En parte de los terrenos de la viña Veramonte, en Casablanca, se levantará Maucolén, un barrio de 240 casas que combinará vivienda, paisaje y vino. Con una inversión inicial de 40 millones de dólares, el proyecto –entre cuyos socios figuran Agustín Huneeus, Hernán Besomi y Pablo Longueira– considera destinar solo el 15% a fines habitacionales. “Es muy casual y muy raro que, a una misma persona, le toque participar dos veces en dos cambios de destino de una comunidad. La primera vez fue la transformación al cultivo vitivinícola, y ahora, yo creo que hay que intervenir para que el urbanismo no se desarrolle de una forma desorbitada”, dice Huneeus. En esta entrevista, junto a su socio Hernán Besomi, adelantan cómo será Maucolén.

  • 17 enero, 2019

«Mi sensación ya hace algunos años es que esta zona está recibiendo la presión de la población de Santiago y Valparaíso. Casablanca está en el medio, con una tensión muy alta por urbanizarse y más todavía si se hace el tren. Hemos visto lo terrible que es la urbanización sin planificación, que es muy común en Chile, desgraciadamente”, dice a Capital, el empresario vitivinícola Agustín Huneeus.

Radicado en California desde los 90, donde es considerado uno de los próceres de la industria vinera de esa región, el ex controlador de Veramonte vive ahora con un pie en Estados Unidos y otro en Chile. Tras la venta de esa viña a los españoles de González Byass en 2016, está concentrado en su negocio en Napa –Huneeus Vintners– y también desde hace algunos meses en Maucolén, su nuevo proyecto en Casablanca: un barrio privado, enclavado junto a tierras de Veramonte, bajo un concepto que engloba vivienda, paisaje y vino. Todo, con una inversión inicial de 40 millones de dólares.

El empresario cuenta que deambulaba por los terrenos de la viña, cerca de los cerros, cuando se le ocurrió la idea de replicar en Casablanca lo que ya había visto en Napa. Cuenta que en ese valle de California, la industria vitivinícola pudo sobreponerse a la presión inmobiliaria, gracias a la decisión de la comunidad de permitir que solo en las tierras que no eran las mejores para hacer vinos, se levantaran casas. Eso sí, bajo rigurosos estándares de calidad, renovación y respeto por el entorno.

A fines de octubre del año pasado, el presidente Sebastián Piñera anunció que en 2019 se realizará una licitación internacional para construir un tren rápido que conecte Santiago con Valparaíso, en apenas 45 minutos. Una de sus estaciones estará en Casablanca, que quedaría a tan solo 19 minutos de la capital.

Y aunque aún la iniciativa está en el papel, los expertos ya calculan que la comuna será una de las más beneficiadas por el aumento en el valor del suelo y las viviendas. Ya se habla de un próximo boom inmobiliario. De edificios y casas. Y todo eso entusiasma a Agustín Huneeus. Pero también le asusta, reconoce.

Por eso empezó a conversar su idea de intervenir en Casablanca, con Hernán Besomi, fundador y socio de la constructora Ebco y Megacentro. Y así fue como nació Maucolén. “No fue un proceso demasiado largo de negociación, llegamos a acuerdo bastante rápido en las cosas principales. En el fondo, rápidamente dijimos, ya, hagámoslo”, agrega Besomi.

Ficharon a la oficina de los arquitectos Alfredo Fernández y Matías González para el diseño de los inmuebles. La idea es que, en unos cinco años, Maucolén destelle en la lista de los barrios sustentables del país, marcando el estándar de urbanización amigable con el medioambiente.

Por ello, el plan considera incluir más de dos mil hectáreas para la conservación de flora y fauna nativa, ciento cincuenta hectáreas de viñedos y la donación de parte de las ventas –unos 15 millones de dólares– a distintas fundaciones, principalmente el Hogar de Cristo. Además, el proyecto contará con la asesoría de la Escuadra Ecuestre Palmas de Peñaflor, que dirige Alfredo Moreno Echeverría, el hijo mayor del actual ministro de Desarrollo Social, Alfredo Moreno. La idea considera hasta la posibilidad de levantar una medialuna.

Cambios de destino

A la salida del túnel, sobre la carretera que une a Santiago con Valparaíso está la viña Veramonte. Desde la autopista que atraviesa el valle rodeada de viñedos se abre un camino a mano derecha, donde a unos metros, se divisa la casona de Veramonte, verdadera insignia de la viña que Agustín Huneeus fundó en los 90. Hacia el noreste, unos cerros lejanos, de suaves lomas y quebradas esperan el inicio de las obras.

Huneeus sabe que cuando las grúas entren en aquel campo, se convertirá en uno de los barrios más exclusivos de la comuna. Y no quiere que termine siendo un pueblo dentro de otro pueblo. “No queremos que sea un nido de elite, queremos que sea diversificado, no vamos a invitar a puros pijes. Los valores de conservación, respeto por el entorno y la vida rural serán el corte, en el fondo. Es una invitación abierta, bien integrada, no segmentada, los valores lo permiten”, adelanta. La venta se hará por invitación.

“Es muy casual y muy raro que, a una misma persona, le toque participar dos veces en dos cambios de destino de una comunidad como Casablanca. La primera vez fue la transformación al cultivo vitivinícola, y ahora, yo creo que hay que intervenir para que no se desarrolle de una forma desorbitada el urbanismo”, reflexiona el empresario en la terraza de la casona de Veramonte. Al fondo, se divisa el terreno que ocupará Maucolén.

La inversión dará sus frutos en cinco años.

El proyecto de urbanización ya está aprobado y en el segundo semestre de este año se empezarán a construir las viviendas, que estarán rodeadas de parques, vegetación natural, animales silvestres y una laguna. También habrá caminos y zonas comunes para mantener el mismo estilo y coherencia del conjunto. “He visto en colegas míos que son de las ciudades, que, aunque sean románticos del vino, a la larga con la urbanización se pierde todo, incluso la viticultura. Yo provengo de Napa, donde eso no ocurrió, y hace 15 años que pensaba en cómo poder influir para que en Casablanca y en Chile tampoco suceda. Hernán, que es el padre de todo lo del urbanismo, y yo, que soy el abuelo de la viticultura, nos juntamos”, dice Huneeus.

-Ustedes saben que Casablanca ya está en el radar de otros desarrolladores. ¿Cómo pretenden enfrentar el interés de otros empresarios que busquen urbanizar más rápidamente la zona?

-Hernán Besomi (HB): Mi experiencia como desarrollador inmobiliario es que la mejor manera de preservar es desarrollar adecuadamente, no hay mejor manera de hacerlo. Si uno empieza a mirar la zona, el valle de Curacaví está lleno de parcelas, cada vez hay más parcelas. Hay una necesidad, por un lado, mientras más se desarrolla Chile también, de tener un lugar de descanso, donde haya un contacto con la naturaleza distinto al que se vive en la ciudad. Y la ciudad por su lado ha cambiado mucho. La composición de la vivienda es radicalmente distinta. Hoy, la gente prefiere vivir en departamentos. Entonces, hay cada vez más presión sobre los valles de la zona central y el litoral central. Yo comparto totalmente con Agustín la idea de preservar este valle, y para preservar no hay mejor manera que desarrollar.

-¿Y con solo un proyecto creen que baste?

-HB: Nosotros vamos a demostrar que este puede ser un desarrollo urbanístico, donde el ser humano pueda convivir con la cultura del vino que tiene el valle, con sus espacios naturales, sus cerros, su flora y su fauna. Vivir esta experiencia sin destruirla. 

-La experiencia de Napa ¿es verdaderamente replicable?

-Agustín Huneeus (AH): A mí por lo menos me inspira mucho el valle de Napa, que es un ejemplo mundial de desarrollo armónico, entre la presión urbanística y la protección vitivinícola. Es admirable, porque no se ha destruido la industria vitivinícola. La población de Napa ha crecido mucho, pero no como en Silicon Valley. Napa ha resistido la presión gracias a que cuando la comunidad empezó a sentirla, se hicieron reglamentos de protección en agricultura y urbanismo muy precisos.

-Pero también existe el riesgo de que la gente que tiene sus tierras no pueda resistir una oferta tentadora por sus parcelas de parte de una inmobiliaria…

-AH: Totalmente. Pero no sé si valdrá la pena mencionarlo. Hoy día una hectárea en Napa vale un millón de dólares, más que en cualquier parte de Estados Unidos, y cuando el desarrollo inmobiliario empezó la gente tenía dudas, porque no quería perder ningún derecho sobre sus propiedades y justamente la reducción de derechos, a través de reglamentos de protección y urbanismo muy claros, hizo que la tierra valiera más.

-HB: Desde ese punto de vista, si hubiera habido un criterio similar en la zona central de Santiago, es probable que hubiera habido un mejor desarrollo de la ciudad.

– ¿Por qué son tan importantes los reglamentos de protección en este proyecto?

-HB: Por supuesto que es un tema. Del total del predio, solo el 15% va a ser destinado a viviendas y los reglamentos no permitirán que haya más subdivisión que la que vamos a hacer ahora, por lo menos en unos cien años.

-AH: A la larga, una comunidad que tiene una parte habitacional y una parte agrícola hace muy bien. Nosotros en Napa tenemos lejos el mejor estándar de vida agrícola del mundo. Por eso mismo estamos manteniendo aquí esta viña. Hay ciertas partes que producen un vino que no se elabora en ninguna parte del mundo y esas tierras no las vamos a urbanizar, esas las vamos a proteger. Hay otras que son arenosas y que no son de tanto interés vitivinícola.

-¿Cómo pretenden conversar con el resto de la comunidad, de tal forma que este proyecto se inserte dentro de la comuna?

-AH: Hemos ido integrando a distintos actores, desde autoridades, hasta vecinos, para ver de qué manera este proyecto puede convertirse en un aporte a la comunidad, no solo desde el punto de vista del empleo y todo lo que pueda generar a futuro, sino sobre todo desde el punto de vista de ese ejemplo de cómo hacer un desarrollo que permita crear un lugar sostenible y sustentable para vivir.

-HB: Esto va a cambiar a Chile, ahora va a comenzar transformando el vecindario. Este desarrollo es con un criterio diferente, y esto puede cambiar al país, el sistema, la integración de lo urbanístico con el campo. Nosotros nos venimos a instalar aquí como un vecino. Estamos comprometiendo obligaciones de muy largo plazo. Este no es un proyecto de entrada y salida, no es que desarrollamos en dos años y nos vamos. Sin embargo, los hechos, el ejemplo de cómo hacer las cosas marcan la pauta, y las confianzas se van ganando en la cancha, no en los discursos.

Huneeus: “Yo nunca he hecho un estudio de mercado”

-Iniciativas similares han tenido problemas de venta. ¿Confían en que será exitoso?

-HB: Este proyecto tampoco es de un tamaño que mueva la aguja del mercado. En ese ámbito estamos tranquilos. Ahora… no hay proyectos sin riesgo. Los costos, la relación del proyecto es totalmente consecuente y competimos muy bien. Por lo tanto, si el mundo se cae, nos caemos juntos con el mundo, pero si eso no ocurre es una oferta de calidad, muy alta, que nos deja en una muy buena posición competitiva.

-AH: Yo nunca he hecho un estudio de mercado, me tiro con la intuición de que es una cosa fundamental para Chile, que recoge una cantidad de sentimientos y de movimientos que hay… es una solución bellísima para todos. Puede que se demore un poco más del año en la primera etapa, da lo mismo, para mí no es tanto el dinero, entonces no tengo problemas.

-También van a tener a mucha gente mirándolos…

-AH: Mi visión personal es que Santiago es una urbanización en crisis, por el tamaño, por la congestión, por el aire, por la sequía que hay. Es una ciudad que está sobrepoblada. No es una vida agradable la que se vive en la capital hoy en día. Entonces, el partir haciendo este desarrollo –me carga el término suburbio–, que tiene aire, que tiene buen clima, que tiene agua natural, que tiene todas esas cosas, debe ser un desarrollo fundamental para la ciudadanía, a mi modo de ver.

-¿Está contemplado el crecimiento del proyecto?

-HB: El número de viviendas está fijo en 240, lo que es una garantía claramente respecto de los compradores, eso es un compromiso. Y vamos a exigir de cada propietario un compromiso importante de respeto por el lugar donde viven, por la naturaleza y por la cultura en general.

Por su ubicación, se trata de un proyecto que es, no llamemos de segunda vivienda, sino complementario a la vivienda en Santiago. Pero esta idea posee una visión de más a largo plazo respecto de lo que va a quedar después. Aquello tiene que ver con este interés nuestro en influir en un cambio en la manera de desarrollar proyectos en algunos sectores como el área rural, respecto de cómo hacerlo para representarlos.

-¿Cuál será el rol de la Escuela Ecuestre Palma de Peñaflor?

-AH: En este esfuerzo por recuperar, realzar o fortalecer estos valores del campo chileno, el caballo es fundamental, y en esa línea queremos que parte del proyecto tenga un muy buen centro ecuestre, diseñado para hacer todo tipo de estas actividades. Y ¿por qué ellos? Porque han hecho una apuesta, a mi juicio, de calidad mundial por enaltecer las tradiciones del caballo chileno y de la cultura chilena por el mundo, con una cosa de muy buena calidad y que realmente genera orgullo. Y ellos están muy motivados con ser parte del plan en esta instancia, con posibilidad de tal vez en el futuro irse involucrando de una forma más activa.

También va a haber actividades vitivinícolas, de todas maneras. Los niños van a poder crecer viendo cómo la uva se transforma de verde a morada, y cómo esa uva después se convierte en jugo y cómo el jugo se transforma en vino, y cómo el vino se envejece o no se envejece, en fin, es muy lindo el proceso, para enamorarse del vino.

-¿La provisión de servicios como colegios está dentro del proyecto?

-AH: No vamos a partir con los colegios, claro. Mi esperanza es que, si aquí empieza a haber una comunidad y a la gente le gusta vivir aquí, quizá quieran hacer uno. Además, yo creo que va a tener una comunicación directa y rápida con Santiago si se construye el tren.

-HB: Hay una búsqueda de calidad de vida, porque, así como la ciudad crece y genera presiones de crecimiento inmobiliario, también hay una presión por recuperar la naturaleza, la vida de campo, la cultura chilena.

Los socios de Maucolén

Los socios de Maucolén son el propio Huneeus, a través de la Fundación Huneeus (15%); la constructora EBCO, ligada a Hernán Besomi (19%); IMAS, de los hermanos Matías y Alfredo Fernández Recart (19%); el ex ministro de Economía, Pablo Longueira (16,7%); el ex subsecretario de Turismo, Daniel Pardo (15%); el socio y gerente de IMAS EBCO, Fernando Rufín (6,7%); la secretaria ejecutiva de Compromiso País, Jacqueline Plass (5%), y el abogado Gonzalo Cubillos (3,8%).