De inmensa popularidad, y todo un icono del siglo veinte, Andy Warhol reimaginó lo que debía ser el arte en un tiempo de enormes cambios sociales, políticos y tecnológicos.

  • 25 julio, 2020
Self Portrait 1986 Tate © 2020 The Andy Warhol Foundation for the Visual Arts, Inc. / Licensed by DACS, London.

Por María Teresa Herreros

La Tate Modern Gallery de Londres ha montado una exposición de alrededor de 100 de sus obras, largamente anunciada y esperada, la que a poco de ser inaugurada debió cerrarse al público debido a las restricciones de la pandemia y que este 27 de julio reabre sus puertas. Entretanto ha sido recorrida en forma digital acompañada por los curadores y comentada por distinguidos críticos de arte. Se trata de una muestra que expone sus obras ordenadas cronológicamente entregando información sobre sus experimentos a través de diferentes medios, sobre la forma cómo cultivó su imagen pública, y llamando la atención sobre cómo su visión del mundo se manifiesta en su arte.

Nació en 1928 en la ciudad industrial de Pittsburgh como Andrew Warhola. A los 21 años, se mudó a Nueva York para trabajar como ilustrador comercial. Su madre se le unió unos años más tarde, le ayudó con sus ilustraciones y vivió con él hasta poco antes de su muerte en 1972. Andrew creció comiendo ketchup aguado con sal, a modo de sopa. De esa experiencia nacen sus imágenes de artículos de consumo como las “32 latas de sopa Campbell”, uno de sus trabajos más famosos. El artista incluyó esta obra en su primera exposición individual y con ello marcó el debut del arte pop en Estados Unidos. Declaraba entonces: «…Hemos llegado a la conclusión de que los más banales e incluso vulgares elementos de la civilización moderna pueden, al transportarse al lienzo, convertirse en Arte…»

Aunque era un exitoso ilustrador, Warhol quería ser tomado en serio como artista. Inspirado en la nueva ola de arte que vio en las galerías de Nueva York, en 1960 comenzó a crear cuadros pintados a mano combinando imágenes publicitarias con pintura expresiva. Ansioso por acelerar el proceso, en 1962 adoptó la técnica de la serigrafía como producción comercial. Comenzó a usar fotografías de periódicos y revistas las que, gracias a esta técnica, podía reproducir varias veces en el lienzo. Muestra de ello son las telas en que aparece la imagen de Elvis Presley disfrazado de cowboy duplicada, triplicada y repetida hasta ocho veces, tanto en colores como en blanco y negro. Usando la misma técnica, creó retratos de personajes famosos inmediatamente identificables como de su autoría. Aplicaba a sus rostros colores fuertes y planos, distorsionando sus imágenes, llegando algunos a semejar máscaras, y repitiendo en series los retratos según cada uno de los tonos predominantes. Eligió a figuras como Marilyn Monroe, Mao, Jackeline Kennedy, Lenin, Grace Kelly, Elizabeth Taylor. El de esta última fue subastado en US$ 7.000.000, en el año 2011.

Parte significativa de la fama de Warhol se desarrolló en «La Fábrica», estudio de arte experimental y también un espacio social donde él y sus colaboradores hicieron más de 500 películas entre 1963 y 1972. Ignoraron los métodos tradicionales y a menudo trabajaban sin guion. El 3 de junio de 1968, la escritora feminista y activista, Valerie Solanas, quien acusaba a Warhol de robarle sus ideas, llegó a la oficina del artista y le disparó, dañándole gravemente sus órganos internos. Fue trasladado de urgencia al hospital y declarado clínicamente muerto. Dos balas le atravesaron el estómago, el hígado, el bazo, el esófago y los pulmones pero los médicos lograron revivirlo. Estuvo dos meses en el hospital recuperándose de varias cirugías, y se vio obligado a usar un corsé quirúrgico por el resto de sus días para mantener sus órganos en su lugar (moriría de arritmia en febrero de 1987, a la edad de 58 años). Esto no sólo afectó su estilo de vida sino también su salud mental.

En sus últimos años creó los autorretratos Self-Portrait with Fright Wig que constituyen probablemente su imagen más conocida y perdurable. Realizados en pintura acrílica y serigrafía sobre lienzo, en ellos Warhol emplea un llamativo esquema de colores en el que su vívida cabeza roja flota sobre un fondo negro vacío. El cuello, los hombros y el torso del artista han sido excluidos del retrato, centrando la atención en su rostro, expresión y cabello. Mira directamente al espectador, sus labios ligeramente separados y su expresión en blanco. La parte más animada del retrato es el cabello del artista, su peluca, que recorre el lienzo de forma especialmente llamativa.