Por: Vivian Berdicheski Fotos: Verónica Ortíz Montacerdos El primer libro de este emprendimiento apareció a fines de 2013: Cuando hablábamos con los muertos, de la argentina Mariana Enríquez. Es casi una declaración de principios para la editorial: se trata de una antología de relatos, de una autora argentina joven, cuya obra en Chile prácticamente no […]

  • 26 mayo, 2016

Por: Vivian Berdicheski
Fotos: Verónica Ortíz

Montacerdos

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El primer libro de este emprendimiento apareció a fines de 2013: Cuando hablábamos con los muertos, de la argentina Mariana Enríquez. Es casi una declaración de principios para la editorial: se trata de una antología de relatos, de una autora argentina joven, cuya obra en Chile prácticamente no había circulado.

El proyecto surgió, entre otras cosas, porque sus fundadores sentían que había una generación de narradores latinoamericanos realmente interesante –nacidos entre los años 70 y 80–, cuyos trabajos no se conocían adecuadamente. Partieron con Mariana y luego se sumaron Federico Falco, la boliviana Liliana Colanzi, los mexicanos León Plascencia y Julián Herbert, y el peruano Sergio Galarza, todos con una recepción muy positiva. Entretanto, también enfocaron sus esfuerzos en publicar a nuevas voces chilenas. Fue así como en 2014 apostaron por dos debutantes: Romina Reyes y Esteban Catalán. Ambos, nacidos en los ochenta, publicaron libros de cuentos que fueron recibidos de forma entusiasta, no sólo por la crítica sino también por los lectores.

Ya en 2015 continuaron publicando autores chilenos (Simón Soto) y latinoamericanos (Margarita García Robayo), y se agregó una colección dedicada al ensayo: partieron con dos traducciones –Wylie Sypher y Edgar Allan Poe–, que aportaron nuevas líneas al catálogo. Este 2016, durante el segundo semestre, inaugurarán una colección de libros ilustrados y reeditarán Montacerdos, del peruano Cronwell Jara, de donde “robaron” el nombre para su empresa, a modo de homenaje y proyección de lo que quieren hacer: publicar obras que perduren.

Hueders

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La editorial nació el 2010 por un deseo específico: tener a mano La sociedad contra el Estado, de Pierre Clastres, el etnógrafo anarquista francés, discípulo de Lévi-Straus, que estudió a los guaraníes y otros pueblos, y descubrió que crearon sociedades donde el poder residía en todos.

El impulso definitivo fue el Libro Gordo de 31 Minutos. El éxito de esa obra permitió publicar más títulos y perfilar la línea editorial: ser un aporte a la cultura, con libros elaborados con el mayor estándar de calidad, y al mismo tiempo autosustentarse económicamente, gracias al equilibrio entre textos comerciales y otros que no lo son tanto. La búsqueda por la salud financiera llevó a combinar a escritores jóvenes con ya consolidados, y a establecer alianzas con editoriales extranjeras, de México, Colombia o Argentina. De esta forma han podido sortear los problemas de distribución, quizá una de las mayores dificultades para las editoriales pequeñas e incluso medianas, y asegurar que los libros estén disponibles. Esto, a su vez, se relaciona con la intención de convertirse en un actor importante en el mercado del libro no sólo a nivel chileno sino continental.

Con más de 50 publicaciones, entre ellas Wanderlust. Una historia del caminar, de Rebecca Solnit, y Facsímil, de Alejandro Zambra, cuentan con una variedad de contenidos y formatos. Algunos ejemplos: Amor de Vani (ilustrado), Ideas de perfil, de Carlos Peña (ensayos de filosofía política); Historia personal de Chile, de Rafael Gumucio (crónica y memoria), y Apuntes de una época feroz, de Mónica González (periodismo). De esta amplia diversidad se desprende la voluntad de publicar libros que le toman la temperatura a su época, junto al rescate de textos perdidos para proponer nuevas lecturas y construcciones reflexivas.

La Mujer Rota

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Los libros de La Mujer Rota, cuyo nombre es tomado de la novela de la escritora Simone de Beauvoir, nace en mayo del 2015 de la mano de la escritora Claudia Apablaza (autora de Autoformato, Diario de las especies, entre otros), quien decide fundar su propio sello donde publicar literatura ajena a los discursos dominantes, con una línea de trabajo feminista, especial atención a las traducciones, con autores que contengan un discurso crítico y claras ideologías de vida y trabajo. Junto con armar dos colecciones, Todos contra el mundo (ensayo) y Me gusta (narrativa), en un principio la escritora se dedica a pensar la línea editorial y establecer el modelo para este sello.

Luego, Apablaza forma un equipo que hoy está conformado por un núcleo más estable que trabaja en la oficina-casa de la editorial. Han publicado seis libros: Pirotecnia, de la boliviana Hilda Mundy (con prólogo de Edmundo Paz Soldán); la novela Discursos desde la juventud contemporánea, de Álvaro Bley; los libros de cuentos Nube negra, de Juliet Escoria, y Cuán paranoico puedo volverme esta noche, de Noah Cicero; y los ensayos Descolonizar el lenguaje, de Patricia de Souza y Nadie sabe por qué estamos aquí, del escritor norteamericano Tao Lin.

Este año publicarán seis textos más: la novela Las olas son las mismas, de Juan José Richards; Deviniendo loca: textualidades de una marica sureada, de Yecid Calderón, que reúne ponencias en torno al tema de los posfeminismos; 7 veces Lucero, de varios autores que realizan una reescritura del cuento Lucero, de Óscar Castro; Manual para superar el test de integración en la sociedad española, de Daniela Ortiz; y los volúmenes de cuentos, Quiltras, de Arelis Uribe y El amor de los salmones, de Francisco Molina.

Calabaza del Diablo

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La Calabaza del Diablo surgió en 1997 como una editorial enfocada en la producción de autores nacionales. Entre 1998 y 2003 era un pack que incluía una librería y una revista tipo diario, de cultura y realidad. Con 32 números circuló desde 1998 a 2003. La motivación del sello radica en cierta continuación de una tradición literaria interrumpida por la dictadura. Búsqueda de identidad cultural sobreviviente a malls y comida rápida. Jaime Pinos y Marcelo Montecinos son los fundadores, quienes se fueron construyendo en el oficio que implica dar vida a un proyecto de este tipo. Libros destacados: Maxim, de José Ángel Cuevas; Gran Avenida, de Gladys González; Criminal, de Jaime Pinos; Hombres maravillosos y vulnerables, de Pablo Toro; Camanchaca, de Diego Zúñiga; Manual de Herramientas Jurídicas para la Gestión Cultural, de Teresita Chubretovic. Los planes son consolidar una nueva colección de ensayos, dirigida por Jorge Moreno, cuyo objetivo es ampliar el nicho de lectores.

Das Kapital

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En 2008, un grupo de amigos vinculados al tema literario comenzaron a realizar los trámites para montar una editorial. La plantearon como una forma de disputar espacios, hacer contra hegemonía efectiva en el campo cultural “a la dictadura del mercado, de la ignorancia y el facilismo intelectual”. Por ende, la apuesta es ser siempre un aporte en cuanto a texto, cultura y lectura de la realidad desde una óptica crítica.

Inicialmente se volcaron más que todo a la publicación de poesía y narrativa chilena, comenzando con libros de Thomas Harris, Pablo de Rokha, Óscar Barrientos y otros. Quisieron recoger tanto la producción de autores nuevos como de otros con un recorrido ya más largo. Más tarde apostaron por diversificar sus campos, lo que los llevó a levantar colecciones de crítica, pensamiento, traducción, memoria social, literatura infantil y juvenil, cómic, fotografía, etc.

Desde hace un tiempo vienen casi duplicando la producción del año anterior, crecimiento que los tiene hoy con una agenda bastante copada. Este año debiera salir un buen número de libros de poetas latinoamericanos, entre ellos Willy Gómez Migliaro, Lucho Chueca, Maurizio Medo, Sergio Raimondi, Mario Ortiz, Omar Chauvié, Marcelo Díaz, Mario Arteca, Luis Eduardo García y Román Luján. •••