Hace no más de quince años el metro cuadrado en Nueva Costanera no superaba las 20 UF… y ya era harto. Hoy, testigos de las últimas transacciones aseguran que se empina sobre las 100 UF. La está llevando esta calle de Vitacura: Se levanta un centro comercial de lujo, se construyen sofisticados edificios de oficinas y las ventas bullen. Hasta el aterrizaje de la Rolls Royce en Chile será en esta avenida. Capital registró lo que está pasando con la versión criolla de la madrileña calle Serrano y cómo inversionistas y empresarios han tomado posición, apostando por este soñado polo comercial.

  • 6 junio, 2012

Hace no más de quince años el metro cuadrado en Nueva Costanera no superaba las 20 UF… y ya era harto. Hoy, testigos de las últimas transacciones aseguran que se empina sobre las 100 UF. La está llevando esta calle de Vitacura: Se levanta un centro comercial de lujo, se construyen sofisticados edificios de oficinas y las ventas bullen. Hasta el aterrizaje de la Rolls Royce en Chile será en esta avenida. Capital registró lo que está pasando con la versión criolla de la madrileña calle Serrano y cómo inversionistas y empresarios han tomado posición, apostando por este soñado polo comercial. Por Catalina Allendes E.; Fotos, Véronica Ortiz.

En los próximos cinco años se venderá la mayor cantidad de metros cuadrados que se hayan comercializado jamás en toda la historia de Nueva Costanera. La tradicional calle de casas afrancesadas, grandes veredas y enormes árboles que cruza desde Vitacura hasta Vespucio, en paralelo al río Mapocho, está consolidándose como uno de los polos comerciales más sofisticados del país.

El que lo dice es Alejandro Videla, gerente general de Inmobiliaria Vertical (Fernández Wood Viscaya-Aconcagua)… y vaya que tiene espaldas para proyectar. Desde hace ocho años, Vertical viene comprando paños de casas en el sector, lo que lo ha llevado a convertirse en uno de los actores inmobiliarios más relevantes del barrio. Tiene en construcción un edificio de 8 mil metros cuadrados para oficinas (vendido ciento por ciento en verde) en la calle Narciso Goycolea con Isabel Montt, otro similar ad portas de comenzar obras y está en proceso de finalizar la adquisición de un grupo de casas que dará paso a dos edificios más por sobre Nueva Costanera.

La presión por hacerse de las pocas casas que quedan en manos de ciudadanos de a pie y no sociedades de inversión es brutal y está permeando también a las viviendas situadas a espaldas de la vereda norte de Nueva Costanera, hacia el Parque Bicentenario.
Un habitante de esta calle admite que ya “prácticamente todas las casas del sector están pinchadas por algún inversionista particular o empresa constructora”.

Los dueños de la calle
No existe información detallada de quiénes son los nuevos dueños de Nueva Costanera, pero es un hecho que hace varios años ya que silenciosamente distintos grupos de empresarios comenzaron a ponerle ojo y plata al sector.

Hoy, uno de los principales actores de la calle es el empresario Álvaro Saieh, que está levantando ahí un centro comercial del más alto nivel, que albergará tiendas como Louis Vuitton, Hermès, Ralph Lauren, Banana Republic y Gucci, por nombrar algunas con las que ya ha habido conversaciones (ver recuadro).

La compra de las casas ubicadas en esa manzana por parte del grupo Saieh comenzó a mediados de 2010 y, según testigos de esas tratativas, el grupo pagó 80 UF promedio el metro cuadrado, lo que ha marcado la pauta del precio que se ha estado pagando en el sector en los últimos años.

Un empresario de Nueva Costanera comentó a Capital que “hace menos de veinte años el metro cuadrado no superaba las 20 UF pero hoy hemos visto pagar más de 100 UF”.

El único estudio reciente que existe sobre el precio de la zona, realizado por la consultora Atisba, advierte que es uno de los barrios de Santiago que más han elevado su valor, al pasar desde 24 UF en 2008 a 39,87 en 2011.

Pero no sólo Saieh tiene sus fichas en esa zona. Otros protagonistas relevantes son Juan Eduardo Errázuriz, Vicente Aresti, las familias Garcés y Salinas (Salfacorp), además de Andrés Navarro y Aníbal Montero, pues a través de sus inmobiliarias Fernández Wood Vizcaya y Aconcagua, dueñas de Vertical, han comprado los paños más relevantes de casas para echar a andar sus cuatro edificios de oficinas. En algunos proyectos figuran en sociedad con la familia Krauss, ex Rotter & Krauss, y los empresarios Eduardo Menichetti y Antonio Jalaf.

El accionista de Falabella Reinaldo Solari también figura como inversionista en el barrio. Está levantando un edificio de oficinas de 7 mil metros cuadrados en el cual a fines de año comenzará a operar Mageve, su family office.

Con un importante número de propiedades está matriculada la Inmobiliaria Nueva Costanera, de los empresarios Gerardo Valdés y Roberto García, los mismos que están detrás del Mirador Santa Anita en La Dehesa.

La familia Pirola Gianoli también apostó con todo en la zona al instalar ahí el primer hotel de la cadena Noi, que ya se extiende por todo Chile.

Tras ellos figura un listado importante de empresarios individuales que han colocado fichas en esta calle y sus alrededores. El empresario y ex superintendente de Valores y Seguros Daniel Yarur, por ejemplo, es dueño de la casa en que funciona el restaurante Osadía, del que es socio junto a Carlo Von Muhlenbrock. Pero no se quedó ahí: al menos media decena de las casas inglesas que están atrás, hacia Francisco de Aguirre, también forman parte de su portafolio inmobiliario.

El director de Hites Marco Hites aparece con otras propiedades. La más conocida es la casa que tiene arrendada al restaurante OX.

Otros dos nombres menos mediáticos que se repiten una y otra vez como dueños de las demandadas casas del barrio son el arquitecto Jorge Calvo Tagle, que es dueño de la casa donde están Kitchen Boutique y el restaurante Cook, y el empresario Carlos Barros.

A un paso de La Dehesa
Los entendidos saben que más temprano que tarde las enormes casas que albergan a tiendas o restaurantes terminarán convirtiéndose en edificios de baja altura, como lo permite el plano regulador, para maximizar el alto valor del metro cuadrado. Tiendas y restaurantes en el primer piso y oficinas en los otros.

Para allá va la apuesta. La demanda por el sector es real, no burbuja, como admite el experto en desarrollo urbano Pablo Trivelli. “No hay ninguna razón para pensar que la demanda que existe hoy no siga igual. A mucha gente le gusta vivir en Vitacura. Todo el tiempo se están remodelando casas en el sector y eso presiona el mercado al alza, impulsa el comercio, todo”, argumenta.

“Es un lugar a la pasada de o camino a”, lanza el gerente general de Wain, la tienda de vinos de cuatro pisos que emigró desde Isidora Goyenechea apostando por Nueva Costanera a fines del 2008, para graficar la consolidación del barrio.

“Te demoras siete minutos a La Dehesa y estás en Vitacura”, los dos sectores donde vive el público objetivo del comercio, restaurantes y oficinas de esta calle, sostiene Alejandro Videla, de Vertical. De ahí el éxito, cree, que ha tenido el edificio que entregará a mediados de 2013 y la demanda por los otros que están en carpeta.
No revela quiénes han sido sus compradores, pero admite que se trata principalmente de family offices, de gente que privilegia la calidad de vida, por sobre otras cosas, empresarios que están arrancando de los tacos de El Golf e incluso de Nueva Las Condes, revela.

De hecho, el propio alcalde, Raúl Torrealba, ha comentado más de una vez a empresarios que su interés siempre ha sido convertir este sector de la comuna en un polo no sólo de restaurantes y tiendas, sino también de oficinas, como se está dando.

La historia
La primera en llegar al barrio fue la decoradora María Teresa Cerveró, en la esquina de Nueva Costanera con Alonso de Córdova. Al poco rato, le siguió los pasos el decorador Julio Maturana, quien por lo demás fue uno de los que vendieron sus casas a CorpGroup para la construcción del nuevo centro. “Pero seguimos aquí mismo. A pocas cuadras, esta ubicación es inmejorable”, admite su socio Guillermo Vásquez.

La apuesta comenzó de a poco. En dos décadas se han sumado restaurantes como el Da Carla, que también fue uno de los primeros en llegar; el OX, La Mar, Osadía y Puerto Fuy, entre otros.

“Yo diría que fueron los restaurantes los que comenzaron a darle vida a la calle”, comenta una empresaria que llegó a la zona hace tres años. Y a diferencia de su vecina Alonso de Córdova, donde predominan las tiendas pequeñas, principalmente de ropa, el gran tamaño de las casas de esta avenida ha permitido la llegada de empresas consolidadas con productos de altísimo nivel, convirtiéndose en “una calle deco, de mucha tendencia”, admite la misma ejecutiva. Las tiendas de cocina, como Kitchen Boutique, de Ursus Trotter o Miele, además de Carpenter, Ducasse y otras, dan cuenta del sello deco y alto nivel.

Aunque no se conoce la fecha de inauguración, el aterrizaje de la prestigiosa marca de automóviles Rolls Royce en Chile, que trae Williamson Balfour, también escogió esta avenida.

El socio del restaurante Da Carla Gianfranco Zecchetto admite que “desde 2010 a la fecha, el crecimiento de las ventas ha sido sostenido. Se ve gente joven. Es un concepto más europeo. Santiago no es caminable y esta es una calle especial para hacerlo”.

Los actores de este barrio, en todo caso, también reconocen deudas pendientes y están en coordinación con la municipalidad para dar respuesta a los temas de seguridad que los aquejan y a la falta de estacionamientos que de a poco comienzan a ser un problema.
Por eso, no es de extrañar que en poco tiempo más se vengan proyectos de parking al estilo de la plaza Perú en El Golf o el paseo El Mañío, en la misma Vitacura. Desde ya el proyecto de Álvaro Saieh cuenta con 600 estacionamientos subterráneos. Toda una revolución para el sector.

Con casi 10 años posicionado en esta calle, Gianfranco Zecchetto apuesta a que “ojalá este sea el piso de lo que viene, y no el techo”.

La apuesta de Saieh
La inversión de CorpGroup, de propiedad del empresario Álvaro Saieh, en Nueva Costanera, es de 70 millones de dólares. Se trata de un centro comercial que tendrá 10 mil metros cuadrados emplazados en Nueva Costanera, entre las calles O`Brien y Juan Bautista Pastene, hasta Narciso Goycolea.

Toda una manzana que albergará cuatro restaurantes, tiendas de lujo, un gourmet market, tres salas de cine, gimnasio, terrazas y jardines. Todo, en un espacio semi abierto. Apuntan a convertirse en un ícono de sofisticación y lujo.

“Seremos un lugar de encuentro, sofisticado y agradable, integrado al barrio, manteniendo su estilo y escala”, admite Christine Thompson, sub gerente comercial de CorpGroup Activos Inmobiliarios.

La construcción comenzó a principios de año y los planes apuntan a abrir a mediados del 2013. Claro que no ha estado exento de polémica. Una de las esquinas no ha podido ser incorporada al paño. Se trata del restaurante Tierra Noble, de propiedad de los hijos del ex presidente de la Asociación de Bancos Hernán Somerville, Pamela y Sebastián, que junto a Juan Pablo Valdivia arrendaban la propiedad antes de que pasara a manos de CorpGroup. Alegan que tienen contrato hasta el 2014.

Los dueños del restaurante declinaron hablar con Capital, pero un ejecutivo ligado al grupo Saieh admite que han estado en negociaciones y que una de las posibles salidas al conflicto podría ser que Tierra Noble sea uno de los cuatro restaurantes que se instalarán dentro del centro comercial. Otra versión que ronda es que ya habrían acordado la entrega de la casa para agosto próximo. La Mar sería otro de los restaurantes de la oferta gastronómica que incluye el proyecto.

Lo concreto es que el strip center requiere de esa esquina. “Sólo es una cuestión de tiempo”, sentencia el mismo ejecutivo.