En 2019 el productor de evento s Juan Pablo Izquierdo cerró definitivamente las puertas de su taquillero resto rán, el Ky. Hoy, sus energías están puestas en un nuevo proyecto : la elaboración de gin y un museo que cuente esa historia y sea a la vez un centro de eventos. Esta es la particular historia de un “bicho raro”.
Fotos: Verónica Ortíz.

  • 14 febrero, 2020

Bicho Raro”. Así se llama el nuevo gin que Juan Pablo Izquierdo (52) está preparando para lanzar al mercado en los próximos meses. No lo confiesa, ni siquiera lo tiene demasiado claro, pero el nombre de este licor tiene mucho de autobiográfico. Publicista de formación y fotógrafo por pasión, la fama le llegó cuando dio vida al emblemático restorán Ky, que funcionó con un éxito tremendo entre 2003 y 2018. Epicentro de la vida social santiaguina en los albores del siglo XXI, hasta sus amplios y eclécticos salones ubicados en plena comuna de Recoleta llegaban destacados empresarios, famosos futbolistas y actores –hasta a Keanu Reeves se le vio comiendo allí– y todo aquel que quería ver y ser visto.

Tras una breve reedición en el Paseo El Mañío de Vitacura en 2019, el Ky cerró definitivamente sus puertas en abril del año pasado. Desde entonces, Izquierdo se sumergió en el mundo del gin, aventura que había comenzado poco antes, cuando lanzó su primera marca de este tradicional brebaje de origen inglés: Lüykün, etiqueta que hace alusión a la denominación en mapudungun para el acto de la destilación.

Hiperactivo, gozador de la vida social, de poco dormir y mucho comer, Izquierdo asegura que probar y explorar el mundo de la gastronomía y los sabores originales es lo que más le gusta. De hecho, su interés en el mundo del gin comenzó pocos años atrás, cuando al leer la contraetiqueta de un gin Bombay Saphire se dio cuenta de que en la despensa de su casa tenía varias de las exóticas especias que contenía el destilado.

 

Dr. Jekyll

Irreverente empedernido, Juan Pablo Izquierdo se considera a sí mismo un “movedor de masas”. Asegura también que “me hubiera gustado ser mino, aunque sería un insoportable”. Además, es “obsesivo”. ¿Su más reciente obstinación?: la destilación y el gin. Su elaboración ha estado acompañada por la compra de alambiques antiguos –cuyos valores oscilan entre los dos y cuatro millones de pe sos–. El primero que adquirió pertenecía a la farmacia Grünenthal y data de 1890. Más adelante, a fines de 2019, un amigo lo llamó diciéndole que encontró un destilador con capacidad de mil litros en Doñihue, el que le llegó hace unas semanas.

Estos los expondrá en un museo que prepara en Alto Noviciado, el cual espera inaugurar en marzo o abril. La instalación queda a 400 metros del salón donde frecuentemente realizan matrimonios y eventos a través de “Amelia Correa & Izquierdo”, productora de eventos donde comparte propiedad con su hermana y su madre, la reconocida banquetera Amelia Correa.

El museo ya tiene nombre tentativo: Dr. Jekyll. A pesar de nunca haber leído la novela de Robert Louis Stevenson –El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde–, Izquierdo tiene una fascinación por aquella historia. La atracción por el relato tiene larga data: ya en el Ky de avenida Perú, en Recoleta, tenía un espacio que operaba como restorán clandestino al que bautizó con ese nombre. Se ingresaba con una contraseña y por un cuadro, al que te hacía pasar un enano o una prostituta con un cigarro largo en su mano. Uno de ellos te daba el acceso y te contaba la historia del doctor que creó una pócima –supuestamente en ese laboratorio– para separar lo bueno de lo malo en los seres humanos.

Durante 2019, la destiladora operó en un container ubicado detrás del salón de eventos en Alto Noviciado, cerca del aeropuerto Nuevo Pudahuel. Ahí, entre el olor a alcohol y enebro, son almacenadas botellas de diferentes tamaños y colores, con maceraciones de hierbas, dientes de león, muérdago, eucalipto, morera y otros. “Pretendo tener más de 50 variedades, a partir de raíces, cáscaras y plantas”, explica Juan Pablo.

Ellos, a excepción de Undurraga, son parte de un grupo de whatsapp en el que organizan una cofradía para posicionar al gin chileno, cada uno con sus marca y botánicos propios. “Es más fácil importar un gin de Argentina que hacer uno en Chile, debido a los botánicos que hay que importar, como el enebro”, explica Alejandro Conejero. “El principal ingrediente del gin es un tremendo dolor de cabeza para ingresar debido a las regulaciones del SAG”.

El modus operandi del nuevo museo será a través de reservas del local completo, así no dependerá de la demanda de cada día. La idea es que ahí se puedan realizar eventos de todo tipo y para ello tendrá una capacidad para 100 personas. La decoración será familiar para aquellos que frecuentaban el Ky: todas las estatuas de Buda y artículos exhibidos en aquel local decorarán el museo. Para este proyecto se está lanzando solo. Eso sí, las cifras están a su favor: según el informe 2018 de Volumen Doméstico de Chile, elaborado por la firma inglesa IWRS, el consumo del gin en el país se duplicó en los últimos diez años (2008-2018).

El fotógrafo de Piñera

La carrera de Juan Pablo Izquierdo tiene sus orígenes en la publicidad. Tras graduarse del IPV –hoy Universidad Diego Portales– se dedicó a la fotografía. Trabajó para agencias de publicidad como Leo Burnett, PDVO y Porta. Poco tiempo antes de egresar, quiso emprender y armó un estudio de fotografía con su nombre y se dedicó a tomar fotos para campañas políticas.

A fines de los años 90 recibió un llamado para presentar su book a Sebastián Piñera. “Llegué a su oficina y me dijo que quería que fuera su fotógrafo, y le pedí un adelanto de tres meses porque yo no tenía cámara propia, seguía en la universidad. Y me lo dio”, recuerda. Durante esos meses conoció a diferentes políticos de centroderecha, como Andrés Allamand, Alberto Espina y Joaquín Lavín, a quienes retrató para sus campañas más adelante. Su compañera de oficina durante esos meses fue la actual alcaldesa de Providencia, Evelyn Matthei. “La encuentro buena leche y sincera”, comenta Izquierdo, quien es hermano de Felipe, el actor y cómico y con quien, afirma, no se parece en nada.

Con Sebastián Piñera llegó a tener una relación de cercanía, dice. Incluso alojó un par de veces en su casa y votó por él en la última elección presidencial. A pesar de ello, el presidente nunca visitó el Ky. “La primera vez que me subí al auto con él, yo estaba atrás y él empezó a mover los hombros y pensé que quería que le pusiera la chaqueta. Se la puse y me dice: ¿Qué estái haciendo? Y yo como ‘pensé que querías que te pusiera la chaqueta’… Fue un papelón”.

La aventura fotográfica duró hasta fines de la década del noventa. Un día entraron a robar a su estudio, en Santa Isabel con Crédito, en pleno Barrio Italia. “Yo tenía todo comprado con deuda y sumaba 13 millones de pesos. ¡Seguía pagando las cuotas para las cosas que me habían robado!”, dice. Entonces, puso llave a su emprendimiento y abrió un camino totalmente distinto: comenzó a arrendar vajilla. Ese fue el primer acercamiento al Ky.

El adiós del Ky

Mientras se dedicaba al arriendo de copas, vasos y platos para eventos, la persona que le manejaba la contabilidad le dio la idea de tener un restorán. Seis meses después de la idea inicial, se enteró de que había un local en Recoleta de cinco mil metros cuadrados en arriendo. Su valor mensual ascendía al millón de pesos. “No tenía nada que perder”, dice. “Me tiré a la piscina sabiendo que había agua, porque si el restorán no funcionaba, decidí que yo iba a vivir ahí”.

La primera noche del Ky es un episodio que Izquierdo no olvidará fácilmente. La primera persona en entrar, recuerda, fue el crítico gastronómico de la revista Wikén, Esteban Cabezas. En ese entonces, él no sabía quién era y tampoco supo esa noche del año 2003. Había dos personas trabajando en la cocina y Juan Pablo atendió las mesas, por lo que tuvo contacto directo con Cabezas, quien pidió atún y queso camembert trufado. “¿Esta trufa es blanca o negra”?, le preguntó el crítico a Izquierdo, quien no tenía idea de que existía una diferencia. “Me puso 5 de 7 tenedores y lo encontré una falta de respeto”, reconoce. “Pero dijo que el atún estaba ‘¡espléndido!’”. Aquel texto le significó a Izquierdo tener largas filas afuera del Ky por al menos tres años.

El empresario bajó la cortina del Ky de Recoleta a comienzos de 2018. No lo echa de menos, debido a que los costos eran demasiado altos y necesitaba al menos 25 personas trabajando por jornada. En los 12 mejores años del Ky, el local recibía 200 personas diarias. Los mejores días, sin duda, eran los jueves, viernes y sábado, mientras que el domingo y el lunes se mantenía cerrado.

En 2019, lo reabrió en el Paseo El Mañío: se asoció con el dueño del Baco, Frédéric La Baux, a quien conoció hace más de siete años en la feria Mistura en Perú. Su pasión por el vino y la buena mesa los mantiene cercanos. La estadía fue breve –solo tres meses– debido a que Grupo Patio, propietarios del inmueble, quiso hacer un pasillo en el lugar, quitándoles seis metros de ancho de la primera línea. La compensación sería agregar esos mismos metros cuadrados en el techo, pero los socios no aceptaron.

-¿Habrá una tercera oportunidad para el Ky?

-Lo tendría de nuevo feliz, pero mi nuevo Ky es el museo del alambique. Estoy como los políticos. ¿Descarta ser presidente? No, no lo descarto. No tengo idea qué va a pasar mañana, primero se tienen que arreglar muchas cosas.

-¿Cuáles?

-Es muy difícil tener un restorán, aunque todos creen que se gana plata a chorros. No hay forma de ganar plata cuando van 60 personas al día. Además, sube el arriendo, cambian las leyes y opina gente que no sabe, como los políticos. Un político no puede decir que el dueño de la propina es el que recibe el pago. ¿Por qué va a ser el garzón? Si hay un montón de gente que trabaja para el servicio. El garzón es la parte de la cadena que tiene contacto con el cliente, pero no es gracias a él que te llegó la comida rápido o que el pisco sour salió heladito.

-¿Cerraste el Ky por esas razones?

-Perdí plata por tres años y ya no se podía más. Todos me decían que mi restorán estaba lleno, pero eso era los viernes y los sábados. Con dos días a la semana no lo mantengo.

Murphy y los matrimonios

Juan Pablo Izquierdo tiene su propio cable a tierra, un negocio familiar exitoso que le ha dado prestigio y le ha servido de trampolín para sus otras aventuras. Se trata de Amelia Correa & Izquierdo, una productora de matrimonios y eventos, donde prestan servicio de producción, decoración y banquetería bajo ese nombre que nació hace más de 40 años en Osorno, ciudad a la que se trasladó en primero básico por el trabajo de su papá en el Banco Central.

Desde entonces, tanto Juan Pablo, como su madre, Amelia, su hermana del mismo nombre y su hermano menor, José Manuel, se dedican a este negocio. La estructura de la sociedad permite que cada integrante produzca sus propios eventos bajo el mismo nombre.

El estallido social ha impactado al negocio: tras el viernes 18 de octubre, la banquetera Amelia Correa & Izquierdo tuvo una baja del 70% de los eventos corporativos de octubre y noviembre. Algunos fueron reagendados para enero. Asimismo, tanto para la COP25 como para APEC, la productora iba a estar presente con su servicio de banquetería. Pero a pesar de los momentos complicados no pierden el buen humor: “Todos competimos en buena onda”, aclara. Y cada semana, la familia se envía fotos de los eventos que organizan y “concursan” por obtener el premio de los mejores matrimonios del año. Juan Pablo hace tres años que no gana