Por M. Cristina Goyeneche Hace una semana Ricardo Arjona aterrizó en Chile y salió a escena ante incondicionales fans para presentar su último disco. Hasta aquí nada raro… si se tratase de un concierto en el Teatro Monumental, el Movistar Arena o el Estadio Nacional. El tema es que fue en el Teatro Caupolicán. Y, […]

  • 16 mayo, 2014

Por M. Cristina Goyeneche

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Hace una semana Ricardo Arjona aterrizó en Chile y salió a escena ante incondicionales fans para presentar su último disco. Hasta aquí nada raro… si se tratase de un concierto en el Teatro Monumental, el Movistar Arena o el Estadio Nacional. El tema es que fue en el Teatro Caupolicán. Y, por cierto, Arjona no cambió su línea musical. No fue la orquesta sinfónica la que musicalizó el show desde el foso.

Todo se trató de un simple acuerdo comercial. La administración del Municipal arrendó el espacio a Fenix Entertainment Group por 14 millones de pesos y así fue como el guatemalteco terminó entonando sus tonadas en el centenario recinto.

Un espectáculo que no cayó nada bien en las oficinas de la Municipalidad de Santiago. Porque resulta que la alcaldesa Carolina Tohá, también presidenta del directorio de la Corporación Cultural de Santiago –el ente responsable de los destinos del teatro– se enteró por los diarios del evento. En los pasillos alcaldicios el show de Arjona provocó escalofríos.

Es verdad, y así lo ha dicho públicamente Tohá, que su intención es abrir las puertas del Municipal a mayores audiencias y nuevas expresiones artísticas con miras a transformarlo en un teatro nacional. Sin embargo, para ella y su equipo cultural, esto tiene que ser un proceso gradual y la figura de Arjona podría haber encajado, eventualmente, en el último año de su período. No ahora.

Pero al equipo del Municipal, siempre atento a cuidar cierta autonomía, no le pareció necesario hacer chequeos en la Plaza de Armas, donde operan las oficinas municipales. Más aún si la propia alcaldesa y el directorio ya habían autorizado arrendarle el teatro a Jorge Gonzaléz, Inti-Illimani y Electrodomésticos meses atrás.
Como dice un buen conocedor de ambas partes, una explicación para el desencuentro es que en los otros pasillos, los del Municipal, nadie tenía mucha idea de quién es de verdad Arjona. “Para ellos en el saco de la música más pop caen desde Inti-Illimani hasta el Pollo Fuentes”. De hecho, desde el extranjero, el mismo Enrique Barros, vicepresidente del directorio comenta que “me da pudor reconocerlo, pero no lo conozco”.

El “capítulo Arjona” se cerró con un comunicado del Muncipal explicando que se trataba de un arriendo, luego con la alcaldesa Tohá telefoneando a Rodríguez para que saliera ante las cámaras a reforzar la idea, pues la presión de los medios no decaía y, luego, la reunión de rigor en que alcaldesa, directorio y municipal definieron con mayor claridad las “políticas de arriendo”.

El propio Enrique Barros –reconocido como un hombre mucho más afín a la gestión de Rodríguez que algunos de los nuevos directores– comenta que el concierto de Arjona “no responde en absoluto a una orientación programática. Más bien ha producido, con razón, serias dudas acerca de la conveniencia de que el teatro vea afectada su identidad con el fin de recaudar esa renta de arrendamiento”.

SIN LUNA DE MIEL
Y es que en esto de la “popularidad”, remarcan cercanos al directorio, hay matices. Todos están de acuerdo, por ejemplo, con la presentación de la banda inglesa de rock espacial Spiritualizer que se presentará en agosto próximo, pero nadie quiere a Arjona saliendo detrás de las pesadas cortinas de terciopelo rojo.

De todas formas, personas ligadas a los nuevos directores comentan que la petición de la alcaldesa de abrirse a espectáculos “más variados y vanguardistas”, hecha en la primera sesión del consejo, ha estado en permanente debate interno. La pregunta, entonces, es cómo crecer a nuevos públicos presentando espectáculos más populares, pero a la vez manteniendo la calidad y no traicionando nunca la línea clásica a través de la ópera, el ballet y los conciertos. “Es un tema muy opinable aún”, comentan.
Si sirve de consuelo, el Teatro Colón de Buenos Aires, por décadas considerado uno de los espacios culturales más relevantes de América Latina, ha estado en el ojo de la crítica durante toda la administración Macri, quien suele arrendarlo para los espectáculos más diversos. El mismísimo Charly García tenía programado presentarse en febrero, causando un revuelo no menor. Finalmente el concierto se canceló, pero sólo porque Charly se reportó enfermo.

Como raya para la suma, el desencuentro de estos días –de tono bien doméstico– terminó por mostrar cómo han sido las idas y vueltas a lo largo de las tres manzanas que separan las oficinas de la Municipalidad de Santiago y la dirección general del Teatro Municipal durante este primer año de matrimonio.

De partida, no hubo espacio para luna de miel alguna. A diferencia de todos sus antecesores, Carolina Tohá se la jugó por hacer un cambio frontal apenas asumió, manteniendo sólo tres “rostros”. El directorio, que ella preside, tiene de vicepresidente al abogado Enrique Barros (quien venía de la gestión Zalaquett) y de integrantes a la ex primera dama Luisa Durán; al empresario y director del MAVI, Juan Manuel Santa Cruz, y al director de Ediciones de la Universidad Diego Portales, Matías Rivas. En el consejo sólo se mantuvieron Paola Luksic y María Cecilia Domínguez. A ellas se sumaron los periodistas y gestores culturales René Naranjo y María Inés Silva y el actor Benjamín Vicuña.

Luego, la alcaldesa procuró dejar claro que su sello sería mucho más “entrometido” que el cultivado por los alcaldes anteriores. Y así lo hizo. Cercanos a ella reconocen que esto no gustó mucho en el Municipal, lo que explicaría el ostracismo que ha reinado en el último tiempo en la institución, sólo quebrado tras el incendio de sus bodegas en noviembre y la reapertura post reparaciones del terremoto.

En este punto, consultado por Capital, Andrés Rodríguez declinó hablar de los planes del Teatro.

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AIRES DE CAMBIO
Asumidas sus funciones, el nuevo directorio ha operado con dos a tres reuniones mensuales, más un trabajo en comisiones. “Ni siquiera hemos tenido tiempo para organizar una reunión más social, donde el motivo que nos junte no sea el trabajo”, comenta uno de ellos.

Revisar el backstage fue una de las primeras tareas acometidas. Para asumirla contrataron a la Fundación Simón de Sirene, experta en administrar empresas sociales y que, comandada por los hermanos Lecaros Méndez, les hizo un completo informe sobre lo que estaba ocurriendo a nivel administrativo: responsabilidades poco claras, tareas superpuestas, personal desempeñando funciones para las que no tenía competencias, fueron parte del diagnóstico.

Entre las novedades está la creación, por ejemplo, de la Gerencia de Públicos, pues estiman que es un área que hay que mirar con más profesionalismo.
El nuevo team preparó un “Plan Maestro” de corto, mediano y largo plazo que define la manera en que se van a atraer nuevas audiencias y espectáculos. “Esto no significa traer al teatro personas de comunas más pobres para que disfruten de un espectáculo puntual, sino de cómo conseguir que, por ejemplo, profesionales jóvenes, que hoy no están llegando, lo hagan. Por ejemplo, se puede poner mucha más innovación en las estructuras de abonos para atraer universitarios, lo mismo con la manera en que se difunde y comunica la cartelera de espectáculos. O, más aún, El Pequeño Municipal no sólo podría hacer crecer sus funciones para llegar a más colegios, sino también diseñar una estrategia visionaria para que esos niños se transformen en un público habitual del futuro”, comentan desde el consejo.

Cambiar los estatutos y generar un gobierno corporativo al interior del Municipal fue otro de los mandatos. Tohá ha dicho públicamente que quiere terminar con la prerrogativa que tiene el alcalde de Santiago para nombrar a directores y consejeros. Lo que ella busca es mayor participación. Lo concreto es que el nuevo directorio avanza a pasos agigantados en la redacción de esta “nueva constitución” y los cambios que se avecinan deberían generar ruido, ya que buscarían poner límites a la duración de diversos cargos, la fórmula de su elección y la manera en que deben responder por su gestión.

Lo cierto es que este tipo de cambios –y así es como ocurre desde la Scala de Milán hasta el Royal Albert Hall en Londres– requiere una planificación de años. La razón fundamental es que armar una temporada de calidad demanda coordinar la agenda de artistas de clase mundial, por lo que se necesitan meses y años para poder concretarla.

CÓMO FINANCIARSE
El tercer tema en que la alcadesa Tohá pidió tomar el toro por las astas fue el del financiamiento. De hecho, le encomendó al directorio traer “nuevos socios, auspiciadores y alianzas”. Aquí el trabajo ha estado más bien en afianzar las alianzas existentes que en salir a golpear puertas, comentan desde este nuevo consejo.

Los ingresos totales del Teatro Municipal –incluidas las donaciones– se han mantenido bastante estables en los últimos tres años, moviéndose en torno a los 25 millones de dólares. De este total, cerca de un 40% corresponde al aporte de las municipalidades de Santiago, Vitacura, Providencia y Las Condes. Por cierto que la primera hace el desembolso más potente. Alrededor de un 16% lo explica el aporte del Consejo de la Cultura y sólo un 5% responde a ingresos vía Ley de Donaciones Culturales. El resto de los dineros, también alrededor del 40%, llega por la taquilla. Dentro de ella, además de los abonos y tickets, están las funciones especiales que hacen muchas empresas para sus clientes o empleados. Es quizás por esta vía donde está su aporte más significativo.

En el corto plazo sólo queda tomar palco y ver cómo la Municipalidad y el Teatro, con el directorio y su consejo en el medio, logran confianzas y salir adelante. •••