Muchos analistas esperan que las repercusiones del escándalo de Volkswagen impulsen regulaciones más duras, y algunos se están planteando si es que el diesel está en su lecho de muerte. “Los reguladores serán ahora mucho más prudentes con lo que permiten y los test serán más duros y difíciles, o muy costosos, para el sector […]

  • 24 septiembre, 2015

Volkswagen

Muchos analistas esperan que las repercusiones del escándalo de Volkswagen impulsen regulaciones más duras, y algunos se están planteando si es que el diesel está en su lecho de muerte.

“Los reguladores serán ahora mucho más prudentes con lo que permiten y los test serán más duros y difíciles, o muy costosos, para el sector del diésel”, sostiene Max Warburton, analista en Bernstein Research.

Eso se traduce en un desastre potencial para los fabricantes de vehículos europeos que han invertido varias decenas de miles de euros en la tecnología diésel durante los últimos 15 años. Los gobiernos en todo el continente adoptaron los autos diésel para ayudar a combatir el cambio climático.

Dado que los gobiernos impulsaron exenciones fiscales y otros incentivos que favorecían a los diésel, como tarifas de estacionamiento más baratas, la industria respondió produciendo más modelos. Además, como en muchos lugares el diésel era más barato que la gasolina, el sector vivió un crecimiento espectacular.

Sin embargo, el escándalo de VW ha puesto de manifiesto una inclinación de los reguladores estadounidenses a investigar posibles incumplimientos de las normas de contaminación que ha faltado en Europa.

Las autoridades europeas tienen previsto comenzar las revisiones de las emisiones de los autos en carretera a partir de 2017, algo que llega con retraso, según afirma Nick Molden, el director ejecutivo de Emmissions Analytics, una empresa privada que analiza el ahorro de combustible de los vehículos en condiciones reales en la UE y EEUU.

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