Mientras en Chile el gobierno prepara el terreno para regular los cigarros electrónicos, las tabacaleras ajustan sus métodos de producción. Una de ellas es Philip Morris, la más grande del mundo, y que pretende dejar de vender cigarros. Para eso, en su centro de innovación en Suiza está desarrollando nuevos productos que terminen con la combustión del tabaco. Pero la jugada no está exenta de críticas. “Para el Ministerio de Salud, estos productos son tan nocivos como cualquier cigarro”, asegura la subsecretaria, Paula Daza.

  • 19 septiembre, 2019

A poco mas de una hora de Ginebra, un grupo de más de 400 científicos, ingenieros y médicos trabaja en “El Cubo”, un edificio de unos 27 mil metros cuadrados, emplazado frente al lago Neuchâtel. Allí, la mayor tabacalera del mundo tiene su centro de investigación y desarrollo. Al interior del edificio se ven algunas cotonas blancas y muchos jóvenes –de casi 40 nacionalidades– que se pasean entre tres torres interiores, cada una tiene el nombre de un elemento de la naturaleza: agua, tierra y aire. “El único que no tenemos es el fuego, porque queremos terminar con la combustión del cigarro”, asegura Nuno Fazenda, gerente de Compromiso Científico de Philip Morris, multinacional norteamericana fundada en 1847, dedicada a la fabricación de tabaco y cigarrillos.

Aunque los primeros estudios y pruebas partieron hace 30 años, fue en 2008 que la empresa puso mas énfasis en el desarrollo de nuevas líneas para los fumadores, que van desde cigarros electrónicos hasta calentadores de tabaco. Desde entonces ha invertido del orden de 6 mil millones de dólares, lo que incluye la creación de una nueva planta en Bologna (Italia), especial para la elaboración de estos productos, y la reconversión de otras existentes en Grecia, Rumania y Corea.

“El mensaje de la compañía es, si no fumas, no empieces; si fumas, déjalo; y si no puedes, cámbiate. En este caso, cambiarse a un dispositivo de riesgo reducido como el IQOS –el calentador de tabaco estrella de la compañía–, significa optar por una alternativa que reduce en un 95% el riesgo para la salud asociado a la combustión del cigarrillo tradicional”, asegura Hugo Vílchez, gerente general de Philip Morris Chile.

Según datos de la OMS, independientemente de todos los esfuerzos que se llevan a cabo para restringir el consumo de cigarros –que en Chile lograron disminuirlo de 42% a 32% en 13 años–, en 2025 habrá el mismo número de fumadores en todo el mundo: mil millones de personas.

Análisis de toxicidad

En El Cubo hay una máquina que simula la aspiración de un cigarro y de un IQOS, que funciona con un “stick” de tabaco comprimido, de aspecto similar a un cigarro, pero la mitad de su longitud, y se calienta de manera electrónica. Ambos productos son aspirados 14 veces. Del primero sale un humo amarillo-café que se impregna en un algodón. Del segundo, un vapor blanco.

“El humo de la quema del tabaco contiene seis mil componentes, de las cuales cien han sido identificados por reguladores como la FDA como dañinos”, explica Fazenda. “Para reducir el riesgo de las enfermedades, es básico disminuir el proceso de quemado y luego bajar la temperatura a la que se somete el tabaco. Por eso, el objetivo es calentarlo a una temperatura controlada para que la nicotina y los sabores se formen, pero no se queme”, agrega. De acuerdo a la compañía, con eso se reducen entre 90 y 95% los niveles de sustancias tóxicas.

Fazenda –portugués, PhD en Ciencias– señala que para llegar a esas conclusiones, PMI ha desarrollado una serie de estudios que parten por analizar la composición química del vapor, midiendo cuántas sustancias dañinas que se asocian a enfermedades están presentes tanto en el humo del cigarro como en el vapor de los calentadores. Luego analizan la toxicidad y riesgo en modelos de laboratorios mediante el cultivo de células que son expuestas a humo y vapor, para determinar cuántas mueren, mutan o generan daño genético. Posterior a eso se analiza cómo se absorbe la nicotina –que en ambos lo hace de igual forma– y finalmente la presencia de sustancias que se forman en el cuerpo producto de la exposición a ambos aerosoles, que son testeados en la sangre y orina. “Lo que sucede en el cuerpo de los fumadores que se cambian a IQOS es muy similar a aquellos que dejan de fumar”, dice.

Sin embargo, aún no hay estudios del verdadero efecto en el largo plazo que genera este producto. Para eso faltan al menos 20 años, que es lo que se demoran en desarrollar las enfermedades asociadas al cigarro. “Lo mismo ocurre con las farmacéuticas: cuando ponen un remedio en el mercado no tienen todas las respuestas a los efectos a largo plazo, pero lo hacen cuando tienen toda la confianza en su potencial. En nuestro caso, muchos aspectos se pueden ver desde ahora, los que te pueden dar una fuerte estimación de la reducción del riesgo”, asegura.

En abril pasado, la FDA aprobó la comercialización del IQOS en el mercado estadounidense, con lo que ya son casi 50 los mercados en los que está presente, con alrededor de 11 millones de consumidores en todo el globo.   

¿Y en Chile?

En Chile el producto está en fase inicial. A comienzos de año, Philip Morris International ingresó al Ministerio de Salud una solicitud de autorización de comercialización para calentadores de tabaco. Según asegura la subsecretaria de la cartera, Paula Daza, esta “fue rechazada por no dar cumplimiento respecto a la aplicación de la advertencia de tabaco en sus empaquetados”.

En la empresa, dicen, recibieron algunas observaciones formales a la misma, que ya fueron corregidas, y estarían a la espera de un nuevo pronunciamiento de la autoridad sanitaria para ingresarlos al mercado.

“Estos productos de tabaco, ya sea calentadores o vapeadores, tienen que regularse por la ley 19.419, que establece la prohibición de publicidad, promoción, consumo en lugares cerrados, restricción de venta a 200 metros de establecimientos educacionales, etc. Y tienen que utilizar las advertencias sanitarias. Para el Ministerio de Salud, este producto es tan nocivo como cualquier otro producto de tabaco”, agrega Daza.

Para ello, el ministerio se basa en el último estudio que hizo JAMA Internal Medicine. Según explica la subsecretaria, la comparación de ambos productos determinó que los calentadores tenían presencia de hidrocarburos y monóxido de carbono, además de nicotina. “Y el otro tema importante es que en Estados Unidos se ha visto que estos productos han incrementado el consumo principalmente en los jóvenes por su percepción de ser inocuos, en vez de usarse como un producto para dejar de fumar”, señala.

Vílchez responde: “En PMI estamos de acuerdo en que los productos de tabaco deben ser regulados, pero también creemos que el marco regulatorio se debe adaptar a estas tecnologías innovadoras, libres de humo, para que puedan estar disponibles para los fumadores chilenos que –de lo contrario– seguirán fumando”.

Ley Vapeo

El 3 de septiembre, el gobierno envió al Senado un proyecto de ley para que los cigarros electrónicos y vapeadores tengan la misma regulación que rige al tabaco desde 2013, la que será presentada en los próximos dos meses. Si bien la iniciativa no incluye los calentadores de tabaco como IQOS, es sabido en la industria que tanto estos dispositivos como los “vapos” generan un impacto similar en sus consumidores y presentan un nivel de riesgo reducido de la misma dimensión. Por lo que no se descarta que más adelante los calentadores puedan ser incorporados al proyecto.

Las últimas semanas se han revelado casos de enfermedades que generadas producto del vapeo –uno de ellos murió en Illinois– y, según publicó The New York Times, más de doscientos médicos en todo Estados Unidos tratan a pacientes con este tipo de diagnósticos. San Francisco, por su parte, ya prohibió su venta.