“Si estás allá arriba… sálvame, Superman” – Homero Simpson No hay fecha más importante en el siglo XX que el 1 de mayo de 1938. Aquel día, en las páginas de la revista Action Comics, el mundo conoció a Superman”. La frase aparece en Detrás de la Máscara, pequeña novela (en rigor una falsa autobiografía) incluida […]

  • 5 abril, 2013
Superman

Superman

“Si estás allá arriba… sálvame, Superman” – Homero Simpson

No hay fecha más importante en el siglo XX que el 1 de mayo de 1938. Aquel día, en las páginas de la revista Action Comics, el mundo conoció a Superman”. La frase aparece en Detrás de la Máscara, pequeña novela (en rigor una falsa autobiografía) incluida en formato prosa dentro de Watchmen, la seminal obra publicada por Alan Moore en 1986, considerado como la mejor novela gráfica de todos los tiempos. Y es válido, harto, si se toma en cuenta que Watchmen es básicamente un homenaje a la figura del superhéroe como principal ícono mitológico y popular del siglo pasado.

El semiólogo Umberto Eco, en Apocalípticos e Integrados, revelador ensayo acerca de la cultura de masas, condimenta aún más la cena al apuntar que Superman no sólo es la representación de los valores culturales de los Estados Unidos (sus colores se corresponden con la bandera) sino que simboliza la figura mesiánica y religiosa por excelencia del siglo pasado: un hijo de dioses, dotado de grandes poderes, que viene a la tierra a hacer el bien. No es gratis entonces, que la portada del libro de Eco, en todas sus ediciones e idiomas, sea una viñeta de la gran “S” dibujada por Curt Swan, el dibujante más icónico en la historia del hombre de acero.

Setenta y cinco años y ninguna cana (excepto en Kingdom Come; ver recuadro), es después de Bugs Bunny el personaje más potente del pulpo mediático Warner. Invitado de lujo en canciones pop (“Land of Confusión”, Genesis: “Kingdom Come”, Jay Z), películas (Kill Bill, Mallrats), libros (La Fortaleza de la Soledad, de Jonathan Lethem y la totalidad de la obra de Michael Chabon) y series de televisión (Mad Men). Referencia obligada de figuras del espectáculo (Jerry Seinfeld) y considerado en una encuesta reciente como el icono cultural más importante, junto a Mickey Mouse, de los últimos cien años. Hablar de Superman, no es hablar de historietas, ni de cine, es derechamente hablar de historia y cultura sin adjetivos. Y quien sostenga lo contrario, simplemente habita un mundo muy lejano a este planeta llamado Tierra.

Detrás del hombre de acero

“Este es el relato de un niño que vino del cielo y que al hacerse mayor, consagró su vida a hacer el bien. Esta es su historia, una historia imaginaria, ¿pero acaso no todas lo son?”, el párrafo introduce a ¿Qué sucedió con el hombre del mañana?, novela gráfica publicada en 1986, escrita por el ya mencionado Alan Moore con dibujos del también ya citado Curt Swan y George Pérez, para muchos la mejor historia jamás protagonizada por el hombre de acero. También uno de los cómics de superhéroes más tristes en la historia del género.

Los datos duros: Superman fue creado por Joe Schuster y Jerry Siegel, dos jóvenes dibujantes judíos que buscaban una oportunidad en la competitiva edad de oro de las historietas, años previos a la 2ª Guerra Mundial, cuando tras la depresión de la década del 30, todo lo relacionado con escapismo tenía una más que buena acogida entre el público norteamericano. Después de recorrer varias casas editoriales, el proyecto fue considerado por National Comics que le vio potencial para una nueva publicación, Action Comics, durante el verano boreal de 1938.

La propuesta de Schuster y Siegel se basaba en un personaje de novelas populares o pulp llamado Gladiador, pero a diferencia de su inspiración, Superman usaba sus poderes para hacer el bien. El campeón tenía otras particularidades: una doble identidad, un origen extraterrestre y un disfraz de color donde la capa no sólo era un detalle, sino también un sello. Pero además, su actuar –sin más dimensiones que hacer el bien, unido platónicamente a una mujer, colega de su vida civil– marcó una diferencia con otros personajes de esos años, como Flash Gordon, El Fantasma o Mandrake, todos con dudas existenciales y sumidos en historias donde el erotismo no pasaba velado (de hecho las tiras de Gordon, de Alex Raymond, son famosas por sus mujeres semidesnudas, atadas con cadenas y sometidas a latigazos y otras torturas). Superman era distinto, un gran ángel de colores en cuyo mundo no cabían los vicios ni las dobles lecturas.

Pero hubo otro detalle que lo apartó aún más: la forma de presentar sus historias. Mientras sus contemporáneos protagonizaban tiras breves, de seis a ocho viñetas horizontales, Siegel y Shuster pensaron que sería más provechoso juntar varias tiras en una misma plana para narrar de forma continua una historia más larga, que pudiera seguirse a modo de novela por entregas.

Nace una industria

En mayo de 1938 no sólo nació Superman y con él la figura del superhéroe disfrazado, sino también el “comic book” como formato editorial, el cual evolucionaría a álbumes, miniseries y novelas gráficas. Action Comics, que compró Superman a Siegel y Shuster por una cifra ridícula, tenía una mina de oro. Al año el hombre de acero tuvo su propia revista, titulada Superman y lo que era más relevante, vino la copia y la competencia. En junio de 1939 debutó Batman de Detective Comics, seguido por Captain Marvel de Fawcett Comics en 1940 y Wonder Woman meses después. En 1945 la revista Detective Comics (dueños de Batman) se convertiría en editorial, absorbiendo en sus tentáculos primero a National y luego a Fawcett bajo el genérico de DC Comics. Superman, Wonder Woman, Captain Marvel y otros encapotados como Flash y Green Lantern pasaron a su línea, creando un universo, conocido precisamente como universo DC (para diferenciarlo de Marvel, dueños de Spider-Man, Iron Man, X-Men, su competencia más directa). Desde 1976, DC es propiedad de Warner, que maneja los derechos de todos sus personajes dentro de sus otros sellos, como Cartoon Network, Warner Bros y Warner Channel.

En sus orígenes, Superman era Kal-L, último superviviente del planeta Krypton, que al caer a la Tierra era encontrado por un hombre que lo llevó a Reeve orfanato, donde asustó a todos con sus poderes extraordinarios. Ya adulto, y bajo la identidad de Clark Kent, se muda a la ciudad de Nueva York, donde ingresa como reportero al Daily Star, periódico en el que conoce al gran amor de su vida –y colega– Lois Lane. Oficialmente periodista, Kent ocultaba bajo unos enormes anteojos el secreto de ser en realidad Superman, un héroe vestido de azul y rojo, con una “S” en un escudo triangular en el pecho; invencible a las balas, capaz de detener un tren con su fuerza y de saltar los edificios más altos de un solo brinco, Superman no tenía rival, exceptuando quizás por su prima, Power Girl, un rubia con poderes similares. Con el paso de los años, esta historia fue cambiando. El niño venido de Krypton era encontrado por una pareja de Smallville, Kansas, que lo criaban como a un hijo. Ya de grande se mudaba a Metropolis, versión ficticia de Nueva York, donde su papel de periodista lo realizaba en las filas del Daily Planet. La facultad de volar reemplazó a los saltos, apareció un archirival (primero Ultrahumanidad, luego un científico loco llamado Lex Luthor), y una debilidad (la Kryptonita), que irónicamente era el único vestigio de su mundo natal. Los colores se hicieron más suaves, y la “S” se ancló en un escudo de cinco puntas y fondo amarillo.

Y como el mundo del cómic es complicado como pocos, de ser sólo un personaje con un cambio en su origen, se creó el concepto de continuidad para explicar que eran dos Superman en realidades paralelas, uno Kal-L, el del Daily Star, y el otro Kal-El, básicamente el Hombre de Acero que todos conocemos, quien alguna vez tuvo un perro llamado Krypto, actuó de joven bajo el nick de Superboy, tuvo una novia adolescente llamada Lana Lang, combatió contra Bizarro, voló al lado de su prima, llamada ahora Supergirl, sobrevivió a diez mil tipos de Kryptonita y finalmente se enamoró y alguna vez se casó con la intrépida Lois Lane. Claro, a lo largo de su historia y por culpa de la continuidad –concepto comiquero que para explicar necesitaríamos mínimo diez páginas–, ha experimentado más cambios, pero la esencia es básicamente la misma. Un tipo bueno y poderoso, que está aquí para ayudar sin pedir nada a cambio.

Es un pájaro, es un avión

Prácticamente seis de cada diez hombres chilenos, entre la media de los treinta y cuarenta, recuerdan alguna vez haber tenido en sus manos un libro blanco, publicado en español por la editorial mexicana Novaro. El volumen recopilaba en tapas duras las mejores historias de Superman aparecidas entre 1938 y 1978. Relatos como “El Superman de Krypton” o “Un nuevo traje para Superman” estaban incluidos dentro del libro, una doble conmemoración a los cuarenta años del superhéroe y al estreno de Superman: The Movie, la película donde Christopher Reeve se convirtió en la imagen oficial del personaje: su parecido con los dibujos de Curt Swan, desconcertó tanto al actor como al propio Swan.

La anécdota no es menor y grafica en buena medida el impacto de este personaje en el inconciente popular. Superman no es un fenómeno generacional, es HISTORIA pura, dura y con mayúsculas. La gran “S” en el pecho no sólo es uno de los motivos más reproducidos en poleras y camisetas, es una foto del siglo XX tan o más significativa que la imagen de Kennedy, Che Guevara o el mismísimo Hitler.

Umberto Eco adelantaba una explicación semiótica a su impacto, en una era post industrial donde los dioses tradicionales han sido vencidos por las máquinas, EE UU, el país más mecanizado de la primera mitad del siglo pasado, creó un nuevo tipo de Dios, uno de tinta y papel, un campeón multicolor que se metió en el boca a boca y pasó de padre a hijo, del mismo modo como se extendió la figura de Cristo, después de que éste muriera en la cruz. Y lo anterior no tiene nada de profano, ni menos de exagerado. Al revisar internet y ver cómo los fanáticos se preparan para el aniversario número setenta y cinco de su personaje preferido; la histeria y los debates que origina el nuevo filme, El Hombre de Acero, anunciado para junio o las legiones de incondicionales que con su imagen en el pecho hacen cola cada agosto en la ComicCon de San Diego, negar lo religioso de Superman es pecar de ingenuos. Porque si hay alguien que en estas casi ocho décadas nos ha dado esperanza y nos ha hecho creer que el hombre puede volar y resucitar a los muertos, ese ha sido este personaje, que en 1938 cayó del cielo y fue adoptado por dos granjeros, José y María… perdón, Jonathan y Martha. •••

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Top 5 en pantalla

Las Aventuras de Superman (1941), de Max Fleischer:

Serie animada que combina art decó, expresionismo, neogótico, luces y sombras. El mejor Superman en pantalla de todos los tiempos.

Superman: The Movie (1978), de Richard Donner:

Sin duda, la más notable película del superhéroe, con actores de carne y hueso. Nos hizo creer en verdad que el hombre podía volar.

Superman: La Serie Animada (1996), de Bruce Timm y Paul Dini:

Dibujos animados de lujo, para una rendición emocionante al mito y todo su peso.

Gigante de Hierro (1999), de Brad Bird:

No es Superman, ni siquiera se le parece, pero es un homenaje tan grande al mito, que es imposible obviarlo.

Justice League Unlimited (2004), de Bruce Timm y Paul Dini:

La adaptación a dibujos animados de El Hombre que lo tenía todo es para besar la pantalla.

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Lo mejor en comic

El Hombre que lo tenía todo (1985), de Alan Moore y Dave Gibbons:

Batman se pregunta qué regalarle de cumpleaños a su socio, el hombre que lo tiene todo. Y la respuesta viene del lado más oscuro del cosmos.

¿Qué sucedió con el Hombre del Mañana? (1986), de Alan Moore, Curt Swan y George Perez:

20 años en el futuro, un periodista entrevista a Lois Lane para preguntarle acerca del último enfrentamiento de Superman contra sus enemigos.

El Hombre de Acero (1986), de John Byrne:

Un nuevo origen para el personaje. Clark Kent no es más tímido, sino un periodista y escritor exitoso. La capa se hizo más larga y los poderes se redujeron para darle más “lógica”.

Kingdom Come (1996), de Mark Waid y Alex Ross:

Dos décadas después de su retiro voluntario, Superman regresa para reformar la Liga de la Justicia. El Apocalipsis y la segunda venida de Jesús en códigos superheroicos.

All Star Superman (2006), de Grant Morrison y Frank Quately:

El plan final de Luthor ha funcionado. Recargó tanto a Superman de energía solar que el superhéroe termina afectado de un cáncer que lentamente comienza a matarlo. Y con esa excusa el último hijo de Krypton hace una religiosa revisión a su vida. Una obra maestra.

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Súper trivia

La historieta más cara:

Un ejemplar en buen estado del Nº 1 de Action Comics (1 de junio de 1938), está tasado en US$ 800.000 y puede llegar al millón.

La importancia de la letra “L”:

El padre es Jor-eL, su madre es Lara y su nombre es KaL-eL. Aterrizó en SmaLLviLLE y de grande se mudó a MetropoLis, donde trabaja en el DayLy PLanet. Su primer amor fue Lana Lang, su otro amor Lori Lemaris y finalmente se casó con Lois Lane, mientras su gran enemigo es Lex Luthor. 19 “eles” en su vida. Tal abundancia de esta letra en el universo Superman ha sido justificado como una estrategia para no olvidar nombres. Lo divertido es que existe un episodio en los cómics de la década de 1950, donde el personaje visita un planeta donde gobierna la letra “L”.

El Superman comunista… y Chile:

Miniserie publicada el 2003 por Mak Millar y editada luego en formato novela gráfica. De las mejores historias de “S”. Una revisión a la historia, cambiando un detalle. En lugar de caer en Kansas, Kal-El se estrella en una granja de Ucrania. Superman se convierte en el gran campeón de la URSS, presidente del Soviet y en responsable de cambiar por completo la historia de la humanidad. Un detalle interesante, en el mundo dominado por el comunismo de Superman, sólo hay dos naciones capitalistas: EE UU y Chile. No, no es talla.

La nueva película:

Descontando las dos primeras películas protagonizadas por Christopher Lee, la primera dirigida por Richard Donner y la segunda en codirección con su tocayo Richard Lester, la suerte cinematográfica del personaje ha sido bastante irregular. La hiperventilada Superman Regresa (2006) de Bryan Singer fue un fracaso de crítica y taquilla, razón por la cual Warner optó por un borrón y cuenta nueva. Bajo el alero de Christopher Nolan (de las últimas Batman) y con la dirección de Zack Snyder (Watchmen); el nuevo filme, titulado simplemente El Hombre de Acero, promete una relectura contemporánea al mito desde una mirada realista a la vida de un muchacho que de la noche a la mañana descubre que es un Dios y cómo su presencia afectará al resto de la humanidad para siempre. El inglés Henry Cavill se hace cargo del rol principal y Amy Adams de Lois Lane. Russell Crowe cubre a Jor-El y Kevin Costner al padre terrenal Jonathan Kent. La película tendrá su estreno mundial este 21 de junio.