“Una joven promesa”, así se define Ernesto Rodríguez burlándose de sí mismo. Lo de joven aplica porque con 87 años, el profesor derrocha energía mientras conversa del relativo valor del dinero, de la importancia del eros, de política y de filosofía. Lo de promesa, dice, es “porque siempre se pensó que yo iba a ser una persona muy importante. Y fui un cómico de la feria”.

  • 15 marzo, 2018
Fotos: Verónica Ortíz

Es 2 de marzo y hay movimiento en las oficinas del Centro de Estudios Públicos (CEP). No solo porque están pintando y hay andamios en varios muros, sino también porque el día antes, asumió su nuevo director, Leonidas Montes. Mientras la gente se saluda y se queja del fin de las vacaciones, Rodríguez celebra el volver a trabajar. Lo suyo es la celebración, a eso ha dedicado su vida y lo hace enseñando hace más de medio siglo.

Cuando tenía 25 años, y sin contar con título universitario, fundó el colegio Patmos en Viña del Mar, donde se enseñaba a través de la poética. Estuvo en eso diez años, hasta que en 1960 empezó a hacer clases en la Universidad Católica. También enseñó durante 16 años en el colegio Grange y actualmente es profesor de Poética y Ética en la Facultad de Arquitectura de la PUC y es el coordinador del Programa Crítica y Celebración que este semestre llevará a Gabriel Boric, Jaime Bellolio, Vlado Mirosevic, Ricardo Lagos, Daniel Jadue, Felipe Alessandri, Constanza Michelson y Agustín Squella, entre varios otros, al CEP para hablar de política, ciudad, género, ciencia, filosofía y cine. Como buen intelectual invita a pensar, pero también a payasear.

-¿Por qué Crítica y Celebración?

-Crítica porque uno llega a un mundo que está lleno de opiniones hechas, algunas son buenas, otras son más o menos, entonces hay que examinarlas. De eso sacas un contenido. Hay cosas de Nietzsche que no me las trago, otras que sí. Lo mismo con el cristianismo. Nadie me va a decir que si cometes una distracción carnal vas a perder el estado de gracia, pero el núcleo del cristianismo es precioso. El trabajo de crítica es de recopilación porque no nacimos ayer. Hacer esa operación es una felicidad tremenda, un regocijo que es una celebración. Nunca terminamos de saber qué es lo que somos, pero tratamos de averiguarlo, y eso nos produce una alegría extraordinaria. De ahí Crítica y Celebración.

-Ahora que tantos se dicen liberales, ¿dónde se ubica usted?

-A mí me tratas de tú.

-¿Dónde te ubicas tú?

-Liberal significa ser generoso, la liberalidad supone que tienes ciertos bienes, y en vez de acumularlos, los ofreces a los demás. Eso hace un alma liberal. Es una categoría moral. Ahora, dando otro paso, en la historia del pensamiento europeo, durante la Ilustración se produce una crítica frente a la metafísica establecida y al dogma, ahí fue muy importante la figura de John Locke en los liberales. En ese momento del siglo XVIII se abre lo que Carlos Peña bien llama “el espacio liberal”. En ese espacio convivimos muchas personas que nos podemos llamar liberales.

-¿Quiénes no caben en ese espacio?

-Una persona dogmática, un marxista cerrado no es liberal. Pero los que juegan al todo vale, tampoco son liberales. Lo que hoy llamamos neoliberalismo es tomar una parte muy pequeña del liberalismo que es la libertad individual. Pero la libertad individual es inseparable de la relación con los demás. Esto de convertir a todos en empresarios y la vida en una carrera, es más parecido a ser libertario. El neoliberalismo le pide al hombre que sea emprendedor y eficiente, le dice: “Tienes que trabajar, tienes que prosperar”, con lo cual lo deja esclavo de sí mismo y de su propio éxito.

-Es lo que plantea el filósofo del momento, el coreano Bun Chul Hyan.

-Estaba pensando en él, es que efectivamente estamos autoexplotados. Esto tiene distintos síntomas: el éxito y la depresión. Estuve en Cachagua en la casa de unos amigos, en una casa buena, pero que tampoco es una mansión, y la habían arrendado en enero por más de ocho millones de pesos. Eso es tapar la vida y se la tapas a tus hijos porque se acostumbran a vivir así. Como el hijo de un gitano se acostumbra a mentir y a contar el cuento, el hijo de un exitoso también se siente obligado a contar el cuento. Otro tema muy importante para mí es la educación, observo que muchos colegios buenos están preocupados del éxito. Es bueno que les transmitas prestigio a tus hijos, pero no que los conviertas en caballos de carrera.

-En los más de 50 años que llevas haciendo clases, ¿cómo has visto la evolución del alumnado?

-Cada vez saben menos. Son buenas personas, pero no llegamos al mundo a ser buenas personas. Llegamos al mundo a apoderarnos de lo que somos. Estamos viviendo la primera mitad del siglo XXI y los cabros no saben filosofía griega, se dicen cristianos y no saben lo que es el cristianismo. Hay una cosa muy potente que tiene que ver con mejorar la educación secundaria porque los colegios están formando almas cautivas. Tienes que descubrir cuál es tu genio, como dice el cuento de las hadas de Baudelaire. Tu don puede ser transformarte en un brillante hombre de negocios, y si te gusta, no hay ningún problema. Otro puede ser médico, subir el Everest o vivir en la playa tocando la mandolina. Y qué importa. Ser liberal es liberar la potencia que cada ser humano tiene. Que cada uno encuentre lo que es suyo. Así, los alumnos despiertan. Todos despiertan, unos más que otros, eso sí.

-¿Hay un excesivo foco en el éxito concebido como dinero?

-Sí. Si te gusta pintar o tocar el violín y no eres ni Picasso ni el mejor violinista, pero lo disfrutas, adelante. O eres segunda cuerda en una orquesta, pues bien, esa es tu vida. ¿Y la plata? Si eres segundo violín, no vas a necesitar comprarte un Volvo último modelo. Acá en Chile se vive mucho en función de la plata y es un país extraordinariamente caro.

-¿Se necesita plata para pasarlo bien?

-Un poco, sí. Pero se puede vivir con lujo y con poco. Si tú te consigues una marraqueta recién hecha, crujiente, le pones mantequilla, una tajada de jamón y la acompañas con una copa de vino, eso es tan bueno como la comida más fina del mundo. Es un lujo. San Francisco decía: “Yo para vivir necesito de poco, y de ese poco, muy poco”. Como yo no soy santo, mejor digo: “Para vivir necesito de poco, pero de ese poco, muy bueno”.

-Te leía en otra entrevista que te carga el personaje del profesor choro tipo La Sociedad de los Poetas Muertos.

-Es lo que abomino. Me cargan los profesores choros y los curas choros; el cura Berríos para mi gusto mete mucha bulla. No me interesa tener ninguna popularidad y en mis clases exijo silencio absoluto. Si alguien habla o interrumpe, le pido que se vaya.

-¿Es importante la disciplina en la vida?

-Absolutamente. Si juego fútbol, me visto con equipo de deporte. Si voy a la iglesia, no canto boleros. Es muy importante encontrar la forma. Todo el arte se trata de encontrar la forma.

-¿Y el arte requiere de disciplina?

-Absolutamente, pero no de una disciplina impuesta desde afuera. El artista comienza a explorar hasta que la cosa se abre.

-¿El trabajo para ti es primordial?

-No sé cuál es la diferencia entre trabajo y ocio, porque lo paso muy bien. Yo creo que el ocio y el lujo son centrales en la vida. Para mantener el ocio y el lujo, uno trabaja. Nunca he sido rico, pero he vivido decentemente, con lujo.

Arena política

-Desde hace un tiempo te vienes relacionando con integrantes del Frente Amplio, ¿cómo los ves generacionalmente? ¿Te parece que de ahí pueden salir nuevas ideas?

-Tengo amigos en el Frente Amplio, soy amigo de Carlos Ruiz y de Francisco Arellano. Conozco a Giorgio Jackson, ahora tengo convidado al ciclo a Gabriel Boric y a Vlado Mirosevic. A Mirosevic no lo conozco todavía, pero me cae bien porque es liberal y dijo una cosa muy importante: “Tenemos que entender que el mundo moderno es con economía, no podemos negar la economía”. Creo que hay una sensibilidad nueva que va a irse depurando. Ellos dicen: “Es que fueron muy cobardes”, pero se olvidan de que a Aylwin le sacaron tanques a la calle por los pinocheques. ¿Por qué lo encuentran todo tan malo? Porque la sociedad creció y se produjo un quiebre. “Quiero todo ahora”, ese es un cambio de sensibilidad y un desgarro social que no sé qué destino tenga.

-¿Se puede sanar?

-Todo se va a ir incorporando a un tejido social. Este segundo gobierno de Piñera ganó por mucho, pero ojo que Guillier sacó un 45%. La rueda de la fortuna no se detuvo. Tiene que constituirse un centro. La izquierda está derrotada y liquidaron a Lagos, que era el hombre que podía construir un centro, porque lo encontraron serio, fome, autoritario…

-¿Cómo se construye ahora un centro?

-El problema grave y que costará mucho corregir, es la redistribución del ingreso. En la medida que un país es más rico, tiene que distribuir más. Como Chile es un país de conquistadores y conquistados, tiene una herida de siglos que es muy difícil de remontar, entonces hay que trabajar con los impuestos. El impuesto de la renta tiene que ser más alto. Es un tema que tocar porque es demasiada la diferencia. Nadie puede vivir en Chile con $500.000, pero si ponemos sueldo mínimo de $1.000.000 quiebra el país. Eso requiere de una conversación nacional porque no podemos seguir hablando de chorreo.

-¿Crees que en este segundo gobierno Sebastián Piñera planteará una derecha más justa y más liberal?

-Esperemos.

-¿Pero le tienes fe?

-Creo que ha madurado el hombre. Fue alumno mío Piñera (ríe). Pero tiene fuerzas muy fregadas, como Jacqueline van Rysselberghe al mando de la UDI. Piñera está gobernando con la Escuela de Economía de la Universidad Católica. Eso es el pensamiento de Milton Friedman, que puede ser muy bueno, pero también ha tenido ciertas correcciones. El ministro de Hacienda, Felipe Larraín, no es Chicago Boy, es Harvard Boy, y hay ahí pequeñas diferencias.

-¿Quiénes te gustan del gabinete?

-Me gustan Felipe Larraín y Juan Andrés Fontaine.

-Alfredo Moreno suena como presidenciable…

-Esa es una carta importante: ¿Piñera le va a dar la pasada a Evópoli o a Moreno? Porque en el tema social también está Felipe Kast. Me cae bien ese Kast, aunque es un poco niño de primera comunión (ríe). Después queda ver qué pasa con los hijos de Lagos, los tipos moderados de la centroizquierda.

-¿Existen?

-Pienso en Carlos Montes y en Mahmud Aleuy. Si no es por ellos, este gobierno se va al hoyo.

Amor a la sabiduría

-¿Qué se puede esperar del gobierno entrante en cultura?

-La sensibilidad cultural de Sebastián Piñera… (piensa) digamos que no es el fuerte del gobierno. Aunque tampoco me gustaría que se convierta todo en música popular y en folclor con picantería.

-¿Qué opinas de la decisión del Consejo Nacional de Educación de sacar la asignatura de Filosofía del plan común de III y IV medio?

-Son tonteras. Los especialistas en educación son una peste. La filosofía es inútil y esa es su maravilla. No da dividendo, pero nos hace criticar y celebrar y sin filosofía somos un país más pobre. Todo está en El banquete de Platón, ahí está todo el eros. La filosofía provoca en el hombre esa inquietud, no cierra el balance porque hay una búsqueda permanente. La filosofía, la política y la poesía son tres formas importantes que el hombre ha descubierto para irse descubriendo a sí mismo. Y justamente porque la filosofía y la poesía no sirven y la política es tan frágil, por eso son tan importantes.

-¿Piensas en jubilarte?

-Así como voy, con 88 años, llego de más a los 90 haciendo clases. Cuando no me funcione la cabeza y tenga que andar en silla de ruedas, me retiro. A esta altura uno empieza a prepararse para el final, pero yo estoy tranquilo.

-¿La muerte no te inquieta?

-Vivir es prepararse para la muerte, no sé cómo será, pero me voy a ir igual.

-¿Influye en esa tranquilidad el hecho de que seas católico?

-Posiblemente, pero la verdad es que no tengo una gran preocupación por la otra vida. La eternidad la he encontrado aquí en el tiempo. Esta vida, estar conversando contigo acá, eso es. Que después nuestra energía se convierta en otra cosa, que me salga barba o me tome unos tragos allá arriba, eso ya es otro asunto. Mi abuelo italiano decía que le gustaría irse al purgatorio porque ahí estaba la gente entretenida. Del cristianismo me interesa su esencia, que es el perdón. Pero el mundo moderno no tiene perdón, el capitalismo no tiene perdón y el psicoanálisis tampoco lo tiene.

-¿Como cristiano te interesó la visita del Papa?

-Muy poco. Lo encuentro divertido al Papa porque es medio loco, pero me tiene muy sin cuidado. Aunque le tengo dicho a mis nietos que yo me voy a enterrar en la Iglesia católica. Soy católico, pero católico descreído. Nunca quise ser santo, primero porque soy medio tonto para las matemáticas y segundo porque me gusta ser medio diablillo. Pero nunca he sentido que me voy a ir al infierno por eso.

-¿Crees que existe el infierno?

-El infierno es lo que llevan dentro los que odian. El tipo que siente envidia, eso es el infierno. Yo envidio, pero solo a los tipos que son más jóvenes y exitosos que yo, porque me gustan las mujeres y a estas alturas solo tengo amigas mujeres, ya no tengo amantes. Pero eso no quita lo central del cristianismo, Jesús perdona a la adúltera y a la pecadora.

-¿Estamos habitando una dictadura de lo políticamente correcto?

-Sí, existe un moralismo que es otra manera de encerrarse ante la vida. Es una enfermedad de nuestros tiempos. Yo a la beatería le llamo cuadro infeccioso. “El señor quiere que seas puro”, eso es una infección y cuesta sacársela porque son como los virus, y una vez que están metidos adentro tuyo actúan letalmente y el efecto es negarte la realidad.

-¿Te gustaría vivir hasta los 103 años como Nicanor Parra?

-No. El día que tenga una enfermera que me cambie pañales, ese día levanto los remos. Parra fue un hombre extraordinario y en el fondo era un cristiano: “Voy y vuelvo”. Pero la vida puede ser buena, he descubierto dos vicios últimamente: el café helado y el bloody mary.

-¿Sigues escribiendo tus memorias?

-Sí, estoy escribiendo un libro, unos apuntes, se va a llamar El distraído. Me he postergado de puro distraído. El subtítulo puede ser “Opiniones de una joven promesa” (ríe). Siempre se pensó que yo iba a ser una persona muy importante. Y fui un cómico de la feria.

-Pero bien querido…

-Sí, aunque me gusta decir que nadie me quiere. Es que no puedo vivir sin payasear.