administra la estancia Punta del Monte. Padre e hijo tienen una vida en común en el sur y generalmente están de acuerdo. Sin embargo, hay un punto que los tiene en veredas opuestas: HidroAysén.

El padre está a favor, pues para él este proyecto “nos va a aportar una cantidad de fuentes de trabajo importante durante los diez o doce años que dure la construcción, y después va a contribuir a incrementar el capital regional”, afirma. El hijo lo rebate: “yo lo veo como un sueño utópico… El sueño del pibe no va a llegar de la mano de HidroAysén”.

Para Alejandro, la preocupación central es que la central traiga consigo un daño económico; básicamente, una distorsión del libre mercado. “El 65% de nuestra energía está en manos de tres empresas en Chile y con la construcción de las represas va a aumentar a un 82%.El monopolio de sólo tres empresas es demasiado”, asegura.

Pablo opina distinto. “aquí hay una suerte de exageración en toda esta cosa”, sostiene. Y cuestiona también las críticas hacia el tendido eléctrico: “estuve hace un par de meses en Yucatán, México, y por donde te das vuelta hay torres de alta tensión. Yucatán recibe más de 20 millones de turistas y nadie se da por aludido”.

Para él, la región “necesita un incentivo mayor, mayores recursos”. Y cree que podrían llegar con HidroAysén, ya que de los dos mil trabajadores mensuales que se requerirían para la construcción del millonario proyecto –avaluado en cerca de cuatro mil millones de dólares–, todos “tendrían que comprar hasta el papel confort en Aysén”.

Y aunque el hijo critica otras variantes –como por ejemplo que en el Parque Pumalín de Tompkins el trazado sea submarino, a diferencia del resto del país–, asegura que su rechazo a la hidroeléctrica no es absoluto. “Oponerse al progreso significa decir no, pero yo estoy abierto. No estoy en contra siempre que las cosas se hagan como se tienen que hacer”. Para él, es fundamental que antes de cualquier intervención en la región el Estado se pronuncie definiendo la matriz energética del país y estableciendo una ley que regule la prometida carretera eléctrica.

 

Ni ahí con la central
Es dueño de un camping en la Villa Cerro Castillo, una localidad situada a 100 kilómetros al suroeste de Coyhaique. Desde hace cuatro años recibe turistas de todas partes del mundo, les ofrece paseos a caballo y asados de cordero patagónico. Se trata de Felidor Sandoval, empresario turístico que rechaza profundamente la construcción, tanto de la central como del tendido eléctrico.

“Hay gente que está de acuerdo, pero porque les pagan o les dan algo, no porque ellos quieran que los de HidroAysén trabajen y pongan sus represas aquí”, afirma.

Para él la hidroeléctrica, que para 2025 podría alcanzar cerca del 20% de la generación energética del país, sólo traerá cosas negativas: dice que los miles de empleados llegarán a invadirlos, además de destruir la región. Con desconfianza, agrega que la energía que se produzca no quedará en Aysén, sino que “se la van a llevar al norte”, por lo que ellos no podrán acceder a los beneficios de su propia tierra.

Tan molesto está con el asunto, que señala que ni siquiera está interesado en la energía. Para el próximo año espera contar con paneles solares y así generar su propia electricidad en forma sustentable.

 

Y ahora, ¿cuánto cuesta?
Más allá de si está a favor o en contra del proyecto, lo que preocupa a César Vargas es el valor de las tierras. Cuenta que en Puerto Río Tranquilo –el pueblo a 200 kilómetros al sur de Coyhaique y en el que vive–, el precio de los terrenos se disparó con la demanda de HidroAysén, llegando a valores casi inalcanzables para otros habitantes del sector. “Antes una hectárea costaba 150.000 pesos y ellos terminaron pagando casi 800.000 por los terrenos por donde pasaría el trazado”, afirma el dueño del Hostal Costanera.

El principal problema es que esto ha detenido la compra, ya que “los terrenos no son chicos, parten de las 200 hectáreas”, explica César, lo que para él detiene fuertemente el crecimiento y el desarrollo de esta pequeña localidad.

Por otra parte, acota que hay predios que se han desvalorizado a niveles inimaginables. Es el caso de los que no son sedes de las torres de alta tensión, pero que colindan con éstas. “Si ponen una torre en el campo al lado de donde vives es difícil que alguien te quiera comprar. Ni un ciego lo haría”, afirma el empresario.

Aunque supuestamente el tendido eléctrico pasaría por los cerros que están detrás del pueblo, todo indica que desde esta localidad –lugar turístico que alberga atractivos como la Catedral de Mármol y el glaciar Exploradores–, igual se van a ver las torres. Por lo mismo, los locales han solicitado que se busque una alternativa para evitar que afecte al paisaje, opción que HidroAysén se comprometió a evaluar.

 

HidroAysén y el turismo
Es la penúltima localidad de la Carretera Austral sur. Está a más de 130 kilómetros de las represas y ninguna torre de alta tensión será instalada en la zona. Sin embargo, en Caleta Tortel, un lugar místico que se caracteriza por sus pasarelas, también hay una opinión importante sobre la hidroeléctrica.

Brunilda Linderos llegó a los siete años a este lugar y, a medida que creció, fue desarrollando su interés en el ámbito turístico. Hoy, junto a su pareja, es dueña del hostal Brisas del Sur.

En la puerta de su cocina tiene pegado un afiche de Patagonia sin represas. “Estoy en contra de HidroAysén porque creo que va a echar a perder la región”, dice tajante. Le complica que los invadan de gente y que lleguen “cosas desconocidas” que perturben la tranquilidad del lugar que tanto valora.

Aunque el proyecto, a ojos de algunos expertos, es la mejor alternativa, por generar energía eficiente, limpia y renovable, para Brunilda eso no es justificación. Se siente pasada a llevar y asegura que el resto del país nunca tomó en cuenta a los ayseninos… y ahora recurren a ellos. Pero lo que más le preocupa es la desvalorización del lugar. “A lo mejor para ellos tiene un gran valor, pero para nosotros, una vez que la tierra sea intervenida, ya no va a tener el mismo valor que ahora”, afirma.

Y cree que el turismo, su propio negocio, se verá fuertemente afectado. Está convencida de que los viajeros van a disminuir porque “la misma gente que viene me dice que viene ahora, antes de que construyan las represas. Yo estoy trabajando para el turismo, para la gente y con las represas me van a echar a perder mi trabajo”, afirma compungida.

A Brunilda no le importa si es la única alternativa energética para el país o si el daño medioambiental no afectará tanto a la región. Ella está en contra y, digan lo que digan, no cambiarán su posición.

 

 

Siga la línea (de sur a norte)
Confluencia ríos Baker y Nef: el tendido pasa por detrás de la carretera austral, a aproximadamente 1 km de la ruta.

Zona de lodges y camping: el tendido se aleja y se ubica a espaldas del sector de interés turístico.

Puerto Bertrand: pasa a cuatro kilómetros del pueblo, dejando libre la visión hacia el lago, aunque hacia los cerros es visible.

Lago Negro: aprovechando la geografía del lugar, el tendido se aleja de la zona de atracción turística.

Puente desagüe lago General Carrera: línea va paralela al tendido existente, dejando despejada la vista hacia el origen del lago Bertrand.

Carretera hasta Puerto Tranquilo: el trazado bordea la ruta por los cerros, sin afectar la vista hacia el lago General Carrera, aunque es visible hacia los cerros.

Puerto Tranquilo: el tendido pasa por los cerros que están detrás del pueblo.

Villa Cerro Castillo: el trazado va por valles alejados, de modo que no es visible desde la carretera ni tampoco interfiere con las vistas de Cerro Castillo.

Coyhaique: dados los requerimientos técnico-ambientales del lugar, se evalúan dos variantes. Una pasaría de manera visible por algunos puntos de la ciudad.