Por: María José Gutiérrez Fotos: Verónica Ortíz No es fácil de entender lo que el economista Gunter Pauli hace. Porque en cierta forma desafía la lógica. En palabras simples, tiene una red global de tres mil científicos que diseña nuevos modelos de negocio a través de un think tank llamado Zeri (Zero Emissions Research and […]

  • 24 noviembre, 2016

Por: María José Gutiérrez
Fotos: Verónica Ortíz

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No es fácil de entender lo que el economista Gunter Pauli hace. Porque en cierta forma desafía la lógica. En palabras simples, tiene una red global de tres mil científicos que diseña nuevos modelos de negocio a través de un think tank llamado Zeri (Zero Emissions Research and Iniciatives) y de un “do tank” llamado Economía Azul. Ya son más de 200 las empresas que funcionan a través de este sistema, que podría describirse como radicalmente sustentable.

Un ejemplo: sólo un 0,2% de un grano de café se utiliza en bebidas. El 99,8% restante se pierde. En Rotterdam, para aprovechar los 120 millones de kilos de desechos de café, una piscina pública que estaba abandonada se convirtió en una fábrica productora de champiñones, además de compost, gusanos y enzimas.

Otro caso: producir papel sin agua a partir de los relaves de la minería, utilizando 80% de estos desechos y 20% de polímeros reciclados de botellas pet. “No hay nada que se le compare, pero lo creamos. Y ya tenemos un millón de toneladas de producción anual”, explica Pauli, quien vino a Chile invitado por el Fiis a dar una conferencia. Su agenda incluyó reuniones con Sebastián Piñera, Ricardo Lagos; el ministro de Economía, Luis Felipe Céspedes, y Maya Fernández.

De origen belga, pasa tres meses al año en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, donde vive desde 2011 junto a su familia. Otros tres meses los dedica a capacitar a profesores, sobre todo en China, para que cambien la forma como enseñan a los niños. El resto del tiempo lo divide entre las 25 conferencias que dicta al año, la supervisión de negocios y la identificación de nuevas oportunidades. Sin ir más lejos, el presidente Mauricio Macri le pidió hacer en 2017 una revisión de las oportunidades y proyectos para Argentina, que tengan consenso entre sindicatos, académicos, políticos y empresarios.

-¿Qué se puede hacer en Chile?

-Esto toma tiempo. Primero tengo que escuchar. Lo que voy a hacer es mirar a los ojos, ver si estamos de acuerdo, porque yo no quiero convencer a nadie.

El efecto del aceite de palma

En 1994, Pauli fue invitado a participar en la preparación del Protocolo de Kioto, para “imaginar un modelo de negocio con cero emisiones”, algo que finalmente no ocurrió. Tres años antes había escrito el primer artículo donde sostenía que no había que reducir las emisiones, sino emitir cero, y en 1992 había desarrollado la primera fábrica de detergentes que aplicaba esta tecnología en Bélgica. “No fui un hippie, ni parte del flower power de los sixties, yo fui un empresario que competía perfectamente con Procter and Gamble y Unilever, tenía hasta 10% del mercado sin publicidad”, recuerda.

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Para tener una idea de su intensidad creativa, la fábrica de detergentes fue su emprendimiento número doce. “En un momento me convertí en el mayor comprador de aceite de palma en Indonesia. Cuando fui invitado a ese país pude ver con mis propios ojos que estaba destruyendo el bosque tropical, porque el aceite era un producto biodegradable pero no sustentable. Eso cambió mi percepción. Lo que tenía que hacer no era sustituir un aceite sintético por un aceite natural, sino cambiar el modelo de negocio. Y desde entonces lo estoy haciendo”, asegura.

Mientras toma un vaso de agua, cuenta que para él y para mucha gente, la economía verde era un sueño, pero en 2006 se convirtió en una realidad muy dura: “Todo lo que es bueno para ti y para la naturaleza, es costoso. Termina siendo para ricos, y así nunca vamos a ver una transformación de la economía”, asegura. Por eso, dio origen al concepto de una economía azul –por el color de la Tierra, el aire y el mar–, que empuja la integración vertical de la cadena de valor.

-¿Cree que la economía verde es un modelo que no es aplicable a la realidad?

-Es una economía para el 1% de la población y ni siquiera hoy, después de 40 años de esfuerzo, representa ni el 1% de la economía mundial. Tenía que ser un cambio mucho más profundo. En el caso del café, por ejemplo, hago seis productos y gano mucho más con el residuo del café instantáneo que utilizo para hacer otras cosas, como ropa.

-¿Quién es el dueño de las 204 empresas que ha desarrollado con esta lógica?

-Yo no quiero ser dueño de nada, quiero ser libre de la propiedad. Soy budista, no creo para nada en el dinero y las acciones. Quien partió con la iniciativa, tiene que ser dueño de la iniciativa. Nosotros somos open source, compartimos todo. Tienes que pensar distinto, porque todo lo que hemos organizado hasta ahora no ha logrado cambiar fundamentalmente nuestra economía. Seguimos con un desempleo y una pobreza tremendos, por eso nos hemos organizado en lo que llamamos una no organización.

-¿Cómo funciona?

-Somos líderes en manejo de una red, con 34 organizaciones locales. La gran diferencia de este modelo de negocio es que nunca nos enfocamos en un producto, nosotros analizamos los grandes temas del mundo. Por ejemplo, no hay suficiente agua potable. La lógica de cambiar el consumo del agua no es diciendo tenemos que instalar un inodoro que consuma seis litros y no nueve: eso no va a cambiar la situación. Lo que sí va a cambiarla es producir papel sin agua.

-¿Cada invento está patentado?

-Claro, porque queremos decidir quién se beneficia. Si BHP Billiton quiere el conocimiento, podemos discutirlo; nosotros sabemos que el papel sin agua genera un ingreso de mil dólares por tonelada y queremos saber qué van a hacer con esos mil dólares. ¿Van a pagar solamente a sus accionistas? ¿Van a hacer más eficiente el sistema y despedir a otras 500 personas? ¿O vamos a hacer un sistema que realmente genere una riqueza para una región? Nuestro objetivo no es tecnología ni empresa, es desarrollo en la región, desarrollo territorial.

Revolución escolar

A sus 60 años, Gunter Pauli tiene seis hijos: cinco hombres y una mujer. Para explicarles en qué consistía su trabajo partió escribiendo cuentos y fábulas sobre cada uno de los más de 200 proyectos en los que se ha involucrado. Junto a su mujer, Katherina Bach, los ha ido publicando en forma de libros ilustrados, que han sido una gran fuente de ingresos. “Tenemos 340 millones de lectores en China”, dice. Sus hijos han sido educados en Bélgica, Zimbabue, Sudáfrica y Japón, siempre en la casa. “Para que no paren de aprender”, asegura. “Los niños en los colegios no aprenden nada. No son realmente capaces de inspirarlos a pensar mejor”.

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-¿Están todos los padres preparados para educar a sus hijos en sus hogares?

-Pues no. Claro que no. Pero al menos pueden empezar a inspirarlos. Y no tienen que hacerlo todo el año y cada día. Yo pienso que tengo una gran influencia en mis hijos, pero no tengo que estar allá con ellos todo el tiempo. Lo más importante son las experiencias que tuvimos juntos. Por ejemplo, el primero de enero vamos al Ártico a dormir con los sami al aire libre. Tenemos que empezar a tejer nuestra ropa nosotros mismos y les enseño a mis niños de 10 o 12 años cómo sobrevivir a 25 grados bajo cero. Son experiencias que nunca se olvidarán. Eso es educar.

-Y las matemáticas, ¿cómo las aprenden?

-Yo no creo en la matemática que enseñamos, es muy lineal y no te lleva a tener algo creativo. Todos mis hijos aprenden la dinámica sistémica, que es un programa de doctorado del MIT que enseño a mis niños cuando tienen seis u ocho años. El cerebro es capaz de hacerlo, el problema es que los maestros no son capaces. Nuestros niños tienen una capacidad cerebral que es muy superior a lo que estamos dándoles en las escuelas. Todos mis hijos tienen que aprender tres o cuatro idiomas antes de los 10 años porque el cerebro es capaz de hacerlo. A los 25 ya es más complicado.

-¿Qué opina del sistema educacional chileno?

-Lo único que conozco de Chile es que ha comercializado la educación como casi ningún otro país en el mundo.

-¿Se refiere al lucro?

-La educación tiene que ser un lugar público, son experiencias. Para mí, uno de los grandes educadores es Paulo Freire, a quien conocí en Brasil, que en las favelas enseña a la gente a leer y escribir en dos semanas. Yo necesité nueve meses y no soy tan tonto. Lo que hizo Paulo Freire con millones de personas demuestra que el sistema está errado.
-¿La discusión educacional en Chile va en el camino correcto?

-Nunca digo que algo es incorrecto, porque siempre se puede mejorar. Para mí lo más importante  es si los niños van a ser inspirados para ver la vida como una oportunidad extraordinaria, donde ellos pueden hacer mucho más que sus papás. La educación tiene que ser una capacidad de transformar la forma de pensar.

-¿Qué país tiene un buen sistema educativo a su juicio?

-Tal vez el mejor sistema es uno de Rusia, que combina artes marciales con música clásica, con matemática. Artes marciales, porque el cuerpo del niño debe moverse, tener un control extraordinario. Segundo, debe tener arte en su vida, la música, el canto. Y en tercer lugar, la matemática dinámica, no lineal, de que 1 multiplicado por 2 es 7 o 22. Es la única matemática que es de verdad, la otra es imaginaria. Es la forma por la que somos capaces de hacer proyectos fuera del ritmo normal del crecimiento de una empresa. La vida no es lineal, siempre tenemos sorpresa, siempre hay cambios, elementos que no conocíamos.

-¿Se considera economista, empresario, emprendedor?

-Profesor. Sin profesar. Yo abro la mente. Si puedo pasar un tiempo con jóvenes, en una hora cambian la vida. •••