Por Natalia Saavedra Ilustración: Ignacio Schiefelbein Todo partió en medio de una gran polémica. Corría 2011 y la junta de accionistas del Club de Golf Los Leones (CGLL) analizaría una propuesta que despertaba divisiones en su interior. La idea era darle utilidad a un terreno de 10 hectáreas en el cerro San Luis y arrendarlo […]

  • 14 julio, 2014

Por Natalia Saavedra
Ilustración: Ignacio Schiefelbein

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Todo partió en medio de una gran polémica. Corría 2011 y la junta de accionistas del Club de Golf Los Leones (CGLL) analizaría una propuesta que despertaba divisiones en su interior. La idea era darle utilidad a un terreno de 10 hectáreas en el cerro San Luis y arrendarlo a inversionistas con el fin de construir ahí un complejo hotelero.

Pese a que muchos socios estaban en desacuerdo, el 29 de septiembre de 2011 se decidió la construcción de un apart hotel de 11 edificios y 200 habitaciones, operado por la cadena Four Seasons. El exclusivo club –que cuenta entre sus socios a las familias Matte, Angelini, Hurtado, Cruzat, Cousiño, Gianoli, Gálmez, entre muchas otras, y a una larga lista de renombrados abogados y políticos– enfrentaba una reunión clave. “En ese minuto algunos miembros dijeron que era mal visto, de mal gusto andar arrendando para recibir plata”, recuerda un socio.

Tras el proyecto estaban el empresario y también socio de Los Leones, Cristián Correa y el argentino, Adam Elloed. Ellos habían conseguido el apoyo de la cadena hotelera y la aprobación de un anteproyecto en la Municipalidad de Las Condes. La fórmula parecía ideal: Los Leones no corría ningún riesgo de inversión y recibiría cerca de 2 millones de dólares al año por el leasing del terreno.

Así, y pese a que una fracción de los socios –entre ellos Juan Hurtado– dijeron a viva voz que el proyecto los invadiría y perjudicaría al barrio, el 85% de sus adherentes votó a favor de la iniciativa. Su argumento era que recibir esos dineros les serviría para reinvertir en el recinto y darle vida a un sector del paño que estaba totalmente abandonado.

A casi tres años de ese episodio, el proyecto genera mayor consenso. Los socios reconocen que es necesario mejorar sus instalaciones, pero no a cualquier costo. Y arrendar sus terrenos sería idóneo. “Es un hecho que muchos clubes como La Unión o El Golf 50 se han abierto a un mayor público. Hacen eventos y fiestas, pero Los Leones quiere evitar esta masividad”, comenta un miembro.

Para sus accionistas es clave preservar el espíritu de exclusividad que los ha caracterizado. De hecho, entre 2007 y 2013 sólo se han sumado 62 nuevos socios al club, principalmente hijos de los antiguos miembros. El número actual de integrantes llega a los 1.330 titulares y el total –incluyendo hijos, cónyuges y otros familiares– a 4.318 personas.

De hecho, aceptar un nuevo socio es todo un tema. No se trata sólo de comprar una acción, sino de ser admitido por un comité y patrocinado por otro integrante con un motivo de peso. En 2013, sólo tres personas lograron sumarse. “No queremos tener un plan para doblar los socios. La idea es reencantar a los que se han ido y a las nuevas generaciones”, asegura uno de sus accionistas.

 

Cambio de jugadores

Tras la aprobación de 2011, todo marchaba sobre ruedas. Los impulsores del proyecto –Correa y Elloed– se lanzaron a buscar los inversionistas para financiar el hotel. Nueve meses después (a mediados de 2012), lograron el apoyo del fondo de inversión inglés Knightsbridge Partners, que en conjunto con Tanner Investments trabajarían el levantamiento del capital. Se requerían cerca de 100 millones de dólares.

Entonces, Knightsbridge Partners inició la búsqueda. Cercanos a la firma recuerdan que los primeros acercamientos fueron con Banchile. Su propuesta consistía en que los apoyaran con cerca de 70 millones de dólares. Otros 30 millones los levantarían directamente entre sus inversionistas.

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A la par, comenzaron a darle forma al complejo de la mano del estudio de arquitectos argentino Bodas Miani Anger (BMA). Uno de sus socios, Rodolfo Miani, se hizo cargo del diseño de los once edificios que serían parte del recinto. En Chile, el profesional ha trabajado en obras como el Mall de Castro y el Distrito de Lujo del Parque Arauco.

Pero la pista se complicó. A Banchile no le cerró la idea y la búsqueda tuvo que ampliarse. Los brasileños de Itaú les abrieron una ventana. Conocedores de las tratativas añaden que el préstamo estuvo incluso aprobado en Brasil, pero que nuevamente el acuerdo se cayó. Knightsbridge continuó durante todo 2013 su peregrinaje por casi una veintena de bancos recibiendo la misma respuesta: el modelo de negocios no cerraba.

¿La razón? Significaba prestarle plata a largo plazo a un grupo extranjero que no podía otorgarle garantía sobre esos dineros, pues los terrenos no eran suyos y, por ende, no podían hipotecarlos. “Pese a que no intervenimos en eso, se notó que el proyecto les dejó de cuadrar. El negocio del fondo era, obviamente, levantar la plata y en unos años vender el hotel, pero para los bancos era muy inseguro”, dice un socio del club.

Así fue como a inicios de junio, Knightsbridge Partners anunció públicamente que se bajaba del proyecto.

 

El nuevo mapa

Varios socios del club señalan que no les sorprendió la bajada de los ingleses, pues desde principios de año se oían rumores sobre la negativa de la banca de prestarles más del 50% del capital. Salirse de la sociedad –en todo caso– no fue buen negocio para Knightsbridge. Entre avances en el diseño, abogados, trámites y permisos desembolsaron cerca de 800 mil dólares en la iniciativa.

Pero en cuanto sonó su retirada, nuevos empresarios se interesaron en la idea. Tras el fallecimiento de Cristián Correa, Adam Elloed y la familia de Correa, continuaron trabajando en su viabilidad. Fue entonces cuando apareció en el mapa P&G Larraín, junto a un grupo de interesados. Fuentes cercanas precisan que aún no se firma un contrato formal entre el club y los nuevos inversores, pero que existe una clara voluntad de sacar adelante el complejo de lujo.

Así lo confirma Rodolfo Miani, quien agrega que se sigue trabajando en los detalles del diseño. De hecho, se han involucrado en Chile a la oficina de Sergio Echeverría Edwards, reconocido asesor de proyectos hoteleros de lujo. La iniciativa se compone por once edificios de una altura de tres niveles sobre la cota actual del nivel de terreno. Su arquitectura está muy incorporada al paisaje con un criterio de sustentabilidad y con el fin de aprovechar al máximo el entorno de la cancha de golf.

Fuentes cercanas a los nuevos gestores precisan que el cambio de mano ha significado repensar sus dimensiones. La idea es que cuadre con el nuevo escenario de costos de la industria de la construcción, considerando que las últimas estimaciones de Knightsbridge hablaban de un valor estimado de unos 130 millones de dólares.

El objetivo sería eliminar algunos salones de eventos y espacios comunes que podrían tener poco uso. Disminuir el número de habitaciones –cerca de 200– también estaría en estudio, pues es relevante analizar el nuevo escenario de la industria hotelera en Chile, tomando en cuenta el aterrizaje de numerosas cadenas en Santiago los últimos dos años.

A la par, las exigencias de Four Seasons son relevantes en el esquema. Los cálculos recientes indicaban que el costo por habitación construida sería de unos 350 mil dólares y que se requería un alto nivel de especialización para su construcción: traer mano de obra de fuera del país había sido parte de sus requerimientos.

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El director comercial de Tinsa Chile, Pablo Ramírez –oficina consultora de la cadena hotelera– precisa que Four Seasons sigue interesado, pero añade que les explicaron que los costos se estaban disparando y que ello se traduciría en un valor muy alto de la tarifa por noche para el mercado local (unos 600 dólares). En ese contexto, conocedores de las tratativas agregan que los nuevos inversionistas no se cierran a conversar con otros operadores. Sofitel ha sonado entre los posibles interesados.

Por ahora, los futuros socios esperarían recibir el permiso de edificación definitivo de la Municipalidad de Las Condes y tras ello, formalizar el contrato de arrendamiento con el Club de Golf y la cadena que manejaría el hotel.

 

Lista de espera

Hasta ahora, Los Leones ha debido posponer su intención de reinvertir las platas recibidas por al arriendo del cerro San Luis. Mientras los futuros socios no tengan un permiso de edificación en mano, saben que no tiene sentido exigir el pago de las cuotas. Por eso, en enero modificaron el pre acuerdo original, que exigía firmar el contrato antes del 30 de diciembre de 2013. La fecha se aplazó para el 30 de junio de este año, pero tuvo que volver a postergarse a la espera de la autorización de la Dirección de Obras de Las Condes.

Cercanos al club explican que lo que recibieron fueron dos pagos, con el fin de mantener vigente el pre acuerdo con los impulsores del proyecto. Eso inyectó a sus arcas cerca de 400 mil dólares. El monto, en todo caso, es marginal versus lo que les llegaría por el concepto de arrendamiento.

Por eso, a diferencia de lo sucedido en 2011, existe un ambiente más propicio a que se realice el proyecto, todo con el fin de invertir en iniciativas que hace tiempo están en su agenda. Un plan maestro realizado hace casi diez años estipula varios puntos: renovar la cabelleriza de palos, las canchas de tenis, hacer la piscina más funcional, ampliar los estacionamientos y crear un espacio para los niños son parte de los proyectos.

“No nos morimos sin esas platas, con las cuotas podemos sobrevivir bien, pero obvio que podríamos acelerar proyectos y hacerlos como corresponde. De otro modo, el ritmo debería ser mucho más lento. Esa renovación permitiría, además, atraer a familias más jóvenes”, señala un socio.

Otro socio agrega que el club ha sido prudente en su política de deuda y no ha querido recurrir a préstamos para financiar sus proyectos. De hecho, acaban de construir un nuevo edificio administrativo (a la entrada del club), en el que invirtieron unos 1.000 millones de pesos y no suscribieron deuda. En 2013, su pasivo total alcanzó sólo los 70 millones de pesos. “Hace unos seis o siete años, el club tenía una deuda grande por la remodelación de la cancha. Pero eso se saneó y la idea es no hacer un hoyo de nuevo en las finanzas. Por eso las platas del proyecto vendrían bien”, concluye uno de sus miembros. Sólo les resta esperar. •••