Por: Carla Sánchez M. Fotos: Álvaro de la Fuente Todos los jueves, Alfonso Swett se para frente a un pizarrón en la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la UC. Lleva 23 años haciéndolo. Dictar clases le fascina, sobre todo por la posibilidad de conectarse con jóvenes y transmitir su diagnóstico: que en Chile […]

  • 9 junio, 2016

Por: Carla Sánchez M.
Fotos: Álvaro de la Fuente

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Todos los jueves, Alfonso Swett se para frente a un pizarrón en la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la UC. Lleva 23 años haciéndolo. Dictar clases le fascina, sobre todo por la posibilidad de conectarse con jóvenes y transmitir su diagnóstico: que en Chile los empresarios están obsesionados con la rentabilidad y no con la confianza, el activo más valioso en la economía capitalista.

Swett no teme dar su opinión. Comparte el diagnóstico del gobierno respecto de la desigualdad, sin embargo, califica “de malo el programa y de pésima su ejecución”. Aun así, es de los que piensa que en su sector se han cometido errores, por ejemplo, en la discusión de la reforma laboral. “Tal vez, debimos haber entrado en un diálogo de cooperación, donde empresarios y trabajadores juguemos en la misma cancha y no en equipos contrarios”, admite.

Más acción y menos crítica. Swett es partidario de que los empresarios salgan de la trinchera. Que no basta con crear valor, entregando buenos productos y servicios. Que hay que generar credibilidad y, para ello, “hay que hablar más, no tener miedo de ir a foros, ni a dar entrevistas”.

-¿Y cuál es la receta?

-La solución es construir puentes no para ir a ganar la batalla, sino para construir ideas. Hay una cosa que es súper simple. La confianza se gana cuando hay familiaridad: confías en la gente más cerca a ti y desconfías de aquéllos que están lejos.

-¿Por qué cree que ha pasado eso? ¿Los empresarios se acostumbraron a ganar plata y se quedaron dormidos en los laureles?

-Lo que ha pasado es que el éxito y la altura marean. Y si no lo hacen, llevan a una zona de confort y a sentirse muy poderoso.

-¿Y eso le ha pasado a los empresarios en Chile?

-A mí no me gusta generalizar ni poner etiquetas, pero en algunos casos sí. Y lo que ha ocurrido es que hoy estamos enfrentando un país en que el alumbrado público está prendido de día y de noche. La ciudadanía ya no sólo consume noticias, sino que también las genera. Ya no sólo observa, sino que fiscaliza. La economía digital ha conectado consumidores y grupos de interés. Estamos enfrentando un cambio tremendamente profundo.

-¿Comparte el temor de que la economía se estanque por falta de acuerdos?

-La economía se está estancando tanto por factores externos, pero principalmente por factores internos. La Polar indignó a la ciudadanía con el poder económico; las boletas con los políticos, y el caso Caval con el Ejecutivo. La ciudadanía funciona a base de expectativas, y desde junio de 2014 estamos en niveles bajo el 40%, lo que es muy negativo.

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-¿Pero pesan más los factores externos o en este caso los internos?

-El mundo crece al 3,5% y acabamos de saber por la OCDE y el FMI que Chile lo hace al 1,5%. Uno podría decir “claro, Chile es un país productor de cobre, tenemos un problema con los commodities”, pero te pongo el caso de Perú, que es una economía similar a la de Chile. ¿Por qué puede crecer sobre 4%? Uno puede tener distintas opiniones, pero no puede tener distintos números.

-¿La desconfianza ha sido un bombazo para la economía?

-Pero claro, es el tema más grave que estamos enfrentando. Déjame darte un ejemplo: cuando Chávez asumió en Venezuela, el precio del barril de petróleo el año 98 era de 12 dólares. En esa época, eran como la Arabia Saudita de Latinoamérica. Y resulta que hoy, con el precio del petróleo sobre los 40, es uno de los países más peligrosos, más pobres y más conflictivos de la región.

-¿Cuánta responsabilidad tienen los empresarios chilenos en este escenario?

-En el mundo empresarial, a veces nos hemos quedado en las lógicas del pasado: conversar con las autoridades y con los políticos, pero hoy tenemos que conversar con la sociedad. Es muy peligrosa esta disociación entre las elites económicas y políticas con la ciudadanía. No sacamos nada con seguir hablando entre nosotros, ¡eso es no entender nada!

-¿Los empresarios no tienen que ser amigos del gobierno?

-Tienen que ser amigos del bien común. A mí me encantaría que a este gobierno le fuera bien.

 

El “error político” de Bachelet

-En este escenario de desconfianza, ¿qué le parece la querella de la presidenta contra cuatro periodistas de Qué Pasa?

-Un tremendo error político. La pérdida de confianza en los atributos de la presidenta se relaciona con el caso Caval, y esta acción lo que logró es levantar políticamente el tema.

-Hay quienes plantean que para presentar la querella como persona natural, Bachelet debía haber renunciado a su calidad de presidenta…

-Lo que debió haber hecho era haber sido prudente y esperar que avanzara el caso en tribunales.

-¿Y este error político, cómo afecta en términos de productividad, de imagen país?

-Lo afecta sin lugar a dudas, en todo sentido. Lo afecta en la disociación de las elites con la ciudadanía.

-La popularidad de la presidenta está en su nivel más bajo según la última Adimark (24%). ¿A qué atribuye la caída?

-Lo que explica esta baja es una muy mala gestión económica, política y de las reformas. Cuando uno ve el caso puntual de la querella se pregunta en qué estaba pensando el comité político.

-¿Es necesario un cambio de gabinete?

-Más que un cambio de gabinete es necesario un cambio de rumbo. Creo que el gobierno todavía está a tiempo de poner a la economía como prioridad y renunciar a una serie de reformas mal hechas. Ya vemos que una serie de parlamentarios de la Nueva Mayoría han empezado a darle un poco la espalda a esta mayoría inicial en las dos cámaras. No hay que cambiar los músicos, hay que cambiar la música. Eso es lo que necesitamos.

-¿Debiese haber una agenda procrecimiento como la que lanzaron el entonces presidente Lagos y el timonel de los industriales y la CPC, Juan Claro?

-Fíjate que más que una agenda procrecimiento se necesita una agenda propaís. Una agenda que se preocupe en restablecer las confianzas y en acercar la ciudadanía a la elite.

-¿Cómo califica la gestión del ministro de Hacienda, Rodrigo Valdés?

-Al final, los números son los que mandan…

Independiente de sus características profesionales y personales, que son las máximas, los números que estamos viendo al final van a reflejar que la gestión no va a ser buena. Este gobierno no entendió en sus inicios que el mejor recolector de impuestos es el crecimiento. No entendió la diferencia entre crecer al 5% versus al 1%, que implica que el PIB en vez de que se duplique en 14 años, lo hará en 70.

-Los números no son nada de buenos…

-Uno puede conocer al ministro, pero los números son malos. La principal preocupación que tengo es el déficit fiscal. Mis proyecciones son que a fines de 2017 vamos a terminar con un balance fiscal efectivo de -3% del PIB; en estos cuatro años de Bachelet el acumulado sería más de 10 puntos del PIB –desde 2014 a 2017–, lo que es extremadamente complejo. Es preocupante que este gobierno vaya gastar en torno al 5%, cuando el crecimiento del producto está cercano al 1,5%. Crecer el gasto más de tres veces tu ingreso, es poner en riesgo la situación fiscal.

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-¿En qué sentido?

-Te aumenta el riesgo país. Soy de los que cree que en noviembre, las tres agencias clasificadoras le van a bajar la nota a Chile. Frente a los problemas que enfrentamos, lo que se necesita para reconvertir una economía de commodities son tasas de interés bajas. Y la situación fiscal sumada a que aumente el riesgo país no hace más que subir la tasa. Ése es un tremendo desafío económico para el ministro Valdés…

 

“Las declaraciones de Büchi son desafortunadas”

-Su discurso de tender puentes suena súper bien, pero en la práctica vemos que muchos empresarios, como usted señala, siguen operando en la vieja retórica, sobre todo en los gremios. ¿Cómo lograr entonces lo que usted plantea?

-Creo que necesitamos urgente un cambio generacional en los gremios. Lo empujé en la elección pasada de la Sofofa (donde apoyó la lista de Andrés Navarro)…

-¿Y qué pasó? ¿Por qué perdieron?

-Uno tiene que saber perder elecciones, pero nunca perder convicciones. Creo que es positivo decirle a la sociedad que no todos los empresarios somos iguales, que podemos tener diferencias y que eso no nos convierte en enemigos, sino que en complementarios. Si al final somos un país pequeño, al fondo del mundo, y lo que tenemos que hacer es jugar el partido juntos.

-¿Y cómo califica la gestión de Hermann von Mühlenbrock en la Sofofa?

-Mira, creo que a Hermann le tocaron tiempos difíciles, pero yo habría hecho las cosas diferentes…

-¿Ha pensado en irse de Chile como Hernán Büchi?

-Jamás, yo no me voy de Chile.

-¿Las declaraciones de Büchi respecto a que en Chile no hay certeza jurídica le hacen daño al país?

-Son desafortunadas. Él no solamente ha sido empresario; ha sido ministro de Hacienda y ex candidato a la Presidencia. Si las cosas están malas, tienes que luchar por que mejoren.

-¿Que las cosas estén malas también es culpa de Büchi?

-Uno tiene que ser consecuente: si uno ha tomado una posición pública, en momentos como éste es cuando más se requiere que uno trate de aportar con ideas, puntos de vista, pero no se puede restar en un país que está viviendo una crisis de confianza como yo nunca había visto.

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-¿Sabe de otros casos de empresarios como Büchi que se estén yendo de Chile?

-Se escucha mucho, pero le debemos mucho a este país.

-Pero los empresarios finalmente invierten donde su plata rente más…

-Una cosa es invertir afuera y otra distinta es irse de Chile. Lamentablemente, cuando uno cruza como trabajador de un país a otro tiene que pasar por migraciones, no es tan fácil, pero los capitales se mueven con mucha más facilidad. Y te diría que lo que está ocurriendo es que en Chile se está haciendo más difícil invertir que en otros lados. Nosotros tenemos una caída de inversiones desde junio de 2013 gigante.

-¿Ustedes en Forus han preferido invertir afuera?

-Nosotros hemos seguido invirtiendo tanto en Chile como afuera, no hemos cambiado nuestro modelo. Uno tiene una responsabilidad: uno no es ciudadano del mundo, es ciudadano de este país.

-Pero eso se contradice con la economía digital, que no tiene fronteras…

-Lo que pasa es que la economía digital te puede transformar en consumidor y proveedor del mundo, pero no en ciudadano del mundo. La economía digital no viene con pasaporte. •••

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“No estoy en contra de mejorar los sindicatos”

-Respecto a las reformas, ¿siente que el gobierno ha moderado su discurso?

-Más que moderar el discurso de las reformas, ellas chocaron contra la realidad de una economía que se desaceleró mucho más rápido que lo que cualquiera hubiera pensado. Pasamos de un crecimiento sobre 4% a uno del 1,5%. Éste es un gobierno que tuvo un buen diagnóstico respecto a los temas de desigualdad y abusos, un mal programa y una pésima ejecución. Y desde la avuelta a la democracia, ningún gobierno había tenido mayoría en las dos cámaras. ¡Este gobierno podría haber hecho lo que quisiera! Pero las reformas se han hecho muy mal, a toda velocidad y sin dedos para el piano. En la última Adimark, la desaprobación de la economía es de 77%, la del empleo es de 74% y la de la reforma laboral de 60%.

-¿Qué le parece el cambio de estrategia del gobierno, que primero aplicó veto presidencial y ahora plantea cambios a la Constitución para reponer la titularidad sindical?

-Es una mala noticia para la mayoría de los trabajadores y una pérdida para nuestra democracia. Esta estrategia va en hacer menos libres a los trabajadores no sindicalizados.

-¿Está en contra de empoderar a los trabajadores? Porque dicen que empleados más contentos producen más…

-No estoy en contra de mejorar la negociación colectiva o los sindicatos, los cuales si son buenos, son un aporte para la empresa. Lo que me parece peligroso es poner a los sindicatos por sobre los trabajadores.

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“La economía digital puede generar una mayor desigualdad”

Swett siguió de cerca la discusión del foro de la OCDE sobre la economía digital y el futuro del trabajo, que se realizó en París a fines de mayo. Un tema que, en su opinión, “está siendo tan disruptivo como fue en su momento la revolución industrial”.  Y pone un ejemplo: “Uber no tiene taxistas, ni autos y ¡vale más que General Motors!”.

-En el contexto de esta nueva economía digital, ¿ve a Chile preparado para los cambios que están ocurriendo? El gobierno dijo que Uber era ilegal…

-Más que legal o ilegal, hay que entender que la economía digital es una realidad. Más que ir a descalificar –que creo que es un error–, hay que pensar en cómo yo me adapto a esta revolución disruptiva. Chile ha estado anclado en discusiones del pasado y no en los desafíos del futuro, porque no solamente está este tema de la economía digital. Por ejemplo el Big Data, la cantidad de datos que el mundo ha generado es una revolución que abarca muchos ámbitos más allá de internet. Uno se pregunta, ¿cómo es posible que en la reforma educacional o en la laboral no aparezca la palabra internet?

-¿Qué pasará con los empleos a futuro? Según la Universidad de Oxford, un 47% de los empleos podrían estar en “alto riesgo” de ser automatizados…

-La economía va a ir generando otro tipo de empleos y más oportunidades. Sin embargo, mi mayor preocupación respecto a la digitalización es que puede tender a una mayor concentración. Si miras hoy en el mundo, los grandes ganadores en los mercados mundiales son empresas extremadamente concentradas. Hoy tienes en el mundo una gran compañía que provee taxis a través de una plataforma digital, que es Uber.

-¿Puede aumentar la colusión?

-Espero que no (sonríe). Pero son desafíos no menores. Lo que está pasando en el mundo es que le ha costado mucho a la sociedad enfrentar economías creciendo muy poco, al 2%, y quienes están concentrados aumentan mucho sus ingresos, entonces esta brecha de desigualdad se puede ir incrementando.