“Fui irresponsable, me ganó el vicio y la embarré. Perdí mi fortuna de años en un par de meses. Los 2 mil dólares diarios que llegué a recibir vendiendo maní y almendras confitadas en las esquinas más populares de Nueva York se convirtieron en deuda y me alejaron de mi familia. A mis 61 años decidí reinventarme y me atreví a llamar a don Horst Paulmann para proponerle instalar mis nuevos carros de maní premium “By Conejo” en sus supermercados. El coronavirus me tiene frenado, pero voy a lograrlo y con eso traer a mi familia de vuelta a Chile”, dice Luis Martínez.

  • 10 junio, 2020