Social Bites, una empresa de catering con sede en Sydney, había recibido cientos de comentarios positivos en numerosos sitios web y uno de esos sitios le otorgó a su empresa un premio de servicio al cliente. Pero había un pequeño problema: Social Bites no tenía clientes porque la empresa no existía. Cualquiera que hubiera visto […]

  • 17 junio, 2016

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Social Bites, una empresa de catering con sede en Sydney, había recibido cientos de comentarios positivos en numerosos sitios web y uno de esos sitios le otorgó a su empresa un premio de servicio al cliente. Pero había un pequeño problema: Social Bites no tenía clientes porque la empresa no existía.

Cualquiera que hubiera visto los mensajes de los influenciadores en Instagram o Twitter no lo habría creído. Un mensaje en Twitter, con una fotografía de un mesero de aspecto profesional cargando una bandeja con lo que parecían ser huevos de codorniz y calabacines asados servidos sobre galletas saladas, también incluía esta leyenda: mejor compañía de catering.

Había muchos elogios más: si quieres dar una fiesta libre de estrés, afirmó una reseña muy positiva, “contrata a Social Bites”. “Los amo”, aseveró con entusiasmo otra reseña.

Cowper,el creador de Social Brites y emprendedor, estableció la empresa ficticia Social Bites en enero para comprobar una teoría. Él quería demostrar que se puede comprar fácilmente una reputación en el mundo del marketing de influencia, en el que los avisadores les pagan a individuos con muchos seguidores en los medios sociales para que promuevan sus productos.

Su pequeño equipo de expertos de marketing diseñó un logotipo y estableció un blog y una cuenta de Twitter para la compañía. En poco tiempo la compañía estableció una presencia en los medios sociales con 24 mil seguidores. ¿Cuánto costó? Sólo 30 dólares australianos (US$ 22).

Ellos registraron su negocio en dos sitios de opinión y pagaron para que los críticos escribieran reseñas positivas sobre Social Bites. Esas reseñas, afirma Cowper, recibieron evaluaciones de opinión altas, lo cual provocó que los algoritmos en los sitios de opinión las categorizara como genuinas. El experimento completo les costó 154 dólares australianos.

El problema ha atraído la atención de los reguladores de los mercados. En el Reino Unido, la autoridad de competencia y mercados (CMA, su sigla en inglés) encabezó una investigación el año pasado que reveló que algunas empresas estaban violando la ley, escribiendo reseñas positivas -o comentarios despectivos de sus rivales- para mejorar sus evaluaciones, y ofreciendo dinero, muestras gratuitas de sus productos y otras recompensas a influenciadores de las redes sociales.

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