Olvidemos el futuro por un rato; ¿dónde están los libros que abordan los desafíos actuales de Silicon Valley? Por: Elaine Moore, Financial Times

  • 11 abril, 2019

A Palmer Luckey, cofundador de la compañía de realidad virtual Oculus y un hombre que suena como el protagonista de una película de ciencia ficción, le gusta decirles a sus nuevos empleados que la novela Ready Player One es un requisito para entrar a la empresa.

Ambientada en el año 2044, el debut en realidad virtual de Ernest Cline resulta ser una buena manera de entender cómo Silicon Valley se ve a sí mismo. A diferencia del oscuro trasfondo de novelas como Neuromancer, de William Gibson, Ready Player One es una aventura tecnológica escrita por un optimista. Sí, está ambientada en una distopía en la que un juego ha distraído de la vida a todos los habitantes de un precario pueblo, pero ni el juego ni la tecnología misma son mostrados como algo intrínsecamente malo.

Hay un mito acerca de que Silicon Valley está atestado de nerds que nunca han tomado un libro en sus vidas. Como un montón de mitos sobre el valle, eso no es verdad. La industria tecnológica está sumamente consciente acerca del valor de la narrativa. ¿De qué otra manera podría convencer al mundo de ceder miles de millones de dólares para productos que todavía no existen?

Por lo mismo, cada vez que un fundador tecnológico es consultado acerca de su novela favorita, vale la pena poner atención. La admiración del fundador de Uber, Travis Kalanick, por el arquitecto creador de Ayn Rand que se enfrenta solo contra del todo el mundo en El manantial, hizo sentido de manera creciente una vez que emergió cuán lejos estaba dispuesto Uber a presionar los límites de la ley. El interés de Jeff Bezos por la tranquila desesperanza de Lo que queda del día, de Kazuo Ishiguro, es discordante dada la magnitud de sus ambiciones; pero el apego de Elizabeth Holmes por Moby Dick es casi demasiado evidente para la desacreditada fundadora de Theranos.

Es verdad que las listas de lectura en la costa oeste tienden a inclinarse hacia la ciencia ficción. En su desafío de lectura de un libro cada dos semanas que lanzó en 2015, el fundador de Facebook, Mark Zuckerberg, anotó solo tres libros de ficción; todo el resto eran solo ciencia ficción. Para Silicon Valley, el género parece ofrecer tanto inspiración como validación. Quizás es más fácil trabajar en autos voladores, inteligencia artificial y en el asentamiento en Marte una vez que puedas ver esas ideas pensadas a través de las páginas.

Pero la conexión entre las compañías tecnológicas y las novelas de ciencia ficción es más profunda. Para hacer sus futurísticos proyectos realidad, algunos buscan ayuda de los mismos autores. Dos años después de que fuera publicado Ready Player One, Oculus invitó a Cline para probar sus anteojos de realidad aumentada y ver cómo se comparaban a su versión ficticia. Los realizadores de los anteojos Magic Leap están tan enamorados de la novela de 1992 de Neal Stephenson, Snow Crash, que han designado al autor como “director futurista” de la compañía. Él ahora trabaja en una oficina de Magic Leap en Seattle, con el cometido de empujar los límites de las cosas que los creadores pueden construir en realidad virtual.

A menudo hay referencias directas a Snow Crash por su peculiar clarividencia en la creación de anteojos de realidad virtual, smartphones y correspondencia digital antes de que existieran en el mundo real. Menos se menciona su mirada negativa del comportamiento humano al interactuar con un mundo virtual.

El cariño que sienten los fundadores de tecnología por la ciencia ficción a menudo parece carecer de esta dimensión. Un amigo que se reunió con Elon Musk para conversar sobre SpaceX y sus planes para viajar a Marte, dice que pasaron tiempo discutiendo sobre el escritor estadounidense autor de Trilogía Marciana, Kim Stanley Robinson, quien imaginó siglos de asentamiento en el planeta rojo. Sin embargo, el mismo Stanley Robinson ha dicho que ese tipo de plan nunca debería dejarse en las manos de una sola persona.

Si los fundadores de las empresas de tecnología no están poniendo mucha atención en las advertencias que entrega la misma ciencia ficción en sus novelas, al menos algunas personas están haciéndolo. Las tiendas de Amazon Go pueden parecer una visión del futuro mientras eliges una leche y te vas, sin escanear nada. Pero ciudades como San Francisco comenzaron a preguntarse si es que las tiendas cashless terminarán por marginalizar a los ciudadanos más pobres del país, quienes no tienen acceso a las cuentas bancarias online. Algunos incluso consideran prohibir estos locales.

La pregunta para la que no puedo encontrar una buena respuesta es si es que alguna novela de ciencia ficción ofrece alguna manera de pensar acerca del presente de Silicon Valley, como también sobre su futuro. La singularidad y los viajes interplanetarios están bien cubiertos en la literatura. Pero si hay un libro allá afuera que aborde los escándalos de privacidad, los scooters eléctricos y las ofertas públicas de venta de acciones de 100 mil millones de dólares, todavía tengo que encontrarlo.

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