El economista belga es radical en sus planteamientos y no usa eufemismos a la hora de cuestionar el aporte ecológico de las grandes organizaciones mundiales. por su parte llama a la acción y para eso tiene a más de 3 mil expertos a cargo de implementar unos 200 proyectos bajo las bases de la economía azul.

  • 8 noviembre, 2018

Hacer que cerdos convivan con gallinas generando una relación donde los primeros son desparasitados por las aves y luego ellas se benefician con el calor producido por los chanchos, de modo que la producción de huevos no se interrumpe durante el invierno. Aprovechar la producción de leche de cabra de una comarca de Vizcaya para fabricar yogurt en lugar de queso, ampliando notoriamente los márgenes de productividad. Organizar una expedición de cinco años alrededor del mundo con el primer barco hidrógeno-solar 100% ecológico. Esta última travesía, bautizada Race for Water, forma parte de las soluciones creadas por el belga Gunter Pauli aplicando los conceptos de la Economía Azul, filosofía planteada por el economista como reinvención de la economía verde e implementada a través de su think tank llamado Zeri (Zero Emissions Research and Iniciatives). La premisa es pasar a la acción y generar soluciones que resulten tan prácticas y rentables, como sustentables. A eso se dedica una red de 3.100 científicos y 3.000 emprendedores a cargo de más de 200 proyectos. 

Pauli (62) es provocador y utiliza un lenguaje directo al momento de dirigirse a las audiencias. En esta ocasión se trata de los más de doscientos convocados a la primera cumbre de gobiernos locales por el cambio climático en Rapa Nui. Fue el encargado de abrir el encuentro y comenzó sacando risas del público al referirse a la peor enfermedad que azota actualmente a la humanidad: la paja mental. Así explica cómo luego de participar en tres Conferencias de las Naciones Unidas por el Cambio Climático (COP) decidió marginarse de este tipo de instancias donde, según él, los discursos y las buenas intenciones no llegan a concretarse. 

-Usted propone soluciones que parecen muy sencillas y plantea que hemos sido tontos todo este tiempo. ¿Cómo se explica la tontera del ser humano? ¿Es falta de creatividad o acomodarse a un modelo que se supone le convenía?

-Somos ignorantes, ese el gran problema. 

-¿esa ignorancia tendrá que ver con algo de soberbia?

-Siempre hemos sido ignorantes porque nunca nos hemos aproximado a la naturaleza como a un maestro, observándola y aprendiendo de ella. Tenemos un modelo de negocios que es muy industrial, separado de la emoción y de los seres vivos. No consideramos al animal como un ser inteligente, entonces creemos que conviene engordar a un chancho en cinco meses, para luego venderlo al mejor precio. Todo nuestro marco de pensamiento se ha enfocado en la productividad. Después de que la Guerra Fría y el comunismo se acabaron, el modelo capitalista era el único que nos parecía lógico. Pero yo pienso que este nos convirtió en seres ciegos, ignorantes e insensibles a otras opciones, porque nuestro objetivo es ganar más con menos esfuerzo.

-Quizás no nos convenía pensar…

-Exacto. Y, además, estamos confrontados con una realidad que ¡caramba! Tenemos que transformar nuestro sistema y es exactamente mi planteamiento. 

-¿A eso se refiere cuando habla de esta enfermedad mundial que es la paja mental?

-La pura paja, ¡claro! Porque nosotros sabemos que tenemos que hacer algo pero no nos comprometemos públicamente de hacer algo más allá del blablá. Mira el cambio climático; estamos confirmando el camino que estamos siguiendo, así no vamos a cambiarlo. Decimos: “¡Ay, Estados Unidos se retiró del Acuerdo de París!”. Perdón, pero miremos mejor al sector marítimo y lo que ellos contaminan. Segundo, Internet está excluido del Acuerdo de París y no contabilizamos su consumo energético. Hay más de dos mil millones de routers permanentemente encendidos, pero nos preocupamos más de apagar una lámpara en la noche. 4,5 mil millones de personas cargan sus teléfonos con un transformador, porque estos aparatos no son cargadores, sino transformadores de energía. Esta es la hipocresía del momento y por eso necesitamos pasar a la acción.

-Sus soluciones surgen a partir de experimentos, y partiendo de la base de que existen los imponderables, ¿en qué porcentaje el fracaso forma parte de su experiencia?

-Nunca tenemos fracasos porque aprendemos.

-Ok. Pero hay ideas que no funcionan…

-No. Todo funciona, pero demora. Por ejemplo, hicimos un proyecto de fabricar papel piedra que tardó 17 años, pero yo no iba a renunciar a él porque sabía perfectamente que si lográbamos fabricar papel sin agua, utilizando los deshechos de la minería, sería una gran transformación. Nuestra fundación se compromete a perseguir el resultado final. 

-O sea la paciencia y la constancia son parte de su metodología.

-Sí, eso forma parte de cada proyecto que aceptamos, pensar en el largo plazo. Siempre es para 20 o 30 años más. Se trata de un compromiso que involucra formación y construir confianzas por ambos lados. Se trata de entretejer múltiples alternativas de ingresos para la población local, eso, con los años, genera un efecto multiplicador en la economía. Primero tener un proyecto piloto que funcione de palanca para luego comenzar un segundo, tercero, cuarto, etcétera. Según nuestra experiencia, después de que tienes cinco o seis proyectos en camino, todo anda solo.

-¿Cómo se estructura su equipo? ¿Está encima de todos los proyectos? 

-A veces soy la mosca en la pared que escucha; otras, el fotógrafo y generalmente, el que se encarga de complicar la vida de todos (ríe). Pero también necesito dejar a personas en terreno a cargo del seguimiento de cada proyecto. La única manera de mantener 200 proyectos en paralelo es delegando. Eso lo entendí luego de montar 12 empresas en 12 años de mi vida anterior.

-¿Cómo define su vida anterior?

-De emprendedor patológico. Si no lograba crear una nueva empresa cada año, me sentía mal por estar perdiendo oportunidades. Hoy me doy cuenta de que en 20 años pude hacer 200 proyectos, simplemente confiando en la gente. 

-¿Y ese traspaso de una vida a otra tuvo algún punto de inflexión?

-Claro, una crisis. La vida siempre mejora pasando por una crisis. Si no has pasado por una, ya va a venir. Mi crisis tuvo que ver con asistir a tres COP y darme cuenta de que entonces había poco interés real en trabajar por un mundo mejor. 

-¿Eso ha cambiado?

-Claro, hay mayor capital e inversión. Hoy existen movimientos dedicados a hablar sobre la necesidad de generar cero emisión, pero todavía falta implementación. Por eso me siento muy afortunado de tener miles de emprendedores transformando la economía. 

-¿Se ha hecho muchos enemigos en el camino debido a su estilo directo? 

-Claro, hay gente que piensa que soy demasiado rupturista, y tienen razón. Este es un mundo que no tiene un futuro si no lo transformamos radicalmente y no estoy dispuesto a tolerar lo contrario. 

-¿Cómo podría diferenciar el concepto de economía azul de la idea de economía circular? 

-La economía circular acepta el modelo de negocios de hoy; economía de escala, producir más barato, generar basura para luego reciclarla. Yo no. Lo que propongo es una transformación real del modelo de negocios.

-¿Ese modelo podría estar circunscrito al capitalismo o tiene que salir de ahí?

-Es capitalista, pero mi enfoque es utilizar lo que está localmente disponible para responder a la necesidad de la gente. Porque actualmente estamos viviendo de la exportación para satisfacer la demanda exterior a un precio bajo. La economía circular es una buena iniciativa, pero no va a cambiar la realidad, solo va a disminuir los efectos nocivos del modelo actual.

 

De Fábula 

El economista actualmente dedica la mitad de su tiempo a escribir fábulas infantiles, a través de las cuales pretende educar a los niños en el respeto al medioambiente y la importancia de trabajar en comunidad. Partió escribiéndolas para explicarles a sus seis hijos en qué consistía su trabajo. Hoy, lleva más de 280 historias escritas y 144 publicadas, todas ilustradas por su esposa Katherina Bach. “Yo sé que con los viejitos ya es difícil, entonces necesito tener el diálogo con los niños y con los jóvenes. Incluso cuando me dirijo a adultos, lo que hago es tratar de despertar al niño que todos llevamos dentro y que reacciona ante lo que no le gusta”, cuenta Pauli. 

-¿Son los niños de hoy más sensibles al ecologismo?

-Todos los niños son siempre muy sensibles. No es algo de ahora ni de ayer ni del futuro. El problema es que han sido bombardeados con malas noticias todo el tiempo: ven matanzas en televisión, destrucción de corales y derrames de petróleo. Pero los niños son pequeños científicos y emprendedores, todos quieren hacer algo. El mejor regalo que he recibido en la vida es que el gobierno chino decidiera distribuir mis fábulas en sus colegios.  

-Pero al mismo tiempo, China es el mayor contaminante del mundo.

-Bueno, pero los chinos heredaron la industrialización desde Occidente. Los gringos y los europeos ahora los critican, pero ellos les enseñaron este modelo sin calcular que con 1,3 mil millones es un poco más complicado que con 50 millones.