Por: Carlos Gutiérrez, socio Canales_Parga Abogados Laborales

  • 2 julio, 2020

Con un desempleo en ascenso, el mundo laboral es uno de los aspectos de la vida desafiados por la pandemia. Conviene recordar a Charles Darwin quien decía: Los seres que sobreviven son los que mejor se adaptan al cambio”. Y ante este proceso de mutación, brusca y rápida, los empleadores deben preocuparse de construir confianzas, teniendo especial tacto, y prestando atención a los cimientos sobre los cuales descansará el retorno al trabajo. Este debería construirse, a lo menos, sobre tres pilares fundamentales: flexibilidad, capacitación y seguridad.

La flexibilidad debe abordarse primero a nivel macro. Se esperaría, entonces, que la autoridad apoye este pilar preocupándose de normar lo relacionado con la modificación de jornadas y beneficios, en línea con lo que sucede en la práctica. Porque si bien la dictación de la ley sobre teletrabajo fue un acierto, no se trataron, por ejemplo, las presunciones de jornada relacionadas con la supervisión directa de los empleados que funcionan en esta modalidad. Por su parte, las empresas están llamadas a implementar —de acuerdo con las nuevas normas legales—, otras formas de prestación de servicios, que concilien vida familiar y vida profesional. Un ejemplo de buenas prácticas lo ofrecen algunos países nórdicos quienes permiten a sus colaboradores gestionar en gran medida sus horas de trabajo, con muy buenos resultados en cuanto a su productividad. Por lo demás, la experiencia internacional demuestra que la flexibilidad llama siempre a la creación de mayores puestos de trabajo, cuestión en extremo necesaria en estos tiempos.

Como segundo eje surge la necesidad de capacitación. La realidad que enfrentaremos requiere la educación tanto de empleadores como de los equipos. Será fundamental generar espacios que permitan a los actores saber cómo deben proceder en lo cotidiano, para su protección personal y la de terceros, evitando contagios. Temas como la forma correcta de distanciamiento en el puesto de trabajo o durante el transporte, deberían ser tópicos obligados. Sumado a lo anterior, la capacitación debe apuntar especialmente a la formación de una jefatura distinta, empática y enfocada hacia el liderazgo en modo de teletrabajo, tal como a la contención y motivación de quienes enfrentan retos no vistos antes.

En simultáneo con lo anterior se debe encarar el tercer pilar, la seguridad. Durante esta pandemia los departamentos de prevención de riesgos deben jugar un rol activo, de la mano con las áreas de recursos humanos. Hay que aprovechar a los comités paritarios de higiene y seguridad, que tienen una composición bipartita y conocen los detalles del día a día. Aspectos como las recomendaciones adecuadas de protección personal y de salud mental, serán bastiones en su gestión. Ante el entendible estrés de estos tiempos, corresponde enfatizarlo, las compañías deberán reforzar su inversión en el bienestar de las personas que ejercen labores ahí.

En la vuelta a una jornada de trabajo más normalizada es primordial que estos tres cimientos confluyan de forma participativa en la relación laboral. Ocuparse de la seguridad y la salud de los empleados será primordial para construir nexos de confianza en las empresas. Claramente, todos enfrentarán un quehacer en transformación. Pero esta es una oportunidad de acercar a los actores de este, acentuando el compromiso y diálogo entre sí. Es decir, construyendo mejores vínculos, con fundamentos sólidos y de largo plazo.