Integrantes Grupo: Alejandro Gutiérrez, Director Desafío Pablo Allard, decano Facultad de Arquitectura, Universidad del Desarrollo Pilar Giménez, directora ejecutiva, D’Urbano Ricardo Labarca, coordinador, Inmobiliaria Las Salinas Javiera Maira, directora ejecutiva, Activa Valdivia Gonzalo Stierling, director ejecutivo, Ciclorecreovías Cristián Undurraga, socio, Undurraga Deves Asociados Javier Vergara, director ejecutivo, Ciudad Emergente Felipe Miranda, coordinador Chile tiene una […]

  • 15 octubre, 2015

ciudad

Integrantes Grupo:
Alejandro Gutiérrez, Director Desafío
Pablo Allard, decano Facultad de Arquitectura, Universidad del Desarrollo
Pilar Giménez, directora ejecutiva, D’Urbano
Ricardo Labarca, coordinador, Inmobiliaria Las Salinas
Javiera Maira, directora ejecutiva, Activa Valdivia
Gonzalo Stierling, director ejecutivo, Ciclorecreovías
Cristián Undurraga, socio, Undurraga Deves Asociados
Javier Vergara, director ejecutivo, Ciudad Emergente
Felipe Miranda, coordinador

Chile tiene una de las tasas más altas de urbanización del planeta, con alrededor del 89% de su población viviendo en ciudades y desde 2009 es más urbano que rural. La calidad del espacio público en nuestras urbes afecta la vida de la gran mayoría de nosotros y debiera ser el punto focal en la gestión del territorio urbano.

En las últimas décadas, las ciudades han experimentado grandes transformaciones como consecuencia de la globalización, el desarrollo tecnológico y los desplazamientos demográficos característicos de la urbanización. Sin embargo, hoy y en las próximas décadas, serán aquéllas que sepan transformar esos efectos en mejor calidad de vida para sus habitantes y visitantes, las más sustentables y resilientes –y por consecuencia, más competitivas y atractivas– en el largo plazo. Algunas ciudades ya han hecho el cambio. Londres, Nueva York, Shanghái y Sao Paulo son algunos casos de éxito.

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El índice Mercer de calidad de vida mide 10 parámetros clave, de los cuales siete tienen que ver con aspectos directa e indirectamente relacionados al espacio público. En 2015, en este índice, ciudades como Viena, Auckland, Vancouver, Sídney y Wellington aparecen en los primeros lugares. Y Santiago aparece en el lugar 93 de 230, precedida por Ciudad del Cabo y Buenos Aires.
El espacio público de la ciudad debe ser entendido por las administraciones urbanas, al menos, en estas cuatro dimensiones: infraestructura física y edificios, sistemas de movilidad y sistemas de gestión. Desde esta mirada, el espacio público se convierte en una herramienta potente que promueve la sostenibilidad de largo plazo en nuestras ciudades haciéndolas más inclusivas, saludables, resilientes, vibrantes y prósperas.

 

Diagnóstico

En Chile hay tendencias opuestas en el espacio público; de apropiación y mayor uso por un lado, y de temor e inseguridad por otro. Tenemos nuevas generaciones que se están apropiando del espacio público, porque son más urbanas, más conectadas, más liberales, además de haber nacido y crecido en democracia. Estas generaciones ven el espacio público y la calle como un lugar de encuentro, de consumo, diversión y manifestación. Esto sucede en nuestros parques, plazas, centros comerciales y canchas, skateparks y peladeros. Pero al mismo tiempo, nuestras avenidas, calles y pasajes se han convertido en lugares inhóspitos por nuestra percepción de inseguridad y por los peligros de atropello a niños, dejándonos confinados en nuestras casas.

• La prosperidad ha derivado en que nos hemos tomado los espacios públicos para consumir bienes y servicios, pero también para juntarnos con familia y amigos en restoranes, bares, cafés y parques. Hemos salido también a consumir cultura, yendo más al cine, al teatro, a exhibiciones y museos.

• La prosperidad, sin embargo, aumentó la tasa de movilidad de las personas y, consecuentemente, la congestión vehicular. La competición por el espacio común, que es un bien escaso, se ha convertido en un tema de interés público. Hoy tenemos en nuestras calles, bicicletas y buses con pistas exclusivas y éste es el camino correcto, pero ha generado más fricción entre los distintos modos de transporte y con los peatones.

• Muchos investigadores apuntan a que hay un vínculo directo entre la obesidad infantil, la falta de actividad y la calidad del espacio público, en particular asociado a la percepción de inseguridad. Para revertir esta tendencia, tenemos que diseñar nuestros espacios públicos y su relación con los edificios pensando en hacerlos más seguros y atractivos.

• La manera en que han crecido nuestras ciudades, segmentando fuertemente el mercado residencial por nivel de ingreso, y con densidades relativamente bajas ha generado grandes zonas con urbanizaciones de menor calidad en la periferia de todas nuestras ciudades.

• En estos últimos cinco años hemos visto catástrofes naturales donde la gestión del agua, la mitigación de tsunamis, de situaciones de gestión riesgo y reacción a emergencias podrían haber tenido al espacio público como un elemento que contribuye a la solución más que a agravar los problemas o ser indiferente a éstos. También en lo que respecta a procesos crónicos (cambio climático, sequía, contaminación ambiental, efecto isla de calor, radiación UV) el espacio público debe jugar un rol activo en mitigación y adaptación, y hasta hoy ha estado ausente.

Propuestas

• Liderazgo de líderes locales: clave para el éxito. Podemos encontrar una relación directa entre el progreso del espacio público y el rol de liderazgo que han jugado sus alcaldes. Ellos han entendido que las ciudades en sus dos velocidades, creando una visión de largo plazo y un conjunto de iniciativas que demuestran esa visión en el corto plazo. Han puesto el foco en dos o tres temas, y han impulsado con fuerza sus equipos para trabajar de manera consistente.

• Diseñar para crear comunidades. El espacio público es un lugar de encuentro y debemos diseñarlo para que lo promueva. Por ejemplo: convertir calles de paso en lugares para quedarse y conocer a los vecinos.

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• Diseñar para crear bienestar. Poder caminar, trotar, correr, jugar, andar en bicicleta de manera segura y atractiva. Permitir mayores densidades en lugares con mayor accesibilidad, e incentivar la concentración de actividades que prestan servicios a un barrio. Otro foco es rediseñar las calles y las fachadas de las construcciones para promover barrios más activos y seguros.

• Diseñar para crear resiliencia y sustentabilidad. Proponemos reusar nuestras aguas servidas y producir compost para dar factibilidad a un plan de parques urbanos que aumentarán la provisión de 2 m2 de áreas verdes por persona a 10; planificar los bordes costeros marítimos y contar con una estrategia nacional de resiliencia y seguridad de nuestra infraestructura crítica para que se trasladen hacia zonas seguras y gestionar aguas lluvia.

• Diseñar para crear inclusión y equidad. Proponemos aumentar la provisión de parques y plazas y que ninguna comuna posea menos de 5 m2 por habitante en áreas urbanas y tener estrategias comunales de espacios públicos, con diversos grados de implementación al 2035; proveer de sistemas de transporte que nos permitan acceder de manera segura, rápida, limpia y a un costo que sea accesible para todos; proponemos que al 2020, cada municipio de más de 50.000 habitantes pueda desarrollar sus estrategias de movilidad local, integrando usos de suelo y una visión de crear barrios en la ciudad, consistente con sus planos reguladores. Y en el caso de áreas metropolitanas, Santiago, Valparaíso y Concepción, estas estrategias deben ser desarrolladas en conjunto por las municipalidades de esa área metropolitana.

• Diseñar para que se hagan realidad y perduren en el tiempo. Todo lo anterior puede y debe ser hecho, pero la clave para que podamos implementarlo está en cómo le damos sustentabilidad de largo plazo. Para eso se propone: a) el traspaso de competencias y recursos a nivel local o regional acompañado de un sistema de concesiones municipales más sofisticado, flexible y transparente; b) para proyectos más grandes, como parques o equipamientos metropolitanos o de subcentros, de más de 40 millones de dólares de costo de capital y bordes costeros gestionados por sus municipios o gobiernos regionales. •••

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Alejandro Gutiérrez. “Nuestras ciudades y espacios públicos son el reflejo de nosotros mismos, nuestros sueños y aspiraciones. Si logramos que sea visualizado así por autoridades, ciudadanos y por el sector privado, tendremos ciudades que serán sinónimo de calidad de vida, de sustentabilidad, resiliencia, inclusión, diversidad y prosperidad”.

Javier Vergara. “Una de las dificultades de hacer ciudad en la era urbana es la capacidad para involucrar a las personas en la toma de decisión. Pero hay tácticas posibles. Algunos los llaman ‘guerrilla urbana’, ‘D.I.Y Urbanism’ (algo así como urbanismo hágalo usted mismo) o simplemente tácticas urbanas, una combinación de planificación a largo plazo con estrategias de transformación livianas, rápidas y baratas, eficaces para articular y activar a la ciudadanía sobre temas de importancia”.

Ricardo Labarca. “El terremoto recién vivido en la IV Región es un ejemplo de por qué debemos repensar la forma en que estamos diseñando el espacio público de las ciudades. Las familias afectadas se ven forzadas a desplazarse hacia zonas fuera de riesgo, pero que se ubican en zonas perimetrales, lejos de la ayuda de la administración local. Debemos cambiar el pensamiento a un diseño donde el espacio público sea la base de la estructura de la comunidad que lo rodea”.

Gonzalo Sterling. “Un espacio público mal estructurado o mal distribuido, normalmente pierde una de sus principales funciones y características: permitir y facilitar el desarrollo de actividades deportivas, el juego infantil y la vida activa en general”.

Pilar Giménez. “La relación entre el espacio público y el privado es uno de los aspectos centrales del urbanismo. La manera en que se resuelve esta relación determina el funcionamiento y la calidad de una ciudad. Hasta ahora, la primacía la ha tenido el espacio privado”.