En medio de numerosas restricciones, las empresas chilenas se las arreglan para sobrevivir en Argentina. No hay dólares, repuestos para maquinarias ni productos importados para vender. La queja es generalizada, pero al mismo tiempo quieren cuidar sus negocios.

  • 31 julio, 2012

En medio de numerosas restricciones, las empresas chilenas se las arreglan para sobrevivir en Argentina. No hay dólares, repuestos para maquinarias ni productos importados para vender. La queja es generalizada, pero al mismo tiempo quieren cuidar sus negocios. Por Fernando Vega.

Está difícil trabajar en Argentina. Las múltiples restricciones impuestas por su gobierno tienen a empresarios e inversionistas haciendo malabares para adaptarse a los continuos cambios. “Aguantar” es la consigna, mientras en el día a día de sus operaciones deben enfrentarse a numerosos controles, una creciente inflación, escasez de productos y una robustecida burocracia.

Las declaraciones del presidente de Cencosud Horst Paulmann, al diario La Nación de Buenos Aires a fines de julio, en relación a que “mi amigo Guillermo Moreno está por el camino equivocado”, resumieron el estado de ánimo de los empresarios chilenos en ese país.

Guillermo Moreno es el secretario de Comercio Interior trasandino, el padre de los controles y del cierre de esa economía. Y aunque las declaraciones de Paulmann corresponden a una entrevista realizada en junio en Mónaco, sus dichos cobraron mayor relevancia debido a que en las últimas semanas se han multiplicado las críticas a la política económica trasandina y ha aumentado la sensación de que ese país se encamina a paso firme a problemas mayores.

“Vemos a Argentina encarando fuertes vientos macroeconómicos en contra, dada la combinación de políticas cada vez menos ortodoxas. Las perspectivas de crecimiento para el 2012 están cambiando debido a la moderación de la expansión mundial y las políticas nacionales, que lastran la confianza y aceleran la fuga de capitales”, dice Michael Gómez, codirector de mercados emergentes del administrador global de fondo de inversiones Pimco (ver recuadro).

Cencosud es hoy uno de los mayores inversionistas chilenos en ese país. Es una de las caras más visibles y, sobre todo, uno de quienes mejor conocen ese mercado y su idiosincrasia. “Yo empecé a aprender a rezar en la Argentina, para sobrevivir”, sintetizó el mismo Paulmann en esa entrevista.

Según cifras de la dirección de relaciones económicas de la Cancillería (Direcon), hasta 2011 Argentina todavía era el principal destino de las inversiones directas de capitales chilenos en el mundo, pese a la tendencia a la baja experimentada en los últimos años. Entre 1990 y diciembre del año pasado, los empresarios nacionales apostaron 16.284 millones de dólares a ese país. En 2011 fueron sólo 359 millones de dólares.

No hay planchas para vender
Actualmente, el mercado argentino está dominado por un conjunto de restricciones impuestas por el gobierno. Hay limitaciones para compra de moneda extranjera, controles de precios para varios productos y un régimen de sustitución de importaciones que obliga a los empresarios a adquirir parte de sus materias primas en ese mismo país. Se trata de una política que, según varios economistas, sólo busca mantener el superávit externo para evitar una crisis en la balanza de pagos, debido al excesivo gasto que ejerce el Estado.

La conjunción de todo eso ha provocado mayores costos de producción y menor eficiencia en los balances de las compañías chilenas. Pública y privadamente, los empresarios se quejan de que hay retrasos y escasez. Que hoy en Argentina es casi imposible conseguir una serie de insumos, herramientas de precisión, repuestos y compuestos químicos. Y si los hay, han escalado

Las inversiones chilenas en Argentina alcanzan a 16.284 millones de dólares y la suma de restricciones gubernamentales ha provocado mayores costos de producción y menor eficiencia en las empresas nacionales.

a precios exorbitantes.

En el sector construcción la restricción de la compra de dólares está afectando al negocio, debido a que casi todas las transacciones se hacen en esa moneda y en las tiendas los stocks se redujeron prácticamente a la mitad: la oferta es casi por completo de productos locales, algo impensado en un mercado de consumo como el argentino, reconocidamente demandante de marcas extranjeras y de lujo.

“En algunas tiendas antes teníamos cerca de 30 planchas distintas, en cambio ahora no hay más que cinco o tres y, en algunas ciudades, el stock está aún reposición, porque tardan en llegar. Lo mismo pasa en fotografía y con cualquier producto de alta tecnología, e incluso con las bicicletas”, revela un ejecutivo de una cadena de retail chileno.

La lista de los productos que escasean cambia día a día según se levantan, endurecen o se modifican las restricciones. A eso hay que sumar que la industria local tampoco es capaz de satisfacer toda la demanda de un país de 40 millones de habitantes.

Actualmente son más de 600 los artículos cuyo ingreso al mercado argentino depende del otorgamiento de una licencia de importación, A fines de julio, en el top de lo difícil de conseguir estaban los hervidores de agua, coches para guagua, cosméticos, algunos electrodomésticos, ropa para la nieve, insumos médicos y hasta remedios para el cáncer. En los supermercados prácticamente no hay alternativas importadas para ningún producto de primera necesidad.

Gonzalo García, secretario general de empresas CMPC, sostiene que “nuestras operaciones industriales en Argentina están enfrentando algunas dificultades. Hay problemas en el acceso a dólares para pagar importaciones de repuestos e insumos, y existen dificultades para exportar a clientes en Argentina”.

Añade que “también hace ya un tiempo tenemos controles de precios sobre muchos de nuestros productos de consumo masivo, lo que aumenta los problemas”. La firma es una de las mayores productoras de ese país de papeles para uso domiciliario.

El vino pierde competitividad
Una de las industrias en que existen más inversionistas chilenos en Argentina es la vitivinícola. Atraídos en los 90 por las buenas condiciones climáticas para producir, el sector enfrenta hoy una serie de inconvenientes para cumplir con las restricciones gubernamentales.

Sin embargo la mayor preocupación de los viñateros es la pérdida de competitividad, producto de la alta inflación, que no compensa la devaluación del peso argentino. Ni siquiera con la estabilidad que ha mostrado el precio de la uva.

En general, los inconvenientes tienen que ver con la necesidad de adaptarse a la obligación de usar insumos locales o de trabajar con plazos más largos, debido a los retrasos en los permisos para importar repuestos o maquinarias.

En privado, algunos viñateros comentan que han debido comenzar a usar botellas argentinas, que son alrededor de un 30% más caras, ya que su importación desde Chile fue suspendida.

Según Aurelio Montes, presidente de Viña Montes, que en Argentina controla la viña Kaikén, el ingreso de unas barricas francesas –necesarias para la producción– tardó tres meses, debido a los controles y, además, todo el plan de llegar con la marca Montes desde Chile a los principales restaurantes de Buenos Aires tuvo que ser suspendido.

Según Matías Elton, gerente general de Grupo Belén que controla la viña Morandé, y en Argentina la viña Zorzal, en general la industria vitivinícola no ha sido muy afectada, ya que cuenta con un buen número de proveedores locales (botellas, cajas, cápsulas, etc.) y “por otro lado, es una industria que exporta más de lo que importa, por lo que en general no ha tenido mayores restricciones del gobierno argentino”.

No obstante, ante este escenario de mayores restricciones y pérdida de competitividad, están buscando reducir costos y gastos, “junto con un aumento progresivo de precios, tanto en el mercado local como en el de exportación. También por prudencia tratamos de reemplazar productos importados por proveedores locales”, sostiene el ejecutivo.

En Argentina además está Concha y Toro, que a través de la bodega mendocina Trivento figura entre las principales exportadoras de vinos argentinos.

Silencio y cautela
Hasta ahora a nivel gubernamental, las quejas por los problemas con Argentina han sido tratadas delicadamente. Chile no quiere aparecer como un vecino problemático para ese país, por lo cual ha optado por la vía de plantear caso a caso cada diferencia. “Una denuncia a nivel internacional podría ser peor y cerrar inmediatamente cualquier conversación”, explica una fuente diplomática.

Por ello, todo lo relacionado a las restricciones está en manos de la Direcon, cuyo director, Álvaro Jana, viajó la última semana de

Pública y privadamente los empresarios se quejan de que hay retrasos y escasez. Hoy en Argentina es casi imposible conseguir una serie de insumos, herramientas de precisión, repuestos y compuestos químicos. Y si los hay, han escalado a precios exorbibantes.

julio a Buenos Aires para reunirse junto al embajador de Chile en Argentina, Adolfo Zaldívar, con Guillermo Moreno y directivos de empresas chilenas en el país vecino.

Según un ejecutivo que conoció de las tratativas, hubo buena disposición por el lado argentino para seguir buscando soluciones, versión que coincide con la de Cancillería, donde aseguran que esta fórmula ha permitido resolver positivamente más de un 80% de los casos planteados por las empresas chilenas en su proceso de exportación a Argentina.

En Buenos Aires hay un equipo de la embajada dedicado a monitorear de cerca el problema. Junto a Zaldívar, la directora de la oficina comercial de ProChile, Iris Boeninger, trabaja coordinadamente con las empresas chilenas y autoridades trasandinas para tratar de agilizar los casos. No siempre el resultado es positivo, pero al menos –destacan– los argentinos han sabido valorar el respeto con que los chilenos han actuado. Ello, a diferencia –por ejemplo– de sus otros socios comerciales como Brasil o Europa, que han optado por sanciones comerciales o el cierre de mercados para algunos productos. “Los empresarios se quejan, pero al mismo tiempo quieren seguir en Argentina, porque es un gran mercado”, dice una fuente diplomática.

Hasta la fecha, una treintena de compañías internacionales –sobre todo, europeas y estadounidenses– ha acudido a los tribunales internacionales demandando a Argentina.
Desde Santiago, por el lado de los privados, los empresarios destacan el rol del presidente de la Cámara Nacional de Comercio (CNC), Carlos Eugenio Jorquiera; sobre todo, en defensa de los exportadores chilenos. Las restricciones los dejaron fuera o con sus envíos parados en las aduanas en espera de los permisos para ingresar sus mercaderías.

El lío de la doble tributación
Otro de los conflictos que preocupan a los empresarios chilenos es el término del convenio de doble tributación por parte de Argentina. El acuerdo permitía a los inversionistas pagar impuestos sobre sus ganancias y patrimonio sólo en uno de los dos países. Pero a contar del próximo año se acaba esa exención.

La medida ha sido considerada más que todo una señal negativa. Según Gonzalo García, de CMPC, la eliminación del acuerdo “nos afecta en la aplicación del impuesto al patrimonio, pero en relación a la repatriación de utilidades no hay efectos negativos”.
No obstante, el socio de consultoría en transacciones de Ernst & Young, Osiel González, sostiene que en el caso de las compañías chilenas “se va a traducir en una doble tributación bastante alta, que podría llegar a una carga impositiva de hasta 48% del precio cobrado por los servicios”. Añade que similares efectos adversos se producirán para las compañías argentinas que realizan inversiones en Chile. Por ejemplo, la ganancia de capital por las acciones que se transan en la bolsa chilena pasarán de ser renta exenta en Argentina a gravarse con un impuesto de 35%. “Lo mismo ocurrirá con rentas obtenidas a través de fondos de inversión privados y plataformas constituidos en Chile”, advierte.

Fuentes de algunas compañías con operaciones en Argentina añaden que los más afectados serían los ejecutivos argentinos, quienes deberán empezar a pagar impuestos, tanto en Chile como en su país de origen.

Resistir para seguir viviendo
Fuentes empresariales y diplomáticas coinciden en que los temores sobre posibles nuevas medidas que pudieran afectar a otras empresas chilenas con activos en ese país no están del todo conjurados. Siempre existe la posibilidad de que, si la crisis se profundiza, el gobierno de Cristina Fernández siga arremetiendo contra el sector privado.

Por eso, el silencio y la prudencia marcan las respuestas de las compañías nacionales. “En general, el discurso es que en Argentina se invierte lo justo y necesario para mantener las operaciones, y no para aumentar la exposición en dicho país. Es decir, se tiene una posición conservadora. En todo caso, hay coincidencia en que Argentina, si alguna vez llega a resolver sus problemas, es un país con un potencial inmenso. Por otro lado, muchas empresas manifiestan que ya están “acostumbradas” a la forma de trabajar en Argentina, y que se han “adaptado en el tiempo”, dice el subgerente de Inversiones de la corredora de capitales chilenos y argentinos InvertirOnline|FIT, Antonio Fuenzalida.

En las corredoras de bolsa y fondos de inversión es frecuente preguntar a las empresas con operaciones en Argentina por la marcha de sus negocios al otro lado de la cordillera. Y por lo mismo, generalmente las proyecciones asociadas a éstas suelen ser mucho más conservadoras o pesimistas que para otros países de la región. “Además, los flujos provenientes desde Argentina se descuentan a tasas más altas, por el riesgo que representan”, añade Fuenzalida.

Para el economista argentino Carlos Melconian, un reconocido asesor de los chilenos, la recomendación para todos los inversionistas nacionales es “aguantar a la Cencosud”. Añade que hay casos y casos, dependiendo del tamaño. “Por otra parte, todo es muy dependiente de un giro de la sociedad argentina, según qué tipo de gobierno quiera tener el país a futuro”, sostiene.

Melconian afirma que el país está en una fase recesiva, pero que el mayor problema para los extranjeros es la imposibilidad de girar dividendos por utilidades. “La gran mayoría ha dejado de invertir en la Argentina nuevos flujos, ya que están entrampados aquí con gran liquidez en moneda local”, advierte.

Mientras, la presidenta Cristina Fernández sigue defendiendo con fuerza las restricciones y los inversionistas nacionales tratan de convencerse de que en algún momento esta política de aislarse por completo del mundo no seguirá adelante. Por mientras, no queda otra –como dicen los argentinos– que hacer al aguante.

“La exposición de Chile a Argentina es muy baja”
“En términos de los flujos comerciales, la exposición de Chile a Argentina es muy baja. Sólo el 1,5% de las exportaciones de Chile van hacia allá y el 6,7% de las importaciones de Chile proviene de ese país”, dice el codirector de mercados emergentes del administrador global de fondo de inversiones Pimco, Michael Gómez.

Desde Londres, el manejador de fondos sostiene que hoy en día hay muy pocas posibilidades de que una caída de Argentina golpee a Chile. “El contagio es probable que sea limitado y confinado al canal financiero y la confianza”, explica.

A su juicio, las políticas contra mercado del país vecino están haciendo cada vez más complicada su situación, sobre todo en un contexto de ralentización global. “La viabilidad a medio plazo y la competitividad de la economía argentina se han visto agravadas por la combinación de políticas del gobierno y las débiles señales enviadas a los inversionistas tras la decisión de expropiar YPF-Repsol”, dice. Por ello, la perspectiva para la inversión en el país es cautelosa.

Sin embargo, Gómez no ve posible una caída como la acontecida en 2001, cuando Argentina debió suspender el pago de la deuda y declararse en quiebra. “Los retos son muy diferentes a los de hace una década. Pero lo que puede decirse es que el gobierno no ha avanzado en la normalización de las relaciones con los mercados de capitales de deuda, ni en llevar la economía hacia un estado de mayor equilibrio, solidez y transparencia”.

Añade que los niveles generales de deuda de Argentina son modestos en comparación con el resto de las economías emergentes, pero que también lo es su capacidad para acceder a financiamiento en los mercados de capitales globales. “Desde lejos, pareciera que el gobierno argentino está incorporando una estrategia de utilización de la alta inflación para desinflar sus obligaciones de deuda interna, junto con la expropiación de los recursos para poder mantener la economía marchando. ¿Por cuánto tiempo puede continuar?”… Esta es una pregunta abierta.