Hace algunas semanas, Direct Edge, la cuarta bolsa de Estados Unidos, anunció su decisión de instalarse en Rio de Janeiro. Aunque el proyecto aún no está aprobado, los inversionistas –incluidos chilenos– esperan que este nuevo mercado brasileño ponga fin al monopolio y altos precios de São Paulo. William O’Brien, presidente de la firma norteamericana, explicó las razones de su apuesta.

  • 14 diciembre, 2011

 

Hace algunas semanas, Direct Edge, la cuarta bolsa de Estados Unidos, anunció su decisión de instalarse en Rio de Janeiro. Aunque el proyecto aún no está aprobado, los inversionistas –incluidos chilenos– esperan que este nuevo mercado brasileño ponga fin al monopolio y altos precios de São Paulo. William O’Brien, presidente de la firma norteamericana, explicó las razones de su apuesta. Por Fernando Vega.

No se habla de otra cosa en São Paulo. Le saldrá competencia al Bovespa, hasta ahora la única bolsa de valores de Brasil. A contar del próximo año comenzará a operar una nueva rueda, pero esta vez en Rio de Janeiro. Y sus dueños son los estadounidenses de Direct Edge, famosos por su agresividad y bajos precios.

El proyecto tiene entusiasmado hasta al propio gobierno de la cidade maravilhosa, embarcado en obras y programas para que Rio acoja por todo lo alto al Mundial de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016.

Si hasta el alcalde de la ciudad, Eduardo Paes, aplaudió la iniciativa. Presentó a la compañía en el palacio municipal y dijo que “tener una de las mayores bolsas de valores de los Estados Unidos operando aquí significa un reconocimiento del potencial económico de Río”.

El anuncio de la nueva bolsa resucitó la tradicional rivalidad existente entre Río y São Paulo, las dos mayores ciudades brasileñas. Ambas se disputan el título de la más importante e influyente del gigante sudamericano.

Rio tuvo hasta 2002 una bolsa de valores que llegó a ser la mayor de América Latina. En su pregón –además, el más antiguo de Brasil– se vivieron casi todos los grandes momentos económicos del país, incluidas las privatizaciones de los 90. Pero no fue capaz de competir con São Paulo.

Con una oferta de cientos de compañías transando sus acciones, mejor conectividad global y mayor seguridad para los inversionistas, la capital económica de Brasil creció hasta convertirse en el mayor mercado de valores de América Latina y uno de los tres más grandes del mundo. Al año, en el Bovespa se compran y venden acciones por el equivalente a casi cinco veces todo lo que produce Chile en un año entero.

Hace algunas semanas, Direct Edge anunció su decisión de instalarse en Río. Presentó su proyecto de bolsa electrónica, que en Estados Unidos le ha permitido hacerse con algo más del 10% de todo el mercado accionario de ese país. Ahora sólo espera la aprobación de la Comisión de Valores Mobiliarios (CVM), la autoridad del mercado brasileño de capitales, que a principios de diciembre comenzó a evaluar la iniciativa. Si todo sale bien, la nueva rueda comenzará a operar en el cuarto trimestre de 2012.

Pero no es la única. Desde mediados del año pasado diversos inversionistas han estado prospectando cómo romper el monopolio del Bovespa. La misma Direct Edge estuvo un año y medio buscando la fórmula para aterrizar en Brasil.

A principios de este año, la también estadounidense BATS Global Markets, que opera bolsas en todo el mundo, se alió a la administradora brasileña de fondos local Claritas para entrar al negocio, pero aún no presentan su proyecto.

Otra bolsa en ciernes es la del magnate Eike Batista. El dueño en Chile de la megacentral termoelétrica Castilla quiere crear BRIX, un mercado internacional de energía, que operaría en São Paulo y tendría sus oficinas centrales en Río de Janeiro.

A esos proyectos se suma la siempre existente posibilidad de que se rea-bra la bolsa de Bahía, cerrada el 2000.

Oportunistas

Mientras Direct Edge obtiene los permisos, ya ha deslizado que competirá básicamente con tecnología y mejores precios. El Bovespa mantiene una política tarifaria que estimula los grandes volúmenes para dar liquidez a las acciones brasileñas.

Sin embargo, para los operadores de montos menores, como los fondos de chilenos, la comisión cobrada por esa bolsa es tan cara como la de otros mercados latinoamericanos o de menor tamaño, a pesar de que se trata del mercado más grande de la región.

Por eso, el proyecto de Direct Edge es visto con especial interés por los inversionistas de esta región. La bolsa operará en todo Brasil y ofrecerá papeles de firmas de todos los tamaños y sectores, además de fondos de inversión e instrumentos de renta fija.

Se estima que la bolsa electrónica de Rio podría alcanzar una cuota de mercado entre 15% y 20% en los primeros años, atrayendo nuevos inversionistas locales, extranjeros y a los propios clientes de Direct Edge en Estados Unidos. En su país, la compañía se caracteriza por ofrecer grandes descuentos como premio.

La posibilidad de que la competencia por precio sea fuerte explicaría la baja en más de 10% que ya suman las acciones del Bovespa. La bolsa de Sao Paulo se transa a diario y la amenaza de nuevos oferentes, que se ha vuelto más real, está empezando a pesar en su rendimiento.

Sin embargo, Direct Edge deberá afrontar un inconveniente no menor: la falta de un sistema de compensación de las operaciones, que es clave para operar. En Brasil, sólo el Bovespa posee ese mecanismo, que permite garantizar las transacciones al comprobar, por ejemplo, que las acciones que alguien está comparando o vendiendo realmente existen y tienen respaldo.

“Aunque creemos que la competencia será una realidad en el futuro, para Direct Edge será un reto importante poder encontrar un proveedor de intercambio de información, ya que Bovespa no parece ser una alternativa”, sostiene la analista de Itaú Regina Longo Sánchez.

Hasta ahora, la Bolsa de Sao Paulo se ha negado a compartir el ingreso de otros actores a la cámara, lo que es interpretado como una clara señal de que no quiere tener competencia alguna. Las declaraciones del presidente de ese mercado, Edemir Pinto, quien calificó a los futuros competidores como “oportunistas” fueron más que evidentes.

Por ahora, sólo Brasil

Con sede en New Jersey, Direct Edge fue creada en 1998 como una plataforma de negociación electrónica. Comenzó a actuar como compañía independiente en 2007 y en 2010 obtuvo la aprobación de la SEC para operar como bolsa de valores.

Entre los socios de la empresa están pesos pesados del mundo de las finanzas como Goldman Sachs y J.P. Morgan, además de International Securities Exchange, Knight Capital y Citadel Derivatives Group, entre otros. La compañía transa alrededor de 27 mil millones de dólares en acciones y su plan es tomar ventaja del rápido crecimiento de los mercados financieros de Brasil y la apertura normativa que allí existe.

En el país sudamericano, el objetivo es ser “diferente, mejor y especial desde la perspectiva del cliente”, dice a Capital el presidente ejecutivo de la firma, William O’Brien.

Ex vicepresidente del Nasdaq, O’Brien es un abogado que trabajó en el departamento legal de Goldman Sachs y que se doctoró en Pennsylvania. Ha recibido varios premios de innovación por Direct Edge y en una entrevista a Forbes, hace dos años, afirmó que lo suyo es “usar la tecnología para ofrecer una oferta completa mejor para los clientes. La innovación es sin duda una actitud”.

-¿Por qué abrir un nuevo mercado bursátil en un momento de crisis?
-Estamos tratando de estar en Brasil a largo plazo. La economía brasileña se encuentra entre las de más rápido crecimiento en el mundo y creemos que un segundo mercado accionario en el país aumentará aún más la participación de los inversionistas a través de la competencia que conduce a la innovación y mejores precios.

-¿Qué condiciones vieron en Río para instalarse allí?
-Río de Janeiro está resurgiendo como un centro económico en Brasil, que presenta una serie de oportunidades para múltiples industrias, incluyendo servicios financieros, que tienen fuertes raíces históricas en la ciudad. Estamos emocionados de traer la bolsa de vuelta a Rio de Janeiro y ayudar a la ciudad a reafirmarse como un importante centro de servicios financieros en el país. La economía brasileña está creciendo, desarrollándose a un ritmo impresionante y sus mercados son vibrantes y sofisticados.

-¿Cree que sea posible aumentar los volúmenes de transacciones en todo el mercado, en vez de quitarle participación al Bovespa?
-Hay una gran oportunidad para Direct Edge Brasil para acelerar el ritmo de las mejoras tecnológicas, reducir los costos de comercio, e impulsar el crecimiento de volumen.

-¿Quiénes esperan que sean sus principales clientes?
-Al igual que en los Estados Unidos, creemos que se centrará en la atracción de una mezcla diversa entre inversionistas institucionales, minoristas, y el flujo del operador profesional.

-¿Están pensando en incursionar en otros países de América latina?
-Nuestra prioridad inmediata es hacer que Direct Edge Brasil sea un éxito, por lo que no estamos considerando ningún otro país de América Latina.