Aguas Andinas, Methanex Chile y Envases Orlandini, las tres compañías galardonadas con el premio Sofofa-Capital Responsabilidad Social, son el mejor ejemplo de que las situaciones complicadas se enfrentan mejor cuando las soluciones incorporan a la comunidad, los trabajadores, clientes y medio ambiente.

  • 14 abril, 2009

 

Aguas Andinas, Methanex Chile y Envases Orlandini, las tres compañías galardonadas con el premio Sofofa-Capital Responsabilidad Social, son el mejor ejemplo de que las situaciones complicadas se enfrentan mejor cuando las soluciones incorporan a la comunidad, los trabajadores, clientes y medio ambiente. Por Cristián Rivas.

 

 

Methanex Chile, la productora de metanol con sede en Punta Arenas, está enfrentando desde hace dos años la escasez de gas natural de Argentina. Como se trata de su principal insumo de trabajo, las consecuencias se sintieron: debió cerrar tres de sus cuatro plantas en Magallanes y desvincular a varios de los trabajadores que la han acompañado en sus 20 años de vida productiva en el país. Pero lo que llama la atención de esta historia es que no se ha sabido de conflictos laborales.

También sabe de crisis Aguas Andinas. De seguro varios recordarán los problemas que enfrentaron algunas de sus plantas de tratamiento de aguas servidas en el pasado, acusadas por malos olores y provocando la molestia de comunidades vecinas y sectores políticos. Pero la firma trabajó duro para superar esos impasses, interactuar con la opinión pública y continuar desarrollan do el saneamiento de aguas de la Región Metropolitana, que hoy alcanza al 70% y a fin de año se acercará al 90%.

En el mundo de las Pyme, Envases Orlandini es una fabricante de recipientes de hojalata enclavada en un barrio residencial del sector Franklin, en Santiago Centro. Frecuentemente afrontaba problemas con la comunidad, por olores o ruidos, pero se dio cuenta de que conversando podía solucionar estos conflictos y continuar adelante con su desarrollo productivo.

Estos tres ejemplos son un fiel reflejo de que las crisis son también momentos de oportunidad para las empresas. Son, además, la prueba evidente de que la responsabilidad social empresarial –la ya conocida RSE– es un factor importante en el desarrollo de cualquier negocio y que invertir tiempo y recursos en la construcción de vínculos de confianza, actuar con ética y transparencia, considerar al medioambiente y cuidar los talentos al interior de las compañías son elementos diferenciadores que tarde o temprano terminarán jugando en favor del negocio. Razones más que suficientes para que las tres compañías mencionadas fueran recientemente distinguidas con el premio Sofofa-Capital Responsabilidad Social, un reconocimiento surgido al interior de Sofofa en 1998, que se potenciará en su versión 2009 en alianza con Capital y que ha entregado a la fecha 16 premios a distintas compañías que han destacado por sus prácticas en responsabilidad social. La selección de la mejor empresa se realiza año a año bajo un riguroso esquema técnico en que se asigna puntajes a distintas áreas de desarrollo particular de cada compañía. Para el premio
2008 participaron más de 40 empresas, que fueron evaluadas de acuerdo a lo informado en sus reportes de RSE.

La clave

El presidente de Sofofa, Bruno Philippi, describe la actual crisis económica como una coyuntura que está obligando a las empresas a redefinir el entorno de los negocios y a repensar las estrategias de vinculación con los diversos públicos de interés. “Se hace cada vez más necesario afinar y ajustar políticas, procesos y decisiones empresariales en una sociedad que se mueve de manera altamente interrelacionada, dinámica e informada y que, consecuentemente, es bastante más vulnerable”, sostuvo en el marco de la entrega de los premios 2008, realizada en la sede de Sofofa hace unos días.

En otras palabras, la conclusión es que este es un buen momento para asegurarse de que las decisiones de negocio de corto plazo estén equilibradas con aquellas que permiten una real sustentabilidad en el largo plazo. Y es ahí donde radica la diferencia entre quienes entienden la responsabilidad social como filantropía y quienes la ven como un pilar importante para el desarrollo productivo.

“Ciertamente, en tiempos de turbulencias construir relaciones sustentables se torna más necesario y, por ello, la confianza entre los distintos actores se vuelve indispensable. Conocer y mantener canales de comunicación fluidos entre accionistas, inversionistas, consumidores, autoridades, trabajadores, reguladores y la comunidad en general, son acciones que permiten generar las relaciones necesarias para operar con fluidez en los mercados, que se ven cada día más competitivos y difíciles”, puntualizó Philippi.

Mirar lo que han hecho las empresas premiadas es un buen ejemplo para darse cuenta de que sus historias no serían las mismas si no se hubiesen preocupado de integrar de manera adecuada el concepto de responsabilidad social como un eje transversal, elevando con ello la competitividad. La auténtica responsabilidad social es la que superará los tiempos difíciles, añade el gerente de Sofofa Responsabilidad Social, Gustavo Rivera, por lo que todo parece indicar que la crisis sólo impulsará aún más su importancia.

 

… conozca mas de los ganadores a continuación.

 

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AGUAS ANDINAS
Pura vida


Al tratamiento de más del 70% de las aguas servidas y nuevos proyectos en desarrollo, se suma una visión integral que busca crear conciencia sobre el valor del agua.


Hace diez años, Santiago no era la misma ciudad que hoy conocemos. Aunque muchos ya no lo recuerden, por ese entonces existían un zanjón maloliente, varios cientos de hectáreas agrícolas regadas con aguas servidas y enfermedades que emergían a la orden del día. Todo eso quedó en el pasado. Un actor importante detrás de este cambio es justamente Aguas Andinas, una de las empresas distinguidas con el premio Sofofa Responsabilidad Social 2008.

En palabras del presidente de ese gremio, Bruno Philippi, el reconocimiento a la firma se fundamenta, además del aporte que ha realizado al saneamiento de los cauces de la Región Metropolitana, en sus campañas de educación ambiental para el buen uso del agua y el manejo de las relaciones con la comunidad.

Trabajo no menor, si se toma en cuenta que a fines de los 90 sólo había seis plantas de tratamiento de aguas servidas en Santiago, las que cubrían apenas el 3% de toda la región. En apenas una década, el número se elevó a 14 plantas, incrementando el saneamiento a más del 70%. Detrás de este cambio se esconden una inversión cercana a los 600 millones de dólares y la puesta en marcha de plantas emblemáticas como La Farfana, reconocida como una de las cinco más grandes del mundo.

El plan no termina ahí. La compañía ahora está trabajando en descontaminar a cabalidad el río Mapocho, lo que implica una inversión aproximada de 117 millones de dólares y el cierre de las 21 descargas de aguas servidas que hoy llegan a ese cauce. Todo, a través de un colector que recibirá estos desechos y que se extiende por 28,5 kilómetros.

Para qué hablar de los beneficios que traerá este desarrollo a la ciudad. “Permitirá eliminar los malos olores característicos de nuestro cauce principal, descontaminar los canales de regadío cuyas captaciones se encuentran en el tramo urbano del río y aumentar la cobertura de tratamiento de aguas servidas, pasando del 70% actual a un 87% al término de 2009, cuando finalicen las obras”, destaca el vicepresidente de la compañía, Joaquín Villarino.

El ejecutivo añade que la firma vive la responsabilidad social con dos caras complementarias e inseparables: el interior de la empresa y el entorno en que se desenvuelve. Hacia el interior, realizan un esfuerzo permanente por retribuir justamente a sus trabajadores y propiciar un ambiente que les permita crecer. Con el entorno, la responsabilidad radica en entregar de forma continua un servicio vital para todas las personas.

“Debemos ser extremadamente cuidadosos y responsables con la gestión del ciclo integral del agua, que diariamente nos supone importantes desafíos. Interrumpimos en beneficio de los hombres y mujeres de esta ciudad el ciclo natural del agua, para convertirla en potable, transportarla a los hogares a través de más de 12 mil kilómetros de redes, para luego retirarla y conducirla hasta nuestras plantas de tratamiento donde, finalmente, son descontaminadas y devueltas a los cauces naturales para que la naturaleza continué su tarea”, explica Villarino.

METHANEX
Acento en los trabajadores


Ni los recortes de gas natural ni el impacto de la crisis económica han impedido a Methanex Chile sostener su visión integral de desarrollo.


Uno de los aspectos que más destaca en Methanex Chile es el acento que la firma ha puesto en la formación, cuidado y relación con sus trabajadores. Pese a que hoy enfrenta tiempos difíciles y se ha visto obligada a materializar algunas desvinculaciones –con apenas una de sus cuatro plantas operando en Magallanes, por la falta de gas argentino–, el ajuste se ha concretado sin mayores conflictos y con abundantes programas especiales de apoyo para que los trabajadores se puedan reinsertar de mejor forma.

En Sofofa subrayan que la preocupación de la firma es tal que incluso envió cartas a otras empresas y gremios informando de sus procesos de desvinculación.

Estos altos estándares laborales, junto a su énfasis por el medioambiente y su dilatada y pionera trayectoria en el desarrollo y aplicación de prácticas responsables, son los factores que están detrás del premio Sofofa Responsabilidad Social 2008. Desde luego, su contribución al desarrollo económico y social de la región también pesó en la decisión del jurado.

Methanex es la mayor productora de metanol en el mundo y en suelo local ha invertido alrededor de 1.300 millones de dólares en cuatro plantas instaladas en Cabo Negro, cerca de Punta Arenas, con una capacidad de 3,8 millones de toneladas anuales, configurándose como el mayor centro de producción de metanol del planeta. Claro que ese nivel productivo está reducido al mínimo por estos días, como resultado de las restricciones de gas natural impuestas por el gobierno argentino, que han llevado a la firma incluso a sumergirse en la actividad de exploración de reservas de gas natural en la zona, para buscar una solución local a sus requerimientos energéticos.

“Por más de 20 años hemos estado trabajando en la región más aislada de Chile haciendo lo que sabemos hacer: metanol, insumo químico presente en muchos productos habituales en nuestra vida diaria… y hemos estado trabajando de la única manera que sabemos hacerlo: comprometidos con la seguridad, cuidando el medio ambiente, integrados a la comunidad de la cual formamos parte, en franco diálogo con nuestros empleados, para así poder construir, a lo largo del tiempo, relaciones basadas en la transparencia y el respeto”, describe el vicepresidente senior América latina Methanex Corporation, Paul Schiodtz.

Esa decisiva apuesta por la conducta responsable también los ha llevado a comprometer a sus colaboradores y proveedores en el aseguramiento de la gestión responsable de sus productos, servicios y materias primas a lo largo de su ciclo de vida. “Hoy en Chile estamos iniciando nuestra participación en la industria de exploración de hidrocarburos y queremos extender a nuestros socios y a las empresas que operan en la Región de Magallanes nuestras prácticas de conducta responsable, a través de varias instancias como la recién formada Cámara de Petróleo, Gas y Carbón”, sostiene el ejecutivo.

ENVASES ORLANDINI
Un ejemplo Pyme


Prácticas de sustentabilidad que incluyen una mejor relación con los trabajadores y una convivencia fructífera con la comunidad, destacan a esta histórica compañía.


 

La historia de Envases Orlandini ya suma más de 80 años. Esta empresa, productora de envases de hojalata, es fruto del emprendimiento de Natalio Orlandini, agricultor dedicado a la elaboración de aceite de oliva, que se vio en la necesidad de fabricar recipientes de este tipo para vender sus propios productos.

El actual controlador y gerente general de la compañía, Fernando Ramírez, cuenta que don Natalio se aventuró a entrar en este negocio en 1929, al comprar una fábrica en Independencia. Con ella trabajó hasta mediados de los 50, cuando decidió modernizarse y construir una nueva planta –esta vez, en pleno barrio Franklin–, que hoy todavía subsiste. En los años siguientes amplió la producción con un pool de modelos mucho más amplio y abarcando a distintas industrias, tales como alimentos, vestuario y licores, entre varias otras.

De ahí en más todo ha sido crecimiento. Incluso, por estos días están comenzando a trasladar paulatinamente la producción de la firma a una nueva planta que levantan en un barrio industrial de la avenida Lo Espejo y que casi triplica el espacio físico en que se desenvuelven hoy. Eso sí, en el camino la propiedad de la empresa pasó a manos de Fernando Ramírez, que adquirió las participaciones a las dos ramas familiares herederas; una de ellas, ligada a su esposa, Laura Lástrico Orlandini.

Juntos iniciaron a comienzos de esta década un cambio importante en la estructura operacional de la firma, ya que decidieron incorporar prácticas de sustentabilidad que apuntaban a mejorar la relación con los trabajadores –que se había caracterizado por duras y tediosas confrontaciones y huelgas– y, además, a entablar relaciones con la comunidad en que se desenvolvían, iniciando así un largo camino de conversaciones y soluciones a problemas básicos con el entorno y sus representantes vecinales.

En 2005 se convirtieron en la primera empresa en participar del proyecto piloto “Adopción de la Responsabilidad Social Empresarial en la Pyme”, impulsado por el BID, la Corfo y distintos gremios empresariales. A la fecha, ya cuentan con tres reportes de sustentabilidad consecutivos –y ya está prácticamente listo el cuarto– en los que destacan entre sus proyectos más novedosos, precisamente, uno relacionado con los trabajadores, que contempla el desarrollo integral de sus empleados con capacitaciones, soluciones financieras a través de asesorías, convenios de salud e implementación de actividades recreativas, entre otros aspectos.

Además, la firma ha desarrollado con éxito otros programas, como el reciclaje de sus excedentes de hojalata a través de Gerdau Aza, y ha incorporado mecanismos tecnológicos que le permitirán ahorrar energía. Asimismo, ha impulsado programas con la población aledaña a sus instalaciones, mediante proyectos como la “Escuela Informática”, realizado en conjunto con un liceo industrial, cuyo resultado fue la capacitación digital de 20 trabajadores.

“El reconocimiento para Envases Orlandini fue por su compromiso integral y permanente con la responsabilidad social, mediante una destacada trayectoria empresarial y programas sostenidos en beneficio de sus trabajadores, la comunidad y el medioambiente”, destacó el presidente del gremio, Bruno Philippi.

 

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Ceremonia de entrega de premios en Sofofa


 

 

Bruno Philippi, Felipe Larraín, Joaquín Villarino y Gustavo Rivera.
Bruno Philippi, Bruce Aitken, Paul Schiodtz y Gustavo Rivera.
Bruno Philippi, Laura Lástrico, Fernando Ramírez,
Gustavo Rivera y Sonia Coronado.