Una de las bandas más veneradas en el circuito hipster de Chicago y Nueva York edita un nuevo disco que hace más que recomendable echarles una mirada.

  • 16 septiembre, 2008

Una de las bandas más veneradas en el circuito hipster de Chicago y Nueva York edita un nuevo disco que hace más que recomendable echarles una mirada. Por Andrés Valdivia.

Una dosis de esnobismo y sana marginalidad es lo que hace que en las entrañas de cada megaciudad –con sus réplicas menores pero audibles en el tercer mundo– se fraguen comunidades que han servido de caldo de cultivo para varias de las mejores bandas del último tiempo. Después del post-rock de Chicago, pareciera que los hipsters –o como quiera que se pueda llamar a todo aquello que es taquilla, algo artistoide e independiente– se han movido en direcciones diversas. Por un lado se ha recuperado una cierta estética sintética muy ochentera y por otro a la otra gran matriz de la década pasada: el rock, no quizás en su sentido más guitarrero, pero sí en la moral orgánica y algo ruidosa que proviene desde esa tradición. Nueva York ha sido cuna de algunas de las mejores bandas salidas desde esa cantera: The Yeah Yeah Yeahs, TV on The Radio, y claro, mega estrellas como The Strokes. Pero desde hace un tiempo otra banda se abre paso por entre la selva bullente de nuevas ofertas provenientes del norte. Se llama The Walkman y aunque casi todos sus integrantes provienen de Washington DC, es en Nueva York donde han armado su carrera.

The Walkmen suena como una banda futurista de los años cincuenta. De esos tiempos, porque hay algo profundamente análogo y orgánico en todo lo que hacen. Una saturación retro y una reverberación ambiente recorren todo su sonido y la estructura de sus canciones es completamente convencional. Pero en el trabajo vocal de su frontman (Walter Martin) y en la aproximación general de la banda a la música hay algo definitivamente punk, lo que hace la mezcla irresistible. Mucho se les ha comparado al U2 de los primeros años, antes de que su sonido se globalizara hasta hacerse omnipresente y aburrido, pero la comparación es extraña, porque en lo de The Walkmen no está la impronta épica de Bono y sus secuaces, y porque no veo una canción de esta banda metida en los rankings radiales en el futuro cercano. Debe ser por el carácter profundamente melódico de la guitarra de Paul Maroon, pero la distancia entre ambos es sideral para bien y para mal.

Su primer trabajo de real impacto fue A Hundred Miles Off del 2006, un disco impactante por su energía y por la altura a la que llegan cortes como Lost in Boston y Louisiana, entre otros. El punk chorrea por las paredes de este trabajo, pero hay algo en él que suena sureño, algo húmedo, como si su inspiración viniese de algún bluesman low-fi . Hace algunas semanas, la banda editó You & Me, un disco esperado desde hace un tiempo. El escuchar por primera vezeste nuevo trabajo de The Walkmen es preguntarse constantemente dónde quedó toda la energía que mostraron en su disco anterior. La respuesta es incierta, ya que The Walkmen sigue intacto en su aproximación a la música, pero parecieran haberse zambullido en un viaje más introspectivo y quizás, pausado. Pero al volver sobre él comienza a develarse un trabajo repleto de momentos de una emotividad paralizante. In The New Year debe ser de las canciones más bellas y ruidosas del año y Four Provinces tiene todo el poder y la energía que le falta a la placa al comienzo.

The Walkmen es una banda para estar atento. En cualquier minuto se disparan con un disco algo más asequible para el gran público y nos dejan a todos know-out, pero desde ya, para las almas inquietas, este es un catálogo al que conviene hincarle el diente, con toda la mandíbula bien apretada.