Hace rato que venían craneando algún negocio. Algo propio. Porque Agustín Guilisasti e Ignacio Gutiérrez (27) perfectamente podrían haber trabajado en Concha y Toro o Multiexport, las empresas de sus familias. Habría sido el paso natural. Pero eligieron otra ruta. Después de la pega –ambos trabajaban como empleados en el sector financiero, Guilisasti en Tanner […]

  • 28 enero, 2013
Agustín Guilisasti e Ignacio Gutiérrez

Agustín Guilisasti e Ignacio Gutiérrez

Hace rato que venían craneando algún negocio. Algo propio. Porque Agustín Guilisasti e Ignacio Gutiérrez (27) perfectamente podrían haber trabajado en Concha y Toro o Multiexport, las empresas de sus familias. Habría sido el paso natural. Pero eligieron otra ruta.

Después de la pega –ambos trabajaban como empleados en el sector financiero, Guilisasti en Tanner y Gutiérrez en Bice Inversiones– se juntaban a tirar líneas en el Club de Golf. Hasta que se contactaron con Juan de Antonio, un español que había coincidido con Pablo Guilisasti, hermano de Agustín, en Stanford. De Antonio había creado la aplicación Cabify (abreviación de Cab for You), una plataforma para reservar autos y van de lujo vía smartphones o computador. Un sistema de taxis premium a la puerta 24/7 que opera en España, Perú, México y que quería extender a Chile.

“Siempre me gustó la idea de tener mi negocio y no meterme a la empresa de mi familia al tiro, lo que es más fácil. Mi abuelo emprendió, mi papá también y nos abrieron la ventana para hacerlo”, comenta Agustín, hijo de Pablo Guilisasti, director de Concha y Toro y de Frutícola Viconto. “Si uno se mete desde un principio al negocio familiar no sale nunca más, ésta era la oportunidad de hacerlo”, complementa Ignacio, hijo de José Ramón Gutiérrez, vicepresidente ejecutivo de Multiexport.

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A las 3 de la tarde de un día lunes un Audi Station último modelo nos espera en Apoquindo. Afuera hay 31 grados. Adentro del auto –con asientos de cuero– unos agradables 19. Nelson López es nuestro chofer vip que nos llevará en el recorrido. En su smartphone recibió la georeferencia del punto donde nos recogió. Y también tiene claro nuestro destino. Con Cabify no hay transacciones monetarias. Una vez que termina el servicio, se carga automáticamente a la tarjeta de crédito del usuario y se envía un recibo vía email.

“La gracia de Cabify es la inmediatez. En Chile existen servicios personalizados de autos de lujo, pero es lento, te cobran un mínimo, hay barreras de servicio. Con este sistema tú aprietas un botón y te vienen a buscar”, explica Guilisasti. Al momento de hacer la solicitud, el sistema rastrea el auto más cercano al usuario y el chofer confirma con un mensaje de texto al teléfono del cliente que recogerá en pocos minutos más. El servicio considera la posibilidad de rastreo en tiempo real, es decir, si la señal se pierde por más de un minuto o cambia la ruta, el pasajero es consultado vía telefónica para garantizar su seguridad.

En España Cabify ha sido todo un éxito. Actualmente opera en Barcelona y Madrid y ya factura cerca de 3 millones de dólares anuales. Para implementarlo en Chile, Guilisasti y Gutiérrez –accionistas de la empresa– tuvieron que levantar 500 mil dólares. Hoy cuentan con un equipo de 5 personas más una flota de 30 Audi y Mercedes. De ahí para arriba. “Los autos no son nuestros. Funcionamos con un sistema de arriendo a colaboradores que por lo general prestan servicios a hoteles. Para ellos ha sido muy bueno porque en los tiempos muertos trabajan con nosotros. Además son conductores que hablan inglés y están acostumbrados a atender público”, explica Guilisasti.

Pasajeros VIP

La nueva ley de alcoholes, dicen los socios, ha representado un cambio cultural que ha favorecido el negocio del transporte privado. Y Cabify ya cuenta con una base de 2000 clientes que han descargado la aplicación. Entre ellos figuran Hernán Fontaine, Carlos Alberto Cartoni, Pilar Matte (hija de Eliodoro Matte) y Rafael Guilisasti, tío de Agustín.
Si bien pensaron que el servicio sería más utilizado por un público mayor, a poco andar se sorprendieron con la respuesta de los jóvenes. Y hasta novios han llevado a la vuelta del matrimonio.

¿Cuánto vale la gracia? $1.050 por kilómetro y $270 por minuto. “Cabify es un 25% más caro que un radio taxi. Por ejemplo, un viaje desde el Metro El Golf al aeropuerto cuesta 26 mil pesos. En trayectos cortos, los valores son similares a un radio taxi ya que no cobramos la llamada ‘bajada de bandera’ con la que ellos operan”, agregan.

Hasta ahora, el principal desafío que han debido enfrentar son las horas punta (entre las 6.30 y la 10 de la mañana, y la noche). “Hemos logrado bajar el tiempo de espera a 12 minutos. Estamos trabajando también en mejorar la aplicación tecnológica y en caso de un not found (que el cliente no consiga auto) le regalamos un descuento para el próximo viaje”, comentan.

Estos chicos no se andan con chicas. La meta de este año es aumentar en un 40% la facturación y el número de viajes –que por ahora bordea los 40 diarios– y lograr entre 1,5 y 2 millones de dólares en ventas. Nunca dejando de sorprender a sus clientes, dicen. Para fin de año, por ejemplo, les regalaron una botella de champaña a sus pasajeros vip. La única condición fue que no la tomaran dentro del auto. •••