Glovo anunció el cierre de sus operaciones en Chile tras malos balances económicos. La app de reparto a domicilio española tuvo pérdidas por US$100 millones durante el 2018. Recordamos esta nota publicada en revista Capital en junio del año pasado.

  • 15 junio, 2018

Por: Catalina Allendes E.

La startup española en los seis meses que lleva en Chile ya suma 130 mil usuarios activos. Está dando una dura pelea con Uber eats y otras aplicaciones locales.

“¿Has usado Glovo? No; ¿Delivery? A veces… para el supermercado”. Las preguntas las hace el gerente general de Glovo en Chile, Geovani Cazares, que, desde el aterrizaje de la aplicación catalana en el país, en noviembre, se ha pasado armando alianzas con el comercio para hacerse cargo de las compras de los chilenos con una máxima que los distingue: entregas en menos de una hora.

Saca cuentas alegres. Dice que ya tienen 130 mil usuarios activos y más de 400 alianzas con proveedores, que van desde restaurantes, a farmacias, pastelerías y locales de snacks. “También hacemos de courier”, grafica Cazares.

El concepto tras el negocio es que no hay límites: el cliente puede pedir lo que quiera, desde donde quiera, claro que dentro de la legalidad. No es necesario que sea con alguno de sus socios. La meta para el 2018 es llegar a repartir un millón de pedidos al mes.

La empresa nació en Barcelona en 2015 de la mano de Oscar Pierre (28 años), un ingeniero aeronáutico que después de hacer una práctica en Airbus decidió emprender y llevar a España el sistema de mensajería colaborativa que prendía en Inglaterra y Estados Unidos.

En tres años se ha expandido a Portugal, Italia, Francia, Argentina, Perú, Guatemala, Costa Rica, Panamá y Uruguay. Está mirando África y otros países de Europa del norte  y medio Oriente. A Chile y América Latina llegó en un joint venture con Cabify, vino a reemplazar a Cabify Express.

En 2017 facturó casi 20 millones de dólares  y la meta del 2018 es superar los 100 millones.

Dura competencia

La competencia a nivel mundial en esto de las empresa colaborativas para el delivery no está fácil. Uber eats ha entrado fuerte en todos los países en que tenía presencia con el transporte de pasajeros y en cada uno de los mercados hay un par de ofertas locales potentes.  En Chile hay dos emprendimientos que también están dando la pelea, Cornershop y Pedidos ya, como reconoce el propio Cazares.

“Consolidarnos como número uno en Chile no es tarea fácil, pero hemos tenido éxito en Europa, sabemos que tenemos que potenciar las tres palancas claves, que son los clientes, los partner y los glovers (trabajadores).  El objetivo para este año es llegar a 25 países y más de 90 ciudades”, precisa Geovani Cazares, quien agrega que la semana pasada abrieron mercado en Viña y Concepción.

Se apoyan en que los chilenos están pidiendo cada vez más delivery y con harta sofisticación. De la clásica comida china, pasamos a las pizzas y al sushi, pero la gracia de estas aplicaciones es que no se limitan a las empresas que poseen un sistema de entrega, abren el espectro a lo que el cliente quiera.

Glovo ya ha hecho pruebas con Líder y va a lanzar un piloto con Jumbo y Santa Isabel. Lo que quiere es diferenciarse de Uber eats, que está concentrado en restaurantes.  Claro que, no desconocen que el fuerte del negocio está ahí.

El modelo

Glovo tiene 400 partnership en Chile a los que les cobra un fee por cada venta generada vía la aplicación, lo que incluye los costos operativos, aunque no dan detalles.

Lo que sí está claro es que esta parte del negocio ha sido crucial para dar viabilidad a la empresa, como reconoció en una entrevista a El País en mayo pasado su fundador: “Fue clave empezar a cobrar comisiones de alguien más que no fuera el cliente. Cuando sólo teníamos el botón mágico de ‘pide lo que quieras’ los márgenes eran muy negativos y estuvimos a punto de cerrar. Comisionar a las tiendas nos ayudó mucho”.

Según Geovani Cazares los partners están dispuestos a pagar porque logran un nuevo canal de venta. Según sus números a nivel internacional la entrada de estas aplicaciones puede elevar las ventas de un local comercial entre 20% y 30%. Sin tener que invertir en la logística que significa montar un delivery.

El efecto “Uber”

En el otro lado del negocio están los clientes que pagan 1.490 pesos por un pedido que esté en un radio de 5 kilómetros del lugar de despacho. Ese valor, eso sí, aún está subvencionado como parte de la estrategia de penetración en Chile. Pero, según Cazares, seguirá siendo competitivo, los 1.490 pesos quedarán para un radio de 3 kilómetros y 500 pesos adicionales por kilómetro. El servicio de currier se cobra distinto, 1.490 pesos de base y un adicional por kilómetro recorrido.

Según Oscar Perrier en España e Italia el volumen de clientes y socios es suficiente para ser viables.

La polémica

El tercer y clave insumo del negocio son los repartidores o glovers, como los llaman. En Chile ya cuentan con más 800, el 40% de ellos se dedica a tiempo completo. Se trata de jóvenes entre 27 y 30 años que principalmente (95%) trabajan en moto. En Glovo dicen que  trabajando entre 40 y 50 horas logran un sueldo cercano al millón de pesos.

Y es aquí donde más ha hecho ruido esta compañía a nivel internacional. Igual que otras aplicaciones colaborativas las criticas apuntan a la informalidad del trabajo. Pero en la compañía lo defienden: “La sociedad está cambiando. El tema de la flexibilidad se infravalora pero es muy importante. Poder decidir cuándo, cómo y dónde trabajas es fundamental. Estoy seguro de que cada vez habrá más gente que dirá que no quiere tener jefes, no querrá tener horarios, y tendrá diferentes vías de ingresos: hará clases, trabajará como glover, pondrá su piso en Airbnb… Esta es la tendencia del futuro”, dijo en mayo a El País Perrier.

De hecho, en Europa van un paso adelante, porque los glovers también aportan a financiar la infraestructura de la firma: en España pagan casi 60 dólares al año por ser parte de la red de repartidores. Veremos qué pasa en Chile.