Harta agua ha pasado bajo el puente, desde que el 8 de junio del año pasado se hiciera público el escándalo financiero más bullado de los últimos tiempos. Las esquirlas del Enron chileno todavía duelen en el mundo empresarial, donde las mayores regulaciones y las multas y procesos judiciales que todavía no se cierran siguen marcando la pauta. Aquí, el socio de EPG Partners Andrés Echeverría y el asesor y director de empresas Luis Hernán Paúl reflexionan sobre el caso.

  • 5 junio, 2012

 

Harta agua ha pasado bajo el puente, desde que el 8 de junio del año pasado se hiciera público el escándalo financiero más bullado de los últimos tiempos. Las esquirlas del Enron chileno todavía duelen en el mundo empresarial, donde las mayores regulaciones y las multas y procesos judiciales que todavía no se cierran siguen marcando la pauta. Aquí, el socio de EPG Partners Andrés Echeverría y el asesor y director de empresas Luis Hernán Paúl reflexionan sobre el caso.

 

Fe pública: la gran víctima
Por Andrés Echeverría, socio de EPG Partners
El caso La Polar es el fraude más relevante de la historia empresarial chilena moderna.

Mucho énfasis se ha hecho en la gran cantidad de afectados por las repactaciones unilaterales por parte de la empresa. La práctica consistía en que se reprogramaban sus vencimientos de manera tal que, aparentemente, todos ganaban. La compañía en cuestión reconocía ingresos por intereses en forma importante y consistente en el tiempo y el deudor vencido evitaba la ejecución judicial y el ingreso como moroso al Boletín Comercial. Sin embargo, todo lo anterior es tan sólo una parte, muy condenable por cierto, pero no considero que sea el problema mayor.

En la década del 90 se utilizó la práctica de renovar créditos morosos consiguiendo el mismo fin anterior. De hecho, dicha costumbre fue realizada por entidades financieras bajo regulación de la SBIF y algunas de ellas tenían además claramente un grupo controlador representado en su directorio que debía haber estado informado de estas prácticas. El regulador de entonces reaccionó a fines de la década con normativas específicas que afectaron a la política de provisiones de la banca y las financieras. Básicamente, se establecieron reglas que impedían mejorar artificialmente la categoría de riesgo de los deudores morosos que habían renegociado las deudas.

La Ley de Bancos siempre ha hecho énfasis en “la captación de dinero del público” como objeto exclusivo de la banca. Por ello es que dicha superintendencia ha tenido históricamente muy desarrollado ese músculo supervisor en todas las materias que un eventual problema de solvencia pueda afectar la fe pública a través de los depositantes, ya sea de cuentas corrientes o de depósitos a plazo.

Lo anterior lleva a la primera gran conclusión: ya no tiene sentido la diferenciación que establecen el regulador y la ley. La barrera entre la banca y otras empresas del sector comercio, medios de pago, etc., ha sido superada por el avance del tiempo y por la adaptación de las empresas a nuevos modelos de negocios.

Pero el gran perjuicio que causó La Polar no está ahí, sino en el daño a la fe pública por medio de la alteración sistemática de la información financiera entregada al mercado. Este tipo de faltas debe ser penalizado de manera ejemplar en Chile si se pretende aspirar a país desarrollado. La confianza y el comportamiento civilizado son las piedras fundamentales de todo sistema económico y social que se precie de libre y moderno. Esto requiere un cambio conductual tanto en la comunidad de negocios como en la ley penal. No estoy al tanto de ningún proyecto de ley que considere penas más severas.

En segundo lugar, el rol de los directores cambiará definitivamente. Ya se cumplió el hito en que los directores no pueden alegar desconocimiento, independientemente de que efectivamente haya sido así para varios de los de La Polar. Lo anterior llevará a profesionalizar más estas instancias de dirección: se deberá establecer mecanismos de control interno, auditorías internas y generación de información de gestión que sea más confiable y –sobre todo– eficaz en la prevención del fraude.

Creo también que se ha producido un daño que será necesario enmendar cuanto antes: la moralidad de pago del deudor chileno. Empeoró después de La Polar. Si hay un mercado de capitales, bancario y crediticio relativamente profundo y con alta penetración en Chile para su nivel de desarrollo, ello es consecuencia en parte del relativo buen comportamiento de los deudores y de las –hasta antes de La Polar– también comparativamente sanas políticas crediticias de los otorgadores de crédito en Chile.

Por último, y se desprende de lo anterior, es necesario que funcione el proyecto de deuda consolidada positiva. Más transparencia e información para todos es beneficioso para Chile, desde una mirada de sanas políticas públicas y del bien común. El buen deudor tendrá acceso a más oferta y a menor precio.

 

Directorios post La Polar
Por Luis Hernán Paúl, asesor y director de empresas y del Centro Gobiernos Corporativos UC
Cuando se destapó el fraude en La Polar se dijo que este caso iba a generar ajustes en la forma en que funcionan los directorios en Chile. Ha pasado un año desde entonces, por lo cual puede ser oportuno revisar qué ha pasado en la práctica.

Inicialmente se habló mucho del tema, pero creo primó en los directorios la percepción de que La Polar era un caso aislado y que la probabilidad de que pudiera estar ocultándose o incubándose un caso similar en otras empresas era muy baja, lo cual probablemente llevó a que fueran pocas las compañías en que se adoptaron medidas concretas.

Pero en la medida en que se hizo público que ilícitos como el ocurrido en esta multitienda se habían vivido en el último tiempo en varias empresas en diversas partes del mundo, permitió tomar conciencia de que podían ocurrir nuevos fraudes, aunque fueran de menor gravedad relativa. Ello impulsó a algunas firmas a revisar el funcionamiento de sus directorios; especialmente, los mecanismos que utilizan para el control interno y la relación que tienen con los auditores externos.

Por desgracia este año se demostró con el caso de Mis Cuentas y de una empresa que se vio afectada en un monto relevante por la primera, que las probabilidades de fraudes no son tan bajas.

Asimismo, cuando salió el fallo de la SVS contra diversos ex ejecutivos, ex directores y el ex auditor externo de La Polar, se produjo una nueva alerta en los directorios, resultado de las indicaciones que contenía el fallo sobre lo que involucra el cumplimiento del deber de cuidado y diligencia por parte de los directores. En particular sorprendió que se aplicaran multas a personas cuyo fundamento se basa en no haber seguido prácticas de actuación de directores que son utilizadas a nivel internacional, cuya aplicación es recomendable, pero que todavía no están establecidas en la normativa chilena y que por ende no son seguidas en todos los directorios en Chile.

En estas circunstancias no es sorprendente que más compañías hayan optado por evaluar y realizar cambios en sus sistemas de control interno. En Chile históricamente la función de estos sistemas ha apuntado fundamentalmente a velar por que la contabilidad funcione correctamente y que los estados financieros representen adecuadamente la situación de las empresas. Sin embargo, a nivel internacional, la visión que existe sobre éstos es más amplia e incluye además la realización de una adecuada gestión de riesgos y el seguimiento del cumplimiento de leyes y normas (compliance).

Por otra parte, también se hizo público que la Superintendencia de Valores, con la colaboración de Icare, está trabajando para contar en los próximos meses con un manual de buenas prácticas de gobiernos corporativos para los emisores de valores de oferta pública en Chile.

Todas estas iniciativas sin duda son muy valiosas, pero hay que tener presente que es imposible eliminar por completo los fraudes empresariales. Por desgracia la amplia experiencia internacional que existe sobre el tema deja en claro que sólo es factible minimizar su ocurrencia.