Por Dra. Jacqueline Sepúlveda C., ex-Vicerrectora Universidad de Concepción.
Año: 2070

  • 18 agosto, 2019

Iniciada en septiembre de 2020 en universidades del hemisferio norte, podemos afirmar que la Revolución Ivy League, no tan solo ha sido la movilización estudiantil más masiva, sino también la que permitió la Reforma Universitaria más transformadora en la historia de la Educación, dando origen al exitoso Sistema Global de Educación Superior. Estas protestas, si bien fueron generadas por el recorte en el apoyo económico, sumado al auge del nacionalismo, al aumento del proteccionismo, autoritarismo y xenofobia, así como el deterioro de la salud mental de los estudiantes, que llevaron a exacerbar la seguridad en los campus, incluyendo el uso de mochilas antibalas por el aumento de tiroteos en las universidades. Todo lo anterior, se agregó al rechazo del modelo de gestión de estas universidades, lo que finalmente propagó este movimiento a todos los continentes.

La creación del Sistema Global de Educación Superior, vigente al año 2070, basado en el Modelo de Universidad Extendida, reconoce un principio universal: la Educación es un derecho y, por lo tanto, no contempla un proceso de selección, ni requisitos de ingreso. Es un proyecto educativo social, económico y ambientalmente sustentable, centrado en las comunidades de aprendizaje. Tampoco oferta carreras, ni entrega títulos, porque su objetivo es la certificación de competencias que permitan la búsqueda de soluciones a los problemas de un mundo globalizado. Es un sistema alineado al Marco Global de Cualificación, que reconoce y organiza las competencias en niveles continuos y crecientes de especialización, guiando la trayectoria laboral futura y la ruta de aprendizaje asociada a ella.

La institucionalidad no es lo único que ha cambiado, la estrategia pedagógica también, a tal punto que nos resulta sorprendente que, en los años 20 de este siglo, los estudiantes tuvieran que asistir a largas jornadas de clases presenciales y en horarios rígidos, cinco días a la semana. Afortunadamente, todo eso quedó atrás. La inscripción gratuita a un curso en la nube, de cualquier Institución de Educación Superior en el mundo, con identificación biométrica de retina, sumado a las plataformas interactivas del aula virtual, apoyadas en la inteligencia artificial, permite estudiar desde cualquier lugar y en cualquier horario, pagando, en la universidad elegida por el estudiante, por la certificación de la adquisición de competencias específicas, a través de cursos ofrecidos por diferentes universidades, y no por el acceso al conocimiento.

En este tiempo trascurrido desde la Revolución Ivy League, recordamos y rendimos un sincero homenaje a la generación Z que, con su movilización, propició un cambio disruptivo en la Educación Superior a través del mundo, que llevó a que las universidades de la época fueran sometidas a un escrutinio político y público. A partir de ese momento, los  debates éticos y valóricos se tomaron la agenda. Así quedó demostrado en la reciente  Conferencia Global de Educación Superior, celebrada en enero de 2070, donde la generación de competencias a base de implantes cerebrales de microchips y la discusión si la Ley de Neuroderechos resguarda suficientemente nuestros pensamientos, capacidades y poder de decisión, fueron los temas centrales de discusión y análisis. Solo para terminar, recordar que los antiguos campus universitarios de los años 20 son hoy día museos abiertos a la comunidad, testigos de un pasado que no volverá.