Por: María José Gutiérrez Fotos: Verónica Ortiz A las 4 de la mañana y a sólo 200 metros de la cima del Everest, Nicolás Ibáñez sintió que se le estaba congelando la mano. Se sacó el guante y vio que la tenía negra. Esa noche había entre 30 y 40 grados bajo cero. Habían salido […]

  • 7 julio, 2016

Por: María José Gutiérrez
Fotos: Verónica Ortiz

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A las 4 de la mañana y a sólo 200 metros de la cima del Everest, Nicolás Ibáñez sintió que se le estaba congelando la mano. Se sacó el guante y vio que la tenía negra. Esa noche había entre 30 y 40 grados bajo cero. Habían salido a las 11:30 pm para hacer cumbre a las 7 de la mañana.

No le quedó otra que bajar. Primero al campamento de altura número 3, de ahí al 1, luego subirse a una camioneta y viajar durante 30 horas para tomar un vuelo comercial a Katmandú. Todo esto durante tres días, después de dos meses de ascenso, de comer lentejas con arroz y caminar ocho horas diarias, de dormir en carpa, acostarse a las nueve y leer 15 libros en papel, otros tantos en Kindle y de releer tres veces El otro modelo, de Fernando Atria, que se ha convertido en una especie de biblia para él, y que lleva a todos sus viajes para generar discusión.

Ya en la UCI de la clínica en Katmandú, junto al médico del equipo chileno, Sebastián Irarrázaval, se enteró de que ese día hubo otros 30 montañistas con frostbite, como se conoce el efecto del congelamiento de las extremidades. “La mayoría mucho más grave que el mío porque tenían manos y pies. Y eso provoca la necesidad de recurrir a un proceso de amputación, que es en el que estoy yo hoy. Y hablo abiertamente de esto porque son situaciones menos conocidas en Chile. Junto con el doctor Irarrázaval vamos a promover el estudio y el análisis de este caso para colaborar y tener una acción rápida frente a estos sucesos. Chile tiene cordilleras, la gente puede sufrir de esto, es menos común que en los Himalayas, pero puede ocurrir”, asegura Ibáñez en su casa, a horas de haber sido dado de alta de la Clínica San Carlos.

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-¿No se arrepiente?

-No me arrepiento de nada y sin duda que voy a volver a los Himalayas, porque el desafío sigue. Así que con ayuda de los kinesiólogos, durante los próximos meses intentaré volver a recuperar mi flexibilidad y la fuerza en mis dedos para poder utilizar cuerdas y movilizarme con agilidad en campos montañosos. A Dios gracias no perdí el pulgar ni el índice derecho, aquí algo del índice (de la mano izquierda). Si tocara piano, estaría más limitado, pero si Dios quiere voy a poder hacer mi vida normal. Sí, hablando más íntimamente, uno se cuestiona muchas cosas.

Desde el Everest, Ibáñez mandaba a sus cercanos mails místicos. Reflexiones sobre la creación, la belleza, la inmensidad y la humanidad del pueblo del Tíbet, donde hay más de 40 etnias. “Ellos te miran a los ojos y se ríen de ti. ‘Tú eres occidental’, te dicen: ‘Son todos locos. Tienen que venir para acá para liberarse de qué, para sentirse tranquilos. Ustedes gastan fortunas para venir aquí. Nosotros no subimos cerros, eso se les ocurrió a los británicos’”, cuenta.

“Hice muchas reflexiones de libertad, tranquilidad. Allá rezábamos todo el día con los budistas. Gente que pareciera ser más genuina, más honesta, menos hipócrita que nosotros los cristianos”, agrega.

Punto de inflexión

“Cuando uno habla con Nicolás –en general por mail o whatsapp– nunca sabes dónde está. Algunas veces te responde desde Miami, otras desde Europa”, asegura un cercano. El accidente, sin embargo, ha hecho que en el último mes, el ex controlador de D&S (hoy Walmart Chile) esté en el país. No asistió al último directorio de Drake –su family office– en Suiza, y en cambio, aprovechó de leer The Moral Philosophy, un libro que le recomendó Hernán Büchi acerca de los parámetros que utilizan las personas para evaluar sus posiciones en la vida.

“Yo creo que a partir de ahora, desde que se marca un alza perceptible en el desempleo, se inicia el fin de una etapa. Creo que el hecho lamentable, porque esto va a hacer sufrir a muchos chilenos, de que vamos a tener problemas económicos serios, va a abrir la posibilidad de tener gobiernos más centrados”. Por eso, explica, está decidido a hablar. Porque cree que el país está en un punto de inflexión.

“Podríamos fijar este momento como el inicio del fin de la Nueva Mayoría de imponer una hegemonía filosófica y un programa de gobierno transformacional, donde la intención es volver a fundar las bases de la nación chilena”, dice.

-¿Por qué cree que las cosas van a mejorar?

-Las cosas se van a poner mucho peor, pero hay un cambio que se va a empezar a producir, que convierte al gobierno actual en uno de mera administración de un desorden, en el mejor de los casos. Felizmente, tenemos todavía un ministro de Hacienda relativamente validado. La salida de Burgos es una pena, pero entiendo por qué el ex ministro se hastía del gobierno.

-¿Cuál es el tema que más le inquieta en este minuto?

-Yo diría que lejos el más inquietante, es la capacidad real de la oposición de aprovechar una coyuntura tremendamente favorable de volver a tomar el liderazgo político. Tenemos esa oportunidad y estamos todavía con iniciativas esencialmente personalistas. Me preocupa la desvalorización de la dignidad del ser humano. Que esa persona, que no sabe nada de nada, supuestamente, la transformen en un ente dependiente del Estado. Eso es esclavitud, es nefasto. Que la única posibilidad que tenga esa mujer sea educar a sus hijos en un colegio estatal dominado por el sindicato de profesores. Me preocupa el tema del populismo. Creo que no hay un riesgo de populismo en Chile, en eso soy más bien optimista, pero hay gérmenes de populismos muy delicados. Y me preocupa el concepto de los derechos sociales, donde lo que yo hago es simplemente sumarme a un buque me va a resolver todos mis desafíos en la vida. Para mí, no existen los derechos sociales.

-Últimamente se ha destapado una serie de abusos, a nivel empresarial y político ¿Qué opinión tiene sobre ellos?

-Claramente, ha habido errores y acciones rayando en lo criminal. Eso siempre ha ocurrido, y siempre va a ocurrir. Partamos de la base de que donde más abusos hay es en los países socialistas, donde el ciudadano no tiene más opciones, simplemente debe agachar el moño. La principal fuente de abusos es, ha sido y seguirá siendo siempre el Estado. Por lo tanto, hay que defenderse antes que nada, de él. Eso como regla general. ¿Quiere decir eso que hay que restarle importancia a problemas de colusión o estafas masivas? Por supuesto que no, y para eso está el Estado de derecho, las leyes, las investigaciones.

-¿Cuál es el mea culpa que debieran hacer los empresarios?

-Cualquier persona que sea responsable no sólo tiene que enfrentar a la justicia, sino que ser parte de la solución y no del problema. ¿Pero eso quiere decir que vamos a tener que condenar el aporte que hacen los emprendedores y empresarios? Yo creo que la presidenta se ha equivocado profundamente en no alabar reiteradamente la labor que hacen miles y miles de emprendedores y empresarios en este país. La única fuente de empleo y de generación de riqueza en un país son las empresas, no es el Estado. El Estado requiere cobrar impuestos para financiarse. A lo más, puede, en un afán redistributivo, generar una transferencia de recursos de un sector a otro, pero el Estado en sí no crea riqueza.

-¿Cree que este gobierno ha perseguido a los empresarios?

-Creo que en el gobierno de Piñera hubo algo de eso. Hubo una especie de afán, difícil de explicar, revanchista.

-¿Por parte de él? ¿De alguno de sus ministros?

-Yo diría que de alguno de sus ministros. Y un cuestionamiento del accionar de muchas empresas, algo que es muy legítimo en un gobierno.

-¿Se refiere a Longueira?

-Absolutamente.

-¿Y qué le pasa cuando hoy lo ve acusado de posible cohecho, con boletas ideológicamente falsas?

-Siento una gran pena por él y por Chile. Porque el balance de su aporte al país es tremendamente favorable, pero ahí se equivocaron Pablo Longueira y el gobierno de Piñera al salir a perseguir a los empresarios. Porque la persecución de los empresarios partió ahí.

-¿Y se ha agravado?

-Yo diría que se ha acentuado. Cualquier cosa que huele a empresa y a emprendimiento claramente no concita el interés y el respaldo del gobierno, cuando un gobierno lo primero que tiene que hacer es apoyar a sus fuerzas vivas y, entre ellos, al empresariado.

El SII y las incertezas jurídicas

-¿Cree que ha habido un abuso de poder en algunos servicios?

-El gobierno debe fiscalizar, yo no tengo problema con eso. El punto es cómo lo hace. Y con qué orientación y afán. Claramente hay muchas fiscalizaciones desde el gobierno de Piñera hasta la fecha, donde ha habido un uso abusivo de los medios de comunicación, una condena previa y una falta de respeto por el debido proceso y por el Estado de derecho, y eso ha ido empeorando.

-En el caso del SII, hay quienes ven con ojos críticos que el gasto rechazado haya pasado a ser una boleta ideológicamente falsa. ¿Comparte esa crítica?

-El rol de las entidades fiscalizadoras, incluyendo el SII, debe ser aplicar con rigor la ley. Lo que no puede hacer es saltarse el debido proceso. Y eso es lo que ha ocurrido. Y en particular, en el SII me parece que hay ciertos atisbos de abuso.

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-¿Habla a título personal?

-No sé si podemos hablar de esto, pero puedo decir que lo he tenido que enfrentar personalmente. Eso, unido a los cambios en la filosofía tributaria del país, hacen que Chile, claramente, sea una jurisdicción donde uno no debiera radicarse. Y eso me da mucha pena como chileno.

-¿Está pensando fijar residencia afuera?

-Todo el mundo me lo ha recomendado y tengo todo el plan hecho para retirarme de Chile, pero antes que todo soy chileno, soy optimista de mi país, y voy a seguir, en la medida de mis posibilidades, luchando por su futuro, para que haya también un régimen tributario que sea atractivo para los chilenos y para todos los extranjeros que quieran venirse a Chile.

-Con las condiciones actuales no está conforme…

-Para nada. El concepto actual que reina en Chile de renta atribuida es muy curioso. No conozco ningún país, por lo menos donde yo trabajo, que tenga este concepto. Todo lo contrario. Lo que no se hizo en Chile fue una reforma tributaria que estimulara la llegada de capitales, la llegada de inversiones y la capitalización de las empresas. Por lo tanto, en un próximo gobierno hay que rehacer la reforma tributaria.

-¿Dejar los impuestos como estaban antes?

-Probablemente no igual, porque siempre hay progresos que introducir a la legislación, pero el concepto actual de renta atribuida, más una entidad fiscalizadora que es más bien persecutora, hacen que Chile deje de ser un país atractivo donde establecer una base. El mercado de capitales chileno ya no es como la City de Londres hacia Europa. La realidad es que hoy cualquier empresario chileno debiera primero establecerse fuera del país, y si es que quiere hacer negocios en Chile, hacerlos desde afuera.

-¿Cree que estas reformas hayan producido incerteza jurídica, como dijo Hernán Büchi?

-Absolutamente. Por ejemplo, en el caso del senador Orpis. Yo no entiendo los detalles de las desprolijidades y su probable falta de criterio, pero lo único que sé y que todo el mundo sabe, es que ahí no hay un peligro para la sociedad. Y luego la incerteza jurídica en la forma en que operan los tribunales de justicia, donde ha habido jueces evidentemente designados por las autoridades políticas que son claramente de una tendencia ideológica. En el caso de los fiscales, probablemente también. En ese sentido, considero que Hernán Büchi tiene la razón. Ahora, no creo que la mejor solución sea mandarse a cambiar fuera de Chile. Cada uno verá sus razones y qué es lo que desea hacer. Yo, mientras pueda, voy a seguir luchando por mi país con la frente en alto.

-¿Luchando por el país como contribuyente chileno o colaborando desde el extranjero, por ejemplo, a través de la Fundación para el Progreso?

-Mi decisión, por el momento, está por quedarme en Chile. Por el momento, si la cosa se pone peor, evidentemente voy a cambiar de posición. Yo estoy por lo menos la mitad del año afuera, así que los requisitos los cumplo, no tengo ningún problema en eso. Y, además, he recibido todo tipo de ofertas muy tentadoras que me permitirían pagar mucho menos impuestos que en Chile.

-Drake tiene su casa matriz en Suiza, o sea el holding tributa allá…

-Efectivamente. Y no es un paraíso tributario. Es porque Suiza tiene convenio de doble tributación con muchos países.

-Büchi también eligió Suiza.

-Sí, él es suizo, tiene nacionalidad. Pero Suiza además vende ese servicio, y lo hace muy bien.

-¿Y por qué no eligió Estados Unidos si la mayoría de sus negocios están allá? Su hijo Nicolás vive en Nueva York y desde ahí dirige Drake Capital.

-En Nueva York tenemos una empresa, Drake Capital, que tributa allá. Es una filial del holding. En Miami tenemos una oficina, un backoffice. Los directorios los hacemos en Nueva York, Suiza y Londres.

-¿Ha evaluado sacar Finsa, otra de sus sociedades, del país?

-No, independiente de mi residencia, siempre voy a tener ese brazo de inversiones en Chile.

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El famoso modelo

Ibáñez no participó en ningún encuentro local por la nueva Constitución. No porque no quisiera, sino porque no pudo, dice. “Si no hubiera estado en la clínica, habría generado mi propio cabildo. Hay que sumarse a todos los procesos, los ciudadanos tienen que votar. Un desacierto del gobierno de Piñera es que fuera voluntario. Creo que si a algo hay que obligar a alguien, es a que sea ciudadano”, dice.

-¿Cuándo se volvió tan político?

-Me di cuenta, tardíamente, de que no sacamos nada como país en criticar a los políticos, porque el desarrollo y progreso de Chile iban a depender de la calidad de la política.

Por estos días, el libro eje de Ibáñez es El otro modelo, de Fernando Atria, Alfredo Joignant, Javier Couso, José Miguel Benavente y Guillermo Larraín. Para el empresario, se trata de “una obra magistral de provocación, un llamado de atención a nuestra ignorancia y complacencia. Si hay algún chileno que no lo haya leído, quiere decir que está en falta, porque ahí está el meollo del asunto”.

Pero no es precisamente porque sea fan de las propuestas del libro, sino todo lo contrario.

Gracias a ese emplazamiento, explica, la Nueva Mayoría ha puesto sobre el tapete la discusión ideológica. “Nos habíamos olvidado, al menos en la centroderecha, de todo el andamiaje intelectual del proceso de desarrollo de Chile que ha habido en los últimos años. Soy optimista por Chile, porque ha habido un emplazamiento y la población chilena está reaccionando, percibiendo que hay un afán de imponer un modelo que atenta en contra de la libertad, la dignidad, la prosperidad y la paz”.

-¿Cuál es su diagnóstico? ¿Cree que había que profundizar o reformar el modelo?

-Mi postura es que no existen modelos a priori, sino ciertos conceptos básicos que la gran mayoría de los chilenos comparte, que se traducen en un concepto más amplio de libertad, libre mercado, con un énfasis en el crecimiento, la incorporación del máximo número de personas al proceso de desarrollo, en ayudar a los que están marginados, en tener un Estado eficiente, activo, al servicio de las personas. Eso no significa que haya modelos que puedan guiar en forma irrestricta una nación para siempre. Hay que actuar con apertura de mente, porque las situaciones van cambiando, van cambiando las prioridades, y por cierto, hay que introducir modificaciones, como se ha venido haciendo en los últimos 30 o 40 años. Modificaciones, pero los conceptos esenciales son los que se han puesto en tela de juicio. El juego intelectual de la izquierda ha sido brillante. Ellos dominan los términos y todos acabamos hablando del modelo, o de los abusos y cómo hay que abordarlos, de los empresarios inescrupulosos, el narcisismo y el egoísmo de las personas que aparentemente sólo buscan un fin economicista en la vida. Por cierto, ayudado también por la Iglesia Católica, que cae en este mismo juego intelectual. Por eso es que yo me he dedicado a tratar de hacer, modestamente, una contribución al debate intelectual. Por eso el tema de apoyar a personas que tienen interés en estudiar más a fondo.

-¿Le parece que a la derecha le faltan intelectuales?

-Claramente, el gobierno de Piñera en eso estuvo al debe. Pero no quisiera criticarlo, porque tampoco le corresponde al gobierno de turno hacer mucha elaboración intelectual, eso le corresponde a la sociedad civil organizada, a los centros de estudios, a las universidades. Siento que hay un vacío enorme en el caso nuestro. Todos nos hemos dedicado a hacer lo correcto desde el punto de vista de nuestras vidas personales, hemos tratado de estudiar, perfeccionarnos, viajar, hemos trabajado duro, hemos hecho grandes aportes al país, tremendos, pero hemos dejado de lado una profundización de las ideas básicas y esenciales detrás del éxito o fracaso de las naciones. Chile, hoy es más pobre de lo que era antes, y eso no es debido a una situación internacional más o menos compleja, es producto de políticas poco acertadas, impulsadas a rajatabla por la Nueva Mayoría, donde supuestamente había que cumplir con el plan del gobierno.

Trump y el Brexit

-El mes pasado, a través de La Otra Mirada, usted trajo al ex alcalde de Nueva York, Rudy Giuliani, quien va a votar por Donald Trump. ¿Comparte su diagnóstico de que Trump es mal menor versus Hillary Clinton?

-Ambas opciones podrían ser nefastas. Ella, como una continuación del predominio de un sector intelectual socialista. Desde la intervención en la economía después de la crisis de 2008, creo que ha habido muchos desaciertos en el manejo de políticas económicas y también un cuestionamiento del sistema. Sin embargo, creo que el mal menor es Clinton. Estados Unidos ha ido de mal en peor. Obama, un personaje de nivel intelectual superior, carismático, primer gobernante de raza negra, claramente no entiende el verdadero espíritu americano. Y lo poco que entiende, lo desdeña. Quiere transformar a Estados Unidos en una especie de Estado de bienestar, y eso va a ir en contra del sentido común de la gran mayoría de los estadounidenses que son todos gente de trabajo, la mayoría muy sencilla y que cree que con su esfuerzo personal y colectivo se logra construir un mejor país. Evidentemente que es el primer país del mundo que lo ha demostrado.

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-Pero no todos lo cuestionan. Al comparar la crisis de Europa y de Estados Unidos, se ve que este último salió antes y mejor.

-Estados Unidos, efectivamente ha ido saliendo porque siempre ha sido un país mucho más flexible y abierto que Europa. Eso no es virtud de Obama. Pudo haber sido más rápido, pudo haber aprovechado la crisis para abrir aún más los mercados, para desregular la industria. Hoy hay más regulación y más cortapisas con Obama, no menos. Por cierto que lo que ha pasado en el Reino Unido es producto de ciertas fuerzas populistas. Y donde los británicos se han disparado en el pie. Eso no quiere decir que yo sea 100% proclive a la manera en que se ha conducido la Unión Europea desde Bruselas.

-Usted tiene varios negocios en Europa, ¿cómo le afecta el Brexit?

-Los británicos son los que se ven perjudicados, pero las empresas y los capitales son muy flexibles. Yo ya sé de casos de gente que se está trasladando a Europa desde Londres. O decisiones que había que tomar esta semana, casos concretos de si abrir o no una oficina, y han decidido no hacerlo. El problema más serio del Brexit es constitucional del Reino Unido, ¿se va a disolver? ¿Volvemos a lo que éramos hace 800 años o 400 años atrás, cuando nos unimos con Escocia? Es una cosa muy curiosa y peligrosa. Eso fue un error de cálculo. Cameron logró el éxito en esta última elección, porque, en parte, prometió un plebiscito, que es una promesa populista.

-¿Cree que el malestar de Chile puede llevar a amenazas populistas?

-Existe el riesgo. Trump y el Tea Party movement tienen algo de eso. Lo que pasó en Gran Bretaña tiene algo de eso. Le puede pasar a cualquier país, en cualquier momento. Por eso es que la cosa pública debe interesarle, ojalá, a la gran mayoría de la gente.
-¿Qué espera para estas municipales?

-Si bien soy optimista en el mediano plazo para Chile, estoy muy preocupado por el corto plazo, por la transición. Tenemos elecciones municipales ad portas y creo que no estamos llegando. Estamos contra el tiempo, así que el tema es cómo uno capitaliza esta coyuntura muy favorable desde la alta política. Hay fuerzas que nos llevan de vuelta al centro. Las épocas de hegemonía de la extrema izquierda, creo que ha concluido.

-¿Cuál sería su carta para las presidenciales? ¿Piñera, Ossandón, un liderazgo nuevo?

-Yo diría que lo ideal es que haya liderazgos nuevos. Ahora, la figura hipotética de Piñera-Lagos es buena para un país como Chile. Ambos candidatos tienen un peso específico muy sólido. Pero eso no habla muy bien del desarrollo de la política en Chile. Necesitamos nuevas caras, partidos atractivos en la captación y formación de talentos nuevos, donde un Piñera o Lagos debieran tener un gran rol como orientadores.

-¿Por qué volver al Everest? Hay un tema de ego…

-Porque entre vivir y sobrevivir, yo voy a tratar siempre de escoger la opción de vivir. Mucha gente se contenta con cumplir con lo básico, pero creo que si uno tiene la opción de ir un poquito más allá, aunque eso te lleve a tomar riesgos y a enfrentar ciertas consecuencias, yo prefiero eso. Y por eso es que estoy en Chile y voy a seguir luchando por Chile. Y además que me entretiene, y creo que tenemos muy buena chance de salir adelante. •••