Oskar Hjertonsson es el CEO de la firma recién adquirida por Walmart. Es el menos conocido de los tres fundadores, el único que no es chileno y, a diferencia de sus socios, él no cuestiona al empresariado chileno. “Se está utilizando a Cornershop como una herramienta anti-establishment. Y eso no me refleja para nada. ¡Qué onda el invitado malagradecido que viene a este país, trabaja, le va bien, y ahora critica!”, dice.

  • 11 octubre, 2018

Cuando Oskar Hjertonsson se juntaba a conversar con inversionistas para levantar capital con el que echaría a andar su tercer emprendimiento tecnológico, un complejo sistema de pedidos online a supermercados, les decía: “Mi papá era un supermercadista en Suecia, y toda mi infancia estuve rodeado de frutas y verduras”, cuenta. “La gente al tiro decía ‘ahhh’”, agrega el CEO de Cornershop. A los pocos segundos, él mismo los sorprendía con un “no, es mentira, pero igual amo mucho lo que estamos haciendo”. Todos estallaban de la risa. 

La escena se repitió varias veces en ocasiones similares. “Leí la biografía de Daniel Ek, fundador de Spotify, donde contaba que era fanático de la música y la informática. ‘¡Buena historia!’, pensé. Y me propuse crear mi propio cuento romántico”, confiesa el europeo.

Y retoma. “¿Soñé toda mi vida con hacer esto? No. La verdad es que mi objetivo era trabajar en el mundo del cine y postulé a cuanto reality show hubo en Suecia”, asegura. “Pero sí me apasiona lanzar una feature en la aplicación un viernes, y que el sábado sepamos si se usa o no. Ese feedback es adictivo. Y cuando aparecen nuestras bolsas con mensajes nuevos escritos en ellas, me encanta”, relata desde su oficina en pleno Sanhattan uno de los tres cerebros detrás de la compañía que hace pocas semanas selló un deal con el gigante supermercadista norteamericano Walmart, para vender en 225 millones de dólares la empresa tecnológica que tiene sede también en México. 

Hjertonsson se instaló en el DF junto a su mujer, chilena, y sus dos hijos, hace dos años para liderar la firma que hoy los tiene en boca de todo el país.

 

“Amo a Chile”

Oskar Hjertonsson es el menos conocido de los tres socios de Cornershop. No suele dar entrevistas. De hecho, es el único que tras la venta a Walmart, no ha dicho una palabra a los medios. Pero cuando habla, sus frases no pasan desapercibidas. 

En enero, la Sofofa lo invitó a exponer a un seminario de Capital Semilla. “Ahí dije que cualquier huevón puede poner una universidad en Chile. En ese contexto se entendió, y si ves todo el video, creo que parezco un tipo más o menos simpático. Pero si lees extractos, quizás sueno muy pesado. El sueco que llegó acá a usar recursos chilenos y que más encima se queja”, dice.

Tampoco es usuario habitual de Twitter: desde 2015 que no publicaba un posteo. Pero hace dos semanas, cuando vio que la venta de Cornershop generó una discusión en torno al empresariado chileno (se criticó a los inversionistas por no apostar por esta firma y por el poco apoyo al emprendimiento), escribió un hilo con 13 mensajes. Siete días después repitió el ejercicio con 25 tuits, donde plantea que su startup no es un buen ejemplo para cuestionar el capital de riesgo en Chile, y aclara que lo de ellos no es un caso de suerte, en respuesta a los que han dicho que “le pegaron el palo al gato”. “¡No he agredido a ningún gato! Palos levanto solo para pegar pelotas de golf, deporte que es totalmente clase media en Suecia”, apuntó bromeando en la red social.

Y explica: “Suena súper crítica y mal agradecida toda la discusión que se ha generado sobre los inversionistas en Chile. Me siento un poco mal por eso, que se haya usado a Cornershop como el símbolo anti ecosistema chileno. Lo que pasó aquí es bueno, es un hito. Me frustraba un poco esa discusión y por eso me metí a Twitter para aclarar mi punto de vista”. 

-Tus mismos socios lo plantearon…

-Entiendo lo que se critica, pero se empieza a hablar de una cosa que no tiene nada que ver con Cornershop y ahora se está utilizando como una herramienta anti establishment. Y eso no me refleja para nada. ¡Qué onda el invitado malagradecido que viene a nuestro país, trabaja, le va bien, y ahora critica! ¡No! Yo amo a Chile y mi principal issue con este país es que está demasiado lejos geográficamente. 

-¿No coincides con que hay un club que lidera los negocios, que veranea en la misma parte, que hacen negocios entre ellos?

-Coincido con que la concentración de poder y riqueza está en pocas familias, pero no sé si yo sería diferente. Si yo fuera el hijo de, no sé si regalaría mi porcentaje así no más. Hay muchas cosas que se pueden mejorar en Chile y las familias dueñas de empresas tienen responsabilidad de participar en eso. Pero que se use a Cornershop para criticar a esas familias, es súper raro. Porque incluso he levantado dinero con algunos de ellos, no mucho, pero nunca me han hecho sentir no invitado…

-¿No?

-¡No los buscamos! No me puedo hacer parte de esa crítica. Además, ¿qué les importa a los Luksic un negocio de 200 millones de dólares? Su share hubiese sido, ¿qué? ¿Un 6%? Irrelevante. Eso sí, yo creo, y quiero, que en los próximos años va a haber éxitos mucho más grandes que sí dolerá no estar.

-Pero ya hay venture capital chileno…

-Sí, pero es algo incipiente y puede mejorar mucho. En algunas empresas no pueden invertir por reglas de Corfo. Y cuando sí lo hacen, pienso que los términos y el apoyo podrían ser mejores. Me frustra esto porque hay muy buenos equipos en Chile, he visto buenas startups que si tuviesen acceso a más capital, quizás ya serían empresas grandes. El miedo de un venture capital en Estados Unidos es no estar en el siguiente Google, Uber. Aquí el temor es cómo evitamos perder la plata. Yo creo que los fondos más grandes tienen que invertir más y sin apalancamiento de Corfo. Estar amarrados con ellos es un buen ejemplo de que lo barato a veces puede costar caro. 

-¿Aquí hay poco riesgo o poco interés?

-Me llama la atención cómo operan los fondos chilenos. Con una excepción, nadie me ha contactado en estos tres años para saber qué estamos haciendo. Puede sonar arrogante, pero no es eso, solo que estamos dentro de las cinco startups más exitosas de Chile, y si eres un venture capital chileno, tienes que conocer a las principales. Aunque no puedas ni quieras invertir. Quieres aprender, estar conectado, sacar información, copiarles, ¡whatever! Pero tienes que invitarlos a tomar un café… ¡Estamos todos en El Golf! ¿Qué hacen entonces? Me sorprende esa onda de “yo tengo el capital, me visto de traje y corbata y estoy aquí esperando a que me ofrezcan los proyectos”… Es una caricatura, pero algo de eso hay. En Suecia, en Estados Unidos, cuando ven una startup hot, los fondos tratan de meterse como sea, comprando acciones a empleados, lo que sea con tal de entrar. Lo que va a pasar ahora es que las buenas startups chilenas van a pasar por alto este ecosistema y van a ir a buscar afuera.

-Se habla de falta de expertise, y que por eso optan por inversiones tradicionales…

-Entiendo que Chile tenga que invertir un 99% de su capital en minería, salmones, pero se podría destinar el 1% a firmas como Spotify, que hoy vale 25 mil millones de dólares, más que casi todas las grandes empresas chilenas. Y de esos casos de éxito salen muchas más empresas todavía, se genera un ecosistema…

-¿Conoces a los de Spotify?

-No.

-¿Y a algún Zuckerberg, Bezos, etc.?

-No, no soy tan bacán.

“¡No me digas que esto es una app!”

En los headquarters de Cornershop, en Santiago, se ve a un joven equipo, unos 60 trabajadores, sentados con sus laptops en mesas compartidas, todos vestidos informalmente, y donde también hay una mesa de ping pong, dispensadores con frutas y agua y pequeñas salas de reuniones encapsuladas con vidrio rojo, que le dan un aire pseudo futurista al espacio. 

Pero al sueco Hjertonsson le molesta la caricatura de la oficina cool. “El típico artículo chileno de la startup sigue siendo ‘mira este pendejo con su app. ¡Ay qué cute! Y tiene una oficina súper linda y ondera’. Pero nadie toma en serio su potencial poder”, enfatiza hablando en un perfecto español –que mezcla con modismos mexicanos, gringos y chilenos– que aprendió hace diez años, cuando aterrizó en Santiago por primera vez.

“En EE.UU. aparece un emprendimiento bueno y se empieza a especular qué rubro debiera asustarse y cómo va a revolucionar a la sociedad. Acá solo se habla de que el viejo tanto puso equis. Todo es muy farandulero. Por eso también dejé de hacer prensa en Chile. Me dio lata. Perdona por ser así de duro, pero es todo tan superficial y tan preocupado de la farándula del fundador… 

-Y de Cornershop, ¿qué te molesta que se diga?

-Que es una app. ¡Una app! Hay miles de personas capacitadas trabajando, millones de bolsas con diseño original que traemos al mes de China… ¿cómo los shoppers tienen acceso a esas bolsas? Hay gente distribuyéndolas en hotspots. Hay una cantidad de tecnología impresionante detrás. 

-¿Entonces cómo defines tú a Cornershop?

-Como una entrega de productos de supermercado on demand. Es un motor logístico integrado. No tengo un buen nombre. Es infraestructura del futuro. Hay 30 ingenieros aquí con un nivel altísimo. Es uno de los mejores grupos de ingeniería B2C software de Chile (ver recuadro).

-¿Por qué tanto?

-Mira esto –dice Hjertonsson mientras toca la pantalla de su notebook, donde exhibe un mapa de Santiago con puntos azules y verdes–. Hay mil shoppers comprando. Los que están con un pedido son los azules, y los verdes están disponibles. Entran cientos cada semana y a todos hay que capacitarlos. Gran parte del reclutamiento de shoppers se hace en forma remota en sus casas y a fin de año vamos a tener 10 mil reclutados. ¡No me digas que esto es una app! Hay muchas apps aquí. Eso sí. Esta que te estoy mostrando se llama Shopping Ops Manager.

-¿Cuántas apps hay en total?

-Una para iOS, otra para Android, una que usa el consumidor, otra que usa el shopper, más un montón de apps internas. La del shopper, Cornershopper, es la más compleja de todas. Tienen que anotar cada producto, llamar para reemplazar lo que falta, sugerir más productos y anotar de nuevo. Esta aplicación te dice dónde están los hotspots, cuántas bolsas tienes. La de las bolsas es otra app y hay un equipo que solo arma códigos en esa operación. Todo esto está conectado con lo que llamamos el gran back end. 

 

Películas Imperdibles (dos suecas y una danesa)

• La celebración, de Thomas Vinterberg.

 

• The square, de Ruben Östlund.

 

• Sånger från andra våningen, de Roy Andersson.

 

El sueco

Oskar Hjertonsson nació hace 38 años, un 17 de octubre, en Värmano, al sur de Suecia. Tenía dos años y una hermana de 10 cuando sus padres se separaron. Su madre luego se casó con un ingeniero, con quien tuvo otra hija más. El fundador de Cornershop recuerda que su casa estaba en medio del bosque y que todas las mañanas él tomaba el bus, que lo dejaba en su colegio. Ahí ya anhelaba convertirse en emprendedor: “Mi mamá tenía una microempresa de reclutamiento; mi padre no tenía profesión, pero era gerente de una compañía para insumos dentales, y mi padrastro era dueño de una pyme de moldes para fábricas de autos. Crecí con esa onda de la libertad, de que ellos podían llegar a la casa a las 3 de la tarde y tener más vacaciones. Desde que soy muy joven dije ‘voy a crear una empresa’”.

A los 19 conoció Chile. “Mochileé durante seis meses desde Santiago a Venezuela. Me encantó el idioma español y me propuse volver algún día”, confiesa. A la vuelta del viaje entró a Ingeniería Civil en la Universidad de Lund. Esa carrera, dice, le daría una base y abriría puertas. Tres años y medio más tarde tuvo la oportunidad de salir de intercambio y buscó qué opciones latinas tenía. La única alternativa era la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM), en Chile. “¿Elegí Chile? No. La vida me llevó ahí”, aclara. En febrero de 2004 compró los pasajes. 

“Hablaba poco español. Yo era el único no chileno, además de un par de bolivianos. Me sentía y me veía muy diferente al resto. Fue interesante”, confiesa este sueco de 1,95 metros, pelo rubio y ojos azules. En esa época –en la que se enteró de lo que eran las bombas lacrimógenas–, conoció “en un carrete” a Daniel Undurraga, entonces alumno de Ingeniería Civil de la Universidad Católica. “Él había sido roomate en Barcelona de una alemana, Katrin, quien fue mi roomate en Santiago, y así nos conocimos”, recuerda. El chileno recién emprendía en la compañía Lemontech, conversaron toda la noche de tecnología y “tuvimos buena onda”, dice. No perdieron contacto.

Hjertonsson se enamoró de Chile, pero al año regresó a Suecia a terminar sus estudios. Entregó su tesis y trabajó en la compañía Agresso, que vendía sistemas ERP. “En un happy hour de la empresa me senté al lado del COO, un holandés que cachó que yo hablaba español y me dijo: ‘¿Quieres irte a trabajar a Sudamérica mañana?’”.

A las dos semanas viajó a Chile con la misión de abrir la empresa. “Fue un desastre. Tenía 25 años, un departamento que me pagaban en El Golf, pero la compañía nunca se armó. No hice nada. Puro carrete. Vi todas las películas que pude. Amaba el servicio de delivery Bazuca, tanto que se sabían mi nombre”, dice. A los ocho meses decidió regresar a Suecia. Entonces se propuso emprender. 

La primera idea fue crear un buscador que conectara a alguien que necesitara algo con el proveedor del servicio. Llamó a Daniel Undurraga y le preguntó si quería sumarse. Entre Oskar, un amigo de Suecia y Undurraga desembolsaron cerca de 25 mil dólares en total, bautizaron la idea como Needish y el sueco se mudó a Santiago de nuevo. Esta vez, sin lujos de por medio. 

“Arrendamos una oficina en Torremolinos con Apoquindo. Yo tenía una cama en una pieza con una ventana rota, dos grados de temperatura y ducha fría”, recuerda. En esa startup –a la que también se sumó Juan Pablo Cuevas, excompañero de Undurraga de la Católica y Lemontech– conocieron al argentino Wenceslao Casares mientras buscaban capital entre chilenos. “Tuvimos mucha suerte. Fue nuestro primer ángel y nos enseñó todo: que nos domiciliáramos en Delaware, que contratáramos abogado gringo… si no hubiera sido por él, tal vez no habríamos levantado plata y ahora probablemente estaría de vuelta en Suecia”, relata. 

Pero la empresa fue un fracaso económicamente. Para salvarla, a los tres años lanzaron Clandescuento, página que ofrecía cupones de ofertas. En 2010, Groupon –el gigante hoy avalado en dos mil millones de dólares– les ofreció comprarlos para ingresar a América Latina. Ahí estuvieron hasta que en 2012 salieron de la multinacional y partieron con Undurraga a San Francisco, con el propósito de seguir emprendiendo solos.

En EE.UU. crearon Seahorse, una aplicación para compartir fotos pero que tampoco resultó. “Needish fue mi idea y no funcionó, Seahorse fue mi idea y no anduvo. Parece que soy mejor ejecutivo que innovador”, reconoce entre risas.

La lista

Cornershop nació en un momento muy deprimente. “Estábamos a fines de 2014, nos quedaba poca plata y yo y el Dani, que no habíamos ganado un sueldo en tres años, volvimos a invertir en Seahorse, con la fe de que algo podría pasar. Pero más que nada lo hicimos para cerrar de forma responsable esa empresa donde teníamos un equipo de ocho personas trabajando”, recuerda. Además, añade, “fue un momento muy estresante porque aparte de tener que ver morir  Seahorse, gasté mucho de mis ahorros en el intento”.

Vivían en San Francisco, una ciudad donde la plata se va rápido, sin sueldo y con guaguas recién nacidas. “Hubo un tiempo en el que con suerte salía de la cama. No teníamos oficina. Estaba mal. Consideré mudarme de EE.UU. o buscar una pega, y eso cuesta. Sobre todo porque el equipo que teníamos era fantástico y no queríamos perderlos. Al final le dimos una vuelta más al emprendimiento y les dijimos: ‘Seahorse no funcionó, tómense vacaciones, ojalá puedan seguir trabajando con nosotros a la vuelta’”, recuerda. 

-Mirando para atrás, ¿piensas que se farrearon la plata que ganaron con Clandescuento con lujos innecesarios? ¿O fueron cautos con los gastos?

-Vivíamos bien, pero no compré nada raro. Sí salía a comer bastante, viajamos con mi familia a Suecia y a Chile cada año, y eso es obviamente un lujo, pero no que me compré un yate, ni invité a mis amigos a Las Vegas, ni me gasté 100 mil dólares en champañas.

En medio de la desesperación, sacaron lápiz y papel, y crearon una lista con ideas para emprender. Ahí Undurraga, encandilado con el sistema de delivery de Amazon, se iluminó. “Lo agregamos a la lista. Suena súper poco romántico, pero así fue”, confiesa el sueco. Para partir, cada socio –ellos dos, más Cuevas– puso 50 mil dólares y después salieron a buscar más capital. Levantaron 500 mil dólares en abril de 2015; 1,5 millones en julio y otros 7 millones de dólares en 2016. “Cornershop se sentía como un all in, un now or never”, comenta.

Lanzaron la empresa en Chile y México. “Empezamos a entregar los primeros pedidos en junio de 2015. Y no andaba ni para atrás. Me acuerdo de que llamaba a los colegas de México para que les dijeran a sus tías, amigos, que la usaran. Teníamos que llegar a los 10 pedidos diarios y apenas lo lográbamos”, indica. En 2016 se mudaron al DF para supervisar la operación y un año más tarde, cuando ya estaban consolidados y la startup funcionaba como reloj en cuatro ciudades chilenas y dos mexicanas, uno de sus socios comerciales, Walmart, los invitó a Bentonville, el centro de operaciones de la firma estadounidense, para conocerse. Un par de meses después, les hicieron llegar la oferta. Lo hablaron con su directorio y empleados claves. Volvieron donde Walmart con una contraoferta y en septiembre pasado, tras un año de conversaciones, sellaron el deal. 

 

El abrazo del oso

“Todo esto ha sido mucho más grande de lo que pensaba, lo cual demuestra cuánto se necesitaba un éxito de este tipo… porque la verdad es que no es tan grande el deal, se compran cosas en Chile todos los días, por esto y por mucho más”, asegura.

-Pero es un muy buen negocio…

-Pero lo mediático no es el múltiplo. La noticia es justo lo que me carga: eso de los tres pendejos con su app. Porque si se habla de una operación gigante de millones de pedidos, miles de shoppers, por 225 millones de dólares, no llama tanto la atención. Es un poco irónico, pero la simplificación da la noticia. 

-Te carga que los traten de jóvenes…

-¡Es que tenemos casi 40! No somos tan jóvenes…

-¿Les cambió la vida? Hoy todos saben quiénes son… 

-No me ha afectado tanto. Pero fue muy grato ver la buena onda de tanta gente celebrando el deal. Pero muchos nos escribieron “felicitaciones”, sin tener idea si esto merece felicitaciones o no (ríe).

-Es un triunfo…

-Sí, sí, y estamos súper felices. Pero ahora podemos volver al hard work, porque todo el proceso de negociación distrae mucho. Y para mí lo mejor de todo esto es poder por fin explicarle al equipo por qué tomamos esta decisión, que no fue fácil.

-¿Por qué lo hicieron? Daniel dijo en una entrevista a esta revista el año pasado que Cornershop no se vendía y que vender una empresa es como deshacerse de un hijo.

-Obvio que duele. Pero tienes dos opciones. Una es seguir solos, y la otra, con Walmart como dueño. Hay que pensar cuál es mejor. Es increíble para nosotros, porque el proyecto que se viene es muy desafiante, y también me motiva pensar que esto va a ser muy bueno para el equipo clave: varios partirán con nosotros a San Francisco si se cierre la transacción, en unos seis meses más. 

-¿A qué ritmo crecen?

-Este año triplicamos.

-¿Qué viene ahora?

-La gracia de emprender no es solo ser dueño de acciones, es ser dueño de decisiones, de ver el feedback instantáneo, y el acuerdo con Walmart no mata eso. Me levanto motivado porque salió una nueva bolsa y yo, que lidero el copyright team, inventé la última frase: “En este mundo sin mamayas, ¿es un milagro esta bolsa de papayas?” La bolsa para mí es parte integral de la experiencia, y estos mensajes no salen gratis. No digo que sean brillantes, pero son diferentes. Si otra empresa saca una bolsa así, quizás tendría escrito el eslogan de la compañía, o diría “tu supermercado en 60 minutos”. ¡Fome! Hay gente que puede pensar que es poco serio, pero es diferente y es divertido. 

-¿Esas cosas no van a cambiar? 

-No, y al equipo le hemos transmitido eso, porque también están preocupados. Hay un dicho que habla del abrazo del oso, que te ahoga y te mata. Y aunque el oso tenga las mejores intenciones, puede pasar.

-¿No va a llegar alguien de Walmart a sentarse a esta oficina a controlar la operación?

-No, Walmart quiere contribuir a que sigamos haciendo las cosas igual, pero a otra escala. El Dani continuará siendo el  CTO; Juan Pablo, el COO, y yo, el tipo que seguirá viendo el día a día.

-¿Y el sueño del cine? ¿Cuándo?

-Cuando creamos Needish, escribimos la meta de los fundadores. La mía era vender la empresa para después dedicarme al cine. Yo quería escribir, producir. No digo que esto sea una película, pero están las bolsas. Este es mi cine ahora.