Por Cecilia Piñera, infectóloga
Foto: Verónica Ortíz
Año: 2045

  • 18 agosto, 2019

Finalmente lo logramos! Luego de años de incesante trabajo de los equipos de salud, educación y divulgación científica, y miles de  brotes a nivel mundial, estamos a unos pocos pasos de lograr la erradicación del sarampión en el planeta. Durante el año 2043 solo se registró un brote aislado de esta enfermedad en un poblado en África, en una comunidad con dificultades en su acceso para vacunación. Esto es un gran logro para la humanidad, considerando los obstáculos que se tuvo que superar para lograr la erradicación de una enfermedad que tiene únicamente reservorio humano y que posee una vacuna segura y efectiva para prevenirla, ampliamente disponible desde el siglo anterior. Sin embargo, hace menos de 30 años, durante el 2017, se registraron 110.000 fallecidos por sarampión a nivel global, cifra que aún duele en las conciencias de las sociedades, debido a que esas muertes eran prevenibles y fue nuestra laxa conducta expectante la que permitió la proliferación de grupos escépticos que, con el surgimiento de las redes sociales, difundieron noticias falsas por Internet, penetraron los medios de comunicación y lograron confundir a la población general y a nuestros líderes.

El poder comunicacional de los entonces llamados grupos “antivacunas” afectó negativamente la cobertura de la inmunización contra el sarampión, disminuyendo a niveles menores a 60% en el país, con el consiguiente aumento de casos y muertes, principalmente en niños menores de un año de vida y en niños con cáncer y trasplantados.  Así, en 2023, en Chile se registró el lamentable récord de más de 1.000 niños fallecidos por esta enfermedad, 91% de ellos menores de 5 años. Chile había estado libre de la circulación de sarampión autóctono desde 1993, pero a partir de 2010 se empezaron a ver casos provenientes de otros países, y ya el 2021, por la baja cobertura de la vacuna, aumentó la circulación de este virus intensamente transmisible. Posterior a esta tragedia en la salud pública chilena, se hizo una gran campaña a nivel nacional, en que participó no solo el Estado a través del Ministerio de Salud, sino también la sociedad civil, lográndose volver a coberturas sobre el 95% de la vacuna, que permitieron controlar esta pandemia.

Pero el país anotó un triunfo no solo en la erradicación del sarampión, sino también de otras infecciones inmunoprevenibles, como varicela, hoy conocida como “peste antigua”. El año 2020, el Ministerio de Salud incorporó la vacuna varicela al Programa Nacional de Inmunizaciones, generando una rápida caída de los casos, de 19,1/10.000 habitantes el año 2018, a <1/10.000 en 2044. Esto generó un impacto también en la mortalidad asociada a varicela (se le asociaba una letalidad de 0,4 a 1,2%), y en los costos en salud derivados de la hospitalización. El año 2020, cuando se incorporó al Programa Nacional de Inmunizaciones, los pediatras de la época celebraban la medida y decían que además apuntaba a disminuir la desigualdad en salud, ya que antes solo accedían a la vacuna los sectores más acomodados que la podían financiar.

La incorporación de las vacunas ha sido uno de los avances científicos más importantes para la humanidad, siendo la segunda medida, después del uso de agua potable, que más vidas ha salvado en la historia. Pero lo que hoy vemos como obvio, que es mantener altas coberturas de vacunación, hace décadas atrás era discutible por grupos desinformados que sacaban conclusiones erróneas, con interpretaciones poco rigurosas de reacciones adversas individuales y aisladas, logrando acaparar la atención de los medios de prensa, quienes les dieron amplia cobertura, haciendo creer que existía un debate respecto de la seguridad de las vacunas utilizadas. Fue necesario que el país y el mundo volvieran a ver enfermedades que habían desaparecido o estaban controladas, como niños discapacitados por polio, fallecidos por sarampión o varicela, niños mutilados a consecuencia de meningococcemias, y un recrudecimiento en cánceres de cuello de útero y hepático (ambos prevenibles con vacunas), para que escucharan la voz de los expertos y valoraran el enorme beneficio de la protección que dan las vacunas, que supera con creces cualquier posible reacción adversa. Por eso no debemos olvidar la historia… Estas temibles enfermedades ya no las vemos, pero para que sigan siendo parte del “pasado” debemos seguir previniendo. Por eso, aquella vieja frase “Las vacunas salvan vidas” hoy retoma nueva fuerza.