Nueva York está polarizada. Mientras en sus calles abunda la publicidad del demócrata Barack Obama, quien busca revalidar su puesto en la Casa Blanca con frases como “Don`t put back” (como titula el diario Usa Today), el republicano Mitt Romney hace lo posible por destronarlo en las encuestas, con Clint Eastwood como principal –y cuestionado– […]

  • 14 septiembre, 2012

Nueva York está polarizada. Mientras en sus calles abunda la publicidad del demócrata Barack Obama, quien busca revalidar su puesto en la Casa Blanca con frases como “Don`t put back” (como titula el diario Usa Today), el republicano Mitt Romney hace lo posible por destronarlo en las encuestas, con Clint Eastwood como principal –y cuestionado– rostro de apoyo en Hollywood.

Justo cuando se desarrolla la semana de la moda –con DJs animando los desfiles en la Quinta Avenida–, la metrópolis vive días de intenso calor, en los que de pronto caen tormentas tropicales que obligan a cancelar partidos del US Open, uno de los Gran Slam del circuito de tenis. Y es en este contexto que Matilde Pérez visita la ciudad. La última vez que llegó a la Gran Manzana fue hace 28 años para una muestra producida por la Organización de Estados Americanos (OEA) en Washington.

Esta vez la cita fue en Smart Clothes Gallery, donde la primera semana de septiembre se inauguró la exposición Open Cube, a la cual asistieron decenas de personalidades, entre ellas el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, el artista Iván Navarro y el cineasta Pablo Larraín.

A sus 95 años, Pérez no tiene tiempo ni ánimo para frivolidades. Por eso es reacia a dar entrevistas, y si alguna pregunta le parece poco interesante, puede cortar la conversación sin miramientos. No le interesa hablar de “cosas segundonas”, explica en un primer acercamiento, dando por terminada la charla cuando recién estaba comenzando. Pero al día siguiente acepta contestar algunas preguntas. Y aunque no se extiende demasiado, vale la pena escucharla con atención. Pocos artistas tienen su prestigio y su aura de leyenda.

-Algunos piensan, como Mario Vargas Llosa, que el arte contemporáneo ha llegado a un punto sin retorno, que lo que prima es el espectáculo y la fama. ¿Qué piensa al respecto?
-El espectáculo ayuda, porque la gente no entiende el arte. A las personas le gusta el espectáculo y se lo dan… y cuando no se lo dan, se aburren porque no encuentran con qué entretenerse.

-¿Considera que su arte es parte del espectáculo?
-No, nada, mi arte es sumamente serio. A mí no me interesa hacer esas tonteras que andan flotando. Yo trabajaba tranquila encerrada en mi taller y me atrevo a decir que fui  demasiado seria en lo que hice. Yo creo que la gente no entiende mi trabajo, y me importa un rábano que no lo entiendan, yo no me voy hacer cargo de hacer entender mi obra, el tiempo se preocupará de eso.

-El recién fallecido crítico de arte Robert Hughes lamentaba que el arte se había convertido en un objeto de lujo para multimillonarios. ¿Cómo observa esta valorización mercantil del arte, con cuadros de Picasso o Van Gogh que cuestan 100 o más millones de dólares?
-La gente que lo paga es para hacerse importante a través del artista… lo hacen para llevar el nombre del artista como un segundo apellido de ellos, si no, no serían nadie.

-¿Cree que hay seguidores de su obra en Chile, que artistas jóvenes como Iván Navarro valorizan su aporte?
-No conozco a muchos. Hoy todo se puede hacer porque hay mucho material.

-¿Cómo ve el panorama del arte contemporáneo en Chile?
-Existe poco. Nadie dice nada importante.

-¿Y en su época?
-Bien poco. Si no hay nada mejor que no pensar. Los artistas que sacan aplausos es porque el espectador poco entiende.

– ¿Qué significa para usted ser homenajeada en Nueva York y Londres, mientras que en Chile no le han dado el Premio Nacional de Arte?
-Y nunca me lo van a dar. Y la razón es muy simple… todos los que son contrarios a mí son de izquierda y creen que yo no lo soy. No me lo van a dar por nada del mundo porque no quieren que yo me gane un premio de izquierda. Oye, si hay mucha gente de izquierda en este país que dice “no… si le damos el premio a ésta lo vamos a perder nosotros”.

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-¿Y los homenajes en Londres y Nueva York?
-A la gente de Londres y Nueva York les agradezco mucho todo lo que han hecho, han sido muy amorosos, estoy muy contenta.

-¿Fue duro para usted dedicarse al arte?
-No. Desde siempre supe que era lo que yo iba a hacer, mi vida no me cambió en nada… Y es interesante, porque llega un momento en que hasta el gato del basurero te nombra por tu nombre y eso significa que estás a otro nivel.

-¿Qué rol jugaron Pedro Reszka y Victor Vasarely?
-Nada, eran viejos… mucho más viejos.  Jugaron un rol que tiene que ver nada más que con la buena voluntad de enseñar a pintar… Yo me hice muy amiga del hijo de Vasarely, que se llamaba Yvaral Vasarely, él era de mi edad, su padre era muy mayor y es natural que por un tema de edad no haya mucha amistad.

-¿Cómo valora la reivindicación de la mujer durante el siglo XX?
-No pasa nada con la reivindicación de la mujer.

-¿Cuántos caminos le quedan a las mujeres por recorrer?
-Veinte caminos por recorrer. No hay esperanza. No ha pasado nada. Son muy tontonas… y lo son hasta que las entierran. ¿Cuándo se ha visto que las mujeres están muy preparadas para decir algo?… jamás pues.

-¿Cómo ve el país con todas las revueltas estudiantiles que piden educación gratuita?
-Eso no puede ser cierto.

-En países desarrollados la educación es gratuita…
-Bueno, pero tienen la plata para hacerlo. Son países con más plata. En Chile, ¿de dónde van a sacar más dinero para pagar los estudios? Ni aunque quisieran podrían. Sería sólo un botadero de plata porque al ser gratis la gente no estudiaría.

-¿Pero cree que la juventud hoy es más creativa?
-No… te dicen dos palabras. No pueden ni hablar, no tienen vocabulario.

-Usted ha sido una testigo privilegiada del siglo XX, ¿qué hechos la marcaron?
-París me marcó para el resto de la vida, pero en el sentido de tener una actitud con más cultura. No puedes hacer tu arte, tu trabajo, con un lenguaje precario… París me hizo pensar en qué lenguaje iba a utilizar para llegar a mi público. Estar ahí me exigió no hablar en un lugar común sino que en un ámbito más sabroso.

-¿Qué le dejó este viaje a Nueva York?
-Ya no me acuerdo. Yo borro la película al tiro porque me gusta entrar a la nueva página y empezar a escribir en ella. •••

 

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Homenajes en el mundo

Madrid, Berlín, París, Londres y ahora último Nueva York son las ciudades que han celebrado la obra de la artista chilena. El Museo Reina Sofía de España dio la partida en 2010 para honrar su trayectoria; estuvieron presentes amigos como Julio Le Parc, Carlos Cruz Diez y Jesús Rafael Soto. Y desde entonces no ha parado. El 2011 fue el turno de París, Berlín y Sicilia; y a mitad de este año le tocó pisar la capital inglesa. Allí, una retrospectiva de su obra, llamda Open Cube, fue aclamada por la crítica, y es la misma que por estos días muestra en Nueva York.  En esta última ciudad el 5 de septiembre se realizó un encuentro en su honor: junto al equipo de la Galería La Sala, comandado por Alejandra Chellew y Philippa Pain, estuvo su hijo Gustavo Carrasco, su nieta Catalina Carrasco y su productora Morgana Rodríguez. Matilde Pérez fue ovacionada y recibida, ante más de cien personas, por el embajador chileno en EEUU, Octavio Errázuriz.

 

El arte cinético

Tildada de excéntrica y temeraria por sus pares, Matilde Pérez supo desde siempre que la pintura era lo suyo. “Empecé a los cinco años a pensar en querer ser pintora. No tenía papás pintores, ni nadie que me enseñara, pero ya en ese entonces lo pensaba”.

Tomó sus cosas en la década de los ´60 y lo dejó todo -incluso a su hijo de ocho años- para instalarse en París y hacer de la pintura su motor de vida. Aunque tuvo miedo, supo que no había vuelta atrás.

Y lo logró. Hoy, sigue realizando obras con la misma genialidad e inquietud de sus mejores años en Europa. Pérez forjó un camino propio en la escena del arte chileno de mitad del siglo XX, que no fue fácil lograr, y en el que se ha mantenido vigente.

Comenzó como pintora figurativa, sin embargo sus años en París -y el hecho de conocer la obra de Victor Vasarely, quien es reconocido como el padre y fundador del movimiento Op Art– llevó a que la artista guiara su pintura por un nuevo camino, para enfocarse en los efectos visuales de las formas abstractas, y así encontrar de a poco el sentido final de sus obras: un lenguaje cinético. “No es que yo haya dicho voy a ser cinética, sino que fue algo que se fue dando producto de mi trabajo e investigación de años”, afirma.

Antes de llegar a París, en Chile integró los grupos artísticos “Forma y Espacio” y “Grupo de los cinco”. Esos colectivos fueron los que en la primera mitad del siglo pasado empezaron paulatinamente a mostrar el arte geométrico y abstracto, abriendo el arte hacia un escenario que se basaba mucho en la reflexión de la forma.

“Llegué al arte cinético pensando, nada más que pensando. No se llega por casualidad. Cinético significa cine, movimiento. Estás hablando de un movimiento tanto físico como espiritual”, afirma la artista.

Pictóricamente, lo cinético se basa en las ilusiones ópticas, en las vibraciones de la retina y en la nula capacidad que tiene nuestro ojo de poder mirar simultáneamente dos superficies coloreadas, que son fuertemente contrastadas, lo que genera la sensación de que hay un constante movimiento. Un arte que se resume bajo la idea de poner a la  geometría como el principio universal de la forma y luego al movimiento como la agrupación perceptual que tiene el artista con su trabajo, que luego es entregado al público.

 

Precios en alza

  • Los grabados de Matilde Pérez han subido mucho de precio desde el 2010.  Las obras realizadas entre los años 1970 y 1985 hoy cuestan entre 2.500.000 y 3.000.000 de pesos. Y las obras que se hicieron de esa última fecha hasta 1990, tienen valores entre 2.000.000 y 2.500.000 de pesos.
  • Los grabados editados por Polígrafa el 2012 -una prestigiosa imprenta española- hoy están agotados, pero se espera hacer otra edición para el 2013, donde el valor de cada uno será de 800.000 pesos.
  • Sus valiosas esculturas hoy son difíciles de conseguir. El equipo de Matilde, comandado por la productora Morgana Rodríguez, está gestionando comprar las obras de colección privada que tiene el Pompidou de París y otros coleccionistas. Esas piezas superan los 50.000 dólares.
  • En 2010 se hizo una serie de esculturas cinéticas para la exposición París Retrouvé en la que se vendió casi todo, quedando sólo dos disponibles. Ambas esculturas miden 30×30 cm y están hechas de vidrio y metal a un valor de 5 mil dólares cada una.