El panorama de la música selecta durante 2011 no puede ser más prometedor. Desde la ópera Ariadna en Naxos, de Strauss, al debut en Chile de la pianista Simone Dinnerstein, sin mencionar las auspiciosas perspectivas que abre el teatro del lago, hay varias razones para esperar un gran año para los melómanos. Presentamos los hitos más destacados. Por Joel Poblete.

  • 8 marzo, 2011

 

El panorama de la música selecta durante 2011 no puede ser más prometedor. Desde la ópera Ariadna en Naxos, de Strauss, al debut en Chile de la pianista Simone Dinnerstein, sin mencionar las auspiciosas perspectivas que abre el teatro del lago, hay varias razones para esperar un gran año para los melómanos. Presentamos los hitos más destacados. Por Joel Poblete.

 

Estrellas internacionales

Las programaciones de la Sinfónica y la Filarmónica incluyen este año homenajes a Mahler al cumplirse el centenario de su muerte. La primera agrupación será dirigida por Michal Nesterowicz en la Primera y la Segunda sinfonías, y por Francisco Rettig en la Sexta. En noviembre, la orquesta del Municipal, bajo la batuta de Rani Calderon, interpretará la Primera y la Tercera. En tanto Liszt, en el bicentenario de su nacimiento, será homenajeado en un concierto de la Sinfónica dirigido por Maximiano Valdés, con la sinfonía Fausto.

Otras agrupaciones también ofrecen interesantes alternativas. Por ejemplo, la Temporada Internacional de Conciertos de la Fundación Beethoven, instalada ahora en el Teatro Municipal de Las Condes, permitirá apreciar en vivo a nombres de peso: en mayo volverá el afamado y premiadísimo Emerson String Quartet; y en junio, la Münchner Kammerorchester. Asimismo estarán en el programa el cellista Johannes Moser, el Trío Guarneri de Praga, el Hyperion Ensemble y la Orquesta Sinfónica de San Petersburgo.

En el Teatro Municipal, la temporada de ópera convocará a nombres de primera línea. Tras 23 años volverá el bajo italiano Roberto Scandiuzzi por partida doble: en Boris Godunov (encabezando un contundente elenco eslavo) y en Simón Boccanegra, junto a Roberto Frontali y dirigido por el gran Maurizio Benini, quien siempre retorna a Chile a pesar de estar cada vez más solicitado en los grandes teatros. En Don Pasquale regresará otro cantante de referencia en el repertorio bufo, Alessandro Corbelli.

En cuanto a conciertos, ya el primer programa de la temporada, este 16 y 17 de marzo, es imperdible: una verdadera eminencia en la música antigua, Rinaldo Alessandrini, quien ya vino en dos ocasiones con su Concerto Italiano, dirigirá a la Filarmónica en un programa dedicado a Mozart y Haydn. Y por supuesto siempre es garantía de talento y calidad la presencia de Jan Latham-Koenig, quien presentará dos programas en abril: uno con el Gloria de Poulenc y la Misa en do menor de Mozart, y otro con el Concierto para violín de Sibelius (con Elmar Oliveira como solista) y la sinfonía Leningrado de Shostakovich.

Especial atención merece el ya tradicional ciclo de Grandes Pianistas, que este año luce particularmente atractivo. El siempre admirable Bruno Leonardo Gelber interpretará grandes “hits” como los Cuadros de una exposición de Mussorgsky y las sonatas Patética y Apasionada de Beethoven (aparte, tocará el Concierto No 3 de Rachmaninov, con la Filarmónica, dirigida por Pawel Przytocki). Igualmente, será posible apreciar a ascendentes y consagrados jóvenes artistas, con un abanico de autores que abarca a Bach, Haydn, Schubert, Chopin, Debussy, Copland y Liszt.

Destaca el debut en Chile de la muy elogiada Simone Dinnerstein (quien ha sido portada de las principales revistas de música del mundo y causó sensación hace pocos años con su grabación de las Variaciones Goldberg, de Bach). No puede olvidarse la presencia de Cédric Tigerchien, Peter Jablonski y Frank Lévy y de dos latinoamericanos que incursionan en los mejores escenarios internacionales, Ricardo Castro e Ingrid Fliter.

Un gran estreno

Sin duda, el estreno en Chile de la ópera Ariadna en Naxos, de Strauss, es el evento que mayores expectativas provoca al revisar el panorama lírico del país en 2011. Fuera de ese título clave, no se puede dejar de mencionar el regreso de exquisitas piezas como Boris Godunov, de Mussorgsky y Simón Boccanegra, de Verdi.

Ya es una tendencia que vale la pena destacar: la ópera de Strauss se suma a obras clave del siglo XX que tan sólidos logros exhibieron la década pasada, como Wozzeck, Peter Grimes, Diálogos de carmelitas y La vuelta de tuerca. Ariadna en Naxos se presentará a mediados de junio en el Teatro Municipal de Santiago y será un acontecimiento, porque se trata del debut de una obra maestra que en un par de años más cumplirá su primer siglo.

Fascinante, tanto en lo teatral como en lo musical, la pieza es un ejercicio de “ópera dentro de la ópera”, con el particular cruce estilístico que se produce cuando una compañía especializada en la commedia dell’arte italiana se inmiscuye en un típico drama clásico, lo que da pie a divertidos contrastes, pero también a las intensas dosis de pasión, otoñal melancolía y exuberante musicalidad que caracterizan a las partituras straussianas.

Dirigida por Rani Calderon, Ariadna contará con el siempre estimulante aporte escénico del equipo que comanda el régisseur argentino Marcelo Lombardero y un elenco de lujo que encabezará la soprano finlandesa Soile Isokoski. Considerada una de las mayores expertas en el repertorio de Strauss, ha cantado en los grandes teatros y grabado numerosos discos, junto a maestros como Abbado, Barenboim y Rattle.

Las funciones prometen ser un hito, y serán un nuevo eslabón para difundir en Chile el valioso legado operístico del compositor, que hasta ahora sólo se ha reducido a producciones (que el propio Municipal ha ofrecido anteriormente) de títulos como Salomé, Elektra y El caballero de la rosa. A propósito de esta última, surge la pregunta: ¿cuándo volveremos a disfrutar en vivo de esta magnífica obra, que no se presenta en Santiago desde 1987?

Sinfónica superstar

Tras su aplaudida y exitosa incursión junto a Sting en el Festival de Viña, la Orquesta Sinfónica – que está conmemorando 70 años de existencia– inaugura por estos días su nueva temporada. Y una vez más se desarrolla en el Teatro Universidad de Chile, a pesar de que voces de distintos sectores siguen pidiendo un escenario acorde al nivel que ha alcanzado la agrupación en la última década.

Entre sus principales atractivos figura el regreso de dos emblemáticas batutas que se echaban de menos. Por una parte, Daniel del Pino Klinge (su ex titular, cuyo aporte fue fundamental en la madurez sonora que hoy exhibe) en abril dirigirá el monumental Réquiem de guerra de Britten y en julio música de óperas de Strauss. Asimismo estará Juan Pablo Izquierdo, dirigiendo en mayo obras de Weber, Ravel, Schidlowsky y la Cuarta Sinfonía de Brahms.

Otras batutas ya probadas son las de José Luis Domínguez y Eduardo Browne, que ofrecerán los ya habituales conciertos para la familia. El polaco Michal Nesterowicz encabeza siete programas en el año, destacando la Primera Sinfonía de Shostakovich y el Concierto para orquesta de Lutoslawski. Y por primera vez, a fines de agosto, estará a cargo del concierto dedicado a música de cine, esta vez en clave de jazz, junto a un grupo de compatriotas suyos, con partituras rara vez tocadas, como El bebé de Rosemary, de Komeda.

No sólo eso. Mika Eichenholz, Massimiliano Caldi, Victor Yampolsky (con el Réquiem de Mozart), Charles Olivieri-Munroe (Segunda Sinfonía de Penderecki), Andrew Gourlay, Tobias Volkmann y Marek Pijarowski (con dos programas en noviembre, uno incluyendo el poema sinfónico Una vida de héroe, de Strauss, y el otro gratis en la Plaza de Armas con la Sinfonía Fantástica de Berlioz) son otros nombres a tener en cuenta en la temporada de la casa de Bello.

Digna de mención es la estadounidense JoAnn Falletta, en un programa que incluye obras de Beethoven, Fuchs y la Quinta Sinfonía de Tchaikovsky. Lo mismo puede decirse del polaco Robert Kwiatkowski, quien se luciera el año pasado dirigiendo y tocando el Concierto No 2 de Mozart, y que ahora vendrá en octubre para interpretar a Vivaldi.

Y en marzo, como aperitivo de alto nivel, la estadounidense Rachel Barton Pine volverá luego de su aplaudido debut hace dos años. El viernes 25 y sábado 26, dirigida por Nesterowicz, interpretará el Concierto para violín de Brahms, por cuya grabación fue nominada al Grammy.

Nuestro Salzburgo

Es imposible no remarcar un hecho que es uno de los grandes avances de los últimos años en lo que se refiere a difusión de la música selecta: cada vez se están inaugurando más y mejores edificios que puedan albergar conciertos y representaciones escénicas, incluyendo teatro, ópera y ballet.

El rango de espectáculos y artistas que pueden ahora ofrecerse al público local es mucho más amplio. Al Teatro Nescafé de las Artes se unieron el año pasado dos recintos en Santiago que sorprendieron gratamente por la buena acústica y la comodidad y modernidad de sus construcciones: el flamante Municipal de Las Condes y el Teatro Escuela de Carabineros.

Lo mejor de todo es que los progresos no se han limitada a la capital: si un teatro como el Regional del Maule en Talca ya era un avance inmenso, el Teatro del Lago de Frutillar definitivamente debería ser un orgullo para el ambiente musical y la cultura en Chile.

Enclavado en un paisaje de ensueño –en plena orilla del lago Llanquihue, con vista a cuatro volcanes–, las expectativas que despertó en noviembre la inauguración de su sala principal, Espacio Tronador Sala Nestlé (con capacidad para 1.200 espectadores), se vieron superadas con la primera ópera completa presentada en el recinto, a mediados de enero: una divertida, ágil y atractiva producción de El rapto en el serrallo de Mozart.

En esa oportunidad, Pedro Pablo Prudencio dirigió a la Orquesta de Cámara de Valdivia (que suena muy bien afiatada para llevar menos de un año desde su formación) y a un sólido elenco de cantantes internacionales. Entre ellos, la estupenda soprano –y ex basquetbolista– estadounidense Jeanette Vecchione, quien hace un tiempo cantó la Reina de la Noche de La flauta mágica en la Opera de Viena, ni más ni menos.

El teatro de Frutillar pasó a convertirse en el escenario de ópera más austral del mundo. La sala, sin exagerar, en términos de acústica, comodidad y modernidad, es una maravilla. Quienes asistieron en febrero a los conciertos de las tradicionales Semanas Musicales de Frutillar –al fin en un escenario adecuado– pudieron comprobarlo.

Tal vez no es apresurado pensar que si sigue aprovechando sus potenciales, este teatro podría llegar a convertir a la localidad sureña en nuestro propio Salzburgo. Por de pronto, hay planes para seguir presentando al menos una o dos óperas cada año. Mientras tanto, está abierta la puerta a la música popular y se desarrollan actividades teatrales y de difusión musical. El nivel de los invitados internacionales es innegable. Basta con decir que ya han estado el Ahn Trio de Estados Unidos y los solistas de la Academia Santa Cecilia de Roma, entre otros. A principios de mayo estará la Orquesta Sinfónica de Bamberg. Si se piensa que casi todos estos artistas viajan a Chile exclusivamente para presentarse en Frutillar y no actúan en Santiago, se está sentando un precedente que merece celebrarse.