Por: Carla Sánchez Mutis Fotos: Cristóbal Correa Ramón Eluchans creció en el campo. A los tres años, su mamá lo mandó a la escuela rural para que no molestara en la casa. Después se fue a vivir a Viña con sus abuelos, pero siempre estuvo yendo y viniendo de “Los Chilcos”, el fundo que su […]

  • 1 octubre, 2015

Por: Carla Sánchez Mutis
Fotos: Cristóbal Correa

pesca

Ramón Eluchans creció en el campo. A los tres años, su mamá lo mandó a la escuela rural para que no molestara en la casa. Después se fue a vivir a Viña con sus abuelos, pero siempre estuvo yendo y viniendo de “Los Chilcos”, el fundo que su familia tiene hace más de 100 años en el borde norte del río Bueno, muy cerca del lago Ranco, en la Región de Los Ríos.

No era raro entonces que tras dejar la gerencia general del Banco Security, en la que estuvo 16 años, se abocara al lugar que lo vio crecer. “Esto es de mi familia y el campo me encanta, soy feliz en los potreros”, confiesa Eluchans, quien hoy es director del banco, del Factoring y de Valores Security.

El fundo de la familia Eluchans tiene cerca de 430 hectáreas, donde tradicionalmente han desarrollado la actividad agrícola y la engorda de vacunos. Pero ahora también está incursionando en otros negocios, como el salmonero. “Podría haber tomado una actitud conservadora –soy socio del banco–, quedarme tranquilo aquí y no correr riesgos. Pero en definitiva decidí tomarlo, ¿por qué no?”, se pregunta este maratonista.

¿Qué tienen que ver los vacunos con los salmones? Eluchans sonríe. A simple vista, no mucho. Pero para él tiene todo el sentido del mundo. Tradicionalmente, en el campo existía una laguna con siembra de truchas que hoy está en desuso. Además, hace unos diez años había obtenido unos derechos de agua en el río Bueno. Hasta que decidió tirarse el piquero. Se asoció con Jorge Goles, uno de los dueños de la franquicia de la pastelería Paul en Chile, y tras obtener la Resolución de Calificación Ambiental (RCA) a fines de 2013, crearon Ecosalmón.

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Como todo proyecto, los inicios no fueron fáciles. Hubo inquietud entre los miembros de la comunidad, muchos de los cuales Eluchans conocía desde niño, y la municipalidad cuestionó la aprobación del proyecto. Por eso, los socios tomaron una decisión: tener el menor impacto posible y comprometerse con el desarrollo turístico de la zona.

Emplazado en tres hectáreas, Ecosalmón es un proyecto de piscicultura de 11 mil metros cúbicos, con capacidad de producción de 1.400 toneladas anuales de biomasa, que empezó a operar en febrero pasado. Un centro de crianza en el que invirtieron cerca de 10 millones de dólares para cultivar las ovas hasta el estado de esmoltificación, cuando el pez pasa de vivir en agua dulce al mar. Toda la producción la venden a Marine Harvest.

“A pesar de las dificultades que ha enfrentado en el último tiempo la industria salmonera, muchas empresas decidieron salirse de los lagos e instalarse en tierra en sistemas autocontenidos, lo que significa que manejas los residuos de manera más sustentable”, explica Eluchans. En la planta, por ejemplo, tienen hasta filtros UV para desinfectar el agua y así evitar el exceso de antibióticos en los peces.

Un proyecto, dice, amigable con el medioambiente desde el punto de vista técnico pero también arquitectónico. Para ello, ficharon al arquitecto José Luis Ibáñez, discípulo de Germán del Sol, con quien trabajó entre otras cosas en levantar el Hotel Remota en Puerto Natales y las Termas Geométricas en el Parque Nacional Volcán Villarrica.

La idea era que la construcción pasara lo más desapercibida posible. Que se mimetizara con los bosques. Por eso, Ibáñez estuvo a cargo de diseñar desde el trazado de caminos y el paisajismo, hasta los galpones y las casas del personal, entre otras cosas. “Hicimos algo bien bonito. Las casas de los trabajadores son como cabañas de descanso, la bocatoma se revistió en durmientes y los muros de contención con especies nativas”, explica el arquitecto, quien también participó en el desarrollo de otro proyecto que Eluchans levantó en el campo: casa Kuc.

 

Tejiendo redes

El 7 de febrero pasado, medio lago Ranco –cuentan– llegó hasta el fundo “Los Chilcos”. Nadie quería perderse la inauguración de casa Kuc, el proyecto de Ecosalmón que rescata la artesanía y la gastronomía locales. Una misión que le fue encargada a Trinidad Avaria, nuera de Eluchans, quien personalmente se dedicó a levantar una red de artesanas para ofrecer sus productos el verano pasado. La idea era potenciar sus oficios sumándole un diseño más moderno.

“Mientras se tramitaban los permisos de Ecosalmón, estaban en plena discusión los casos de Pascua Lama e HidroAysén. Las comunidades estaban a la defensiva y empezamos a preguntarnos qué podíamos hacer por esta zona”, cuenta la sicóloga.

Ese sábado terminaron de pintar la casa media hora antes de que llegara la gente y fue tal el interés, que se vendieron todos los productos, entre tejidos, cesterías, alfombras de cuero y productos gastronómicos típicos del sur.

El modelo de casa Kuc se basa en el de la Fundación Santa Ana Emprende, que trabaja con mujeres de La Pintana y Renca para que generen sus propios negocios. Un sistema que aplicaron en esta zona rural y que ha despertado el interés de las artesanas del Ranco: ya son 24 las que pertenecen a la red que incluye la asesoría en diseño para potenciar sus productos. Un trabajo de varios años que quedará registrado en un libro que estará en la misma tienda y que también ofrecerán como regalo corporativo.

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Ha sido tal el éxito de los productos de casa Kuc, que en el verano abrieron una tienda en Futrono y han participado en varias ferias de diseño en Santiago.

En la cafetería de casa Kuc, Eluchans se sienta a mirar la laguna, la misma donde operaba la antigua piscicultura del campo y que hoy tiene uso recreacional. En sus aguas nadan truchas que fueron sembradas hace 10 años. La entrada y la salida de la laguna tienen una red para que no se escapen los peces y cada cierto tiempo se agregan más.

“Tenemos que hacer algo con esta maravilla”, le comentó Eluchans a Ibáñez. Una conversación que cada cierto tiempo tenían, pero que dejaron madurar.

 

Truchas a la parrilla

En plena época de crisis española, Eluchans viajó a Vigo, en Galicia. Su amigo en las regatas, Gonzalo Araújo, lo llevó a comer a dos restaurantes. El primero, un lugar muy elegante, que estaba prácticamente vacío. El segundo era una casa, en la que antiguamente se recolectaban algas, y que fue remodelado. “Estaba repleto y la gracia era que debajo del piso tenían todos los pescados vivos, por lo que los platos eran frescos. Todo en un ambiente muy rústico en el que la crisis económica no se sentía”, cuenta Eluchans.

Le contó de la experiencia a Ibáñez, quien de inmediato se acordó del Tomales Bay Oyster, un lugar que queda a una hora y media de San Francisco que cría ostras desde principios del siglo XX. Hasta este lugar llegan los comensales que se instalan en las mesas de picnic, sacan sus cuchillos –o arriendan uno– y abren personalmente las ostras, que pueden comer crudas o a la parrilla. A gusto del consumidor.

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“Tenemos que hacer una parrilla de truchas”, coincidieron. Una en la que los visitantes pesquen sus propios pescados, luego los pongan a la parrilla y se instalen a comer en mesones rústicos. Todo acompañado con papas de la zona y buen vino. Y de postre un kuchen acompañado de un café en casa Kuc, que está instalada muy cerca del quincho que están construyendo para habilitar la parrilla de truchas de aquí al verano.

“Será un lugar rústico y sencillo. Esto no es un restaurante de mantel largo. Serán 20 mesones en los que podrás comer una trucha realmente fresca”, cuentan entusiasmados. La idea es que sea todo lo más natural posible, que no existan refrigeradores. Tanto que Ibáñez ya está pensando en un sistema natural para enfriar los vinos y no tener que recurrir al hielo.

La propuesta de Trucha’s, como bautizarán al nuevo negocio, es que los comensales vayan a pasar el día al campo. Que tomen clases de pesca con mosca o simplemente se entretengan pescando las truchas que más tarde ellos mismos asarán a las brasas.

Truchas y no carnes, esa es la consigna. “En Chile, todos son expertos en carne a la parrilla, pero en salmón no muchos saben”, confidencian. Y para realzar el sabor de los pescados, los aliñarán con sal de Cahuil.

“En el lago Ranco, si te tocan siete días lloviendo te puedes aburrir. Aquí no hay tanto que hacer, como en Pucón o Puerto Varas, donde hay varios panoramas de ocio”, cuenta Trinidad Avaria. La prueba de fuego será el verano y si todo anda bien, no descartan abrirlo en otras épocas del año, como Semana Santa o vacaciones de invierno.

El proyecto ha despertado el interés de varios por lo novedoso. Incluso Germán del Sol le dijo a Ibáñez, el capitán de este barco, medio en broma, que “si no te apreciara tanto, te copio el proyecto de las truchas”.

Pero eso no es todo: también están arreglando el canopy que tienen en el lugar, el cual quieren certificar. Eso, sumado a los catarrafts, botes que son una mezcla entre catamarán y balsa con los que se puede dar un paseo o bajar el río Bueno.

“Queremos ofrecer una experiencia. Ir a pescar, comer una trucha a la parrilla, comprarse algo lindo en la tienda y tomar un café rico”, comentan. Un paseo familiar que seguramente agitará el verano en el tranquilo lago Ranco y que tiene a Eluchans feliz con su nueva vida. •••