Aunque el encargo para este número no era realizar un anuario, la cercanía del fin de año hace necesario al menos un pequeño sobrevuelo –arbitrario, por cierto– por los territorios más fértiles de la música de este 2007.

  • 4 abril, 2008

El disco favorito del año, el más malo, el más fome, el más interesante. El espectro de algún contador auditor debe ser el responsable de la verdadera enfermedad compulsiva de los balances de fin de año en los medios de comunicación. El ranking y la unción de los ganadores y la hoguera para los rezagados, ritos históricos de diciembre. Pero este 2007 fue un buen año para la música. Fue fecundo y violento, dos elementos centrales para que el mundo se mantenga en movimiento a velocidades razonables.

Uno de los primeros aspectos interesantes es lo que ocurre en la escena local. Se consolidan proyectos que vienen desde el underground y debutan chicos con talento como para rato. Gepe con su segundo disco Hungría demostró que tiene paleta musical para pintar paisajes mucho más coloridos que la canción chilena con guitarra de palo. Lanzó su disco en un teatro repleto de fervorosos fans, se fue de gira a España y volvió con la cabeza en alto. Leo Quinteros también dio muestras de que su talento tiende a consolidarse en una paleta sonora amplia y portentosa. Su notable y maduro Los accidentes del futuro es un disco lleno de canciones bellas e importantes, de excelente producción y alta factura. Quinteros ya puede comenzar a pararse como referente para una generación que entiende el rock como un espacio de refl exión confesional válida y aún fructífera. Los debutantes del año –a nivel masivo al menos– son claramente Teleradio Donoso, quienes con Gran Santiago se han erguido como la gran promesa del rock como siempre ha sido en Chile: “beatlesco”, inglés, barroco y bello. Gran banda, gran disco.

A nivel global hay un cerro de grandes placas editadas este año. Mi favorita es Sound of silver de LCD Soundsystem, un disco que explora de manera potente el límite entre la electrónica y el rock, dejando la puerta abierta para que ambos estilos –ya bastante ajados a estas alturas– sigan creciendo y generando canciones gloriosas. La escena neoyorkina lleva ya un par de años revitalizándose y podemos aún esperar más joyitas desde la ciudad de la furia.

Pero independientemente de las obras, el terremoto este año se vivió en el corazón de la industria y la guinda de la torta la puso Radiohead con su descarga digital de precio variable de In Rainbows (bello disco, por lo demás, emocionante). Si bien el experimento no tiene cifras ofi ciales de performance comercial y sus resultados no son representativos de una nueva forma de hacer las cosas (ellos tienen varios millones de dólares en promoción y marketing gastados en más de 15 años de carrera), el germen de un orden distinto en la cadena de valor de la industria ya está incubándose. Nunca había existido más música en el mundo y la industria es incapaz de encontrar una forma de diseñar un modelo de negocios sustentable alrededor de aquello. Ya veremos el 2008, quién, cómo y cuándo se pone un nuevo ladrillo sobre esta enorme obra aún en construcción.