Por: Marco Antonio Muñoz H., Managing Partner Aktion Advisors Mucho se habla hoy de transformación digital y me atrevo a afirmar que la mayoría de las personas asocian dicho concepto con tecnología. Este es un grave error en el que están incurriendo las empresas que piensan que solo con implementar tecnología de vanguardia en sus […]

  • 18 diciembre, 2017

Por: Marco Antonio Muñoz H., Managing Partner Aktion Advisors

Mucho se habla hoy de transformación digital y me atrevo a afirmar que la mayoría de las personas asocian dicho concepto con tecnología. Este es un grave error en el que están incurriendo las empresas que piensan que solo con implementar tecnología de vanguardia en sus negocios ya son parte de dicha transformación. Si bien es cierto, la tecnología es un medio para alcanzar la transformación digital, ésta tiene que ver con temas mucho más profundos tales como cambio cultural, reinvención del modelo de negocios y estrategia de la compañía.

Un reciente estudio, “Digital Business Global Executive Study and Research Project”, realizado por MIT Sloan Management Review en conjunto con Deloitte, afirma que la estrategia es el conductor clave para la transformación digital, la cual debe ser guiada por líderes que promuevan una cultura abierta al cambio, a tomar riesgos y a lo desconocido.

Observando el comportamiento de líderes y organizaciones, es posible reconocer dos tipos de empresas; las digitalmente inmaduras y las digitalmente maduras. Las primeras, son aquellas que ponen sus esfuerzos en implementar diversos tipos de tecnologías de manera táctica y puntual, con un foco netamente operacional. Me atrevería a decir que es el caso de la mayoría de las compañías en nuestro país, donde nos estamos enfocando en implementar tecnologías para “tener un carrito de compras” sin invertir previamente en cambiar la cultura organizacional y en desarrollar líderes que promuevan la transformación del negocio.

Las compañías digitalmente maduras, en cambio, son aquellas que desarrollan una estrategia digital con un claro foco en la transformación del negocio. Asimismo, capacitan a sus trabajadores para que logren comprender cómo las tecnologías digitales pueden impactar en su industria y en la experiencia de sus diversos stakeholders, tales como sus clientes, por ejemplo. Además, promueven una cultura donde tomar riesgos es una norma y donde los fracasos son considerados como un prerrequisito para alcanzar el éxito. Por último, en las empresas maduras, la transformación digital es parte prioritaria de la agenda desde el directorio hacia abajo.

En consecuencia, tecnología y transformación digital no son lo mismo; la primero es solo el medio, la segundo es lo esencial. La primera, aun cuando sea una empresa que provea servicios de tecnología, no constituye una ventaja competitiva, la segunda sí. La aplicación de tecnología tiene énfasis operativo con impacto en eficiencia y eficacia, pero sin cambiar como hacemos las cosas hoy. La transformación digital, en cambio, tiene un impacto estratégico, impulsando la evolución del negocio y de la organización.

La tecnología, más temprano que tarde, se masifica y no constituye una ventaja competitiva sostenible. En efecto, solo un grupo selecto y visionario de empresas que sean capaces de entender que transformación digital y tecnología no son sinónimos, y que el imperativo es evolucionar en estrategia, cultura y modelos de negocio centrados en la experiencia del cliente, podrán capturar las oportunidades y tomar posiciones de liderazgo en el mercado.