Por: Rodrigo Castillo C. Fotos: Marcas Santiago, 18:30 hrs. El tráfico denso paraliza la ciudad. Miles de conductores en un predicamento cotidiano. Horas perdidas, muertas en la trampa urbana. Una jaula de cuatro ruedas en plena autopista. Es la mecánica de la hora punta. ¿Un problema sin solución? No es lo que creen los fabricantes […]

  • 1 octubre, 2015

Por: Rodrigo Castillo C.
Fotos: Marcas

autonomia

Santiago, 18:30 hrs. El tráfico denso paraliza la ciudad. Miles de conductores en un predicamento cotidiano. Horas perdidas, muertas en la trampa urbana. Una jaula de cuatro ruedas en plena autopista. Es la mecánica de la hora punta. ¿Un problema sin solución? No es lo que creen los fabricantes de automóviles, que apuestan firmemente por sistemas de asistencia a la conducción que prácticamente replantean la relación entre auto y conductor, y que exigirán –en un futuro muy cercano– nuevas normativas.

Se trata de sistemas desarrollados para mejorar la seguridad en rutas y quitar peso y estrés al trabajo de conducir. La idea proviene de la industria aeronáutica, que desde los años sesentas asiste a los pilotos con funciones automáticas. En el mundo automotriz, fueron los frenos ABS y las tecnologías digitales, introducidos a finales de los setentas y hoy ampliamente difundidos, los que permitieron actuar sobre los frenos, creando la posibilidad de asistir al conductor mediante el control de tracción (que mejora el agarre del automóvil) o de estabilidad (que impide vuelcos por acciones dinámicas inadecuadas), entre varios. Fue sólo el inicio.

El factor humano

Las estadísticas son contundentes: más del 90% de los accidentes de tránsito se deben a errores humanos, desde fallas en la conducción a manejo con alcohol u otras sustancias, además de muchas otras causas. El desafío estaba entonces planteado: minimizar el factor humano de la ecuación. Una de las nuevas fronteras de la industria.

Para lograrlo, marcas como Mercedes-Benz y Volvo ya cuentan con modelos altamente automatizados en el mercado chileno, que reducen la carga al conductor. El primero fue el máximo exponente de Mercedes-Benz, la Clase S, presentada en 2014. Un sedán que es capaz de “manejarse solo” en tráfico denso. ¿Cómo lo hace? Integrando diversos sistemas como Distronic Plus, su programador de velocidad activo y la función Stop&Go Pilot, que utilizan desde radares perimetrales y cámaras en 360°, con el funcionamiento del motor, la transmisión y la dirección. Este modelo no sólo impide en gran parte realizar malas maniobras, sino que además es capaz de tomar el control en diversas situaciones.

Es posible programar una distancia de seguridad con el vehículo que va adelante. Una vez hecho esto, tanto su acelerador como su caja de cambios operan de manera automática, acelerando y frenando, dejando en manos del hombre sólo la dirección, hasta cierto punto, ya que el volante avisará si se sale de carril sin señalizar, por ejemplo.

Caso similar es el del nuevo Volvo XC 90, introducido en nuestro mercado hace un par de meses. Un SUV que ofrece uno de los más sofisticados sistemas de control crucero adaptativo, capaz de programar la distancia de un vehículo y frenar y acelerar pos sí solo, además de su paquete de soluciones City Safe, que reúne el autofrenado, al analizar el entorno para detectar otros vehículos, peatones o ciclistas y detener el vehículo si es preciso para evitar un siniestro. Ello permite al conductor olvidarse de los pedales de acelerador y freno en casi cualquier condición. La experiencia es buena y queda la impresión de que este modelo es mucho más criterioso que muchos de los conductores que circulan hoy por los caminos de Chile.

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Constructores como Audi, Ford, General Motors y Volkswagen, ya incluyen en sus modelos sistemas de estacionamiento autónomo, dejando en el olvido el desafío de estacionar en paralelo, para muchos conductores un problema, hoy superado. Incluso el nuevo Serie 7, el máximo exponente del portafolio de BMW, cuenta con un dispositivo que permite estacionar sin que el conductor se encuentre dentro del auto. Esto lo realiza mediante una pantalla en la llave que permite maniobrar hacia adelante y atrás de manera remota, muy útil para salir y entrar de estacionamientos en espacios reducidos. El auto, mediante sus sensores perimetrales, calcula los espacios para realizar siempre una maniobra limpia y segura.

La conectividad juega un rol clave en estos sistemas. Varios constructores plantean la necesidad de que todos los actores del tráfico en ciudad y carretera se intercomuniquen entre sí, de manera de evitar accidentes, mejorar el tráfico y hasta el consumo de los vehículos. ¿Se imagina una caravana de varios autos autónomos de vecinos, saliendo de Chicureo con dirección a El Golf? Una realidad más cercana de lo que parece.

Lo que sigue

Tal como un piloto de aerolínea deja su avión en modo automático, hoy ya es posible dejar en manos del vehículo toda la conducción. Sin ir más lejos, en 2014, un Mercedes-Benz Clase S pudo realizar un trayecto de más de 100 kilómetros, sin asistencia humana. Por cierto, la prueba se realizó en condiciones controladas, puesto que hoy no existe en ningún país del mundo una normativa que permita que la conducción quede en manos de sistemas autónomos. La responsabilidad aún debe recaer en una persona.

Otro paradigma que cambia es el del placer de la conducción. Con estos sistemas y la exclusión del factor humano, los automóviles cada vez entregan menos feedback al conductor y es posible que incluso éstos pierdan pericia, si es que llegase a ser preciso que tome el volante y conduzca de manera tradicional. En la medida que estos sistemas se masifiquen, le discusión al respecto irá en aumento. Lo cierto es que hoy, en nuestro país, ya puede disfrutar de esta tecnología de vanguardia. •••