Por Natalia Saavedra   Fotos: Verónica Ortíz Hace más de 10 años, Enzo Bolocco pasaba por el borde costero de Concón cuando un cartel de “Remate” llamó su atención. El anuncio hacía referencia a la la venta de un terreno que vendía la Armada de Chile. Mejor dicho, se trataba de un peñón justo encima […]

  • 28 julio, 2014

Por Natalia Saavedra  
Fotos: Verónica Ortíz

Arriba de la ola

Hace más de 10 años, Enzo Bolocco pasaba por el borde costero de Concón cuando un cartel de “Remate” llamó su atención. El anuncio hacía referencia a la la venta de un terreno que vendía la Armada de Chile. Mejor dicho, se trataba de un peñón justo encima del mar y a unos metros del mirador de la Roca Oceánica. Sin darle muchas vueltas, Bolocco quiso comprarlo, pensando que en el futuro sería un buen espacio para desarrollar un proyecto.

Y así lo hizo. Un par de años más tarde de haberse quedado con el lugar –bautizado como “Punta Piqueros”– comenzó a desarrollar la idea. Definió que lo mejor era levantar allí un hotel de lujo. Contaba ya con el apoyo del municipio y empezó la búsqueda de inversionistas para levantar su proyecto.

Presentó su iniciativa a varias familias que conocían bien Viña del Mar. Los Said fueron los primeros invitados. Su propuesta fue que en vez de comprar el proyecto, Bolocco se quedara como socio del mismo. Luego además se sumaría el grupo Urenda, históricos empresarios de la Quinta Región.

Con la sociedad armada, debían sortear un escollo clave: por ser éste un terreno encima del mar, requerían no sólo de una autorización de obras, sino que de la venia del alcalde y del Concejo Municipal de Concón; todo de acuerdo a la ley que rige la construcción de equipamiento en el borde costero (Ley Lorca). El trámite fue realizado sin mayores sobresaltos y en enero de 2011, el municipio dio luz verde a la construcción del hotel. En marzo de ese mismo año comenzaron las faenas.

[box num=”1″]

La buena vecindad

Todo corría con normalidad y el recinto se levantaba según lo proyectado. Se trataba de un edificio de poco más de 30 metros y 134 habitaciones de lujo, operado por la cadena Intercontinental. Cerca de 40 millones de dólares se desembolsarían en la iniciativa, a cargo de la constructora Desco.

Pero un grupo de vecinos de la zona se inquietó con la idea. Se trataba de los agrupados en el Comité de Defensa del Patrimonio de Viña del Mar, una organización civil creada en 1998 y que ha hecho ruido diciendo “No” a otros proyectos de la ciudad, como al hotel Hyatt que también pretende construirse en la Quinta Región. “No sabíamos de qué se trataba, hasta que hicimos las indagaciones en el municipio y nos enteramos de que era un hotel. Nos generó mucha inquietud”, recuerda su directora técnica, Patricia Arellano.

El grupo se organizó rápidamente en contra del proyecto, pues a su juicio el emplazamiento encima del mar afectaría el medio ambiente y la conservación del borde costero. Además, pese a haber sido aprobado por el municipio, consideraban que el hotel no significaba ningún aporte a la comunidad, pasando a llevar lo establecido por la Ley Lorca. A raíz de lo anterior, decidieron ingresar un Reclamo de Ilegalidad a la administración comunal, pidiendo suspender su construcción.

La inmobiliaria continuó con las obras, ya que todo estaba en regla. “Siempre hemos trabajado al amparo de lo que establece la ley y sus respectivas normativas. Contamos con Permiso de Edificación otorgado unánimemente por el Concejo Municipal de Concón, luego de obtener la aprobación de la Dirección de Obras Municipales de Concón. Además, estamos regulados por tres Instrumentos de Planificación Territorial: Ley 13.364, también denominada ‘Ley Lorca’; el Plan Seccional del Borde Costero y el Plan Regulador Comunal de Viña del Mar, pese a que actualmente el terreno queda dentro de la jurisdicción de Concón”, destaca el gerente general de Punta Piqueros, Ambrosio García Huidobro.

Pese a los reclamos de los vecinos, las autoridades de Concón negaron la reconsideración. Pero el Comité Pro Defensa del Patrimonio no quedó conforme. Acudieron entonces a la Corte de Apelaciones, solicitando una orden de no innovar, todo con el fin de detener las obras. También les fue negada.

Arellano recuerda que a esa altura, la única opción era recurrir a la Corte Suprema. Había pasado ya más de un año de su primer reclamo. “Después de mucho, la Tercera Sala decidió finalmente escuchar nuestra petición. En mayo de 2013 se ordenó paralizar las faenas y, además, someter al proyecto a un Estudio de Impacto Ambiental”, relata.

 

Estatus: En estudio

Al interior de la inmobiliaria Punta Piqueros, la noticia de su paralización no les cayó nada de bien. Habían invertido a esa altura tiempo y recursos en el diseño y construcción del proyecto, que ya mostraba un 70% de su avance en la obra gruesa.

Diseñado por el arquitecto Max Núñez –de la oficina Flaño, Núñez y Tuca– y en asociación con el arquitecto Yves Besançon, el hotel contempla 20 mil metros cuadrados construidos, 134 habitaciones, estacionamientos, dos piscinas, restaurante, spa y salones de eventos. Todo será levantado en diez pisos: tres de ellos desde el nivel de la calle hacia arriba, mientras que el resto se encuentra bajo esa altura, acercándose así al mar, que en esa zona de Concón está separado del camino por unos 24 metros de altura.

Ya en agosto del año pasado –sólo dos meses después del fallo de la Suprema– la inmobiliaria entregó su Estudio de Impacto Ambiental (EIA). No sería un tránsito fácil, pues el comité estaba dispuesto a meter bulla. Dudas respecto al manejo ambiental, al impacto vial generado en la zona, cuestionamientos a los beneficios que generaría el hotel en Concón y críticas a su paisajismo, fueron parte de las 19 páginas que ingresaron al Servicio de Evaluación de Impacto Ambiental (SEA) como parte del proceso de consulta ciudadana. “Los cuatro pisos sobre la Avenida Borgoño de un muro ciego sobrepasan considerablemente la altura del peñón, lo que bloquea completamente la vista al mar”, eran parte de sus indicaciones.

[box num=”2″]

Pero según consta en el expediente, a la par, otros vecinos demostraron su apoyo a la iniciativa. Como el dueño del restaurante Stella María, ubicado a sólo metros de las detenidas obras del recinto. “Como empresario gastronómico, veo en el Hotel Punta Piqueros un proyecto que viene a ayudar a que se le tome peso a la importancia de que existan nuevas inversiones que revitalicen el turismo de la zona”, dijo el empresario al ente evaluador.

Por eso, y pese a que las idas y vueltas entre los diferentes servicios que han evaluado el proyecto se traducen en tres informes de respuesta (Adenda) que ha entregado Punta Piqueros estos meses, la empresa se toma el proceso con optimismo. “En agosto pasado entregamos nuestro EIA que contiene un extenso análisis técnico en diversos campos, que ha sido revisado por más de 20 servicios, incluyendo organismos públicos como Sernageomin, varias secretarías ministeriales como Salud, Medio Ambiente y Vivienda, Sernatur, SAG, entre otros. A la fecha, hemos cumplido con todos los procesos y requerimientos de las autoridades, encontrándonos ya en una etapa avanzada del proceso de calificación ambiental, el que sin duda, ha fortalecido aún más algunos aspectos de nuestro proyecto”, detalla García Huidobro.

El ejecutivo añade que el informe ha demostrado que la obra será un aporte a la actividad turística comunal, pues contribuirá al aumento de la capacidad hotelera y servicios afines, como gastronomía y esparcimiento. También plantea que generará nuevos puestos de trabajo para la comunidad, con 150 empleos promedio en su fase de construcción –llegando a 200 puestos en el máximo–, y 130 empleos directos en su operación. “Sólo tiene impactos circunscritos al espacio constructivo de la edificación, sin afectar ni alterar zonas aledañas, tales como la Roca Oceánica y el Campo Dunar Punta de Concón”, asegura.

 

¿Viene la ola?

Pero para los integrantes de la asociación que detuvo la construcción del proyecto, éstos son argumentos sin asidero, pues aseguran que los efectos de la puesta en marcha del hotel son generar un detrimento en un sector muy cercano a las dunas de Concón y a la zona declarada como Santuario de la Naturaleza. “Si no hubiera sido por el Comité jamás se hubiera sido sometido a estudio. Consideramos también que, en general, las respuestas a las inquietudes entregadas en el EIA son totalmente insuficientes. Cómo podemos pensar que un hotel con salones, eventos y más de 130 habitaciones no va generar un impacto vial en un camino que está en condiciones totalmente precarias”, exclama Arellano.

Pero, hoy por hoy, la discusión está centrada en otro asunto. Tras el terremoto ocurrido el 27F, la asociación se preguntó qué efectos tendría un posible tsunami en el lugar.

El presidente de la ONG, Alfonso Campusano, oceanógrafo y quien fue director del Shoa en los años 80, advierte que el hotel está mal planteado frente a una emergencia. “Las vías de evacuación al cerro están lejos y son pequeñas escaleras. Además, la altura de inundación puede superar fácilmente los 30 metros y eso implica un riesgo para los pasajeros. Eso nos preocupa”, asegura. Campusano también analizó las últimas respuestas entregadas por la inmobiliaria al SEA en relación a su plan de emergencia: “Un cálculo demasiado optimista de los tiempos de evacuación”, son parte de sus conclusiones.

Pese a las observaciones, la iniciativa está hoy en una de sus últimas etapas de evaluación y sólo un servicio estatal ha apoyado la visión del Comité. Se trata del Seremi de Salud, organismo que señaló en su última revisión que “se deja constancia de que existen temas en la evaluación que a pesar de no ser de competencia sectorial directa de esta Seremi de Salud, se debe consignar que existen dificultades de emplazamiento, de acceso a las vías de evacuación, tiempos de respuestas no estimados para los desplazamiento de las personas y de los servicios de urgencia y emergencia, que convierten al lugar, y sector vulnerable, con probabilidad de causar daño a la integridad de las personas, al frustrase una evacuación exitosa en caso de una emergencia de gran envergadura, aspectos éstos regulados por el Art. 2.1.17 de la OGUC.; por lo que no sería recomendable el emplazamiento de un hotel de estas características en el lugar propuesto por el proyecto”.

[box num=”3″]

Punta Piqueros respondió ampliamente a las inquietudes del Seremi en su última Adenda. Su gerente general explicitó que la seguridad ha sido un eje clave del proyecto, tanto en relación a la estructura del edificio, como para sus pasajeros y el personal. Descartan de plano cualquier riesgo y han trabajado con expertos de primera línea para medir posibles efectos de un tsunami. Entre ellos, Rodrigo Núñez, ex subdirector del Shoa.

“Incorporamos en el diseño y cálculo del edificio los nuevos requerimientos de seguridad dispuestos tras el 27F en la normativa estructural que regula la construcción. Adicionalmente, en los pisos inferiores se usará una estructura de hormigón reforzado, además de cristales de un grosor importante, que ya han sido utilizados y probados en otros inmuebles emplazados en el borde costero de la zona. El proyecto también contempla un completo Plan de Emergencia y Evacuación para las eventualidades ya mencionadas y se impartirá capacitación permanente al personal para responder ante diversos imprevistos”, detalla el ejecutivo. Una terreza de más de 34 metros de altura actua, además, como refugio en caso de cualquier incidente, preparada con todo el equipamiento de emergencia de última generación para un período de 48 horas.

Con todo, el hotel, al que le restaría poco más de un año de construcción, espera ahora la decisión del SEA que podría conocerse las próximas semanas. De ser positiva, los vecinos deberán evaluar si están dispuestos a impugar la decisión ante el Comité de Ministros, la última instancia que les quedaría para evitar su construcción. “Hemos propuesto que se haga en otra parte, que el municipio llegue a un acuerdo para moverlo de allí. Nos nos negamos a que se invierta en la zona, sólo que no es el lugar adecuado”, dice Arellano en una posición más conciliadora. •••