Por María José López Fotos: Alejandro Barruel Christoph Schiess dice que hay que emular a los veleros. Que, tal como lo hacen esas embarcaciones, los empresarios deben moverse a favor del viento y saber esperar a que pasen las tormentas. “Debemos reducir el tamaño de las velas para pasar tranquilos las aguas turbulentas y después, […]

  • 11 julio, 2014

Por María José López
Fotos: Alejandro Barruel

Schiess

Christoph Schiess dice que hay que emular a los veleros. Que, tal como lo hacen esas embarcaciones, los empresarios deben moverse a favor del viento y saber esperar a que pasen las tormentas. “Debemos reducir el tamaño de las velas para pasar tranquilos las aguas turbulentas y después, cuando vuelva a salir el sol y el viento, habrá que revisar el rumbo, decidir si se va más hacia la derecha o hacia la izquierda”, ejemplifica.

La comparación no es al azar: dice que la situación política y económica “está agitada”, que por estos días reina la inestabilidad y la incertidumbre y que, por lo mismo, está en estado de alerta y expectante para ver cómo finalizará el vendaval. “Todos los emprendedores y empresarios están siendo más cautelosos y esperando cuál va a ser la definición y el acuerdo final al que llegue la presidencia con respecto a la reforma tributaria y las definiciones políticas que afectan el mundo de las inversiones”, indica.

Aunque hace dos años decidió dejar la presidencia ejecutiva de Empresas Transoceánica y varios de los directorios operativos en los que participaba –el Banco Internacional, Mellafe y Salas, Marinsa, filial del grupo Claro, las operaciones hoteleras– para dedicar más tiempo a “pensar Chile”, emprender y desde ahí hacer su aporte a la sociedad, Schiess sigue a la cabeza del buque.

Dejó la mesa de algunas compañías, pero se mantuvo en Endeavor, donde asesora a emprendedores y se convirtió en director de Simón de Cirene, fundación que apoya a microempresas. Decidió entonces crear un family office –antes se llamaba Inversiones Galilea, ahora lo rebautizó como IGneous- a través del cual pone sus fichas en innovación, gestión y emprendimiento. Por eso, las empresas que mira desde esa vitrina son más pequeñas, en edad temprana, que aqué llas en las que invierte Empresas Transoceánica.

Además, como socio de los colegios Dunalastair, analiza cómo innovar en educación y da charlas sobre emprendimiento en universidades.

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“En noviembre cumplí 50 años, edad que para mí simboliza un hito, una etapa de mi vida ya cumplida. Partí trabajando a los 22; es decir, llevo casi 30 años en esto. No le estoy haciendo el quite al trabajo. Pero tampoco quería seguir los próximos 20 igual a los últimos 20. Es bueno pensar en esa etapa de la vida donde quiere poner los puntos y el tiempo”, asegura.

– En la práctica, ¿qué ha cambiado? ¿Cuál es la diferencia con el nuevo Christoph Schiess?
-Empresas Transoceánica está entrando en una nueva fase de mayor desarrollo y profesionalización, fortaleciendo sus gobiernos corporativos. Pero sigo siendo la cabeza de esas empresas. Sólo salí del día a día y del área más ejecutiva, porque es bueno generar cambios y darle tiraje a la chimenea y también ver otros temas. Mi rutina es la misma. Pero delego más. Estoy tratando de estar menos horas dedicado a ver números, estadísticas de empresas y más en temas estratégicos. Por 20 años le dediqué 120% de mi tiempo a eso y ahora estoy más en la estrategia.

-¿Ha vuelto a tocar piano?
-No, pero espero hacerlo. De niño quise ser músico. Mis tiempos ahora los dedico a mis hijos. Antes esquiaba mucho, navegaba y volaba en planeador.

-También creó un family office…
-Lo formé hace tres años y así como el core business de Transoceánica es el negocio inmobiliario, el del family office es una plataforma para empresas en edad temprana, como Cerveza Kross, Framberry, Recsol para minería y Ecomsur/Magens que es un start up online. Los dos holdings están en el mismo edificio, pero sus modelos de negocios son distintos y sus gerentes también: Carlos Brito es el gerente general del family office, mientras que Juan Ignacio Domínguez, llegó hace un año como gerente general corporativo de Empresas Transoceánica. Actualmente, todos los gerentes somos en general de la misma edad. Hace un par de años seguían los ejecutivos de la generación de mi padre. Hoy, eso ha cambiado.

-¿Qué lecciones ha aprendido este tiempo?
-Miro con atención el ejemplo de grandes empresarios como Bill Gates, que armó la empresa más grande del mundo y luego decidió dedicar parte de su tiempo a una fundación que creó él mismo. O Warren Buffet, que donó todo. Estados Unidos es un gran ejemplo en ese sentido. Y a Chile le falta desarrollarse más. Que las empresas creen más proyectos filantrópicos, que aporten a la sociedad civil, que haya más emprendimientos sin fines de lucro que ayuden en las áreas que el Gobierno no considera. Ahí es donde podemos marcar la diferencia.

-¿Qué tiene en mente?
-Desde diciembre que recién estoy empezando a tener un poco más de tiempo y pensando qué quiero hacer en concreto. Desde hace algún tiempo recibo dos veces por mes a grupos de jóvenes que quieren emprender. Pero tengo en mente armar una organización educativa que se especialice en temas de innovación y emprendimiento. También quiero armar un fondo para apoyar pequeños emprendimientos. Eso lo quiero desarrollar y profesionalizar. En eso estoy ahora: pensando y creando cómo serán esas iniciativas. Creo que instancias así hacen falta en Chile. Porque los empresarios a veces están muy preocupados de la rentabilidad del negocio, que claro que es importante, pero no lo es todo. Hay que cambiar el switch, y es importante hacerlo ahora, cuando estamos en vísperas de alcanzar el desarrollo.

-¿A qué se refiere?
-Un país en desarrollo es un niño, en la fase al desarrollo es un adolescente con muchas inquietudes y uno más desarrollado es un adulto. Cuando el niño pasa a ser un adulto, la ropa ya no le cabe y hay que cambiarla. Y a medida que crece, hay que seguir haciendo ajustes. En estos últimos 30 años, en Chile estamos pasando de la adolescencia al desarrollo. Pero eso es mucho más profundo que haber alcanzado un ingreso per cápita de 20 mil dólares. Ser un país desarrollado significa más educación, más cultura, más convivencia, más debate, más diversidad, más apertura de mente y, al final, tener más calidad de vida. Todos los stakeholders de una empresa deben preocuparse de que sus proyectos sean beneficiosos para el lugar donde se instalan, que tengan valor agregado, para los consumidores y lógicamente también para los accionistas. No siempre lo más importante es la máxima rentabilidad financiera.

-¿Qué ejemplo concreto se le viene a la mente?
-Un proyecto súper emblemático fue HidroAysén. Llevamos cerca de siete años en la discusión del tema. Se han invertido, o gastado, más de 300 millones de dólares y todo indica que el proyecto ya no se hace. Pienso que la definición debió haber sido un poco más temprano. Los países más desarrollados debaten los temas más profundamente, porque la gente tiene un nivel de desarrollo más alto y va subiendo el requerimiento a los proyectos. Pero hay que mantener el sano equilibrio: que no se paren las inversiones porque los requerimientos ambientales se ponen demasiado estrictos. Si una empresa eléctrica mundial no es capaz de hacer un proyecto en Chile porque las reglas del juego son tan altas, va a elegir otro país. Tenemos que evitar que eso suceda. Estamos justo en ese proceso, y la línea es delgada. Escuchemos las exigencias, pero tampoco matemos todas las iniciativas.
Piñera y Bachelet

-Ese conflicto, como los otros que me menciona, fueron manejados durante el gobierno pasado. La última vez que lo entrevisté, me comentó que había votado por Sebastián Piñera. ¿Cómo evalúa su gestión?
-El gobierno de Piñera fue exigente con los empresarios y no estaba claro con qué bandera estaba luchando.

-¿Lo decepcionó?
-A veces su visión política no se transmitía muy claramente, el relato era poco claro y eso desorientaba. De que se hicieron muchas cosas y muy bien, es cierto, al igual que en los gobiernos anteriores de la Concertación. Cada uno de sus gobiernos tenía fortalezas y debilidades, pero lo importante es que como país hemos avanzado. Y espero que así siga siendo.

-¿Por quién votó esta vez?
-Prefiero guardar silencio.

-¿Políticamente, cómo se define?
-Como independiente, trato de tener siempre una visión bastante amplia y diversa. No soy de la opinión que uno u otro tiene toda la razón.

-¿Cómo evalúa al gobierno de Bachelet?
-Ya conocíamos a la Presidenta de su primer gobierno y estaba bien expectante para ver qué nuevas ideas iba a traer de vuelta a Chile tras estos años de experiencia fuera del país y trabajando en la ONU. Se apresuró un poco, tanto ella como su equipo. De repente medidas muy drásticas generan reacciones adversas. Pero quiero creer que era parte de la ansiedad de llegar a los 100 días con varias promesas anunciadas. Ahora debiera venir la calma y definiciones. Si miro para atrás, el gobierno del Presidente Piñera partió también con una tremenda ansiedad, con declaraciones como que en 20 días se iba a hacer lo que no se hizo en 20 años. Así como el gobierno de Piñera partió con un terremoto físico, aquí se partió con un terremoto político.

-En el anterior gabinete tenía varios conocidos…
-En este gabinete los conozco menos. Hubo un recambio de políticos. Con la Presidenta estuve varias veces en su anterior gobierno y a Javiera Blanco, la conozco por ser amiga de mi señora, ya que trabajaron un proyecto en Paz Ciudadana.

 

Las reglas claras

-Hace cuatro años en una entrevista me dijo que jamás viviría en Alemania, que prefería Chile porque este país da confianza para invertir: las instituciones funcionan y las reglas son bastante claras. ¿Sigue pensando igual?
-Mi respuesta hoy es distinta. Porque no usaría la palabra nunca. Sigo viviendo muy feliz en Chile y espero seguir haciéndolo aquí hasta el fin de mi vida. Pero claro que Alemania es un país sumamente interesante, y cada vez más es un referente para mí y un modelo para seguir avanzando. Sus instituciones están más desarrolladas y maduras que Chile.

-¿Las reglas aquí siguen siendo claras?
-Hasta ahora las reglas son claras. Pero va a ser súper importante ver qué pasa en los próximos meses. Porque estamos en un proceso de análisis y discusión de varios temas profundos e importantes que se han planteado en estos últimos 3 meses. Hasta que no quede claro cuál va a ser la definición general, vamos a seguir en un proceso de inestabilidad. Por lo mismo, es importante que estas discusiones y redefiniciones no se alarguen demasiado.

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-¿Cómo ha visto la reacción del empresariado frente a la reforma tributaria?
-A todos nos impresionó lo fuerte que son los cambios que sugieren. Proponer que un impuesto que estaba en 17%, ahora sea de 35%, es decir casi el doble, me parece un poco fuerte. El primer borrador era muy fuerte… vamos a ver cómo queda el proyecto final. Pero, mientras eso no ocurre, hay incertidumbre y posiciones bastante diversas.
Es importante que se logren consensos, que se tomen las opiniones de los expertos. Pero si, finalmente, prima la iniciativa presentada inicialmente por el Gobierno, pienso que puede ser muy malo para el país: el ánimo va a seguir tenso y eso genera inestabilidad.

-¿En qué posición está usted frente a esta reforma?
-Atento. La cosa está agitada. Tengo esperanza de que este Gobierno, liderado por la Presidenta Bachelet, llegue a buenos acuerdos para que el país se pueda seguir desarrollando con la misma estabilidad que en el pasado. Ahora, entre un ajuste y una reforma, hay diferencias importantes. Yo preferiría que se hicieran ajustes, antes que reformas tan drásticas. Temo que los cambios rotundos desestabilicen por períodos demasiado largos y entorpezcan el proceso de desarrollo que hemos podido vivir estos últimos 25 años.

-Usted es director de Endeavor y tiene un vínculo directo con los emprendedores. Desde esa tribuna, ¿comparte la opinión de Juan Pablo Swett, presidente de la Asech, de que la reforma tributaria daña a los pequeños y medianos emprendedores?
-Es verdad que emprendedores, empresas startups, y de la pequeña y media industria generalmente tienen una debilidad en el flujo financiero mayor a empresas maduras y desarrolladas. En ese sentido, esta reforma afecta más a aquellas empresas que a una madura, claro que sí.

-¿Cree que esta reforma atenta contra el crecimiento y desarrollo de Chile y a los emprendedores, como lo plantea Swett?
-Así como está planteada, sí. Pero tengo la esperanza de que cuando el Gobierno asegura que quiere fomentar la pequeña y mediana industria, habla en serio. A todos en Chile nos conviene fomentarla. Las pequeñas empresas pueden morir si no logran ahorrar y acceder a financiamiento. Y si mueren, es muy malo para el país, porque son grandes generadoras de empleo.

-¿Cree que el Gobierno está tomando en cuenta las aprehensiones de su sector?
-Estas últimas semanas se ha visto un cambio de actitud en el Gobierno, en su intención por escuchar y considerar otras opiniones. Junto a la reforma tributaria se van a buscar incentivos a la inversión, que es lo que más preocupa. En el Senado se está discutiendo el asunto con más especialistas, con ex ministros. Se está notando una discusión un poquito más profunda, balanceada y seria que al inicio. Pero estoy de acuerdo con el ex ministro Genaro Arriagada, quien dijo que fue un cierto error político del Gobierno haber lanzado toda su batería de reformas en los primeros 100 días, porque lógicamente generó inquietud y con eso, inestabilidad.

-¿Pero coincide con que había elusiones, incluso evasiones que era necesario corregir?
-Lógicamente, todo siempre se puede perfeccionar y en ese sentido estoy de acuerdo. Pero hay que ser cuidadoso. Los cambios no deben ser demasiado radicales y el país no debe dejar de ser competitivo. Un ejemplo claro es Francia. Cuando asumió Hollande, una de sus primeras medidas fue subir al 70% el impuesto a los altos patrimonios. ¿Qué pasó? Al poco tiempo, los franceses hasta cambiaron de residencia para esquivar esa nueva ley, porque hicieron de Francia un país poco competitivo.

-Y ahora están bajando los impuestos…
-Claro, se dieron cuenta, y están operando al revés del inicio. Esa experiencia Chile la tiene que evitar. Ya nos ocurrió con el Transantiago. Yo estoy a favor de que hagamos una reforma, que se haga bien, pero que no nos pase eso que nos vamos de la A a la Z, y que vamos a tener que volver a medio camino.

-¿Cambiaría de domicilio?
-No lo he pensado. Pero a cada día su afán. Personalmente, soy de la opinión de que no hay que vivir como esclavo de las leyes públicas, mejor dedicarse a ser músicos.

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-Como director de empresas y de Endeavor ¿ha participado en esta discusión?
-Formalmente no. Pero he hablado con varios empresarios. Lo vemos en los diarios, es uno de los temas centrales y candentes en Chile, para el mundo económico es el tema más importante hoy en día. La reforma tributaria es discusión de todos los directorios (es director de Transoceánica, Sudamericana de Vapores, SM SAAM, etc.) y claro que se mira con preocupación, porque el cambio de ciertas reglas puede tener una injerencia muy importante en el funcionamiento de un negocio. En Endeavor, donde participan Salvador Said, José Luis del Río, Enrique Cueto, Jorge Errázuriz, Karina von Baer y Jorge Nazer también ha sido un tema.

-¿Cómo miran ahí este tema?
-Coincidimos en que Chile estaba atrasado en ciertas materias. Lo importante es que el país siga siendo competitivo y atractivo. El mundo financiero se mueve como el agua. Hay muchos fondos internacionales que se desplazan por el mundo, dependiendo dónde se combinan bien factores clave como las reglas claras, estabilidad económica y laboral. Lo más importante es que vayamos ajustando el motor, pero sigamos siendo un país atractivo en el entorno internacional.

-Hoy es considerado uno de los empresarios más diversificados del país. ¿Es mejor o peor en un momento de incertidumbre?
-Una reforma tributaria de alguna forma va a pegar a todas las empresas por igual. Para ese tema, no es tan relevante, pero lógicamente, como lo hablamos antes, para las empresas más chicas tiene otros efectos que para las más grandes. Hablando de la diversificación, todo en la vida tiene sus pro y sus contra, unos prefieren especializarse y otros tener varios huevos en canastas distintas.

-El puntal de Transoceánica es el inmobiliario. Tienen proyectos en varias partes de Santiago, terrenos en La Dehesa, en Santa María de Manquehue y en Huechuraba, entre otros paños. ¿Cómo lo afecta la reforma?
-Si se aprueba tal cual, el sector inmobiliario y construcción va a estar afectado. Pero no me atrevo a decir que será más afectado que otros sectores. Hemos puesto pausa a varios proyectos, por ahora, navegaremos como un velero esperando que las aguas se calmen. •••

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Radiografía al holding

Empresas Transoceánica hoy controla las operaciones de los hoteles Termas Puyehue, Hanga Roa, Cottage de Uruguay y es socio de Alto Atacama. Tambièn maneja Agua Mineral Puyehue, el puerto Muelles de Penco, y es fundador del Teatro del Lago. Administra participaciones en Sudamericana de Vapores, SM SAAM, Marinsa, Copec y Cencosud y Kidzania. Schiess es socio, además, del Banco Internacional.